viernes, 31 de enero de 2014
Capitulo 29
1 mes después.
-Me gusta ¿por qué no la compras? –cuestionó la rubia al ver la hermosa cuna rosa en el centro comercial.
-Porque aun no sé si será niño o niña. –puso los ojos en blanco.
-Sí, no quieras volver al niño gay, Emma –le respondió Kevin, había llegado hace unas semanas de su viaje y había quedado totalmente sorprendido con tantas noticias, su mejor amiga estafada, enamorada y embarazada.
-¿Y quién te ah dicho a ti que será un niño?
-El tío Kevin sabe de esas cosas, tengo una conexión con el bebé y él me ah informado que será un valiente varón.
Emma le dio un golpe en el brazo y siguió buscando cosas rosas –Yo quiero que sea una niña –murmuró-. Y además “tío Kevin” es obvio que ese bebé preferirá a la tía Emma.
-Ni siquiera me ah empezado a crecer la panza, ¿por qué estamos en el área de bebés?
-Porque debes empezar a comprar cosas.
-Faltan 7 meses, Em.
-¿Y? Yo quiero empezar a consentir a la princesita –musitó al instante en que le hacía cosquillas a Paula.
-Va a ser un niño –gruñó Kevin.
-¡No! Una niña –sentenció.
-¡Guarden silencio los dos! Se comportan como niños pequeños, yo y Pedro vamos a ser felices, sin importar el sexo de nuestro bebé.
-Sí, pero preferirían una niña ¿a que sí?
-En realidad ni siquiera sé si me interesa saber que va a ser, me gustaría que fuera una sorpresa.
-¡No! ¿Y entonces cómo le compraras ropa? ¿O… o como elegirán el nombre? ¡No puedes hacer eso, Paula!
-Ya quedé con Pedro, él sabrá el sexo y él se encargará de las compras, lo puedes ayudar si lo deseas.
-Agh, solo a ti se te ocurre dejarle las compras de un bebé a otro bebé.
-¡Hey! –se quejó- Pedro ah madurado mucho, desde que se mudó conmigo.
-¿Cómo le va en su trabajo? –cambió de tema, Kevin.
-De maravilla, está muy contento trabajando para esa compañía, y le pagan muy bien por cada canción.
-Ok, que bueno. ¿Pero podemos concentrarnos en lo importante? Como en este oso de peluche –abrazó a una pequeña osa bailarina- Tu hija la amará.
-¿Por qué a un niño le gustaría una osa bailarina de ballet?
-Porque no va a ser un niño.
-Ustedes dos no tienen remedio, venimos a comprar leche ¡leche! No entiendo por qué entramos aquí.
-Está bien, vámonos. Pero le dices a Pedro que cuenta conmigo para comprar lo del bebé ¿sí?
-Conmigo también –digo Kevin.
-Se lo diré –sonrió- estoy entusiasmada por tener mi ultrasonido.
-¿Aún no lo tienes?
-No, el primer mes no tuve nada de tiempo y bueno vi en internet que no son muy saludables para la criatura, así que solo planeo hacerme uno cada dos meses, solo si es realmente necesario. Quiero hacerme uno este mes por si hay alguna complicación en su postura o algo así.
-Todo va a salir bien, Paula. Ya lo verás. Voy a ser tía de la bebé más guapa del mundo.
-Será el bebé y guapo –le contradijo.
-Ya cállate Kevin.
-Cállate tú.
Paula sacudió la cabeza, tenía los amigos más raros y peleoneros de la ciudad, pero ¿qué podía hacer? los adoraba y ellos a ella y bueno a su bebé también.
Adoraban a su bebé demasiado.
Casi tanto como Pedro y ella.
…
-¡Ya llegué, cariño! –Gritó pero no recibió respuesta- ¿Pedro?
Lo encontró en el comedor, hablando por teléfono demasiado concentrado y con el ceño fruncido. Cuando él la vio, le hizo una seña de que esperara un momento, y se puso a dar vuelta a un sombrero negro.
Era el sombrero que ella le había dado de cumpleaños, sonrió. Pero después vio la expresión preocupada de él.
Al parecer realmente era importante la llamada.
-¿Cómo está?... ¿No tuvo recaída? –Suspiró pesadamente- ¿Daños-post? Eso es perfecto, Debe estar desorientado… ¿Qué tal la memoria? –Hizo una mueca- ¿Es normal?....Bien, estaré ahí lo más pronto posible. –Luego volteó hacía Paula y miró a su vientre -¿Doctor, una embarazada de dos meses puede viajar en avión, cierto?...... Ok, gracias. Estaré ahí mañana. De verdad, gracias.
¿Doctor? ¿Estaba hablando con un doctor? ¿Viajar? ¿Mañana?
-¿Qué-Qué pasa Pedro? –Musitó entrecortada Paula.
Algo estaba pasando.
-Federico despertó.
Ella se agarró de la silla para no perder el equilibrio.
Era una noticia buena, pero ¿por qué la ponía tan mal escucharla?
-Bonita, ¿estás bien? –susurró Pedro mientras veía como ella parpadeaba varias veces antes de enfocar la vista en él.
-¿Cómo está?
-Desorientado –murmuró tenso, y Paula pudo darse cuenta que le estaba ocultando algo.- no recuerda algunas cosas y está débil.
-¿No recuerda algunas cosas?
-Pero el doctor dijo que es normal, pronto recordará mejor, es un milagro que esté sin secuelas, todavía está en observación.
-Me estás ocultando algo, Pedro…
Se puso rígido. –No –musitó entre dientes.
-Pedro…
-No es nada importante, Paula.
-Debe serlo si te pone en ese estado –le frunció el ceño.
Pedro soltó aire –Cuando Federico despertó…
-¿Sí? –lo animó ella.
-Cuando Federico despertó lo primero que hizo fue preguntar por ti.
La morena abrió los ojos como platos- ¿Por mí?
Él asintió hacía ella y empezó a morderse el labio. ¿Paula seguiría teniendo sentimientos hacía su hermano? Parecía afectarle tanto lo que pasaba… Al final, ella había aceptado casarse con Fede en tan poco tiempo porque lo amaba, había confiado tan ciegamente en él, solo por amor.
-Hey, Pedro –sacudió los pensamientos de su cabeza, y se encontró con ella frotándole la mejilla suavemente- no pienses tanto, cariño. Qué bien sé que está pasando por tu mente, y la respuesta es no. Ya no siento absolutamente nada por Fede.
El rubio negó con la cabeza.
-Lo amabas tanto…
-Sí, pero lo HACÍA –recalcó la palabra- ahora no, ahora te amo a ti.
-Yo…
-No sabía que eras tan inseguro, Alfonso –digo mientras lo abrazaba. –Estoy esperando un hijo tuyo, ¿cómo puedes dudar mi amor? Te eh perdonado cosas realmente imperdonables. Si eso no es prueba de lo que siento por ti, entonces no se cuales son.
El rubio hizo una mueca, ella tenía razón… como siempre. Pero es que Fede siempre había sido el que tenía todo, le había quitado a Ana, a Horacio, a Julieta, no quería que también se llevara a Paula y a su bebé.
Aunque Fede también esperaba un hijo…
Asintió hacía ella y puso sus mano sobre la de ella –Perdóname.
Paula sonrió - ¿Quieres que reserve los boletos?
-Dirás mi boleto.
-¿Qué? No… yo voy a ir contigo.
-Paula, no.
-No quieras hacerme tonta, Pedro. Puedo viajar embarazada, sé que no hay problema en eso, al menos por los primeros meses.
-Lo sé, pero eso trata con mujeres que no le tienen fobia a volar, Paula si te diera un ataque y perdieras al bebé, nunca me lo perdonaría.
-No va a pasar nada…
-No puedes tomar pastillas mientras estás embarazada, así que no podrás tomar calmantes y por lo tanto no tendré la seguridad de que no haya algún incidente sobre el avión.
-Dijiste que no me dejarías sola.
-En cuanto Fede esté bien, haré que viaje a Nueva York y vendré con él.
-No quiero que estés solo en California, ella te irá a buscar. – Después de que Pedro le había confesado que esa zorra de Julieta lo había drogado y abusado de su estado, Paula la odiaba más que nunca. Esa mujer estaba loca.
-¿Puedes confiar en mí? –pidió.
-Te haré la misma pregunta, Alfonso. ¿Puedes confiar en mí? Te prometo que nada pasará en el vuelo, lo juro. Mi cita con el médico es en dos días ¡Pedro! –Chilló- dijiste que estarías aquí, que me acompañarías. Si no puedes hacerlo, al menos déjame irme contigo a Los Ángeles.
-No –sentenció- es un viaje largo, cansado y no permitiré que nada te pase.
-Entonces no vayas.
Bufó –Es mi hermano.
-Tiene a Julieta, a tu padre y a tu madre.
Bufó.- Sé que ninguno de ellos se hará cargo, Paula. Soy yo o nadie…
-Pensé que no se llevaban bien.
-Creo que no es el momento para estar enojado, entiende que acaba de salir de un coma, Paula. Cuando supe por primera vez que estaba internado en el hospital, me derrumbé. Es mi hermano, mi hermano gemelo, mi sangre, pude haberlo perdido solo por mi maldito orgullo y por una mujer mala, que no merece que pelemos por ella. Déjame ir –rogó.-
Chaves cerró los ojos y se dirigió a su habitación, cuando regresó tenía un papel entre sus manos.
-Dile que lo firme, es la acta de divorcio.
Pedro le dio una rápida leída, solo por encima.
-Tú no planeas darle nada ¿verdad?
-Claro que no, está estipulado ahí mismo que me quedo con toda mi fortuna, cada uno por separado conserva sus propios bienes materiales, nada más.
-¿Si no quiere hacerlo? Me refiero a firmar.
-No creo que se oponga, si lo hace simplemente hará las cosas más difíciles.
-Recuerda que está débil, Paula y algo confuso. Esto solo lo dejará más aturdido.
-Así que no quieres que me divorcie ¿eh? –bromeó provocando un gesto de parte de él.
-Quiero que estés libre lo más pronto posible, nena. Pero siento que cuando Fede sepa todo lo que ah pasado, puede ponerse peor.
-Va a estar bien, si no quieres dárselo hoy, no lo hagas. Solo asegúrate de tenerlo firmado antes de volver ¿lo que harás pronto, cierto?
-Lo más pronto posible, princesa. –le dio un leve beso sobre la nariz.
***
Tan pronto como baja del avión se dirige hacía el hospital, esto realmente no era tener estabilidad. ¿Cómo planeaba que Paula quisiera compartir su vida con él, si no dejaba de dejarla sola a cada rato? Lo único que realmente esperaba es que cuando Fede estuviera sano se hiciera cargo de su hijo y controlara a Julieta, así el podría irse lejos, sin importarle nada ni nadie más. Solo Paula y la pequeña criaturita que crecía dentro de ella.
-Disculpe, señorita –murmuró en recepción- vengo a visitar al paciente Pedro Alfonso. ¿Puedo pasar?
-Lo siento, señor. Pero la hora de visitas ah terminado.
-Pero… -leyó la pequeño inscripción en su placa, Loretta. –Por favor, Loretta. Él es mi hermano y acaba de despertar después de meses en estado de coma, déjeme verlo.
-Lo siento, señor Alfonso. Pero la respuesta sigue siendo no, en especial si como dice… el paciente está en un estado tan delicado. Regrese mañana.
Él rodó los ojos y salió con la espalda encorvada del hospital, el viaje había sido en vano, podía estar en este instante junto a Paula. Era un estúpido por haberla dejado sola.
Se auto-golpeó en la frente y tomó un taxi hasta su departamento, estaba agotado y con muchas ganas de comer.
…
Entró al departamento más rápido de lo normal al escuchar unos ruidos, cuando abrió la puerta maldijo en voz baja. Había olvidado quien estaba viviendo en su casa.
-Pedro has vuelto –susurró ella cuando lo vio frente a la puerta.
-Julieta, había olvidado que… -fue acallado por el inesperado abrazo que le dio ella y fue consciente del pequeño bulto que estaba entre ellos. Se alejó y quedó sorprendido al encontrar el estomago de Julieta levemente abultado, claro… ella debería tener ya unos cuatro meses de embarazo.
-Has cambiado de opinión –sus ojos brillaban con emoción, y fue cuando el rubio lo comprendió todo, ella creía que había dejado a Paula para volver con ella.
-No, Julieta. Estoy aquí porque necesitaba venir al hospital.
-Oh –musitó.- Yo pensé… pensé que volvías por mí.
Él negó levemente con su cabeza.- Nada de eso.
-¿Pero hay posibilidades, no es así? Que te quedes, aquí conmigo. Dame unos días para convencerte. –frunció el ceño, Julieta de verdad era una mujer muy sola.
-No es no, Julieta. ¿No entiendes, acaso?
-¿Por qué no?
-Tengo responsabilidades, una novia y un bebé.
-¿Mi bebé? –preguntó.
Él suspiró –No –volvió a decir, era consciente de cuántas veces repetía esa palabra cuando estaba junto a Julieta.- Paula está embarazada, está esperando un hijo y es mío. Ese es del bebé que hablo.
Y en el instante se arrepintió de haberlo dicho ¿por qué lo dijo? Los ojos verdes de ella se tiñeron de una capa de odio y envidia, daba miedo…
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Capitulo 28
-¿Pau? –ella volteó encontrándoselo, perfecto, como siempre. Era como una escultura.
-¿Sí?
-¿Estás dudando, verdad? De mi promesa –su boca formó una línea tiesa.
-¿Cómo lo sabes?
-Eh aprendido a leer tus reacciones, tienes miedo, y me aterra demasiado que lo tengas siempre –ella hizo una cara, confusa- ya sabes, toda tu vida sin poder confiar en mí, eso me da terror. Me refiero a que sé que te mentí y sé que no es fácil confiar en una persona cuando tu relación con él empieza con engaños…
-Y con estafas –interrumpió.
-Sí –suspiró- engaños y estafas, pero solo quiero que sepas que haré todo lo que esté a mi alcance para probarte que quiero ser un hombre diferente, me quiero ganar tu confianza y tu cariño.
-Ya tienes mi cariño. No dudo de eso.
-¿Entonces de qué dudas? Ya te eh dejado claro que no me iré.
-¿Cómo viviremos? Hablo de que tú no tienes trabajo, no has trabajado nunca y… ¿vivirás de mi dinero?
Pedro negó –No, nena. Ya estoy buscando trabajo.
-¿De verdad? –preguntó insegura.
-Sí, estoy viendo posibilidades para ser contratado por una empresa, me quieren para escribir canciones.
-Dijiste que no escribías canciones… -¿le estaba mintiendo de nuevo?
-Creo que eh encontrado a mi musa, y a mi fuente de inspiración para escribirlas–le dijo al momento en que acariciaba su mejilla.- Si no consigo ese empleo, me gustaría ser maestro de música.
Chaves sonrió –Eso me gusta, cualquiera de las dos opciones suena bien.
-Cambiaré, juro que lo haré.
-Tampoco quiero que cambies radicalmente, solo sé más responsable y ámame mucho –rió-.
-Oh, eso no se tiene que pedir, Paula. ¡Te amo, te amo, te amo! –gritó al momento que la abrazaba y le daba varias vueltas.
-¡Para, me estoy mareando! –se detuvo y la posó frente a él.
-Tienen una buena vista desde aquí –murmuro viendo hacía la ventana, las luces nocturnas de Nueva York lucían tan preciosas a esa hora.
Paula asintió con la cara un poco descompuesta -¿Tienes nauseas?
-Sí –volvió a acariciarse el estomago- esto de los mareos es horrible.
-Perdóname –le pidió y dio un beso pequeño en sus labios, después bajo lentamente hasta su vientre y subió la camisa de Paula- Perdóname tú también, bebé, prometo ya no ser tan brusco con mami, –depositó un beso sobre el ombligo de Paula y siguió un camino de besos hasta su pecho, aventó la camisa por algún lugar de la habitación y recostó a Paula sobre la cama.
La atrajo hacía él y la besó dulcemente con la necesidad plasmada en sus ojos, sus manos buscaron su espalda y delicadamente desabrochó su sostén, empezando a hacer pequeñas figuritas por detrás de la espalda de Paula, los besos empezaron a ser más demandantes y pudo sentir como Paula gemía el nombre de él entre sus labios, y Ppedro se dio cuenta que era la primera vez que estaban juntos y que ella sabía que era Pedro y no Federico, la primera vez que la oía gemir de placer su verdadero nombre.
Enredó sus grandes manos en el cabello de Paula mientras esta se encargaba de desabotonar la camisa de él, las respiraciones de ambos poco a poco fueron perdiendo el ritmo conforme los besos se volvían frenéticos.
Pedro se movió por encima de ella cuando su camisa estuvo desabotonada y la lanzó tan lejos como pudo, después volteó con Paula, contemplándola y admirándola con grandes ojos llenos de deseo, Paula estaba tan deseosa como él, quizás más.
Luego, él prácticamente arrancó los jeans de ella y formó un leve manoseo por sus piernas, sus caricias estaban teñidas de impaciencia, quitó sus pantalones junto con sus bóxers también, quedando ahora él desnudo y Paula solo con sus bragas, ella tomó las estrechas caderas de él y lo acercó a su boca mientras se encargaba de acariciarlo y darle a entender por medio de sus caricias que lo perdonaba y que confiaba en él, que lo amaba. Pedro estaba caliente y duro contra ella, siendo desesperadamente lento en quitar la última prenda sobre su cuerpo.
-Ya, por favor –gimió arqueándose para sentirlo, entonces pudo sentir como él quitó la prenda y poco después estaban desnudos, cuerpo contra cuerpo, ella ruborizada y él con los ojos casi negros.
Entonces se adentró en ella siendo delicado al principio, tomándose su tiempo para besar cada centímetro de su piel, la estaba llenando y siendo cuidadoso en no ser brusco, como si temiera herir al bebé o a ella, su cuerpo empezó a temblar del puro éxtasis y sintió como él la empezaba a embestir más salvajemente, mordiendo sus labios.
Las caderas de ambos empezaron a tomar ritmo, haciendo que varios gemidos y gritos salieran de sus bocas, la pasión los estaba consumiendo y Paula empezó a sentir esa sensación conocida en el vientre, estaba por llegar. Entreabrió sus labios buscando más oxigeno y se agarró de los brazos de él que estaban bañados por una fina capa de sudor, enterró sus uñas mientras llegaba al climax.
-Pedro –gimió, mordiendo el cuello de él.
Él llegó al momento de sentir los dientes de ella sobre su piel, y la llenó por completo, no solo llegando al orgasmo si no dándole todo el amor que sentía, por fin era suya y él por fin era de ella.
Estrujo sus brazos alrededor de ella y la besó hasta el cansancio.
-Mía –le ronroneó al oído.
-Tuya –contestó Paula, antes de caer dormida.
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LEAN EL SIGUIENTE.......
jueves, 30 de enero de 2014
Capitulo 27
New York, City.
.Un día después.
Ellos entran silenciosamente, esforzándose en no hacer ruido para que Paula no despierte.
-Quiero que me digas que sucede –susurra Pedro, había llegado hace menos de una hora a Nueva York, y lo único que deseaba era saber qué estaba ocurriendo.
-No sé si es correcto que yo lo haga, más bien no, no es correcto –dijo- solo quiero pedirte, Pedro, que no la decepciones, si no te gusta la noticia, solo… apóyala ¿sí? No te conozco, y tengo una mala imagen de ti en mi cabeza, pero sé que tal vez en el fondo eres bueno, no la lastimes.
El rubio arrugó los ojos.
-No entiendo, quiero saber que pasa.
-Sí, pero es mejor que Paula sea la que te lo diga.
-¿Ella está dormida? –John asintió.- Puedo… ¿Puedo pasar a verla?
-Sí, pero no la despiertes, necesita descansar. Su habitación es esa –apuntó una pequeña puerta al fondo.
-¿Siempre ah vivido contigo?
-No, ella tiene un departamento por el centro de la ciudad, ayer me dijo que no quería estar sola.
-En un momento regreso –dijo y caminó hacia la puerta señalada, giró la perilla lentamente y se encontró frente a él, a una bella princesa durmiendo, se veía diferente. Tal vez era porque estaba dormida…
Se hincó a su lado y empezó a admirar cada parte de ella, sus gruesos labios rosados que moría por besar, las largas pestañas que adornaban sus ojos y que temblaban levemente por su sueño, su pequeña nariz refinada y ese hermoso cabello castaño.
-Perdóname, Paula. Perdóname por favor. –susurró mientras tomaba un mechón de su cabello y lo ponía detrás de su oreja, lentamente. No quería interrumpir su sueño.
Había sido tan tonto.
<<Cuando amas a alguien, perdonas todos sus errores. >>
¿Sería capaz de perdonarlo alguna vez? ¿Lo amaba?
Ella había dicho que amaba a Federico… pero eso era demasiado doloroso como para ser cierto.
Sinceramente él tampoco creía que alguien como Paula se enamorara tan rápido como él lo hacía.
-Te amo –murmuró y sintió como ella empezaba a retorcerse en la cama, salió rápidamente de la habitación.
John lo miró, esperando algo.
-Creo que empezó a sentir mi presencia, por eso salí. No la eh despertado –le explicó.
-Perfecto –musitó- ¿Quieres desayunar?
Pedro sacudió la cabeza –Ya eh comido en el avión, pero te aceptaría un café. Necesito despertar.
-La comida del avión es horrible, ¿seguro que no quieres ni siquiera un cereal?
-No, de verdad, solo café.
Unos pasos se pudieron escuchar detrás de ellos y fue cuando la atmosfera quedó tensa.
-John puedes por favor dejar de hacer tanto ruido, es muy molesto, necesito… -dejó de hablar al instante en que vio quien estaba frente a ella.
Pedro. ¿Qué hacía aquí?
-Pe-Pedro –tartamudeó.- Tú… -un fuerte mareo tomó su cuerpo y tuvo que sostenerse de la pared.
-Pau... –Pedro se levantó y se dirigió hacia ella.
-¡No! –Dijo- No te me acerques.
Las nauseas fueron insoportables y Paula tuvo que correr al baño y encerrarse, Pedro y John la siguieron.
Su hermano trató de abrir la puerta, pero ella había puesto seguro.- Paula abre.
-¿Por qué lo llamaste? –chilló. -¡¿Por qué?!
-¿Está enferma? –preguntó el rubio después de oírla vomitar.
-Paula, se razonable, él merece saber que está sucediendo.
-¡No! Tú debiste haber respetado mi decisión de mantenerlo en secreto, ¿cómo conseguiste contactarlo?
-Me diste tu teléfono y él estaba en tus contactos.
Paula gimió- Soy tan estúpida.
-No, amor, no lo eres. Nena, sal de ahí, por favor, quiero hablar contigo –suplicó Pedro- ¿Qué tienes, Paula? Dime…
-No –escucharon como empezó a llorar.
-Amor, estoy aquí. No me voy a ir a ningún lado. Te amo, Pau. Haré todo lo que esté en mi poder para protegerte. No puedo imaginar mi vida sin ti. –Le dijo- No importa que tan grave sea ese problema, siempre estaré a tu lado, siempre.
-Mentiroso –sollozó.
-Voy a buscar la llave –susurró John y Pedro asintió.
-Ven conmigo, bonita. Quiero abrazarte.
-¿Y quién quiere mis caricias ahora, Pedro o Federico?
Alfonso se inclinó sobre la puerta –Pedro. Pedro es el que quiere besarte y abrazarte y hacerte la mujer más feliz del mundo.
-Lo único que ah hecho Pedro Alfonso es arruinar mi vida.
Un quejido salió ahora de los labios de Pedro.- Paula, te adoro, por favor solo dime que está pasando.
- ¿Fue divertido jugar con mis sentimientos?
Él suspiró- Dios, Paula ¡no! Estoy arrepentido y te amo.
-Tengo la llave –murmuró John, mientras empezaba a forcejear con la cerradura, por fin la pudo abrir, Paula estaba sobre sus rodillas y con la cabeza gacha. –Hermanita…
-Yo confiaba en ti, Johnny. ¿Por qué hiciste esto?
-Paula díselo –exigió él.
-Paula -Pedro se hincó a la altura de ella- dímelo, nena.
-Te irás, huirás lejos. No me amas.
-Mírate- le dijo acariciando su mejilla- eres hermosa incluso cuando lloras ¿Cómo no voy a amarte?
Ella sollozo más –Me dejarás sola.
Él negó con su cabeza.- Jamás. Siempre estaré a tu lado.
Ella volteó a verlo con las pupilas húmedas, él tenía la cara afligida y preocupada, lucía tan apuesto como siempre.
-Estoy esperando un hijo tuyo, Pedro –y se echó a llorar.
La mandíbula de Pedro cayó formando una perfecta “O”.
Dos días, dos chicas diferentes, diciéndole que estaban embarazadas, era un shock demasiado grande.
Pero esta situación era distinta, este hijo, este hijo si era suyo y la mujer que lo esperaba era la mujer que amaba con toda su alma.
Iba a ser papá.
-Sabía que esto ocurriría, ahora me dirás que no puedes con esto y me dejarás sola.
Él no contestó, John le dio un golpe en el hombro.
-Contesta –exigió.
-Paula voy a quedarme contigo, eres… eres el amor de mi vida y ese niño va a tener un padre y tu… tu vas a tener un esposo.
-No, no quiero que te cases conmigo a la fuerza.
-¡Por el amor de Dios, Paula! Entiende de una buena vez que nada de esto es a la fuerza.
-Tu habías dicho que no serías un buen padre… que no querías tener hijos aún.
-Pero en ese instante yo te estaba mintiendo, me estaba haciendo pasar por alguien que no era, un hijo… en ese momento hubiera sido una complicación.
-¿Y ahora?
-Ahora es una bendición, va a ser un angelito que iluminará nuestras vidas, verás Paula que vamos a tener el bebé más hermoso del universo.
Ella sonrió y se limpió las lágrimas. Pedro la abrazó, temiendo que en cualquier momento ella lo apartara pero no sucedió.
-Te amo, Paula. Y amo a ese bebé más que a nada ni a nadie, ustedes dos están compitiendo arduamente en quien gana mi corazón –una pequeña risa saltó de los labios de la morena.
-Pedro, sigo enojada contigo –hizo un puchero.
-Me aseguraré de que pronto no lo estés –besó su nariz.- Ven, necesitas alimentarte, estás delgada. -Paula rodó los ojos. -¿Qué?
-Todos me dicen lo mismo.
-Bueno debe ser por algo ¿no? Estás embarazada y yo quiero que mi hijo esté sano, al igual que mi novia.
-¿Novia? –dijo confusa.
-¿No quieres ser mi novia?
-Eso no es una proposición –bufó.
Pedro la cargó en sus brazos hasta la cocina, la sentó en un banquillo y se arrodilló frente a ella - ¿Me haría usted el enorme placer de ser mi novia, señorita Chaves?
Ella asintió alegre, pero después recordó algo- Sigo casada con Federico Alfonso. ¿Cómo se supone que mi divorciaré si él está en coma?
Pedro hizo una mueca- Veremos eso después, pequeña. Visité a Federico hace unos días y está mucho mejor, tal vez pronto despierte.
-Quiero besarte –le dijo ella.
-Sus deseos, son ordenes –murmuró y se acercó a ella dándole un tierno beso que poco a poco se tornó más pasional, agarró sus caderas y la acercó hacía él.
-Realmente esto es incomodo para mí –escucharon de fondo la voz de John y contra su voluntad se separaron, Pedro mordió levemente el labio inferior de ella.
-Lo siento –susurró Paula hacía su hermano mientras se ruborizaba.
-No hay problema, ¿Tienen hambre?
Los dos asintieron al mismo tiempo y John sonrió.
-No eres tan mal tipo, Alfonso. Me estás empezando a caer bien.
Pedro sonrió de vuelta y tomó la mano de Paula al momento en que empezaban a comer, era la escena más hermosa que había tenido desde hace tiempo, no se había dado cuenta cuanto extrañaba a Paula de verdad.
Desde ahora no se alejaría de ella nunca más. La protegería hasta el final.
Ser padre nunca había estado en sus planes de vida, pero tenía 30 años, se estaba volviendo cada vez más viejo y la vida se pasaba demasiado rápido, estaba contento de poder tener este lapso en su vida, este hermoso lapso en donde vería la pancita de su Paula crecer y después ver nacer a su hijo, sería extraño y difícil, pero sabía que junto a Paula podía vencer todo, aquí el problema era Julieta, solo esperaba que ella no reaccionara mal, podía cometer alguna tontería y él no permitiría que le hiciera algún mal a su hijo.
Sabía bien como le afectaban los celos a ella, además tenía esa pequeña teoría de que Julieta estaba un poco chiflada…
-¿Estás bien? –le preguntó Paula.
-Perfecto, todo está perfecto –murmuró y la besó de nuevo.
-¿Me prometes que jamás te irás? –los ojos de ella estaban temerosos.
-Te lo prometo, amor.
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GRACIAS POR LEER!♥
Capitulo 26
-¿Tienes novia, John? –preguntó de repente la morena, su hermano no había dejado de mirar su teléfono desde que habían empezado a comer.
-No –empezó a frotarse la sien- ¿Por qué?
-Porque no has despegado la mirada de tu celular desde hace como una hora y eso realmente es grosero, porque estás comiendo con nosotras. Me gustaría que al menos nos veas a la cara, cuando hablamos.
Él levantó una ceja y se dirigió con Emma -¿Todas las embarazadas se ponen de mal humor?
-Y yo que voy a saber –murmuró- no he tenido novio desde hace 3 meses y al menos que yo no lo sepa… jamás eh estado embarazada.
John soltó una risa, y dejó su Iphone de lado.
-Perdón, entonces. Me concentraré desde ahora en su aburrida plática de chicas. -Paula le hizo una mueca.
-Yo sé que estás ocultando algo, John Chaves ¡dime!
-Paula no es nada importante, de verdad. Estoy esperando una llamada, eso es todo.
-¿De quién? –preguntó ahora la rubia.
-De alguien, no sean tan entrometidas y acábense su hamburguesa que no me salió gratis. –gruñó.
-¿John, no estarás embarazado? Estás de muy mal humor –bromeó Paula.
-Jajaja –rió sarcástico- esperen un instante, vuelvo enseguida.
Marcó el número de Alfonso, se suponía que él le llamaría para avisarle a qué hora llegaba su vuelo y hasta ahora no había señales de él.
Después de tres timbrazos, contestó.
-¿Hola?
-¿No planeas venir?
-Un problema ocurrió por acá.
-Te advertí que pasaría si no venías...
-Me dijiste que me querías hasta mañana, temprano. Tomaré un vuelo nocturno, cálmate ¿sí?
-¿Y al menos solucionaste tu problema, o vas a estar aquí tratando que mi hermana lo solucione?
Pedro bufó- Ya está controlado, aunque no creo que de verdad te importe.
-Bueno pues acá tendrás otro problema, y la verdad esperaba que llegaras más pronto para poder hablar contigo antes, pero como sea… llámame cuando estés en el aeropuerto de Nueva York, yo iré por ti.
-¿Paula está mal? –preguntó.
John suspiró- Solo diré que viajes lo más pronto posible, ella te necesita.
Cortó la llamada rápidamente y Pedro frunció el ceño, nunca respondían sus preguntas…
John volvió a su mesa; Emma y Paula ya habían terminado su comida mientras que la de él estaba completa y lo más seguro es que fría.
-¿Quieren irse ya?
-¿Con quién hablabas?
-Eran asuntos de la oficina, Paula. Deja la curiosidad.
-Me estás ocultando, John. No entiendo porqué las personas me creen tan ingenua…
-No, Paula. Te prometo que no estoy haciendo nada malo, créeme. Todo lo que hago, lo hago porque te amo y eres mi hermanita y no quiero que nadie te haga daño, ¿sí?
Ella sintió y abrazó a John con fuerza.
-Te quiero –le susurró.- Eres la única persona que nunca me ha fallado.
***
Los Ángeles, California.
-No, tú no puedes irte. –chilló.
-Mira Julieta, entiende de una vez que no tienes ningún derecho sobre mí, ese hijo no es mío, supongo que eso ya quedó claro; esta no es tu casa, te quedarás aquí solo mientras me voy a Nueva York y ya te dejé las reglas, sin fiestas, ni hombres, ni alcohol, recuerda que en tu estado no puedes beber. No eres mi novia, ni mi esposa, ni siquiera mi amiga, eres la futura madre de quien será mi sobrino y por eso te ayudo, pero yo quiero ver a Paula, estaba en mis planes desde antes que llegaras con todo este problema, así que por favor no te creas que tienes algún poder para impedirme viajar.
-¿Pero cómo se supone que compraré comida? Y…
-Estás embarazada, Julieta, no invalida o sin una pierna, puedes caminar hasta el supermercado, y si te da mucha flojera vas en tu coche y compras lo que necesites, ¡ya! Ahí está tu solución.
-No tengo dinero.
-Entonces vende tu auto, eso fue lo que yo hice.
-¿Mi auto? No ganaría demasiado, el tuyo al menos era lujoso, el mío es una porquería, se descompone siempre.
-Trabaja, entonces.
-Mira quien lo dice –rodó los ojos.
-Sí, creo que no soy el indicado para pedirte que trabajes, pero no te voy a dar dinero, y ya no me puedo quedar, vas a hacer que vuelva a perder mi vuelo.
-Tengo una pregunta para ti –ahora fue él quien puso los ojos en blanco.
-¡¿Qué?! –gruñó entre dientes.
-Si el bebé hubiera sido tuyo, ¿te hubieras quedado, conmigo?
-El bebé no es mío…
-Te estoy pidiendo que lo imagines.
-No tengo tiempo para imaginar nada. Adiós.
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LEAN EL SIGUIENTE......
miércoles, 29 de enero de 2014
Capitulo 25
-Paula, Oh Dios, Paula ¿Por qué no me lo has dicho? -puso sus brazos alrededor de ella e hizo que ella apoyara su cabeza sobre su hombro.
-Yo –susurro- sabía que me dirías algo como “Te lo advertí”. Realmente no tengo ánimos para nada de eso.
-No te hubiera dicho nada de eso -Paula le frunció el ceño- Está bien, tal vez lo hubiera hecho, pero lo hice ¿no es así? Te advertí sobre mi mal presentimiento. Y ahora tienes un problemita mayor que la estafa. –apuntó al estomago de Paula.
-John no debió haberte llamado –gruñó-.
-Solo quería ayudar, Paula. Está enfadado y enojado y no sabe qué hacer, así que decidió llamar a la fuerza Stone. ¿Por qué estás tan enojada con él?
-No estoy enojada con él.
-¿Estás enojada conmigo? –preguntó la rubia.
-No, Emma –murmuró frustrada- Estoy cansada, aun no comprendo todo, ha sido tan complicado.
-Lo sé.
-No. No lo sabes. –Suspiró-. Estoy enamorada de un hombre que no es mi esposo, pero que se hizo pasar por mi esposo… y mi verdadero esposo, Federico, está en coma porque trató de huir con su novia que resulta ser la ex esposa de Pedro. Es un revoltijo total. Ni siquiera estoy segura de entenderlo yo misma ¿cómo puedes entenderlo tú, entonces?
-Ok, tal vez no lo entiendo. Paula ¿pero qué se supone que haga? Eres mi mejor amiga, no… no quiero verte así.
-Tengo hambre –dijo ella de repente y se frotó su panza.
-Debes de tenerla –acarició su espalda - ¿Qué se te antoja?
Se le antojaba estar con Pedro y comer las cosas que él cocinaba, pero eso era imposible.
-No sé –se encogió de hombros- Una sopa.
Emma tiró las comisuras de sus labios.
-Creo que debes comer algo con más proteínas, estás muy delgada y bueno… estás embarazada.
-No necesito que me lo recuerdes.
-¿No quieres al bebé? Hace tiempo me dijiste que siempre habías soñado con ser mamá.
-Yo… quiero al bebé, es… es solo que no lo esperaba en esta situación. Estoy sola.
-¿Pedro no se hará cargo?
-Pedro no sabe nada.
Stone arrugó sus ojos, Paula no era la clase de chica que ocultaba cosas -¿No planeas decírselo?
-No, tengo miedo.
-¿De qué?
-De que me diga que no me quiere, y que tampoco quiere al bebé.
-Dijiste que creías en el amor.
-Sí, lo hago. Pero al parecer el no cree en mi.
-Yo creo que él al menos siente algo por ti, no te hubiera dicho la verdad si no lo hiciera.
-Me dijo la verdad porque lo obligué, porque rompí su guitarra en pedazos y porque lo amenacé con preguntárselo a Julieta.
-¿Julieta es la esposa?
-Ex –gruñó.
-Bien, dejemos de hablar ¿te parece? Yo también tengo hambre.
-Quiero una hamburguesa.
-¿Está en tu dieta?
Paula se quejó.-Odio estar a dieta, quiero comer una hamburguesa y voy a hacerlo. No creo que me mate, ¿necesito proteínas, no es así? La carne tiene proteínas.
Emma asintió mientras se dirigían con John y salían del hospital.
***
Los Ángeles, California.
Pedro cerró su equipaje al momento en que escuchaba unos sonidos en la puerta.
Rogó y rezó por qué no fuera quien él pensaba y caminó hasta ahí con paso firme, estaba realmente ansioso por tomar su vuelo a Nueva York, la llamada del hermano de Paula lo había puesto un poco nervioso ¿Paula estaba enferma? La única idea de ella sufriendo lo ponía mal. Había llamado tantas veces a su teléfono en todas esas semanas y cuando por fin le habían regresado la llamada era para llamarlo estafador y para obligarlo a salir del estado. Debía ser algo urgente, suponía, lo más seguro es que si no fuera importante John jamás lo hubiera contactado.
Abrió la puerta dándose cuenta que sus plegarias no habían servido para nada, Julieta estaba frente a él con la mirada vagamente perdida y los ojos hundidos. Pedro no pudo evitar preocuparse.
-Pedro… -musitó con voz cortada.
-Julieta, ¿cuántas veces tengo que repetirte que no quiero verte?
-Necesito a alguien.
-Entonces ve, y habla con tus amigos.
-No tengo amigos –empezó a enredar sus dedos.
-Cuando te conocí tenías muchos…
-¿Aún recuerdas cuando me conociste?
Pedro asintió pero después sacudió la cabeza.- Ese no es el punto, Julieta. Si no tienes amigos es porque tu solita te has encargado de alejarlos.
-Pero… es que no se qué hacer.
-¿Con qué? ¿Qué está pasando? –preguntó, visiblemente confundido.
-No tengo a nadie.
Pedro suspiró. –Tengo que tomar un vuelo, Julieta. Me tengo que ir.
-¡No! –soltó ella en un gritito.
-¿Por qué siempre te estás entrometiendo entre Paula y yo? Carajo, es mi única oportunidad para verla y estás aquí metiéndote en mi camino, como siempre.
-Es que…
-No, Julieta, deja el chantaje de una buena vez.
-Tengo que hablar con alguien. Necesito…
-Yo no soy ese alguien, Julieta. Voy a perder mi avión si no me voy ahora.
-Tu madre me ah echado de la casa.
-Bien –Pedro levantó los hombros- Te lo mereces por hacer todo lo que hiciste ¿pensabas que te daría asilo o algo por el estilo? Perdón, Julieta, pero la última vez que compartí casa contigo, metiste a mi hermano en mi cama y te acostaste con él.
-¡Cállate y escúchame! –soltó ella en un grito feroz, Pedro rodó los ojos.
-Me voy, Julieta. No tengo ánimo ni tiempo para lo que tengas que decir, casi puedo asegurar que es una mentira.
-No es una mentira –susurró –Desearía que lo fuera…
-julieta ¡ya! ¡Por el amor de dios deja el drama! Si tienes que decir algo, dilo. Como ya te eh comentado tengo que irme al aeropuerto.
Ella hizo un puchero.
Él soltó el aire.
-Si no lo dices ya, me voy a ir –amenazó Pedro.
-Está bien –dijo ella en un tono demasiado bajo.
-Habla fuerte –pidió.
-Estoy embarazada –soltó mientras le entregaba una prueba de embarazo casera, que marcaba un positivo
-Ok ¿y? –preguntó él. Lo que provoco que ella frunciera su entrecejo.
-¿Cómo que “Y”? –dijo mientras un leve temblor empezaba a poseer su cuerpo. –Yo… yo estoy esperando un hijo.
-Bueno ¿y qué se supone que yo haga, Julieta?
-Pedro ¿estás bromeando? –el temblor se traspaso hacía sus labios.
-Julieta tengo que viajar Nueva York, lo siento. –fue por su maleta y volvió hacía la puerta, ella no se había movido, él bufó.
-Eres tan estúpido, Alfonso –dijo al momento en que lo fulminaba con la mirada.- El problema aquí, es que este bebé que está creciendo en mi vientre ¡puede ser tanto tuyo, como de tu maldito hermano gemelo que está en coma! ¿Eso responde a tu “y”?
Pedro palideció, la fiesta… esa noche en que ella lo había drogado.
-Tú…
-Sí, yo dormí con Fede cuando el volvió de Nueva York y también estuve contigo esa noche… ¿recuerdas?
-¡No! ¡Sigo sin recordar nada de esa noche!
-Pedro yo no mentiría con esto.
-Claro que lo harías, tu quieres el apellido Alfonso ¿cierto? Harías lo que fuera por obtenerlo, hasta acostarte con alguien más y cargarnos el bebé a nosotros.
La palma de ella chocó contra la pálida mejilla de Pedro, haciendo un fuerte sonido, él se acarició esa parte después, ¿ella estaba diciendo la verdad? Lucía ofendida…
-Te juro por lo que más quieras que no estoy mintiendo, Pedro… estoy aterrada.
Alfonso pasó las manos por su cabello, desesperado –Entra –la invitó a pasar- Voy a llamar al aeropuerto para cancelar mi boleto.
Después de llamar se sirvió un vaso de agua, aquí había demasiadas complicaciones. John lo mataría por no llegar a Nueva York… Él quería ver a Paula. A su Paula.
Podía recordar el momento en que ella le entregó su pureza… Su virginidad. Aún no podía comprender como alguien tan hermosa y dulce como lo era Paula no había podido conseguir a alguien a quien entregarse…
Tal vez jamás había encontrado al indicado. Aunque él tampoco era el “indicado” cuando pasaron las cosas…
Ni tampoco lo era ahora… Un hijo. Un bebé que podía ser de él… o de su hermano.
¿Cómo se resuelve algo así?
Lo peor de todo es que había engañado a Paula. En contra de su voluntad, sí, borracho y lo más seguro es que también drogado. Pero eso no borraba la infidelidad. Ni tampoco podía borrar aquellas dolorosas lágrimas de tristeza en el pequeño rostro de Paula.
¿Qué ocurriría si el hijo fuera de él?
Tendría que dejar a Paula. ¿Casarse con Julieta? ¿De nuevo?
Eso sería un horror de vida. Estaría separado de la mujer que ama y atado a la que odia. Pero también quedaba la posibilidad de que Federico fuera el padre… y él estaba en coma.
-Pedro… ¡Pedro estás tirando el agua! –despejó sus pensamientos y se dio cuenta de cómo el agua fluía fuera del vaso y llenaba la barra de la cocina, maldijo y paró mientras empezaba a limpiar. –Estás distraído. Te ah caído mal la noticia –no era una pregunta.
-Yo… creo que ya sé cómo podemos saber quién es el padre.
Ella se mordió el labio inferior –Realmente no sé si quiero saberlo.
-Me importa muy poco si quieres o no, a mi no me tendrás aquí esperando y volviéndome loco sin saber a quién pertenece ese hijo, vamos a ir a un hospital y te harás una prueba de sangre, así te dirán cuánto tiempo llevas embarazada, es sencillo, dormiste conmigo una semana –corrigió- casi dos semanas después que con Federico, si el hijo fuera de él, tendrías más de un mes y si el bebé fuera mío, apenas llevarías unas tres semanas.
Julieta empezó a enredar su cabello. -¿Qué haré si el nene es de Fede? Él está en coma.
-Se está recuperando poco a poco Julieta, ten fe en que pronto despertará.
-¿Tú la tienes?
El rubio asintió- Cada vez mejora más. Sé que pronto estará de vuelta con nosotros, Julieta no estás sola si ese hijo es mío –trago- yo me haré cargo de él, solo de él no de ti –aclaró.- Y si el bebé es de mi hermano, yo, por lo tanto seré su tío y mientras Federico esté en coma yo me encargaré de los dos.
-Eres un ángel –le dijo ella.- Gracias –murmuró mientras lo abrazaba, pero él la retiró.
-Prefiero que no haya contacto físico entre nosotros Julieta, quiero dejarte en claro que solo cuidare de ti por el bebé y que no siento absolutamente nada más que aprecio, no hay amor, ni siquiera cariño, si ese bebé llegara a ser mío quiero que siempre tengas en tu mente la idea, que de alguna forma u otra me violaste, porque no estuve contigo en mis cincos sentidos. Y quiero dejarte muy, pero muy claro, que amo a Paula y no voy a soportar que la insultes o le hagas daño.
La oji-verde tensó la mandíbula y murmuró algo entre dientes que Pedro decidió mejor ignorar.
-Vamos, quiero quitarme esta duda ya.
…
Ella ocultó su cabeza entre el cabello de Pedro después de recibir la noticia y empezó a sollozar calmadamente.
-Gracias, Doctor –murmuró Pedro al momento en que salían de la consulta. -¿Estás bien? –le preguntó.
Ella negó y siguió aferrándose a él, por un momento quiso alejarla pero era un esfuerzo imposible, suspiró.
-Julieta un embarazo no es el fin del mundo. –estaba aliviado y feliz de que el bebé no había resultado ser de él.
-Parece serlo cuando el padre de tu hijo está herido y en coma.
-Ya te dije que Fede despertará.
-No puedes estar seguro.
-No, nadie puede estar seguro de nada, yo no decido quien despierta, quien vive o quien muere, solo te estoy pidiendo que creas ¿de acuerdo?
Julieta empezó a acariciar su tatuaje –Claro, “believe”.
Él asintió sonriendo, y después la apartó -¿Qué habíamos quedado sobre el contacto físico?
Ella apartó su mirada de la de él y se encogió levemente, Pedro pudo pensar en cómo un embarazo puede cambiar a las personas… Julieta lucía mucho menos venenosa, pero él aún sabía que guardaba esa maldad dentro de sí y le daba miedo que en cualquier momento la usara para dañar a Paula.
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GRACIAS POR LEER!! ♥
Capitulo 24
.2 semanas y media después.
-Paula, nuestro vuelo sale en menos de dos horas, necesito que te levantes ¡ya!
Ella pudo escuchar levemente la voz de su hermano, pero aun así decidió ignorarlo, tenía mucho sueño y nada de ánimos de subir a un avión.
-Paula ¿Estás bien? ¿Te has sentido enferma?
Negó con la cabeza.- Solo tengo sueño, déjame dormir –se quejó.
-Esto no es normal, Paula. Estás durmiendo más de 11 horas por día y aún así te ves exhausta.
-No, no es normal –murmuró ella mientras empezaba a despertar.
-Deja darme un baño rápido y nos vamos.
-Te prepararé un té para tu fobia –ella asintió y se dirigió hacía el cuarto de baño.
Empezó a ver su reflejo en el espejo: estaba demasiado delgada, Quizá era porque la semana pasada había vomitado mucho, casi cada mañana. Tal vez por eso se debía su cansancio, porque estaba recuperándose de la enfermedad…
Abrió el chorro caliente y empezó a frotar la esponja contra su cuerpo, mientras un hermoso rostro empezaba a tomar posesión de sus pensamientos.
Pedro.
La última vez que lo había visto él… él estaba besando a Julieta, y ella había salido de ahí, huyendo como la cobarde que era; tragándose toda las palabras que quería decirle, guardándose para ella misma el verdadero regalo de cumpleaños que le había comprado y que planeaba entregarle al día siguiente: una guitarra, pero entonces había quitado la verdadera tarjeta en donde le pedía verse en una cita la siguiente tarde, y solo había dejado el frío papel donde le deseaba feliz cumpleaños.
¿Qué estaría haciendo él ahora? ¿Estaría con ella? ¿Con Julieta? Probablemente sí.
Tal vez debería denunciarlo, ¿preferiría verlo tras las rejas que con Julieta? No, preferiría verlo junto a ella, a su lado, abrazándola, poder despertar y ver sus ojos mieles brillosos, y poder acariciar sus tatuajes, y besarlo… como añoraba un beso de Pedro.
Lo amaba y lo extrañaba. Lamentablemente él no sentía lo mismo. Todo había sido por dinero. Por el estúpido dinero.
Contuvo un pequeño sollozo y esparció el shampoo por su cabello con un leve masaje, ya se estaba haciendo tarde y ella solo malgastaba su tiempo pensando en gente que no pensaba en ella, salió poco después de la ducha, encontrándose con una taza de té y una pastilla en su mesita de noche.
Empezó a dar pequeños sorbos, recordando el fino dedo de Pedro, rojizo y levemente hinchado después de que se lo hubiera quemado con él té que traía para ella, en su viaje de luna de miel y cómo ella le había reprochado haber comprado boletos de avión.
<<-No creo que ni mil pastillas puedan dormirme, Fede. Estoy queriendo vomitar. No sé cómo pudiste hacer esto.
-No fui yo-susurró >>
Claro que no había sido él… ahora eran tan claras las cosas. Bueno… no todas, aún había sombras oscuras que aclarar, necesitaba saber que había hecho los días en que había regresado a California, aunque sería raro que ella se lo preguntase, de todas maneras no lo volvería a ver hasta unas semanas más… cuando firmaran el divorcio en Nueva York.
Ya le había enviado el documento, más bien John lo había hecho.
Todavía no estaba segura si se estaba divorciando de Pedro o de Federico, pero creía hasta ahora que era de Federico Alfonso, habían falsificado hasta su firma en los papeles. Además medicamente Pedro Alfonso estaba en coma.
Hace unos días había llamado al hospital y alegremente una enfermera le había dicho que Pedro (refiriéndose a Federico claro está) empezaba a dar señales de mejoría, había sido una de las noticias más felices de la semana, quería poder soñar por un momento que la leve platica que había compartido con él mientras lo visitó le había ayudado de alguna manera a tener ganas de vivir.
Dejó la taza de té y salió por la puerta encontrándose con una cara afligida.
-¿Te pasa algo, John? –le preguntó.
-No me gusta verte así, pequeña. Prométeme que en cuanto bajemos del avión iras con el médico familiar, estás desnutrida, y el sueño y los mareos que tienes no son nada comunes.
-Te lo prometo, Johny –le dio un beso en la mejilla mientras le pasaba su equipaje.
~°~
-Ok, me sentía calmada, pero ya no.
-Odio que no haya otra manera para volver a Nueva York, perdón.
-No es tu culpa John, creo que enserio debería ir a terapia o algo por el estilo, si no supero este miedo tendré muchas complicaciones en mi vida.
-¿Cómo hiciste para soportar el vuelo a Hawái, o el de regreso?
Paula se ruborizó, Pedro había sido su único soporte para no tener un ataque paranoico sobre el avión.
-Me intoxique de pastillas –mintió.
-¿Tomaste la que dejé en el hotel?
Ella negó tímidamente- sentí que no la necesitaría.
-Pues te equivocaste –dijo él-¿Emma sabe que regresas hoy?
-No sé, ¿hablaste con ella? Yo no le eh hecho desde la boda…
-Es tu mejor amiga, Paula ¿por qué no le has platicado?
-Me juzgará, ella presintió esto desde un principio…
-¿Qué hubiera pasado si le hubieses hecho caso?
-El hubiera no existe –murmura tensa. Si le hubiera hecho caso jamás hubiese conocido a Pedro… ¿valió la pena todo solo por él?
Sí. Se respondió sola, aunque él no la amase, aunque Federico tampoco… había valido la pena.
-Están anunciado el vuelo, Paula. Tenemos que abordar.
Sus palmas empezaron a sudar y el pequeño temblor invadió su cuerpo.
No se estrellará, no explotará, nada malo va a pasar con el avión. Odiaba esta fobia.
Después de un poco de chequeo necesario se encontraban en el avión, Paula estaba respirando pausadamente mientras apretaba la mano de John una y otra vez.
-Creo que sí estoy enferma –dijo en un soplido, empezaba a sentir muchas nauseas.
Después algo la plasmó. Nauseas… vomito… sueño…
Oh dios mío. No.
¿Qué día era?
Sacó su teléfono móvil, haciendo caso omiso al letrero que prohibía usarlos, y confirmó horrorizada la fecha.
Llevaba una semana y media de retraso.
Quiso negar lo rotundamente obvio, pero no debía hacerlo, ella siempre había sido regular en su período menstrual.
La indicación de los cinturones llenó la cabina de primera clase del avión, y mientras Paula abrochaba el suyo, se olvidó de todo lo demás.
Un tirón en su estomago confirmó que estaban despejando, pero otro tirón ocurrió en su cabeza, extrayendo el recuerdo de la noche en que había vuelto a California y había hecho el amor con Pedro, o las tantas noches que lo hicieron en Hawái.
Se mordió el labio inferior, y también pudo rememorar la conversación en el parque poco antes de la confesión de Pedro…
-¿Te encuentras bien? Estás pálida…
-Yo…, John por favor quiero que guardes compostura…
-Paula.... -la mirada de él se volvió cautelosa.
-Creo que estoy embarazada.
John abrió los ojos y se puso rígido de repente, tomo la mano de su hermana y empezó a masajearle los nudillos.
-¿A qué te refieres con que crees? –preguntó después de un tiempo.
-A que no estoy segura –él puso los ojos en blanco.
-Eso ya lo sé, Paula. Me refiero a qué te hace dudar.
-Tengo un retraso en mi periodo.
-Eso pasa a veces, ¿no? –pasó las manos por su cabello desordenándolo, ¡no sabía nada acerca de esas cosas! Su pequeña hermanita ¿embarazada? Alfonso solo había llegado a dejar desgracias.
Paula asintió- Sí, pero yo siempre eh sido regular, además ya casi son dos semanas…
-¿No será la menopausia? –ella le dio un golpe en la cabeza.
-Tengo 25 años, John. ¡No seas ridículo!
-Tal vez es porque no te has alimentado bien, Paula. Has bajado más de 3 kilos, no comes, ni bebes nada. Te estás volviendo el fantasma de Paula Chaves, todo por culpa de él –escupió resentido y Paula se encogió en su asiento.
-No creo que sea eso… -musitó. Aunque había una leve posibilidad, ella estaba casi segura de su embarazo.
-Veremos cuando aterricemos en Nueva York, inmediatamente iremos a un hospital.
…
-¿La señora Alfonso? –se escuchó por encima de la sala y Paula se levantó de su asiento mientras levantaba su mano y tomaba la atención de la enfermera.
-Puede pasar ya, el doctor la está esperando. –le dedico una bonita sonrisa y fue cuando John también se paró de su asiento.
-¿Por qué te registraste con ese nombre? –murmuró con la voz fría. Su hermano de verdad estaba enojado con los Alfonso, ella también debería estarlo… debería.
-Porque aún no me eh divorciado.
-Podrías usar tu nombre de soltera si así lo desearas. -Paula hizo una mueca y se dirigió hacia el consultorio.
-Preferiría entrar sola –dijo cuando estaban frente a la puerta.
-Está bien, te espero aquí. –le dio una sonrisa cariñosa y Pau se adentró en la habitación.
Después de un tiempo y varios análisis minuciosos, Paula pudo escuchar como el doctor le pedía que esperara unos minutos mientras los resultados salían. Ella empezó a ponerse realmente nerviosa, además del examen de embarazo le habían sacado un poco de sangre para examinarla y no sabía que le daba más miedo, tener anemia o tener un bebé…
Estaba sola. Sola sin nadie que pudiera ayudarle con un hijo.
Un hijo.
¡Por el amor de Dios! Un hijo de Pedro.
Del estafador, traicionero y farsante Pedro Alfonso.
Del hombre que le quitó su virginidad haciéndose pasar por su hermano gemelo, que se ganó su corazón mintiéndole, que estuvo con ella solo para estafarla.
Si el resultado daba positivo ¿le diría a Pedro? ¿Y cómo rayos reaccionaría él? Lo mejor era no decirle nada, era mucho mejor criar a un hijo sola, que estar sola sabiendo que Pedro sabe que tiene un hijo y no se quiere hacer cargo de él…
Casi podía apostar que él le daría la espalda. Podía ver aún la cara de horror de él mientras le planteaba la posibilidad de embarazarse…
Él se había puesto pálido, como muerto. Casi se había ahogado del horror.
<<Simplemente no creo ser un buen padre>>
¿Quería a alguien como Pedro Alfonso para ser el padre de su hijo?
Pero luego vino la parte imaginativa, esa en que los dos construyeron al bebé perfecto, a esa pequeña criaturita hermosa que sería una parte de los dos… en la que Paula pensó solo por instante, uno demasiado corto que podía haber una posibilidad de ser padres…
Y después vino su confesión.
<<Yo soy Pedro Alfonso>>
No había procesado cuán difícil había sido ese día, hasta ahora.
-¿Está lista para ver los exámenes? ¿Viene con su pareja –leyó un papel- señora Alfonso? ¿Gusta llamarlo para que se enteren juntos del resultado?
-Vengo con mi hermano –murmuró- ¿Puede entrar él?
El doctor asintió y Paula busco a John entre la multitud y lo invitó a pasar con ella. Él abrazó a su hermanita y besó su sien. Estaba nervioso por obtener los resultados, pero estaba seguro que si daban positivos él mismo se encargaría de que Alfonso se hiciera cargo, ya había hecho demasiado daño a Paula como para dejarla sola en esta situación.
-Bien –el doctor se aclaró la garganta- ¿Prefieren escuchar sobre los resultados de embarazo o los del análisis de sangre?
John contestó por ella.
-Los de sangre.
-Bueno, señora Alfonso…
-Llámeme Paula -lo interrumpió ella, costaba mucho concentrarse escuchando a cada momento ese apellido.
-Paula-sonrió- tus niveles de glóbulos rojos están bajando bruscamente. ¿Has estado alimentándote mal?
Ella no contestó, John le tomó la mano y contestó en su lugar –No desayuna desde hace 2 semanas, solo come al medio día y casi no bebe agua.
El médico hizo una breve negación con la cabeza –Eso no está bien, señora… perdón, Paula, si sigues sin alimentarte puedes contraer anemia ¿y no queremos eso, verdad? Mucho menos en tu estado.
-¿Su estado? –pronunció el mayor de los Chaves con la voz perdida.
-Lo siento, esa fue la manera menos profesional de decirlo, perdón. Señorita Paula ¡felicidades, tiene cinco semanas de embarazo!
Los ojos de la morena se abrieron como platos, cinco semanas, básicamente habían contraído al angelito en su noche de bodas, tal vez un poco después…
-Te voy a dar una dieta muy estricta, y te pondré a ti –apuntó a John- a cargo para que ella la siga al pie de la letra. Recuerda que ese bebé que está creciendo se alimenta de lo que tú comes, así que si comes bien, él –tocó el abdomen de Paula- va a crecer sano y fuerte.
Las lágrimas amenazaron con escapar de los ojos de Paula.
-Veras que con los alimentos que te pondré en la lista te sentirás mucho mejor, el sueño seguirá ahí, ya que es un síntoma totalmente normal, pero te aseguro que estarás menos fatigada. Tal vez con más nauseas, nada más. Puedes investigar en internet si tienes alguna duda o claro… puedes venir aquí y yo te la responderé con todo gusto.
Ella asintió un poco perdida en el revoltijo que se estaba provocando en su cerebro, John la ayudó a pararse y a caminar fuera del consultorio hasta la sala de espera.
-¿Estás bien?
-Estoy embarazada. –susurró.
-Paula creo que deberías sentarte, nena. No vas a estar sola, me aseguraré de eso. –prometió. – Dame tu celular.
Paula estiró el aparato hasta la palma de su hermano, sin protestar.
-Voy a hacer una llamada, no te muevas de aquí ¿entendido? Y por favor si empiezas a sentirte mal, no dudes en avisarme. Estamos en un hospital y pueden revisarte…
Se alejó brevemente, teniendo a la vista todavía a Paula, se veía desequilibrada y le daba miedo que en cualquier momento pudiera hacer alguna tontería, poniéndose en riesgo a ella y al bebé.
Eligió el número de teléfono de la lista de contactos de su hermana y empezó a escuchar los timbres…
-Contesta, vamos, contesta –musitó entre dientes.
-¡Paula! –se escuchó un gritito de alivio del otro lado.- Paula, nena. Gracias a dios contestas mis llamadas, has ignorado cada una de ellas por todo este tiempo. Amor, te adoro, por favor déjame explicarte… -las palabras salieron brotando de la apresurada voz de Pedro Alfonso, podían haber sido inentendibles, pero John comprendió cada una de ellas.
Bastardo mentiroso, pensó.
-Cállate, Alfonso –le cortó el parloteo- Mi hermana no es estúpida, entiende eso de una buena vez, ella no hablaría contigo ni por todos los millones de América.
-¿Quién habla? –la voz del rubio se tornó decepcionada.
-Soy John, hermano de la chica que querías estafar –Pedro trago.
-¿Pasa algo malo con Paula? ¿Tiene… tiene algo?
-Pasan tantas cosas –el moreno pasó sus manos por la cabeza y despeino su cabello, le regaló una fugaz mirada a su hermana, que tenía la cara escondida entre sus rodillas- Mira güerito, no sé cómo le vas a hacer, no se a quien le vas a tener que robar, estafar o mentir, pero te quiero mañana en Nueva York, temprano. Más vale que llegues, porque si no conocerás quien es John Chaves y como se puede comportar cuando dañan a su hermana –colgó, dejando a Pedro con la palabra en la boca y el corazón estrujado en la garganta
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martes, 28 de enero de 2014
Capitulo 23
Un pequeño flashback inundó su mente: ese Federico sonriente y bronceado con una pequeña caja rosa entre sus manos, comprándole una preciosa blusa, su primera cita, ese momento en la montaña rusa y los momentos que vinieron después. Cuando él le propuso matrimonio. ¿Eso había sido una mentira? La propuesta lo era, él solo había querido casarse por dinero, más bien había sido obligado a casarse… ¿pero qué hay del café? ¿Y de la feria? ¿Todo ese día también fue una farsa?
-¿Alguien ha venido a visitarlo? –preguntó de repente. Tal vez Julieta…
-Su hermano vino ayer…
-¿Mi hermano?
El doctor soltó una risa –No, el hermano del paciente.
-Claro, Pedro.
-Se referirá a Federico.
-No –corrigió- Fede es el que está en coma.
-Señorita Chaves –pero después recordó como se había presentado Paula- perdón, señora Alfonso, creo que está confundida –le entregó los papeles que se encontraban a los pies de la cama.- este paciente está registrado como Pedro Alfonso.
Paula abrió los ojos al leer el papeleo ¡Falsificaron la carta médica!
-Maldito mentiroso –murmuró en voz baja.
-¿Disculpe?
-No, nada. Estaba hablando sola. ¿Podría dejarme con él un momento?
-Claro –sonrió.- regreso en unos minutos.
Caminó hasta poder posarse a su lado y toco las pequeñas manchitas marrones junto a su oreja.
-Aquí están… -sonrió levemente y luego poso un beso en ellas.
Así que mientras Pedro era Fede, Fede era Pedro, le estaba empezando a doler mucho la cabeza.
Dos hermanos gemelos, cada uno haciéndose pasar por el otro, uno para escapar con su novia y otro por dinero… bien, esto empezaba a sonar demasiado tele novelesco.
Una lágrima recorrió el rostro de Paula, ella maldijo en voz baja, odiaba estar tan sensible.
-Hola, Fede –empezó a hablar, sabía que él aún la podía escuchar. Tal vez lo podía motivar para que despertase, era un sueño vago… porque no era a ella quien amaba, si no a Julieta ¿Pedro también seguiría amándola a ella?
-Te extrañé mucho –continuó- Espero que estés soñando con algo muy bonito, pero –empezó a tartamudear- Fede y-ya es hora que despiertes, muchas personas te necesitan aquí –un sollozo demasiado fuerte escapó de sus labios. –Lo siento –se disculpó con él, y empezó a acariciar su pálido rostro- estás tan frío –musitó- yo sé que aún tienes tantas cosas por hacer, n-no puedes solo quedarte aquí Fede, tú tienes un futuro hermoso y… -frotó sus ojos- no estoy diciendo que será conmigo, tal vez con Julieta o con alguien más, será… será con quien tu decidas pero, por favor, por favor… despierta.
Empezó a admirar más de cerca su cara, afirmando una vez más todo: Pedro tenía lunares en su ojo y cuello, Fede solo en su perfil derecho.
Había sido tan ciega, ella se había dado cuenta de eso desde un principio… pero ¿cómo podía haber sospechado? Apenas el día de San Valentín había podido recordar aquella tarde un poco antes de que él le pidiera matrimonio, fue cuando Fede había mencionado a Pedro, vagamente… pero lo había hecho.
-Fede quiero que sepas que, si quisiste huir para no casarte conmigo, y ahora que estás en coma… no quieres despertar para no tener que afrontar todo esto –jugó con su cabello- tienes que saber que si despiertas nadie te reprochará nada, ni siquiera yo. Alfonso si no querías casarte conmigo, no debías hacerlo, pero supongo que lo hiciste por tu madre, yo… fede por favor lucha, lucha por salir de esto ¿ok?
Le brindó un pequeño beso en los labios… pero no sintió nada. Y entonces comprendió aquella frase que dice que sin amor, todos los besos saben a lo mismo. Cuando besaba a Pedro no podía parar de hacerlo…
-Feliz Cumpleaños, Fede; te quiero –le dijo y salió despidiéndose del doctor y encontrándose con John fuera en el estacionamiento.-
-¿Quieres ir al hotel? –ella negó.
-Necesito ir a otra parte.
-Ok. ¿A dónde?
-Al centro comercial.
-Bien, y después al hotel ¿de acuerdo? Necesitas descansar.
-No, después con Pedro.
***
Estaba devastado.
No podía hacer nada, estaba débil y casi estaba seguro que parecía un mapache, no había dormido absolutamente nada anoche…
Al menos la canción para Paula ya estaba terminada, solo faltaban algunos detalles aquí y allá. Si alguien le hubiera dicho hace meses que así pasaría su cumpleaños de seguro lo hubiera tachado de loco.
Necesitaba mucho a Paula. Ya no sabía qué hacer sin ella. Era ilógico pero lo único que pasaba por su mente era ella, las necesidades básicas habían quedado atrás, lo único verdaderamente importante era besarla, abrazarla y si no podía hacer eso… se conformaba con mirarla y poder decirle que había sido un tarado por engañarla.
El timbre interrumpió sus pensamientos y con una flojera máxima Pedro se paró a abrir la puerta.
-¿Qué haces aquí?
-Vengo a visitarte solamente ¿puedo pasar?
-No –gruñó.
-Que maleducado estás.
-¿Ya conoces a mi madre? –Bromeó él.- no entiendo enserio, te eh dicho mil veces que no me interesa tener ninguna relación contigo, gracias –le iba a cerrar la puerta pero ella lo detuvo.
EL rubio puso los ojos en blanco –Ya no puedes hacer nada para sobornarme, Julieta, Paula ya sabe todo y está en sus manos el denunciarme o no.
-Yo también puedo hacerlo, Pedro. Usurpaste la identidad de mi novio.
Él volvió a rodar los ojos.
-Me excita mucho cuando haces eso –murmuró mientras lo rodeaba con los brazos y lo besaba, Pedro la apartó bruscamente.
-¡Maldita sea, no! ¡¿Qué no entiendes?!
-Pero ¿por qué?
-No eres Paula.
Julieta tenso sus labios, formando una línea tiesa.
-Ella tampoco es la gran cosa.
Alfonso cerró sus puños, la actitud de Julieta ya le estaba cansando.
-Solo vete ¿de acuerdo? –Pero ella volvió a tomarlo por sorpresa y jaló de su suéter juntando sus labios.
Un gemido de dolor se escucho detrás de ellos.
Él volvió a alejarse de Julieta encontrándose con dos ojos avellana viéndolo con horror.
-Pau... –logró pronunciar.
-Claro –dijo- Aparece ella, y yo… yo me vuelvo invisible para ti.
-No, nena…
Ella levantó una mano, callándolo.
-Solo, yo… no debí haber venido.-dejo un pequeño paquete en el suelo y retrocedió- espero que disfrutes tu cumpleaños junto a ella –seguido salió corriendo.
Pedro trató de seguirla pero Julieta lo impidió.
-Quítate del camino.
-No.
-Julieta vete.
-Necesito decirte algo.
-¡Por dios Julieta! Paula está huyendo…
-No puedo permitir que ustedes dos se reconcilien.
-¡¿Por qué?! tú estás enamorada de Federico ¿no? Entones déjame.
-No, Pedro.
-No me hagas usar la fuerza, si yo quisiera pudiera quitarte de aquí, pero no quiero hacerte daño.
Ella se apartó del camino lentamente… como fuera, él ya no la alcanzaría.
-Eres una maldita –murmuró él, mientras salía y recogía la pequeña caja del piso y la abría, la cadena con su nombre y un sombrero venía adentro, junto con una tarjeta en donde pudo identificar la delicada caligrafía de Paula.
Feliz Cumpleaños, Pedro.
No había nada más.
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ustedes querían otro capitulo, acá tienen un capitulo más! jaja! ustedes lo pidieron! =)
hasta mañana!!
GRACIAS POR LEER!♥
Capitulo 22
Pedro se estiró mientras volvía a gruñir, él jamás había presentado problemas para dormir.
Casi las cuatro de la mañana y ni siquiera tenía un poco de sueño.
En su mente podía recordar como la pequeña cara de Paula se llenaba de lágrimas al escuchar la verdad, y como lo veía con odio después en el hospital, y más tarde, la cara seria del médico, que le dijo que su hermano no tenía mejoras.
Se dirigió a la cocina para poder servirse algo de té, la leche caliente nunca había sido de sus bebidas favoritas, empezó a calentar el agua cuando pudo notar una leve mancha cerca de la estufa… eran cenizas.
-Así que aquí fue donde quemó la foto, Julieta –murmuró.
Limpió el lugar un poco, aunque aun así la mancha persistía en quedarse ahí, era como el recuerdo de la estupidez que había cometido.
Aún no le había dicho a Paula sobre su infidelidad. No quería hacerlo. Lo odiaría mucho más.
Se sentía tan vacío sin ella, era como si hubiera perdido una parte de él.
¿De verdad estaba enamorado?
Caminó a su computadora y puso en el buscador la palabra enamorarse.
Millones de resultados aparecieron, al instante pudo notar varios de páginas famosas y conocidas, hasta canciones, pero se decidió por investigar en algunas otras.
Un título le llamó la atención de repente; Miedo a enamorarse.
La página era buena, tenía varias cosas interesantes, en especial en la que se enfocó Pedro solo al entrar:
“Si de verdad estás sintiendo miedo a enamorarte significa que ya existe una persona que te está provocando toda esas sensaciones.”
Cuando conoció a Julieta se había sentido hechizado al instante y su corazón no había puesto duda al preguntarle que fuera su esposa, después del mes se había dado cuenta que su corazón le había jugado mal. En cambio Paula le había parecido tan hermosa pero tan aburrida en un principio… después se había dado cuenta que en realidad era alguien muy divertida y amable, pero también la había perdido en un mes.
¿Ese era su destino? Enamorarse perdidamente y perder a esa persona a los 30 días.
Había podido identificar que él se enamoraba rápido, eso era un gran defecto.
Todo sabe que los enamoradizos son los que sufren más.
Se sirvió su taza de té y empezó a tomar pequeños sorbos, asimilaba que en algún momento de su vida fue mujeriego, sí, pero eso solo había sido porque estaba dolido y no creía en los sentimientos.
Este año había sido una montaña rusa, podía verse aún como el pedro alfonso borracho y que solo vivía del dinero de su papá, el dinero que gastaba cada noche en alcohol y en mujeres. Después vino la quiebra y todo para él tuvo un giro de 180°, aunque el golpe más fuerte había sido conocer a Paula. Y después romperle el corazón.
Revisó el reloj de su laptop: 4:20 a.m.
Lógicamente al ser ya de madrugada, era su cumpleaños.
-¡Buena manera de festejarlo! –hizo una mueca- treinta años… treinta años solo, treinta años sin amor…
Hablando solo a esas horas tempranas no era como había imaginado estar en su cumpleaños.
Quería besar a Paula y abrazarla, no podía dudar en estos momentos del amor que sentía por ella, era tan obvio que la amaba, que la extrañaba y la necesitaba a su lado.
Ya no podía mentir, ni a sí mismo ni a nadie.
Solo esperaba que cuando es carta que había pedido a Paula llegara, y si lo hacía… soñaba que trajera una buena noticia.
-Feliz cumpleaños a mí –pronunció con la voz baja mientras apagaba la computadora y se iba a su cuarto, se le ocurrió que podía tocar su guitarra un momento, pero al llegar a su habitación se acordó que Paula la había roto en pedazos, hizo una leve sonrisa de lado y se dirigió a su piano.
<<-Un tatuaje significa música ¿no es así? ¿Compones música?>>
Tocó la pequeña letra china de su brazo mientras se sentaba y empezaba a mover sus dedos por encima de las teclas.
Si no podía dormir, empezaría a componer alguna canción para Paula.
***
1 de Marzo, 11:00 a.m.
-No puedo creerlo, Paula. Voy a matar a ese imbécil cuando lo vea –refunfuño.
-John, no –dijo. Su hermano había llegado por la noche después de recibir la llamada de Paula, se había puesto histérico al enterarse de todo.
-Tenemos que llevarlos a la cárcel, a él, al que está en coma y a la madre. Esos malditos no merecen disfrutar de su libertad.
-Pero…
-¡Paula, nos iban a estafar! ¡A robar! –interrumpió gritando.
-Pero no quiero que estén en prisión.
-No puedo escucharte, Paula. Es algo irracional lo que estás diciendo, te engañó, te… te mintió. Quiero decir toda clase de cosas pero no debo decir esas palabras frente a ti.
-Tú también me tratas como a una niña, ¡tengo 25 años, casi 26!
-Sí, bueno yo tengo 31 y soy tu hermano mayor.
-Exacto, mi hermano, no mi padre. Me iban a estafar a mí, no a ti. Yo decido si los envió a la cárcel o no.
-Merecen un castigo. Merecen pudrirse entre las rejas.
-¡No!
-¡Sí! Iban a quitarnos el dinero de los Chaves, y eso incluye a toda la familia, no solo a ti, deja de ser tan ilusa ¡por dios!
-¡Estar enamorada no es ser ilusa!
-No puedes estar enamorada de alguien como él, ni siquiera sabes a quien amas.
Paula se quedó callada.
-¿Ves? –Continuó- Piensa mejor las cosas, pequeña. Piensa en Federico, el verdadero, ese que no tuvo los suficientes pantalones para casarse contigo y que ahora está en coma por querer escapar con otra mujer y después piensa en Pedro en aquel estúpido que no solo te engañó, también te trató mal durante su matrimonio…
-Debo irme, sigues muy débil y no quiero que vuelvas a recaer, por la tarde te darán de alta.
Paula no pudo contener el llanto por más tiempo cuando John salió.
Ya había pensado todo, todo desde que Pedro le había confesado la verdad.
Y a él lo amaba, a Pedro.
¿Cómo a él? ¿Por qué a él?
No tenía la respuesta, porque Federico y Pedro podían ser iguales en su físico y hasta ella pudo caer enamorada de Federico primero, pero solo Pedro se filtraba en su corazón, en sus pensamientos y en su piel.
Lo extrañaba.
Tomó el espejo y miró su cara, llena de lágrimas. “Basta” se dijo a si misma…sin embargo, las lágrimas volvieron a caer.
Un sollozo salió de sus labios y se concentró para poder calmarse antes de que su hermano regresara.
Cuando saliera del hospital visitaría a Federico. Necesitaba aclarar su mente y su corazón, tal vez verlo de nuevo haría que Pedro saliera de sus pensamientos.
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Capitulo 21
Despertó notando una caricia sobre su mejilla, marcando un vaivén suave y delicado.
-Perdóname –escuchó susurrar e inmediatamente reconoció quien era.
Pedro.
El nombre sonaba tan raro en sus labios.
Tan… diferente.
Se estiró un poco sintiendo como las caricias cesaban.
-Voy a llamar al doctor –escuchó, pero lo detuvo antes de salir.
-¿Dónde estoy?
-En un hospital –se encogió de hombros.- nuestra canasta de picnic no contaba con botiquín de primeros auxilios.
Paula no pudo contener la mueca de una sonrisa -¿de casualidad este es el hospital donde está Federico? –en coma, aún no procesaba eso del todo…
Pedro tensó su cuerpo, eso era un sí.
-¿Es un chiste o algo por el estilo?
-No, este era el hospital más cerca, no podía dejar pasar más tiempo.
-¿Ya lo has visto? –el negó. -¿Sabes al menos si está bien?
-Puede que jamás despierte…
El aparato que marcaba el ritmo cardíaco de Paula dio un pequeño chirrido.
Pedro hizo una nota mental: No soltar noticias fuertes sin que ella esté preparada.
-Paula voy por un doctor…
-¡No! Necesito que me ayudes, debo salir de aquí y verlo.
-Acabas de desmayarte, Paula.
-Gracias por aclarar lo obvio –rodeó los ojos.
-Duele –pronunció él en tono bajo, casi inaudible.
-¿Qué?
-¿Qué de qué?
-¿Qué duele?
-Tu actitud.
-¿Ahora entiendes como me sentí?
-Paula te prometo que jamás quise hacerte daño.
-Si no hubieras querido, nunca hubieras aceptado.
-No era el que soy hoy cuando acepte.
-Eras, eres y seguirás siendo un mentiroso, tonto, y superficial farsante.
Pedro frunció el ceño, el amor dolía muchísimo cuando no era correspondido. Sentía que estaban encendiendo una llama en su interior y estaba incendiando todo… dejándolo hueco.
Pero él sabía que Paula sí lo amaba, solo estaba dolida y enojada.
-Si no me ayudas tú, yo misma veré la forma de ir y verlo.
-Eres muy terca, Paula.
-Me importa poco lo que pienses de mí en estos instantes.
-Mi amor…
-No me digas así –gruño- ¿Sabes algo? Realmente no necesito de tu ayuda, llama al doctor si así lo deseas, pero después de eso quiero que te vayas, tengo suficiente dinero para pagar la cuenta yo misma, aunque eso tu ya lo sabes ¿cierto? Te casaste conmigo por ese motivo… -sus ojos se perdieron en algún punto de la habitación- como sea, solo vete de aquí. De verdad no quiero verte, firma los papeles de divorcio cuando te lleguen.
La historia se repetía, las mismas palabras que él le había dicho a Julieta, Paula se las decía ahora a él.
-Deberías mandarme a prisión. –comentó.
-No puedo- no quiero, te amo y no puedo verte atrás de las rejas, pero me hiciste daño. Paula reprimió todos esos sentimientos y conservó una mirada serena cuando lo único que deseaba era llorar.
-Claro que puedes.
-¿Y a quién denunciaría a Federico o a Pedro?
-a Pedro Alfonso –pronunció él, si no podía estar con Paula no le importaba pasar el resto de sus días en la cárcel.- falsificar una identidad, intento de estafa, falsificación de papeles salubres y de credenciales. Sería demasiado tiempo en prisión, demasiado tiempo sin vernos ¿eso es lo que quieres, no?
-No, no quiero enviar al hermano del hombre que amo a la cárcel.
-Tú no amas a Federico.
-Si lo hago, conviví mucho más con él que contigo. Quiero a Fede -dijo Paula.
Un pequeño musculo dio un tirón en la comisura de los labios de Pedro.
-No te creo.
-Pedro, ¿por qué me haces esto?
-Porque me estas mintiendo. Y porque te estás mintiendo a ti misma.
-Sal de aquí.
-No –se impuso.
-El único mentiroso aquí eres tú, y más vale que salgas de aquí antes de que llame a seguridad.
-Creo que debes pensar en varias cosas, pero no puedes dejarme a mí sin respuestas Paula. Cuando analices y pienses bien, quiero que lleguen papeles… una carta de amor, una carta con un citatorio para el divorcio o una carta para el juzgado junto con mi orden de arresto.
-No puedes exigirme eso, lo único que te mandare va a ser a dos señores a que te den una buena paliza.
-Bien, entonces también esperare por eso.
Se acercó un poco, provocando que Paula se alejara involuntariamente.
-Te amo –le dijo y salió por la puerta, se quedó ahí unos minutos, los suficientes para escuchar como su esposa, su Paula se echaba a llorar.
Era un monstruo.
Un asco.
De verdad merecía esa golpiza.
Después se dirigió al siguiente piso, era hora de saber el verdadero estado de Federico…
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LEAN EL SIGUIENTE....
lunes, 27 de enero de 2014
Capitulo 20
28 de Febrero.
Mañana cumplía 30 años.
Era extraño, sentía como si fuese ayer cuando cumplía los 18, recordaba cuan mayor se sentía en esa época, ¿Qué pensaría el Pedro del pasado si viera al que es hoy en día? ¿Estaría orgulloso? ¿Estaría decepcionado? ¿Se golpearía en las bolas a sí mismo?
Sintió a Paula retorcerse al lado de él mientras seguía dormida. Los cinco días sin ella, habían sido una total tortura, la acercó un poco hacía él y olió su cabello mientras besaba su coronilla. Era preciosa.
Se acordaba de lo nerviosa que se había puesto ayer mientras hablaba con Ana, su madre, en cambio, había puesto su máscara seria, haciendo sentir a Paula más incómoda. ¿Ni siquiera pudo haber puesto una sonrisa? Para alivianar el momento, al menos. Quería tener su dinero, pero no estaba haciendo absolutamente nada para ganárselo.
De todas maneras, no lo obtendría. Ni ella, ni él. La fortuna se quedaría con los Chaves, porque a ellos les pertenecía.
-Pau, amor –susurró- pequeña levántate.
-No quiero –se quejó.-
-Vamos, princesa. Quiero llevarte a conocer California.
-Ya conozco California –volvió a retorcerse y puso la almohada encima de su cabeza.
-Pau, deja esa actitud. –Retiró la almohada- ¿No quieres pasear conmigo?, ¡estuviste encerrada en la cabaña por cinco días!
-Quiero dormir-gimió.- ¿Qué hora es? –preguntó mientras fruncía el ceño y abría sus ojos.
Pedro sonrió al ver sus ojos somnolientos, lucía tan bonita por la mañana, así sin maquillaje y con todo su cabello alborotado, con su espalda al descubierto.
Acarició el camino de su columna vertebral y la besó en la nuca.
-Las siete y media.
-Agh, es demasiado temprano. -Paula se sentó, cubriéndose con el edredón de la cama y dio a Pedro un pequeño beso. -¿Te pasa algo? –Él tenía la mirada pesada, como alguien que carga demasiadas palabras no dichas.
-No –murmuró él y acomodó un mechón del cabello de Paula detrás de su oreja. –Estoy contento de tenerte aquí conmigo.
-Por teléfono me dijiste que querías hablar de algo importante ¿Qué era? –suspiró pesadamente.
-Necesito resolver unas cosas antes de decírtelo ¿te parece? –ella asintió.
-No tardes demasiado… soy muy desesperada.
-Entonces… ¿sales a pasear conmigo?
-Sí, deja darme un baño y en un momento nos vamos. –salió de la cama aún enrollada en la manta, dejando a Pedro sin cubrir, le lanzó un beso y caminó hasta el baño, mas tarde se escuchó el chorro de agua cayendo y un leve canto angelical.
La sonrisa de Pedro se amplió. Tenía un buen plan para el día de hoy. Se había propuesto disfrutar cada instante con Paula, porque no podía estar seguro de volverla a ver después de decirle la verdad…
Media hora más tarde estaban listos, con una canasta con varias frutas y Pedro con su guitarra, irían de picnic.
Llegaron a un hermoso parque que estaba cerca, pocas personas estaban ahí ya que era un poco temprano, se sentaron cerca de unas flores y arreglaron el mantel, los sándwiches, las sodas y las frutas que traían.
-Te dije que era demasiado temprano -Paula estaba ruborizada, solo estaban ellos y más alejada una señora mayor dando de comer a unos pájaros.
-Así es mejor, no me gustaría que algún niño estuviera jugueteando a nuestro alrededor, o algún perro robándonos la comida.
Paula arrugó sus ojos-¿No te gustan los niños? –preguntó con un tono frío, su sueño siempre había sido ser madre.
-Define mejor tu pregunta. –pidió, mientras tomaba un trago al refresco.
-¿Quieres tener hijos?-Pedro se atragantó y Paula empezó a darle golpecitos en la espalda.
-¿Te refieres a ahora, en este instante?-cuestionó después de recuperarse.
-No, me refiero a en cualquier momento, ¿Qué pasaría si te dijera que estoy embarazada? –El rubio abrió sus ojos como platos, eso complicaría las cosas.
-¿Estas, estas embara-embarazada? –tartamudeó.
-No, Fede. No estoy embarazada. Solo imagínatelo ¿Qué pasaría? No reaccionarías muy bien…me doy cuenta. –estaba triste,Pedro pudo notarlo.
-No creo que sería un buen padre, eso es todo. Pero si estuvieras embarazada me quedaría a tu lado, Paula. No te dejaría sola, ni por eso ni por nada.
-Es porque eres mi esposo, un documento te obliga a quedarte a mi lado.
-Pau, ¿Cómo puedes pensar eso? Claro que no. Me quedaría porque amaría ver el brillo de tus ojos, y sería para mí un honor correr hasta la tienda para cumplir tus antojos. Y ¿te imaginas cuando tu pancita empiece a crecer? Me quedaría dormido acariciándola y hablando con el bebé. Y podrías cantarle a él, con tu voz de ángel tal como cantaste en la ducha esta mañana -Pau rió- y yo tocaría mi guitarra. –Los ojos de Pedro empezaron a humedecer, la idea de ser padre no sonaba tan mal- Y cuando naciera, me enseñarías a cambiarle los pañales, aunque al final lo terminarías haciendo tú, porque yo lo haría mal. Pau ¿puedes solo imaginar un bebé tuyo y mío? Sería la cosa más preciosa del mundo, tendría tus labios…
-Y tus ojos –sonrió Paula mientras fantaseaba con la criatura.
-Y tus pequeñas y rosadas mejillas –Pedro las pellizcó mientras hablaba.
-Y tu dorado cabello. –Dijo ella mientras le alborotaba la corta y rubia melena.- Se llamaría Federico…
Pedro frunció el ceño inmediatamente, saliendo de la ensoñación. -¿Federico?
Paula asintió, -Sí, como tú.
Él no pudo evitar hacer una mueca, por un instante había olvidado que no era Pedro el que estaba frente a Paula si no Federico.
-Me gustaría que llevara otro nombre. Pero creo que todavía no es momento para pensar en eso ¿verdad? -Paula sonrió negando, todavía no estaba embarazada. Aún no.
Paula tomó un sándwich y dio un mordisco, las palabras de Fede la habían puesto sentimental.
-Fede…
-¿Uhm?
-Quiero conocer a Pedro.
Pedro agradeció no tener nada dentro de su boca en ese instante, porque lo más seguro es que lo hubiera escupido.
-¿A a Pe-pedro? –frunció el ceño, no le gustaba tartamudear.
-Sí -Paula volvió a tomar un bocado de sándwich.- Mañana es tu cumpleaños ¿no es así? Y por consiguiente debe ser el cumpleaños de Pedro también ¿verdad?
Pedro asintió, de repente estaba muy asustado. Planeaba decirle la verdad a Paula, pero ahora… ahora ella estaba complicándolo todo demasiado y él lo único que no quería era perderla.
-¿No festejan sus cumpleaños juntos? –preguntó Paula un poco cohibida, Fede le había dicho que no se llevaba bien con Pedro…
-Ya no tenemos nueve años, Paula -murmuró él- Y aunque los tuviéramos, nunca hacemos nuestras fiestas juntos.
-Evadiste la pregunta de tu abuelo, ahora quiero que me digas por qué te alejaste de tu hermano.
-Paula...
-No, Federico. ¡Es que ya no sé quién eres! –Bufó- Cambias de personalidad cada día.
-Aún no puedes entenderlo…
-Creo que soy lo suficientemente mayor para entender varias cosas –dijo- El problema aquí es que tú me las estas ocultando.
El rubio se puso rígido, esto no estaba bien.
Paula estaba descubriendo todo, todavía no era tiempo.
-¿Julieta te dijo algo?
-¡No! –Gritó ella.- Ella no habló conmigo, pero si ella sabe algo entonces yo misma sacare la información si tu no me la quieres dar.
Pedro se pasó las manos por el cabello, el día relajante que había planeado se había ido a la basura.
-Dime entonces que quieres que te explique.
-Quiero que me expliques a donde se fueron tus lunares y cuando aparecieron los de tu ojo, quiero que me cuentes cómo pudiste en un mes hacerte más de 5 tatuajes, quiero que me digas como puedes ser tan diferente al Fede del cual me enamoré.
Él formo una línea tiesa con la boca ¿Paula no lo amaba?
-Has dejado de amarme –preguntó con la voz quebrada.- Tú... tú me habías dicho que estabas aún más enamorada del que era después de la boda.
-Y eso es lo que me confunde, Fede –respondió- El hecho de que siempre me respondes con preguntas, evadiendo cada respuesta, no es normal…
Él siguió callado.
-Sí, me enamoré más aún del que fuiste después de casarnos, pero eso me desconcertó completamente ¿cómo podía enamorarme de alguien que parecía estar conmigo a la fuerza? Parecías odiarme…
-Y-yo-gruño al darse cuenta que volvía a tartamudear- nunca te eh odiado.
-Responde a lo que te pregunté.
-No sé cómo explicarlo, Paula. –Empezó a rascarse el brazo, un tic nervioso, de seguro…- Yo siempre tuve estos lunares –apuntó cerca de su ojo- nunca cerca de la oreja.
-Yo recuerdo junto a tu oído, no podrás hacerme cambiar de opinión. Ahora dime por qué estabas mirando a mujeres en nuestra fiesta de boda.
-Paula, por amor de Dios, solo ve al punto. ¿Qué es lo que está pasando por tu cabeza?
-¡Ves! Siempre me respondes con preguntas, ¡es muy frustrante!
-Porque estaba aburrido, Paula.
-Ugh –se quejó.- yo también me eh aburrido a veces, Federico; y no por eso miro a otros hombres.
-Pero tú no estás enojada porque estaba viendo a mujeres en la fiestas, es algo más Paula, eh aprendido a conocerte. Algo te preocupa.
-Quiero saber con quién me eh casado –confesó por fin.
-Te has casado con Federico Alfonso.
Paula puso los ojos en blanco, después saco algo de su bolso y lo mostró frente a ellos.
-Entonces quiero que expliques “Fede” –Pedro pudo notar el tono burlón en la voz de Paula, fue como el que su madre usó hace unos meses.- por qué guardabas una cadena con el nombre de tu hermano.
Maldijo en voz baja, debió haberse deshecho de esa cadena mientras podía… pero no se había atrevido, era uno de los regalos que su abuelo le había entregado y del cual nunca se había separado, hasta el momento de la farsa.
-Dime, por favor –suplicó.- ¿Estoy casada con Federico o con Pedro Alfonso?
Supuso que ya no era necesario mentir ¿para qué? De alguna manera u otra, tarde o temprano…sabía que ella se enteraría.
¿Pero por qué justo ahora?
Al menos hubiera querido festejar su cumpleaños con ella.
-¿Estás segura que quieres conocer a Pedro? –preguntó con voz temblorosa.
-Segurísima- entonces él tomó aire y besó sus labios… tal vez fuera su último beso.
-Yo soy Pedro Alfonso.
-¡¿Tú qué?! –la expresión de sorpresa cruzó el rostro de Paula convirtiéndose automáticamente en una llena de horror.
Pedro trató de tomar su mano pero ella se apartó bruscamente.
-No me toques –el condescendiente tono que usó hizo que el corazón de él se estrujara. -¿Por qué? ¿Por qué harías una cosa así? ¿Qué buscabas? ¿Qué puede ser tan malditamente importante como para engañar a toda una familia?
El rubio se tensó.
-¡Respóndeme! –Chilló.- Engañaste a mis hermanos, a mis mejores amigos. ¡Me engañaste a mí! Todo este tiempo… no puedo comprenderlo. ¿Desde cuándo? ¿Desde cuándo empezó toda esta porquería?
Pedro abrió la boca, pero después la cerró, inseguro en qué decir.
-Fue en la boda ¿cierto? Ahora toda esa mierda de vida tiene sentido –los ojos avellana de Pedro se abrieron, sorprendidos, nunca había escuchado a Paula ser grosera- Tu cambio de cabello, tu crecimiento exprés, tus tatuajes… los piercings, la mirada fría y cansada, tu actitud bipolar, distante y molesta en cada instante. Entiendo ahora por qué me odiabas. Debió ser un horror casarse a la fuerza conmigo.
Alfonso negó con la cabeza.
Lo peor es que Paula no lo había dejado explicar nada, ella estaba sacando conclusiones precipitadas.
-No fue así- pudo decir débilmente.
-¿No fue así? ¿Entonces te casaste porque estabas locamente enamorado? No… no lo hiciste ¿cuál fue la razón, entonces?
-Mi madre…
-¿Ana? –él asintió.
-Necesitábamos dinero y tú…
-Y yo estaba llena de el por todos lados ¡claro! ¿Ese fue el plan desde un principio? Federico… ¿por eso el verdadero Federico salió conmigo? –preguntó a punto de echarse a llorar ¿nadie la había amado nunca?
-Federico…-suspiró- él estaba enamorado de alguien más.
-¿Quién?
-Julieta –respondió.
-¿Tú esposa?-ella se paró rápidamente y empezó a caminar de lado a lado. Eran demasiadas cosas por procesar.
-Ex esposa –corrigió- el motivo por el cual me alejé de mi abuelo y de mi hermano,-la morena quedó boquiabierta ¿justo ahora él decidía responder sus preguntas? –mi abuelo se enojó porque decía que ella no era una mujer buena.
-¿Tenía razón? –Pedro volvió a asentir.
-Julieta me engaño con Federico, después de divorciarnos, ellos dos fueron novios por 2 años, tuvieron una leve pelea y fue cuando él te conoció, pero se reconcilió con Julieta un poco después.
Paula cayó en llanto.
-Y fue cuando él se fue a su viaje ¿no es así? Y tú aprovechaste y tomaste su lugar. Sabías… sabías lo que era estar engañado, conocías el dolor del descubrimiento de una mentira ¿por qué provocármelo a mí?
-Porque antes no me importaban los sentimientos, ni los míos ni los de nadie. Cuando Federico desapareció, mi madre decidió contratarme.
-¡¡Te contrató!! –Gritó- ¿Y cuál era el plan? ¿Robarme? ¿Secuestrarme y pedir la recompensa a John?
-Nos hemos casado por bienes mancomunados, el plan consistía en divorciarnos después de un año y Ana y yo nos quedaríamos con la parte del dinero.
-¿Un año? ¿Enserio pensaban estafarme por un año entero?
-Fuiste mucho más inteligente de lo que creíamos, además yo ya no podía fingir.
-En ningún momento te vi intención de decirme la verdad, te la eh sacado casi a la fuerza.
-Ya no podía permitirme enredar más las cosas, yo te amaba.
-¡Tú no me amas!
-Pau, amor –ella chasqueó la lengua- se que suena estúpido, irreal y estoy seguro que ya no confías en mí, pero te amo, de verdad lo hago.
-Emma me lo advirtió. Ella presentía que algo no iba bien. No confió nunca en los Alfonso.
-Paula, escúchame…
-¿Aún la amabas? –Lo interrumpió- ¿Amabas a Julieta cuando te casaste conmigo?
Él exhaló profundamente.
-Sí, lo hacía. Más bien creo que estaba dolido, frustrado, odiaba cada parte de mí y cada molécula que me rodeaba.
-Y así me siento ahora, son unos malditos farsantes, tú, Federico, ambos, yo nunca pedí nacer rica Pedro, eso siempre me ha ocasionado problemas, privilegios injustos, amigos falsos y ahora, ahora un amor que no es de verdad.
-Ya te dije que…
-¡Y te eh escuchado! –Volvió a intervenir- pero no puedes pedir que crea en una falsedad tan grande –su voz se tornó grave, imitando a la de él.- ¡Oh, Paula, te amo! Por eso te eh engañado por todo este mes.
-nena, tienes que entender…
-¡NO! ¡Yo no tengo por qué comprender o entender nada, ahora quiero que me digas dónde está ese cobarde de tu hermano!
-Paula debes calmarte, estás entrando en un ataque de nervios y te puede hacer daño.
Paula tomó la guitarra de Pedro y la sacudió en el aire, dejando en claro que no le daba miedo romperla.
-Dime. –exigió.
-Baja eso, nena. Puedes hacerte daño. Es normal que estés paranoica después de una noticia así, pero debes respirar, vamos…
Lo siguiente fue algo no demasiado inesperado, ella estrelló el instrumento contra el prado convirtiéndola en pedacitos y haciendo que un sonido desafinado saliera de por la cuerdas, que automáticamente se estiraron hasta romperse.
-¡Paula! –gritó él.
-Haz roto mi corazón en trozos ¿por qué no eh de hacer lo mismo con tu guitarra?
Pedro no se inmutó, era obvio que ella estaba teniendo un ataque nervioso.
-¡Te exijo que me digas en donde está Federico!
-Paula, él está en coma.
El siguiente movimiento sí que fue inesperado, el pequeño y frágil cuerpo de su esposa se debilitó y Pedro pudo notar como un efecto de cámara lenta en aquel momento, él corriendo hacía ella, atrapándola entre sus brazos al momento en que Paula caía desmayada
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DOS CAPÍTULOS....
ESPERO QUE LES GUSTE!!
BIEN LARGOS SON LOS CAPÍTULOS ASÍ QUE ESO AMERITA MUCHOS COMENTARIO NO? JAJA!
GRACIAS POR LEER!!♥
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