martes, 25 de febrero de 2014

EPILOGO



5 años después.


-¡Mira mami! –salta de atrás a adelante Martina  señalando con su dedito a una banda de pequeños patitos que nadan en el lago. -¡Son cuack!

-Se llaman patos –murmura Emma inclinándose junto a su hija, acariciando sus hombros- ¿Y cómo hacen? –pregunta, animando a la pequeña rubia a imitar el sonido.

-Cuack, cuack, cuack –canta mientras agita sus regordetes brazos doblados imitando a unas alas.

-Muy bien –felicita su padre, Carlos, que carga a la pequeña de apenas de 2 años por arriba de sus hombros.

Paula aun recordaba cuando Emma había llegado llena de lágrimas de felicidad, sollozando y agitándose con entusiasmo, gritándole que estaba embarazada.

-¡Jazmin, ven a ver a los cuack! –llama, mirando expectante a la morena que duerme en el regazo de Paula.

-Jazmin está dormida Martu, jugará contigo más tarde –murmura Pedro.

-Está bien –sonríe y como buena niña vuelve a distraerse, corriendo detrás de algunos pájaros que revolotean encima de su cabeza, Emma y Carlos la siguen para evitar que se caiga.

Pedro se inclina hacia atrás, cruzando los brazos detrás de su cabeza y recostándose para tomar un poco de sol. Se queda ahí por varios minutos, con los ojos cerrados y la respiración lenta, Paula hubiera creído que estaba dormido si no fuera por las caricias que le estaba dando en su pierna.

La morena simplemente se mantiene entretenida admirándolo, le parece como si cada vez que lo viera encontrara algo diferente en él. La madurez le había asentado bien, sus rasgos... aunque siempre acomodados y bien pincelados se habían vuelto más duros, más varoniles. Había dejado atrás la época en donde debía mantenerse del bolsillo de su padre y su dinero.

Su mirada de pronto se dirige a su hija, a la hermosa Jazmin Alfonso que duerme cuan princesa sobre sus piernas, sólo tenía un año y medio y su padre ya la sobreprotegía de cualquier hombre. Era divertido ver la cara de Pedro cuando Jazmin iba a jugar con otros niños de su edad, se ponía tenso y celoso.

Como si tuviera miedo a que algún niñato le arrebatara a su bebé. No había sido tan cuidadoso con los gemelos, pero Paula se imaginaba que era porque Jaz era una mujer.

Pedro a veces también parecía tener miedo de algo más, en ocasiones se acurrucaba a lado de su esposa y observaba con detenimiento cada parte de ella, pensando que en cualquier instante Paula lo dejaría por su pasado engaño. Aún no comprendía que la época de la estafa ya no formaba parte de los pensamientos de su esposa, aunque ella también tenía miedo a veces.

¿Cómo no tenerlo? Era un terror profundo de solo pensar en perder a ese hombre que tanto quería, miedo a que volviera a ser un mujeriego o un avaricioso.

Pero eso la acompañaría durante un largo plazo de vida, no puedes desaparecer tus inseguridades tan deprisa como desearías. El amor llegaba siempre para llevarse esos malos pensamientos, tanto el cariño entre Pedro y ella como el que sus hijos le proporcionaban era suficiente para sentirse afortunados y dejar de idear tonterías.

Paula siempre recurría al consejo de sus padres, esa corta frase que pareció un poco fuera de lugar cuando la dijeron hace ya bastante años, pero que ahora caía perfecto para describir su relación.

Que aquella persona perfecta no es la que llega a tu vida y deja todo en calma y paz. Al contrario, es quién viene a hacerte cuestionar las cosas, en ocasiones hasta cuestionarte a ti misma y en todo en lo que creíste alguna vez, que llega a cambiar tu mundo, que marca un antes y un después en tu vida. Tal como aquella noche en que ambos se dieron cuenta de que su rutina sin el otro sería un verdadero fracaso.

No es aquel ser humano idealizado que todos creen, sino una persona común y corriente, que a pesar de ello logra revolucionar tu mundo en un segundo.

La paz de Pedro es interrumpida al igual que los pensamientos de Paula cuando Fede y Patrick aparecen corriendo y se echan encima de su padre soltando carcajadas.

-¿Te asustamos a que sí? –pregunta Fede con una sonrisita.

-¡De seguro no esperabas que dos vaqueros aparecieran para llevarte con el sheriff! ¡Él le hará pagar todos sus crímenes, villano!

-¿Ahora son vaqueros? –Interrumpió Paula- Por la mañana eran astronautas.

-¡MAMÁ! –reniega Patrick –estamos jugando al viejo oeste, y papá es un villano.

-Oh –sonríe –siento interrumpir.

-Ahora también tendremos que llevarte mamá –musita Fede con pena-, por defender a un malvado.

-¡No si yo lo impido! –masculla Pedro en un tono heroico y se enfrasca en alguna clase de juego con sus hijos que corren para que él no pueda alcanzarlos, agarrando con sus pequeñas manitas sus sombreros vaqueros para que no caigan de sus rubias cabezas.

Paula ensancha su sonrisa mirando la hermosa y feliz familia que Pedro ha formado junto a ella. Como todas las horribles cosas que ocurrieron ahora parecen tan lejanas. Todo lo malo y terrorífico ha quedado atrás. Y sí, hay momentos duros. Altibajos en su vida como familia o como pareja. Pero están ahí el uno para el otro, encontrando siempre un cuerpo al cual abrazar y unas palabras en donde encontrar el consuelo.

Al poco rato Pedro se recostó a su lado, jadeando y algo sudoroso:

-¡Me rindo! –Sentenció –no puedo contra ustedes, vaqueros. Déjenme descansar un poco, este villano está algo viejo.

Apoyó su peso en el codo derecho y frunció los labios.

-Tal vez un beso de esta hermosa damisela me de las fuerzas necesarias –dijo.

Paula se inclinó con rapidez, sintiendo como compartían un beso profundo, provocando que una pasión temblara en su cuerpo.

Escucharon en coro un “Iuugh” de parte de sus hijos y rieron mientras se separaban. Pedro tenía las mejillas rojas, a causa de correr y también por el beso.

-Los besos son asquerosos –musitó Patrick y Federico asintió, apoyándolo.

-Ya verán cuando sean mayores. –advirtió Pedro.

-¿Papi? –susurro Jaz que se había despertado de su descanso y se espabilaba un poco.

Recorrió con sus ojos color miel el lugar, levantando sus cejas con sorpresa y gusto y alzando sus brazos en alto, pidiendo a su padre que la abrazase.

-Estamos en el parque que te encanta Jazmin –besó su castaño cabello- Martu está por ahí ¿Quieres ir a jugar con ella?

Ella asintió frenéticamente.

-Federico, Patrick ¿podrían llevar a su hermana junto con Martina? Díganle a Emma que no las pierda de vista.

-Sí, papá. –asintió Patrick.

-Tengan cuidado –pidió Paula besando la frente de cada uno de sus hijos. El parque no era muy grande, tampoco era peligroso pero apartarse de sus hijos siempre era algo difícil de hacer en cualquier ocasión.

-Sí, mamá –masculló Fede tomando de la mano a Jaz y dirigiéndose al camino que habían tomado Carlos, Martina y Emma.

Pedro estiró su brazo ayudando a que su esposa se levantara del césped.

-¿Sabes algo? Estaba pensando que llegaste a mi vida de la forma más inesperada.

-No sé si debería reír o llorar.

Paula pellizcó su nariz y depositó beso en sus labios antes de darle la espalda. Pedro la acercó jalándola de la cintura y abrazándola por el estomago. De la nada la morena sintió como empezaba a besarle el lóbulo de su oreja mientras le susurraba cuánto la amaba.

Ella se retorció un poco, llena de emociones volvió a dar una voltereta y le dio un corto beso que Pedro se encargó en convertir a largo, apretó sus mejillas e introdujo su lengua con firmeza, dulzura y pasión. Una pasión que había crecido más y más con el paso de los años.

Y Paula comprendió que ella había encontrado a esa persona de la cual hablaban sus padres. La había entendido desde hace años, pero ahora, con Pedro besándola, con sus hijos jugando por ahí, todo era más claro.

Ella siempre esperó un príncipe azul montado en caballo blanco, pero el amor de su vida llegó de la manera menos esperada: Haciéndose pasar por alguien que no era. Engañándola y tratando de estafarla.

Y aún así estaba completamente segura de que había tomado la mejor decisión de toda su vida.
Pedro, Fede, Patrick y Jazmin eran las mejores decisiones en su vida.
Y nunca se arrepentiría de haberse enamorado de... EL FARSANTE


                                               FIN.

NO ME GUSTA CUANDO SE TERMINA UNA NOVELA, SIENTO COMO UN VACIÓ JAJA =(

GRACIAS A TODOS LOS QUE LEYERON Y COMENTARON!! ♥♥


lunes, 24 de febrero de 2014

Capitulo 58



Pedro se acerca por detrás, tomando a Paula completamente desprevenida, la abraza con fuerza, rozando su nuca con la nariz. Aspirando ese perfume que lo vuelve loco. Ríe justo detrás de su oído haciendo que la piel de ella se ponga como de gallina.




–Te amo tanto Pau -apartando su cabello se dedica a darle besos en la clavícula, para pasar a su cuello y poco después a sus mejillas.

La morena se inclina un poco, concentrándose en todas las sensaciones que los labios de Pedro provocan en su piel.

–Te amo –murmura de vuelta. Colgándose de su cuello, lo jala hacia ella, animándolo a que se siente a su lado y admire la hermosa calle que está cubierta por una fina capa de nieve blanca que la llena de emoción y de paz.

-¿En qué piensas? –preguntó el rubio. Su mujer era incapaz de alejar su mirada de la ventana.

-Justo hace un año; el 27 de Diciembre tu hermano me pidió que me casara con él.

-¿Y lo estás recordando? –su mandíbula se tensó.

-Solo estoy... impresionada –jadeó- un año parece tan poco y sin embargo toda nuestra historia sucedió en menos de 12 meses, y fue tan hermosa, trágica, diferente... rápida, pero parece que será infinita. Eso me gusta.

-Quiero que sea infinita. Me asusta saber que nada es infinito –susurró él.

-Podemos empezar con esa frase tan común: “Hasta que la muerte nos separe”.

-Y si los muertos aman... después de muertos amarnos más. –completó Pedro, ahora también perdido en los árboles que carecían de hojas.

-Es maravilloso como tu mente puede crear frases tan hermosas sin esforzarte siquiera un poco.

-Es fácil cuando te tengo frente a mí –admitió.

Paula sintió como el rubor le recorría todas las mejillas.

-También pensaba en Fede, hace unos instantes –prosiguió el rubio- por la mañana para ser exactos.

-¿De verdad? –abrió los ojos con exageración hacia su esposo.

-Estaba recordando el día en aquel parque, en cómo hablábamos de tener un hijo y que resultamos teniendo dos.

-Fue un día difícil de olvidar –masculló sonrojándose aún más, recordando su ataque de histeria y cómo había estrellado la guitarra de él en mil pedazos.

-También pensaba en que dijiste que deseabas que tu hijo se llamara Federico, pues creías que en ese entonces yo era Fede y querías que se llamara como yo...

Ella apretó su mano con cariño. Cuando el movió su mano contra la de ella sus anillos tintinearon.

-Solo estaba riéndome un poco. A mí no me gusto la idea en ese instante. Siendo sincero, la aborrecí. Es extraño que terminara por dar la idea de que mi propio hijo se llamara Fede.

-Siempre estaremos agradecidos hacia él, Pedro –murmuró enumerando varios motivos en su cabeza. Entre los principales se encontraba el hecho de que había salvado su vida y la de sus hijos.

-Aún me cuesta aceptarlo, sólo un poco.

-Es normal. No se olvida a una persona importante tan rápido.

Él sacudió su cabeza con brusquedad, entre negando y entre tratando de apartar los malos pensamientos.

-Mis padres vendrán en Año Nuevo –soltó, cambiando el tema- quieren conocer a Patrick y a Fede.

-¿Te estás reconciliando con ellos?

-Bah, para nada –agitó su mano- Quieren tratar de salvar los años que perdieron conmigo ahora que Fede se ha ido. Pero ya es demasiado tarde.

-Deberías pensar en perdonarlos.

-Lo consideraré...

Paula sonrió mientras se quedaban en silencio, sentados el uno frente al otro. Ambos cruzados de piernas sobre el estrecho balcón, con las manos y las frentes unidas, admirando callados los brillantes ojos de su respectiva pareja.

-Mi idea de diversión siempre fue emborracharme hasta quedarme inconsciente –confesó el rubio, sorprendiendo a Paula- nunca pasó por mi cabeza que podía estar tan cómodo sentado, en silencio, admirando a una hermosa mujer. Esperando a ver a mis hijos en cualquier instante. Puedo prometer que jamás vi mi futuro así... y aún después de todo me siento completo, me siento feliz. Esta es la vida que siempre desee aún sin saber que era lo que realmente quería...

Estaba a punto de decir algo más pero el movimiento de su esposa lo distrae, se ha inclinado lentamente hasta prácticamente quedar a un centímetro de su cara.

-Por favor, calla –le pide con los ojos clavados en su boca, entretanto ella se mordía sus propios labios provocando un tirón en el abdomen de él.

-¿Por qué?

-Esto... que siento en mi corazón cada vez que eres romántico –llevo su mano al pecho, señalando su corazón- creo que va a explotar.

Pedro posó su propia mano sobre la de ella, ganándose una risa traviesa.

-No quiero ser el responsable de esa explosión. ¿Estás pidiéndome que deje de ser romántico?

-No –ronroneó.- te estoy pidiendo que me beses.

-Oh, Señora Alfonso –gimió- ¿Llegará el día en que comprenda que no tiene que pedirme besos? Yo se los doy con todo placer.

Soltó una risa llena de regocijo antes de juntar sus labios en una suave caricia, apretando con fuerza, mimándola, palpando sus brazos, sobando sus caderas, despeinando su suave cabello, acercándola a él, reclamando su lengua. Estaba desesperado por tenerla en sus brazos por abrazarla, por sentir cada parte de ella en él. Era imposible que entre más pasaba el tiempo más necesitaba de ella.

Era como tener una adicción.
Una adicción que disfrutaba desde el fondo de su corazón.
Nunca creyó poder amar a alguien como amaba a Paula y a sus hijos.

Pararon cuando el aire les estaba faltando y casi inmediatamente sintieron como la puerta se abría. Los bebés habían llegado.

Paula depositó un último beso corto sobre los labios de él, que ya se sentían un poco hinchados, y corrió a recibir a sus dos ángeles. Los abuelos de Pedro los habían llevado a pasear desde la mañana, y ya los extrañaba.

-¡Hola mis príncipes! –dijo y ambos niños sonrieron, reconociendo en seguida la voz y el rostro de su mamá. Empezaron a mover sus bracitos como locos, exigiendo que los abrazaran.

Paula tomó a Fede y Pedro a Patrick y los apretaron con amor contra sus cuerpos, evitando que les diera frío. Empezaron a caminar un poco con ellos cargados, hablándoles, cantándoles, sintiendo cómo se entusiasmaban y seguían cada movimiento que vieran.

Eran unos niños tan hermosos y saludables. Habían hecho un gran trabajo ese primer mes y crecían cada vez un poco más. Después de varios minutos su respiración se hizo un poco más tranquila y se durmieron como los dos angelitos que eran.

La morena observó a Pedro, que doblaba sus brazos tratando de desentumirlos, sus músculos se marcaban con cada movimiento.

Cuando terminó de hacer su pequeño ejercicio levantó su mirada y le regaló una sonrisa seductora a su esposa.

-¿Disfrutas de la vista?
-Sí, mucho.

Su sonrisa se ensanchó aún más: -Eres una pervertida –acusó.

-¿Sólo porque te vi los brazos? No lo creo...

-Oh sí, yo sé exactamente lo que estás pensando.

-Tus abuelos están aquí. –musitó con la cara roja.

-Esperaremos a la noche, tal vez enviaremos otra carta a la cigüeña.

-Es muy pronto.

-Quiero tener una pequeña Paula. –confesó, cargando a la morena en brazos y haciendo que lo rodeara con las piernas.

-Tal vez después, hay que esperar a que los gemelos crezcan.

-Como usted desee, señora Alfonso.

-Me gusta que me llames así.

Él soltó una carcajada y Paula sintió como un escalofrío le recorrió el cuerpo, pero no fue porque era invierno o por el horrible frío que hacía afuera, era algo más... esa risa era idéntica a la que ella escuchó en su sueño hace ya tanto tiempo. Y era ridículo que la reconociera hasta ahora, era tan estúpido que resultaba casi irreal.

Pero es que por fin entendía todo.

Junto los labios con el rubio, jalando su corto cabello, sintiendo como él la dirigía a la habitación y la empujaba hacía la cama.

<<Yo también necesito que alguien me salve>> había dicho aquel ser en su sueño.
Y eso había hecho.

Paula había salvado a Pedro.

Pedro había salvado a Paula.

De todas las maneras posibles en que se puede salvar a alguien. Juntos conocieron el amor verdadero, juntos experimentaron la sensación de ser padres. Ambos sufrieron, ambos lloraron y se enojaron. Pero ahora eran marido y mujer, ahora eran padres de dos hermosos niños, ahora... ahora se amaban en cuerpo y espíritu.

Y ninguno de los dos podía pedir más.

Porque todo lo que deseaban, lo que anhelaban... estaba simplemente frente a ellos.

                  FIN♥

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GRACIAS POR HABER LEÍDO LA NOVE!! 
MAÑANA SUBO EL EPILOGO!! ♥


Capitulo 57


24 de Diciembre.


-El clima aquí es impredecible, no me gusta –gruñe abrigando a Patrick con un gorro rojo y un pequeño y caliente suéter azul. A su lado Paula repite la misma secuencia con Fede.



-¿Extrañas L.A?

-No –murmuró con seguridad.- solo desearía salir sin encontrarme con mi auto cubierto de nieve.
Paula sonrió. –A mí me gusta.

-Has vivido aquí por 26 años, yo sigo acostumbrándome.

-¿Canadá no te acostumbró?

-Nunca viví en Canadá, te dije que mis abuelos eran de ahí pero yo solo fui de vacaciones algunas veces... –su mirada se dirigió hacía la gran ventana. No extrañaba Los Ángeles, tampoco le molestaba tanto la nieve; era más ese sentimiento que lo había embargado desde la noche anterior lo que lo ponía de ese humor; volver a ver a su abuelo lo llenaba de alegría, pero también le ponía los músculos tensos.

-Y hablando de eso...

Las pupilas de Pedro se dilataron con rapidez al escuchar el timbrazo en la puerta.
Estaban aquí.

-¡Feliz Navidad! –escuchó la voz de su abuela llenar la habitación. Esa voz era la que lo consolaba cuando su madre lo ignoraba...

-¡Hola! Bienvenidos –la vocecita dePaula tenía ese tono alegre que hacía que el corazón de Pedro diera un vuelco.

-Tú debes ser Paula-y ahí estaba él. Su mejor amigo, la figura paterna que tuvo cuando niño, el hombre que había perdido por culpa de una mujer que no merecía ser la causa de esa separación.

-Así es.

-Soy Bruce y ella es mi esposa, Diane.

-Mucho gusto –estrecharon las manos. Pedro seguía apartado de todos, con Patrick en brazos.


-Pedro ven –mandó la morena.

Sus abuelos solo se quedaron quietos, admirando en silencio a Pedro mientras éste caminaba hasta quedar junto a su esposa.

-Estás enorme –musitó Diane.

-Ya soy todo un hombre, abuela –bromeó un poco, tratando con fuerzas de aligerar el ambiente.

-¿No me das un abrazo?

Rió con ternura, dejando a Patrick a cargo de Paula. Y se inclinó, sintiendo como los brazos de su abuela lo rodeaban.


-Te extrañé –confesó, escondiendo la cara.

-Yo también lo hice, Pedro –respondió.

Lentamente el abrazo se fue rompiendo y el rubio decidió terminarlo dándole un cariñoso beso en la frente a la mujer frente a él. Fue cuando escuchó a su abuelo murmurar su nombre y sintió que toda su fuerza se rompía en pedazos.

-Pedro...

-Abuelo...

Paula acarició su hombro dándole ánimos. Pero aunque se esforzara no sabía cómo empezar a pedir perdón.

-Yo...

-¿Esa es tu cadena de bebé? –interrumpió Diane, ganándose la atención de Bruce y por consiguiente dejando que Pedro respirara por un instante.

Ni siquiera se había dado cuenta que estaba conteniendo el aliento.

-La guardaste –masculló con incredulidad el maduro hombre.

-Creí que sería un buen detalle heredarla a mi hijo.

-Fui idea de él usarlas, por eso los niños tienen nombres con P y D.

-¡Qué detalle tan más bonito! ¿Verdad Bruce?

-Pensé que se habían perdido...

-No –negó Pedro.- Las guardé todo este tiempo, pero si las quieres de vuelta podríamos...

-No seas tonto, Pedro. Son tuyas.

-También conservo la que tiene mi nombre –declaró sin saber por qué era necesario decirlo, sacó el medallón de oro que estaba por debajo de su camisa y lo mostró. –Era mi pequeña parte de ti.

-¿No estás enojado? Por como hablé de tu ex-mujer.

-No puedo estar molesto por algo que... sé que fue honesto. Todo lo que dijiste... lo hiciste para advertirme, porque no querías que saliera lastimado. Si te hubiera escuchado me hubiera ahorrado sufrimiento innecesario y... yo quiero pedirte perdón.

-Estás perdonado –el abrazo fue inmediato, casi tan inmediato como el alivio que recorrió cada molécula en el cuerpo de Pedro.

Definitivamente esto era lo único que le faltaba para estar completamente liberado y feliz.

-¿Y qué me dices de ella? –preguntó, señalando a la hermosa mujer que era su esposa.

-Te puedo asegurar que con ella no estás equivocado.

-Parece ser la única persona que te controla Pedro. -opinó su abuela, quien se entretenía con Patrick.

Pedro sonrió con complicidad, apretando a Paula junto de sí y depositando un beso en su sien.

-Pueden llevar su equipaje al cuarto de visitas –dijo la morena, recordando que estaban en vísperas navideñas y que tenía una cena preparándose en el horno.- La comida estará lista pronto.

***

Cuando la cena termina y tanto los bebés como los abuelos de Pedro duermen, Paula empieza a recoger el lugar que ha quedado lleno de envolturas de regalo.

-Limpiaremos mañana, Paula. Quiero que veas algo.

-¿Algo?

-Un regalo.

-Ya me diste un vestido.

-Solo ven –pide tomándola de la mano y jalándola con entusiasmo hacía su cuarto.

Paula ríe cuando ve el muérdago arriba de la puerta.

-Muy gracioso –canturrea en una carcajada.- Siendo sincera es un muy buen regalo de navidad.

-No eso no –mueve la mano como restándole importancia.- acércate un poco más, a la cama.

Paula está a punto de protestar pero él la empuja hacia el colchón.

Llena de curiosidad revuelve las sabanas hasta que siente algo parecido a una caja chocar con sus dedos; saca el paquete de entre las almohadas y lee en voz alta la nota:

“Feliz Navidad, amor mío. Gracias por darme una familia.”
-Pedro.

-No entiendo.

-Abre la caja. –indica.

Rasga el cartón hasta que ve la esquina de algo que toma parte de sus recuerdos. Es el mismo portafotos que se encontraba colgado en el cuarto de los bebés, el mismo que en la parte inferior tenía la palabra ‘Familia’. Paula nunca había notado su ausencia en la pared. Solo había una cosa diferente esta vez... estaba por fin haciendo su tarea: custodiando una hermosa foto de Pedro y ella, teniendo en brazos cada uno a un diferente bebé.

La morena reconocía la foto. Emma la había tomado hace pocos días.

-¿Te gusta?

-Oh, Pedro. –Llevó su mano a su boca, tratando de calmarse- Es espléndido. Me encanta.

-Feliz Navidad, cariño.

Entonces ella recordó algo y corriendo tomó la plantita que colgaba en la entrada, la hizo bailar sobre su cabello mientras le sonreía.

-¿No querrás romper la tradición o sí? Me debes un beso.

Ahora fue Pedro quien soltó una carcajada. Tomándola de sus mejillas la acercó, besándola lento, explorándola, como si fuera la primera vez que tocaba sus labios.

Era su primera navidad casados. Su primera navidad siendo padres.

Era la primera navidad de él... donde no se sentía solo.





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Capitulo 56





Pedro sonríe, acariciando los nudillos de su esposa poco antes de apretar sus manos brindándose calor.

-Son tan... –comienza Emma.

-bonitos –completa John, meciendo a Patrick en sus brazos.- No me canso de verlos. Cada vez que vengo estan más grandes.


-Se parecen a Pedro –musita llena de admiración la rubia, Carlos está detrás de ella, mirando atento a los gemelos que duermen con serenidad, perdido entre sus pensamientos.

Paula está casi segura que se está imaginando a un bebé con los ojos verdes de Em y los cabellos negros de él.

-¿Se parecen? –Cuestiona John en un tono irónico.- ¡Son idénticos! Es como si él renaciera en dos cuerpos. Lo único que tienen de Paula es la sangre.

-No es así –contradice la morena- Patrick tiene los ojos de nuestro papá. Grises como una noche de tormenta.


John asiente un poco cohibido y observa a sus sobrinos que son el retrato de Pedro: con el cabello dorado, la nariz pequeña, los labios rosados casi tanto como lo estaban sus mejillas, con sus pestañas largas y rubias. Fede con ojos color miel y Patrick, tal como Paula lo había dicho, de un gris azulado.


-Mamá siempre me contaba la historia de cómo se conocieron papá y ella y como a veces los ojos de Miguel cambiaban de azul a gris y viceversa, ella creía que usaba lentes de contacto, pero después de un tiempo se dio cuenta que así eran sus ojos. Papá siempre creyó que en algún momento se quedaría ciego, pero todos los doctores le dijeron que era completamente normal. Estoy seguro que Patrick no tendrá problemas.


-Será un galán -bromeó Pedro- conquistará a todas con esos ojazos.

Paula sonrió recordando como siempre que se lo pedía, su madre la abrazaba y le contaba una y otra vez como había conocido a su papá en un día llovioso... cuando su coche se había descompuesto y su padre se había ofrecido a llevarla. Decía que sus ojos combinaban con aquella tormenta y que eso la hipnotizó.

Paula casi había gritado cuando su pequeño Patrick había abierto los ojos mostrándole que poseía los mismos ojos de su abuelo.


-Es extraño que hayan predominado los ojos claros en los bebés ¿verdad?

-Ana tiene los ojos verdes-azulados y mis abuelos también –murmuró Pedro.- El padre de Paula y su bisabuela también los tenían.

Se encogió de hombros y jaló el cuerpo de su esposa para mantenerla más cerca, el frío cada vez era más fuerte y según los pronósticos del tiempo en pocos días comenzaría a nevar.

Fede se retuerce un poco entre los brazos de Emma y empieza a llorar con fuerza, la rubia casi inmediatamente alza los brazos hacía Pedro entregándole al bebé con miedo.

-No hiciste nada malo Em –dice y agarra al bebé con dulzura.- Yo también me culpé la primera vez que lloró en mis brazos, pero así son los bebés y así es su forma de comunicarse por ahora, debe de tener frío o hambre.

Lo abraza un poco y le acaricia el poco cabello con calma.

-Chss chhss –lo tranquiliza.- cálmate campeón, tu mami ya viene. No tienes por qué llorar, vas a despertar a tu hermanito.

Fede empieza a calmarse un poco y con su frágil mano envuelve el pulgar de su papá. Los ojos de Pedro brillan con orgullo cuando se acerca, así ha ocurrido desde que salieron del hospital. Pedro tiene la magia para hacer que sus hijos se consuelen, es una conexión que va más allá de su entendimiento. Y sabe dentro de sí que eso nació desde que sus bebés pateaban con entusiasmo cuando lo escuchaban.

Lo amaban, amaban a su padre aún sin ser completamente conscientes de lo que ocurría a su alrededor. Lo adoraban desde que estaban en el vientre de su madre y Paula podía notar que Pedro no se quedaba atrás conforme al cariño, por las noches los arrullaba con su guitarra y cuando despertaban en la madrugada los llevaba a la habitación para que ella pudiera alimentarlos, los besaba, los cargaba de aquí para allá.

A cada persona que se acercaba para mirarlos de cerca, sorprendidos de ver a dos bebés idénticos, Pedro les sonreía y con una voz feliz alardeaba del hecho que eran sus hijos.

<<Simplemente creo que no seré un buen padre>> había dicho.

Pero era todo lo contrario.

Durante estos días había demostrado su gran capacidad para ser el mejor de los papás y si era posible... el mejor de los esposos.

***

Siente la garganta seca después de unos momentos, abre los ojos con dificultad y revisa su alarma.
7:00 p.m.

Lo último que recordaba era Emma y John despidiéndose, ella recostándose agotada y después... nada. Suponía que se había quedado dormida, a juzgar por el reloj, había dormido tres cuartos de hora.

Se retuerce un poco, levantándose de la gran cama, teniendo el máximo cuidado por si algún bebé o Pedro están ahí también, pero no. La cama está vacía. Camina hasta la cocina sirviéndose un vaso de agua que la ayuda a sentir su garganta mejor.

Tal vez se iba a enfermar.

-¿Pedro?

La respuesta es débil y proviene del cuarto de los bebés. <<Estoy aquí>>

Se dirige con pasos largos hacía ahí, encontrándose con una de las escenas más conmovedoras que ha visto jamás.

Pedro carga a Patrick en brazos, o al menos Paula cree que es Patrick. Lo confirma cuando mira su cuello y nota el dije con la “P” colgando de ésta.


Fede está durmiendo como un angelito en su cuna.

El rubio tararea en silencio una canción de cuna que a la morena le parece vagamente familiar.

-Se despertó hace unos momentos –susurra.- no quería despertarte, así que lo arrullé hasta que quedó dormido nuevamente.

-Gracias –murmura.

Pedro devuelve a Patrick dentro de su camita, lo arropa con la pequeña manta azul y después revisa a Fede.


-Están bien pero aún no están cómodos en este cuarto.

-Se acostumbraron a dormir con nosotros, es normal. Deberíamos mover las cunas hasta nuestra habitación, al menos hasta que estén más grandes.

-Mañana lo haré –la cargó un poco presionándola contra la pared, de modo que quedara entre él y el muro.- Te amo.

-Te amo –masculló escondiendo la cara en el cuello de él. Olía limpio, a jabón, menta, a un perfume encantador.... olía a Pedro.

Apretándola contra sí la besó con fuerza, olvidándose por un instante que estaban en el cuarto de sus hijos. La tomó de la cintura e hizo que ella rodeara su cuello con los brazos.

Cuando se separaron, quedando a escasos centímetros del otro Paula acarició los lunares cerca de su boca. Siempre se había sentido atraída por los del perfil de Fede, más bien se volvió un poco loca cuando después de la boda nunca los pudo ver.

Y ahora simplemente no los extrañaba. Extrañaba a Fede, al igual que lo hacía Pedro. Pero era de una forma diferente, Fede se había vuelto como su hermano antes de morir y siempre lo recordaría, aún más porque decidieron ponerle a un bebé su nombre.

Pero Pedro... siempre que estaba con él se sentía completa, la irradiaba una armonía inmensa, un amor tremendo y una pasión sin freno.

No sabía que sería hoy sin él a su lado. O sin sus hijos.

Bajo su mano hasta tomar la izquierda de él y con calma beso su anillo, el anillo que marcaba que él era de ella y que ella era de él.

Cada vez que despertaba por la mañana y lo encontraba dormido, con el cabello hecho un desastre y su preciosa boca semi-abierta, cuando su mirada se encontraba con ese círculo de oro blanco adornándole el dedo anular, su corazón se hacía tres veces más grande.

-¿En qué piensas? –preguntó al verla tan atenta.

-En que tus votos fueron ciertos. Mi amor por ti crece con cada respiro.


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MAÑANA EL FINAL Y ÉL MARTES EL EPILOGO!!

domingo, 23 de febrero de 2014

Capitulo 55



4 de Noviembre.

Sintió su cabeza inclinarse y sonreír con alivio al escuchar el lloriqueo del segundo bebé junto con el gran gruñido de Paula destrozando su mano en apretones. Volteo a la par con el doctor para observar el reloj en la blanca pared del hospital.

01:09 a.m. Exactamente 13 minutos después de que el primer gemelo naciera.

Escucha a Paula soltar un suspiro profundo y la mira, tiene una pequeña y cansada sonrisa y el sudor le recorre la frente, sus ojos quieren cerrarse por el agotamiento pero en ellos brilla un orgullo infinito hacia sus bebés.

Sigue y estudia cada movimiento que hace el doctor con el pequeñín, como evalúa su cabeza, su tronco, sus pies y sus hermosas y rosadas manitas. Después revisa sus oídos, nariz, boca y paladar, asegurándose que todo esté en orden le brinda una cálida sonrisa a la morena queriéndole indicar que su segundo bebé a nacido tan sano y salvo como el primero.

Poco después empiezan a verificar los latidos de su corazón pero el cuerpo de Paula se está debilitando, no ha dormido en horas y lo que realmente desea en ese momento es dormir, así que cierra sus ojos y se deja llevar por unos minutos. Despierta nuevamente cuando siente la dulce voz de la enfermera llamarla y después la grave voz de Pedr pidiéndole que abra sus ojos.

-Abrace a su hijo, señora Alfonso –le murmura y Paula siente la presión de un pequeño cuerpo que no mide siquiera lo que mide su brazo. La enfermera lo entrega y una sensación indescriptible la llena por dentro. Es la experiencia más hermosa que había tenido jamás.

Ese niño, su bebé, su hijo encajaba con perfección y se acoplaba a sus brazos tal y como si éstos estuviesen hechos solo para sostenerlo entre ellos y compartir así el calor corporal.

-Hola bebé –susurro mientras lo meneaba con suavidad.

La calma que irradiaba el pequeño ser frente a ella era exactamente la misma que le provocaba ver a su hermanito que era cargado por su padre. Paula observó a Pedro, perdido en las facciones de su bebé, tan concentrado en cargarlo, en adorarlo con los ojos, musitándole algunas palabras que le eran imposibles de escuchar pero que sabía estaban llenas de cariño.

Cuando bajó su mirada y vio a su pequeño güerito durmiendo con una sonrisa adornándole los labios no pudo evitar levantar las cejas con sorpresa, era tan familiar lo que veía, pues era la misma cara que la acompañaba toda las noches... cada uno de sus rasgos, tan hermosos como los de su papá.

-Es igual a ti –dijo a Pedro y éste inmediatamente la examinó. Se veía tan tierna así, con sus mejillas sonrosadas y sus ojos grandes.

Trató de contener todas las sensaciones que lo embargaron cuando escuchó una leve queja de parte del bultito que cargaba en brazos, solo fue eso una ‘queja’ tal vez por la formar en que lo había posicionado, pero solo eso bastó para que sus ojos quisieran soltar lágrimas.

Era un sentimiento tan... nuevo. Tan precioso. Definitivamente podía acostumbrarse a sentirlo.

-¿Está bien? –preguntó Paula con preocupación al escuchar el quejido de su nene.

-Todo está en orden –masculló mientras tomaba asiento a un lado de ella y le mostraba el perfil de su hijo –Sólo estaba admirando esto.

Paula contempló con fascinación el rostro de su primer hijo, y casi pudo sentir como el nudo se le formaba en la mitad de la garganta.

-Es imposible... –pasó con cuidado un dedo evitando el área de su oreja que aún se encontraba sensible.

-Es tan posible como también es un Alfonso.

Ella solo pudo sonreír.

-Estaba pensando –comenzó él- dijimos que llamaríamos a uno Franco, sólo porque buscábamos un nombre con F y yo...

-Quieres llamarlo Federico –interrumpió.

-¿Te molesta?

Ella negó con la cabeza.- No, Pedro. Es perfecto.

-¿De verdad?

-Debo admitir que cada vez que viera estos lunares adornándole el perfil, tal como los tenía Fede... no podría evitar pensar en él.

-Y así tendremos un distintivo –rió.- Cuando no los reconozcamos simplemente miraremos su perfil derecho buscando los lunares.

Paula también rió.

-¿Te gusta tu nombre, chiquito? –lo levantó un poco y éste inmediatamente empezó a sollozar con fuerza.

La morena sintió como se le estrujaba el corazón, por fin entendió todo eso que había escuchado... el llanto de un hijo duele más que nada en la tierra.

-¡Pedro! –Regañó.- No tienen ni dos horas de haber nacido ¿podrías ser menos brusco?

-Lo siento tanto –gimió entregándoselo a una enfermera que lo veía con severidad.

-Los llevaremos a dormir un poco, para que la madre descanse también, señor Alfonso, usted también debería ir a dormir –después se dirigió a Paula- Necesita reposar, cuando despierte le traeré a los niños para que les de pecho.

Cuando ambos bebés fueron retirados, Paula le echó un vistazo a Pedro. El rubio mantenía la mirada baja y los ojos caídos.

-Hey –lo llamó.

-Soy un estúpido.

-Pedro...

-No puedo hacer nada sin arruinar las cosas.

-¿Podrías por favor dejarte de culpar de todo? –pidió, alborotándole su lacio cabello.

-Es que...

-Serás un gran padre.

-...lo lastimé...

-Esos errores se cometen,Pedro. Eres un padre primerizo y nunca has tenido nada que ver con bebés. Ahora sabes que a los recién nacidos se les trata con más suavidad.

-No me perdonaré jamás si le hice daño.

-Si lo hubieras dañado ya tendríamos a un doctor aquí –pero él seguía con su mirada gacha.- Hey mírame –exigió.

Él subió su vista, mostrándole unos ojos miel llenos de pena.

-Te amo –murmuró.- Gracias por quedarte aquí conmigo y brindarme apoyo.

-No podía dejarte sola.

-Gracias.

-No, de verdad no podía dejarte. Te pegaste a mi mano como si tuviéramos pegamento industrial entre ellas –bromeó.

Paula soltó una carcajada.

-No es de risa, sentí que iba a quedar sin mano –hizo un puchero.

-¡Oye, pero si tú no estabas teniendo contracciones! ¡Sentía que me estaba partiendo en dos!

-Es solo un chiste, cariño –la besó.- De los dos, tú fuiste la más fuerte hoy. Te dejo, quiero que descanses. Iré por ropa para los niños, para ti y a darme una ducha.

Se quejó-No quiero que te vayas.

-Pero tienes que dormir.

-Quédate hasta que me duerma ¿sí?

-Trato hecho, princesa –comenzó a hacerle mimos en el cabello, arrullándola.- The day we met, Frozen I held my breath, Right from the start, I knew that I found a home for my heart...

-¿Qué haces? –preguntó divertida.

-Te canto para que duermas –sonrió, continuando la canción. Cuando susurró el último verso la respiración de Paula se había vuelto lenta y pacífica y en todo su cuerpo se había relajado.
Se levantó en silencio, depositó un leve beso en su boca y salió de la habitación. Había sido un día pesado, pero todo el esfuerzo había valido la pena.

Todo por lo que habían luchado valía la pena ahora que tenían a dos seres por quién luchar más.



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sábado, 22 de febrero de 2014

Capitulo 54



El vestido acaricia levemente sus rodillas y cae hasta sus tobillos. La tela es fría, suave y se ajusta perfectamente en los lugares correctos. Aunque no es un vestido nupcial, parece serlo. Con pedazos de encaje que adornan el escote, tirantes delgados y un bello listón justo arriba de su enorme barriga.




Da una voltereta sintiendo como éste forma ondas a su alrededor, cuando se detiene su mirada se enfoca en el calendario que cuelga a un lado.

Aún le parecía imposible de creer que había pasado tan poco tiempo, es como si sintiera que había vivido tanto, es difícil de asimilar todo lo que había pasado en menos de un año. Parecían décadas.
Pero estaba ahí mirando su reflejo en el espejo, sonriendo como una niña pequeña, estaba frente al objeto que la había visto llorar, quedarse dormida después de ver trillones de filmes, quien la vio probarse su primer vestido de novia, el testigo de cómo sus bebés crecían cada día un poco más dentro de su cuerpo.

Y todo era tan irreal.
Pero, lo que lo hacía increíble era lo real que era. Podía bajar sus manos y tocar su estirada piel para sentir los movimientos de los dos niños en su interior, podía subir su mano izquierda para observar el brillante que significaba un compromiso, o simplemente podía doblar el cuello para notar el fuerte cuerpo detrás de ella, un Pedro con ojos grandes y sonrisa nerviosa.

-No deberías hacer movimientos tan bruscos –susurra.

-Solo fue una voltereta –sonríe-, me he cuidado bastante ¿no lo crees?

Él hizo un movimiento con la cabeza que ella no pudo identificar negativo o positivo, después se acercó y besó su nariz para luego darle atención a sus labios, moldearlos primero con un dedo y luego seguir el mismo camino con sus propios labios, acariciando, saboreando.

No parecía cansarse nunca de esto, de acercarse a ella y sentirla entre sus brazos, y ahora podrían estar así... para siempre.

-¿Estás lista?

-Sí

-Te amo –tomó su mano con fuerza, dirigiéndola hacia el auto.

El registro civil se encontraba en una zona cercana al departamento, o al menos eso pareció, no estaban seguros si era por el poco tráfico (algo realmente sorprendente en estas épocas y esta ciudad), o porque todo el camino lo gastaron riendo y cantando al compás del radio.

La ceremonia es en un pequeño cuarto mayormente blanco y muy acogedor, el sacerdote empieza a decir algunas palabras, las que se escuchan siempre... qué es el matrimonio, cuánto debemos valorar el amor y tratar de mantenerlo vivo, aunque sinceramente en el punto de vista de Pedro el amor que siente por Paula nunca morirá, después narra una historia corta, de dos personas enamoradas.

Paula suelta un suspiro cuando escucha que es el momento de los votos.
Los había empezado a escribir desde hace doce días justos, había momentos en que simplemente se ponía a hablar sola o a narrar en su mente todo lo que pudiera o quisiera decir, podía ser a medianoche o mientras tomaba la ducha cuando una idea salía de sus labios/mente, y simplemente lo escribía en lo primero que encontraba.

Se hubiera juntado todas sus ideas habría tenido que traer servilletas, celulares, notitas, libretas y hasta el brazo de su hermano, que había usado como pizarrón cuando una frase llegó a su mente mientras compraban ropa.

Los votos siempre habían sido su parte favorita de las ceremonias, eran algo muy interesante de escuchar, podías encontrar desde votos copiados de internet o sacados de alguna película hasta votos de amor que salen del corazón de la persona y que, de tan hermosos que son pueden llegar a provocar sentimientos encontrados en la pareja o en los invitados.

Los votos son promesas, y ella deseaba hacerle tantas a Pedro.

Quería decirle que lucharía por ser una buena compañera, y una buena madre. Quería prometerle estar ahí junto a él cuando tuviera pesadillas, para abrazarlo con fuerza como lo hizo varias noches atrás.

No eran solo palabras, eran verdaderos sentimientos. Eran hechos que no solo debían durar un mes o dos, si no para siempre.

Toma una gran bocanada de aire y sonríe cuando el rubio mueve sus labios diciendo que la ama.

-Pedro, desde el momento en que llegaste a mi vida fui mucho más feliz, llegaste a revolucionar mi mundo entero, a hacer cada parte de mi día un momento más especial. Prometo tratarte con ternura y serte fiel en todos los sentidos. Prometo escucharte cuando lo necesites, y compartir tus sueños y metas, además de nuestra vida, porque siempre serás una prioridad en ella. Permaneceré a tu lado en los momentos difíciles y no olvidaré que este amor es para la eternidad.

Él comienza a sonrojarse solo un poco, y baja su cabeza en un intento de evitar que sus mejillas tomen más color. Saca una hoja verde del bolsillo de su chaqueta y se aclara la garganta antes de comenzar a leer:

-Yo prometo amarte profunda y apasionadamente a partir de ahora y para siempre, Paula mi vida ahora es tuya, superaremos todos los obstáculos que puedan aparecer, conmigo tendrás siempre un hombro en donde llorar o... dormir, lo que tu prefieras –sonrió - puedes estar segura que con cada aliento que exhale crecerá mi amor hacia ti. Mientras envejezcamos y lentamente cambiemos, podremos mirarnos a los ojos y saber que lo que tenemos juntos nunca desaparecerá. Prometo cuidar de nuestros hijos y de ti. Nunca más estarás sola, no lo permitiré. Sin importar que intente separarnos, me mantendré a tu lado, brindándote apoyo y estabilidad. Te amo mucho, mi amor. –agregó, apartando una lágrima que se había escapado de los ojos de Paula.

Emma y John firmaron como testigos y justo después lo hicieron Paula y Pedro escuchando al instante las palabras esperadas:

-Yo los proclamo marido y mujer, pueden besarse.

El primer instinto de ella fue rodearlo por el cuello y alborotar con delicadeza su cabello mientras su respiración se volvía irregular y sentía su corazón galopar con fuerza en su pecho, Pedro se inclinó sin despegar la mirada de los labios semi-abiertos de su, ahora esposa. Suya y de nadie más. Rozó su rostro con sus dedos y luego acarició su clavícula, acercándola con fuerza y juntando sus labios, que comenzaron a moverse suavemente sobre los de ella.

Lentamente se empezaron a separar, terminando con un pequeño beso corto. Pedro la abrazo dulcemente y terminó dándole una suave palmadita en el vientre, sintiendo así todo el regocijo que estaban sintiendo sus hijos.

***
Paula cerró los ojos, sintiendo como Pedro la recostaba con cuidado encima de la cama previamente adornada con pétalos de rosa.

El ambiente era completamente perfecto, Pedro se había asegurado de no comportarse como un completo idiota en esta ocasión. Y aunque no la había podido cargar en sus brazos, trató de comportarse como todo un caballero durante el camino del restaurante al departamento.

-Estás temblando –murmuró preocupado al sentir su piel sensibilizarse.

Y el pequeño flashback de su primera vez juntos inundó la escena.

-No... ¿No quieres...? –tal vez estaba cansada.

-Estoy bien, Pedro –lo calmó- tengo frío solamente.

-Tienes frío ah –musitó con picardía- déjame ayudarte con eso.

Se posicionó inclinado a la izquierda, con el extremo cuidado de no aplastar el delicado cuerpo de la morena. Empezó a besarle debajo de su oído, sintiendo como ella contenía el aliento y se retorcía debajo de él, su camino de besos siguió por su mandíbula hasta llegar a sus labios. Levantó su barbilla observando cómo los ojos de ella se dilataban con deseo.

-Eres mi esposa –dijo. Parecía un poco imposible de creer todavía.

-Eres mi esposo –confirmó, apartó su rubio flequillo mientras sentía como él retiraba su vestido con cuidado.

Respiró profundamente, llenándose por completo del aroma masculino que irradiaba y se encargó de desabotonar su camisa y deshacerse de ella aventándola en alguna parte de la habitación.
Se perdieron en un beso largo y lleno de pasión, de amor. Dándose cuenta que estaban por completos metidos debajo de la piel del otro y que nada ni nadie podría separarlos nunca más. Cuando fueron conscientes, el resto de la ropa yacía fuera de sus cuerpos.

Paula ya no sentía frío, el caliente y fuerte cuerpo de Pedro sobre ella no podía permitirle sentirlo. Ella rodeó sus caderas y con un gemido bajo sintió como Pedro se enterró en ella, aferrándose a sus trabajados hombros empezaron a moverse con coordinación y desenfreno. Sintiendo sus grandes manos recorriéndola entera al momento en que entraba en ella una y otra vez, besando su cabello, sus pechos, su enorme vientre.

Se pertenecían. Todo esto que sentían cuando estaban juntos no era más que la pura gloria.

Sus labios volvieron a encontrar los de ella y metió la lengua en su boca sintiendo como su liberación estaba cerca. Paula se perdió en las sensaciones poco después, oyendo vagamente el rugir de su esposo a los lejos y sintiendo como convulsionaba su pesado cuerpo por encima del de ella. Clavó sus uñas en su espalda mientras se sentía sacudir varias veces.

Y así permanecieron, unidos, juntos. Esperando a que sus respiraciones volvieran a la normalidad. Durmieron abrazados, sintiéndose los seres humanos más afortunados en el mundo.

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GRACIAS POR LEER!!! ♥♥♥


Capitulo 53



El juicio para la condena de Julieta dura menos de lo que cualquiera se esperaba, pero es que era más que obvio que la mujer que los veía con odio era culpable de todos los delitos de los que se acusaba. Emma, John, Paula, junto a otros testigos dieron declaraciones que habían dejado al abogado de la oji-verde sin trabajo posible para hacer.




Él último en declarar es Pedro quien encara a 
 Julieta con ojos duros, ella se encoje en su propio lugar tras una pared de seguridad. Se mira descuidada, y Paula se da cuenta que en todo el tiempo que ha transcurrido no ha dejado de morderse las uñas, tiene sucia la cara pero Paula puede estar casi segura que no tiene nada que ver con el buen o mal servicio que le estén dando, debe ser ella, ella misma la que se está dejando derrumbar. Y como no hacerlo cuando estás consciente que has asesinado a una persona, violado más de 6 derechos constitucionales, cuando te das cuenta que no tienes escapatoria o salvación.

Al menos Paula esperaba que estuviera consciente de eso, que supiera todo lo que había hecho, de todo lo que era absolutamente culpable.

Cuando Pedro empieza a narrar lo que ocurrió hace dos días, la tensión es demasiado fuerte. Él lo vivió desde un punto de vista totalmente diferente, Paula solo había visto el terreno, a 
 Julieta  tratando de matarla a ella y a sus hijos, no había podido pensar o ver más. Pero Pedro pudo narrar las calles, la desesperación que tuvo al llamar a la policía, el tiempo que esperó a que ellos llegaran a ayudar y que, aún así lo hicieron demasiado tarde, sin poder evitar que él y su hermano se interpusieran en un balazo y que Fede saliera herido, muerto. Narra el horror que sintió al verme tirada, llorando por el dolor que el golpe duro de   Julieta me había provocado.

Cuenta como sintió que la vida se le escapaba cuando escuchó el disparo que ella había lanzado al aire y todo el horror que le embargó cuando se dio cuenta que su hermano estaba sangrando en el suelo.

-Eso es todo –susurra cuando termina, las palabras a penas le salen del nudo tan grande que se le ha formado en la mitad de la garganta.

Esto no es fácil para él, ni para nadie.

La jaqueca de Paula es demasiado fuerte cuando el oficial empieza a dictar la sentencia.

-La presente, 
 Julieta Weston es declarada culpable por intento de asesinato, homicidio, intento de secuestro, portación ilegal de armas...

La voz se va desvaneciendo a los oídos de la morena, ya no puede concentrarse en nada todo son murmullos por aquí y por allá, nada claro ni palabras concretas llegan a su mente, el estomagó se le revuelve y sabe que va a tener algún estúpido mareo por causa del embarazo, esto síntomas no se habían presenciado desde hace bastante.

Escucha unos grititos y no sabe si es porque la sentencia es larga o corta, o porque si alguien se está escapando, aunque siente dentro de sí que los grititos son porque ella se está cayendo.

¿Se está cayendo?

Es que eso parece estar ocurriendo, ya no siente realmente los pies sobre el piso, trata de enfocar los ojos pero no puede, así que se deja ir y pronto todo es oscuridad.


...

Cuando vuelve a despertar siente que millones de ojos la miran impacientes, incluyendo los de Pedro que la observan con mucho miedo.

-¿Pueden salir? Va a necesitar aire fresco.

La voz es conocida y cuando logra abrir los ojos del todo se da cuenta que está en el hospital de siempre.

Sus hijos.

-Mi-mis b-bebés –tartamudea con dificultad, siente la garganta seca y los labios pesados.

-Pedro, por favor tráele un poco de agua. –El rubio lucha un poco en si dejar el lugar al lado de su esposa o no pero se decide por buscarle la bebida.

-Tus bebés están bien Paula -con calma el doctor le aparta el cabello de la cara y la toca para medir su temperatura.

-Te dije que guardaras reposo ¿no es así?

Ella asiente, sabiendo que nunca descansó del todo.

-Y no me hiciste caso ¿verdad?

Asiente de nuevo.

-Los mareos y desmayos son muy comunes los primeros meses, no tanto los últimos Paula.

-¿Es-Eso es mal-malo? –se aclara la garganta pero se sigue sintiendo demasiado débil como para poder pronunciar las palabras completas.

-Puedes perder a tus hijos, sí.

Siente como si le clavaran algo dentro del pecho.

Todo menos eso.

-No –susurra.

-No es algo grave, Paula. Pero si no reposas puedes tener un aborto involuntario ¿no queremos eso, cierto? El golpe no fue grave, yo te lo dije. Pero es importante, todos los golpes lo son, y se debe descansar. Ese día merecía que llegaras a un Spa a relajarte, pero hiciste todo lo contrario. Llegaste a organizar un funeral y un entierro para después ir a declarar a la comisaría, eso no suena como descanso.

-Toma–Pedro llega cargando una jarra de agua fría, Paula bebe dos vasos con calma, sintiendo las palmaditas que su esposo le da en la espalda.

-La presión y el estrés nunca es bueno, mucho menos cuando se está embarazada. Así que saliendo de aquí iras a tu casa a comer mucho, a ver películas y a acurrucarte junto a tu esposo ¿es un trato?

-Me aseguraré de eso, doctor.- promete Pedro y le da un corto beso a Paula en la frente.

-Pueden retirarse –indica.- solo que traten de despedir lo más pronto posible a las personas ahí afuera, estar en un ambiente tranquilo es lo que ella necesita.

-Gracias.

-Nos vemos aquí en mes y medio, Paula.

Ella frunce el ceño y Pedro la mira divertido.

-Debes estar desubicada todavía –murmura y le acomoda un rebelde mechón que se ha salido de su lugar.- Nuestros bebés nacen en un mes y medio.

Abre los ojos con sorpresa, no recordaba que faltaba tan poco.


***

Se pega al calor de Pedro en cuanto siente las sabanas cubrirla, el frío de octubre ya está presente y hace que sus dientes tiriten un segundo antes de sentir los brazos de él abrazarla y acunarla.

-Debiste haber descansado –susurra en su oído.

-No me regañes, por favor.

-No lo haré, solo júrame que guardarás reposo.

-Te lo prometo –musita y besa su cuello que está llenándose de una fina barba. -¿Cuál fue la sentencia que le dieron a 
 Julieta?

-No puse demasiada atención estaba un poco ocupado, ya sabes... tratando de que no cayeras al piso mientras te desmayabas –su tono sarcástico y severo hace que Paula tiemble.- Fueron muchos años, te lo aseguro. Lo que sí pude oír es que no tendrá derecho a una fianza. Mañana puedes preguntarle a John si quieres, pero
 Julieta  no saldrá de la correccional hasta que esté hecha una pasa vieja.

-¿Cómo de 100 años?

-Sí –ríe y su sonrisa se contagia a Paula- aunque lo más seguro es que muera antes de cumplir la condena.

Ella siente como si todo el peso cargado en los últimos meses se desvaneciera,  
 Julieta ya no sería un problema.

-¿Pedro?

-¿Qué? –por su contestación Paula sabe que él está cansándose de sus preguntas.

-En tu canción dijiste que me amarías por mil años. Algún día estaré arrugada, vieja y fea.

-No –interrumpe-, tú jamás serás fea. No para mí.

-¿Y me amarás a pesar de todo?

-Me casaré contigo en doce días Paula, te juraré votos de amor sinceros, mi amor será hasta la muerte.

-¡¿12 días?!

-Oh, había olvidado decírtelo, es la única fecha libre que tenían, al parecer la gente se vuelve loca por casarse en estos meses. Tuvimos suerte de que alguien cancelara.

Pedro se ríe y Paula lo mira como si estuviera loco, pero es que para él es un chiste personal. Se había dado cuenta justo en ese instante que cuando su madre le había propuesto ser un farsante quedaban 12 días para la boda, justo como esta vez.

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