domingo, 2 de febrero de 2014

Capitulo 31



Los Ángeles, California.

-¿Lo has pensado? –preguntó.

-Un día no es suficiente –suspiró Fede.

-Yo creo que sí.

-No puedes obligarme a firmar mi divorcio.

-Yo no estoy obligándote –Pedro levantó las manos- ¿O acaso me ves apuntándote con un arma? Es tu decisión, pero como te dije ayer… no puedes hacer nada para cambiarlo.


-No quiero cambiar nada del papel, pero me gustaría hablar con ella.

Pedro soltó un suspiro-Realmente, no creo que sea buena idea.

-Creo que tú piensas que si hablo con ella se arrepentirá de estar contigo.

-No dudo de ella, Federico. Sé que hagas lo que hagas se quedará conmigo.

-No trataré de hacer mucho, después de que te fuiste eh pensado mucho…

-¿Pensar? ¿Tú? –bromeó Pedro y su hermano rodó los ojos.

-Voy a ser papá y ni siquiera eh visto a la madre de mi hijo.

-Fede, yo no quiero preocuparte pero siento que julieta está… inestable –murmuró.

-¿Inestable?

-Es mi manera de aligerar la palabra “loca”

-¿Crees que ella está loca? No se bromea con eso, Pedro…

-Bien, tal vez no loca, pero si inestable, está enferma de celos y temo que le haga daño a Paula.

-¿Por qué le haría daño a ella?

-Paula también está embarazada. –y al murmurar esto pudo notar como Fede se encogía en su cama y perdía el poco color que había ganado desde ayer, volvió a estar tan pálido como la nieve.- Dios, no debí haberte soltado eso así de rápido, soy tan estúpido, hermano. Perdón.

-¿Cómo?

-Creo que eres lo suficiente mayor para saber cómo nacen los bebés, Fede.

- ¡Deja de estar haciendo bromas y burlándote de mí! –Bufó y se frotó la frente- Pareciera como si estuviera en coma desde hace años…

-Las cosas pasaron deprisa –se encogió de hombros.

-Me doy cuenta, y ahora entiendo por qué quieres casarte con ella.

-No es solo por el bebé, es porque la quiero. –Sonrió- ¿Vas a firmar el divorcio?

Fede abrió el cajón a su lado y sacó los papeles que su hermano le había entregado ayer, estaba perdiendo a Paula sin ni siquiera haberla tenido, pero no podía protestar. Había sido un mal hombre por querer estafarla y por haberla dejado sola, tenía que admitir que no la amaba de verdad, era un capricho, siempre había tenido ese horrible defecto de quitarle a Pedro todo lo que tenía, era un mal hermano y firmar ese papel era lo único que podía hacer por él en estos momentos.
-No tengo una pluma –murmuró con volumen bajo y pudo notar como la sonrisa de Pedro se ensanchaba al momento en que sacaba un bolígrafo de su bolsillo.

Y con una velocidad que a Pedro le pareció lentísima firmó los espacios que debía sobre el papel.

-Listo –dijo y devolvió el papeleo, Pedro lo miró con ojos brillantes.

-Gracias.

-Espero y me perdones. Por… por todo.

-Eres mi hermano, Fede. –dijo, ganándose una sonrisa de parte del rubio. –Te perdono y… te quiero.

-Gracias –inclinó su cabeza -¿Puedo pedirte un favor? ¿Sabes dónde está Julieta?

-Estaba hospedándose en mi casa, le pedí que se fuera ayer.

-¿Podrías contactarla? Quiero hablar con ella.

Él asintió –Le diré que te visite.

-¿Es extraño, verdad?

-¿Qué?

-Tú, yo… nos convertiremos en padres y en tíos, este mismo año. Horacio y Ana serán abuelos… Todo es demasiado abrumador, en un buen sentido.

-Estoy feliz –musitó Pedro, en ese momento se sentía el hombre más contento en la tierra.

-Mereces estarlo.


***

New York, City.

-John, por favor pasa conmigo, no puedo hacer esto sola –rogó hacía él mientras jalaba su brazo.

-No sé, creo que es demasiado privado. Es algo tuyo y de pedro, no debería entrar contigo.

-Pedro no está aquí para acompañarme.

-Lo sé, pequeña. Pero él debía ir a ver a su hermano.

-Ya sé eso, solo… desearía que estuviera aquí, este momento es importante. ¿Entraras?

-Se supone que Emma lo haría…

-Pero no ha llegado… – y como si fuera magia, la rubia paso las puertas corriendo, ganándose varias miradas enojadas de las enfermeras.

-¡Llegue! –Soltó- Lo siento, el tráfico en esta ciudad es un asco. –se quejó mientras tomaba una bocanada de aire- ¿Lista?

-Estoy nerviosa.

-Paula es una revisión, no darás a luz todavía, estarás bien ¿verdad John? –el moreno asintió dirigiéndole una mirada rápida a ambas y Emma sonrió hacía su mejor amiga y la abrazó mientras caminaban al consultorio.

El Doctor ya las esperaba en la puerta y empezó a darles indicaciones.

-Bien, Paula recuéstate ahí, me dijiste que querías escuchar el corazón de tu bebé ¿no es así?

Ella asintió frenéticamente ganándose una carcajada de parte de su amiga. Paula sabía que ella también estaba nerviosa, podía notarlo en la tensión que ejercía en su mano y en sus risas forzadas, se preguntaba qué pasaría cuando Em fuera mamá.

-Empecemos -musitó el Doctor poniendo el aparato sobre el todavía plano pero un poco hinchado vientre de Paula.

Los latidos se empezaron a escuchar rápidamente y con un compás poco definido ¿era normal? Ella había escuchado algunos que eran rápidos, pero este parecía extraño. Empezó a preocuparse cuando vio la mirada ceñuda del doctor.

-¿A-a-algo va mal? –tartamudeó.

-¿Paula te has hecho algún ultrasonido antes? –preguntó.

-No, hoy será el primero –respondió con la voz quebrada ¿su bebé tenía algo? Deseo internamente que Pedro pudiera estar aquí con ella, dándole valor.

El médico empezó a hablar solo, con un lenguaje profesional, algo sobre otro corazón… Paula no lo pudo interpretar muy bien, solo sentía punzadas en los oídos y veía la cara confundida de Emma a su lado, ella tampoco entendía nada.

-Bien, señorita…

-Alfonso –dijo.

-Señora Alfonso, voy a empezar el ultrasonido ahora ¿ok? –sintió el gel sobre su panza y el aparato comenzó a moverse sobre ella, se sentía frío…pero al mismo tiempo caliente. Dios santo, ¡¿qué pasaba con su hijo?! Le entraron muchas ganas de llorar ¿era un problema con su corazoncito?

-Tal como lo pensé –sonrió el doctor hacía ella al momento en que señalaba la pantalla, Paula no pudo ver nada. Frunció el ceño.

Entonces sintió como Emma chilló a su lado y empezó a dar brinquitos.

-¿Qué pasa? –arrugó los ojos, por más que se esforzaba no veía nada.

-Paula me alegra informarle que va a ser madre de dos preciosos bebés.

Entonces Paula no supo si fue porque el doctor lo dijo o si de verdad lo estaba viendo, dos cuerpecitos, pequeños se veían en la imagen, ella estaba embobada siguiendo cada movimiento, ¡eran dos! ¡DOS!

-Gemelos –gritó a su lado la rubia.


------------------------------------------------------------
LEAN EL SIGUIENTE........


No hay comentarios:

Publicar un comentario