lunes, 3 de febrero de 2014

Capitulo 33



New York, City.

Él se tensó al escuchar una plática fuera de la habitación, era una mujer. Lo más seguro era que Pedro había llamado a Julieta y hoy venía a visitarlo, esto iba a ser tan extraño, hasta ahora no había pensado que en las pocas ocasiones en las que había hablado con su hermano la única vez que habían mencionado a Julieta, era para decir que estaba embarazada y posiblemente loca.

Se habían enfocado en Paula y en su divorcio, solo en eso. Ahora era un hombre divorciado, cuando lo extraño es que él… nunca se había casado realmente, que revoltijo que habían provocado su madre, Pedro y él, solo para engañar a Paula, que no merecía ser estafada, pero ahora ella estaba embarazada de su hermano, y lo amaba ¿no? De verdad deseaba poder hablar con ella…

La puerta del consultorio se abrió mostrando a una chica pálida, con solo las mejillas rosadas y los ojos verdes brillando, Julieta… no había cambiado mucho, exceptuando la enorme barriga formándose. Ahí, ahí estaba creciendo su hijo.

-Hola –susurró ella.

-Hola –respondió- Siéntate por favor –hizo un espacio en su cama para que ella se acomodara.

-¿Cómo te sientes? –preguntó en otro susurro. ¿Por qué susurraba?

-Bien, el doctor dijo que tal vez este fin de semana me den de alta, los anti-inflamatorios por fin están dando resultados y los dolores de cabeza ya no me atacan tan seguido.

-¿Sabes si tendrás dolores o… problemas permanentes?

-Tal vez deba usar lentes, no sé, mi edad, mis ojos y el golpe que me di… me dijeron que no debo forzar mi vista, pero eso es todo.

-No tienes la posibilidad de quedarte ciego ¿verdad? –cuestionó asustada.

-No, Julieta. –negó levemente con la cabeza. -¿Cómo estás tú? ¿Cómo está el uhm… bebé?

-Es una niña –sonrió- lo supe ayer. Pedro le ah dado una muñeca.

-¿En serio?

-Sí, me ah llamado diciendo que querías verme y le di la noticia, por la noche se apareció con una hermosa muñequita.

-Una niña –murmuro mientras veía detenidamente la panza de ella.

-¿Estás feliz?

-Nunca me planteé el ser padre, pero sí –se encogió de hombros- es una buena noticia.

-¿Cómo quieres que se llame?

-Es pronto ¿no? Todavía falta mucho para que nazca.

-Sí, pero podemos ir eligiendo el nombre.

-No sé, tú elige.

Ella frunció el ceño –Decidiremos después. ¿Has visto a tu madre?

-No, no me ah visitado.

-Me ah corrido de su casa –el rubio abrió demasiado los ojos.

-¿Estabas viviendo en su casa?

-Sí.

-¿Por qué?

Ella empezó a jugar con su cabello, si le decía que era porque la tenía amenazada sabía que Fede se enojaría.

-¿Entonces crees que estarás sano en unos meses? Quiero casarme antes de tener a la bebé, será raro eso de estar en un vestido de novia con esta enorme barriga –sonrió, tratando de cambiar de tema.

Funcionó, aunque no como ella lo esperaba. Fede la miró como si ella le estuviera diciendo que tenía un perro de tres cabezas o algo…

-¿Cómo?

-Sí, quiero casarme antes de que nuestro bebé nazca.

-Julieta –sacudió su melena rubia, volviendo a tocarse la herida; fue como un recordatorio de que huir, hacer las cosas deprisa… ocasiona problemas, había escapado para no casarse y ahora estaba aquí, y la chica con la que huyó le estaba pidiendo que se casara con ella. Bueno no era una petición… se lo estaba exigiendo.- Yo no me voy a casar contigo.

-¿Qué?

-No quiero casarme, nunca, nunca eh soñado con hacerlo y no lo haré.

-¡No! ¿Por qué?

-Julieta, estamos en el siglo XXI, nadie nos va a ver menos por tener una hija fuera del matrimonio.

-Pero es que no solo es una niña más que viene a la tierra, es una Alfonso ¡Yo quiero que sea una Alfonso!

-Le daré mi apellido Julieta, no dudes de eso.

-Pero ¿Qué hay de mí?

-No entiendo…
-Yo, yo también quiero tu apellido. ¡Lo merezco!

-Puedes usarlo, si así lo deseas.

-No –gruñó- quiero ser Julieta Alfonso, legalmente –recalcó la última palabra.- Quiero ser tu esposa –gimió.

-No encuentro necesario casarnos, Julieta, no quiero hacerlo.

-¿Por qué la estúpida de Paula Chaves se gana una proposición de matrimonio tuya y de Pedro y yo no? –gritó.

-Ya has sido la esposa de Pedro –recalcó.- Y lo dejaste ir.

-Tú me sedujiste –culpó.- Por eso perdí a Pedro.

Fede abrió los ojos como platos -¡¿Qué?! Dios, Julieta tú fuiste la que me buscaste.

-¡Y eso qué! –miró desesperada hacía todos lados, como buscando una salvación… una estrategia.- Si no te casas conmigo, me iré; jamás veras a tu hija.

-Puedo llevarte ante un tribunal, y quitártela.

-Las probabilidades estarán de mi parte, estás enfermo, débil y nunca has cuidado a un niño, no eres capacitado.

-Aprenderé.

-¡Solo cásate!

-No puedes obligarme. No es no, te eh dicho que la niña tendrá mi apellido, tu puedes usarlo si quieres hacerlo, pero no me casaré.

-Bien, entonces suerte en encontrarme –se paró rápidamente y corrió saliendo por la puerta.


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