domingo, 2 de febrero de 2014
Capitulo 30
Sentía el corazón en la garganta y podía escuchar sus pasos tan nítidamente que daba la sensación que estaba caminando sobre cristales, cristales que en cualquier momento podrían quebrarse y mandarlo a un vacío sin fondo.
No entendía el porqué de su nerviosismo, había dejado a Paula, a la mujer que adoraba y con la que iba a tener un hijo solo por ir a verlo y ahora que estaba frente a la habitación un miedo había carcomido todo su organismo.
Federico era su hermano, sí. Pero Pedro no podía recordar algún momento especial con él, todas las escenas que tomaban su cerebro era Ana y Horacio prefiriéndolo siempre a él y aislando a Pedro de sus caricias y cariño, y lo peor de todo es que aunque quisiera volver a confiar en su hermano, no podía. Siempre tendría la idea de que le robó a Julieta, y aunque tal vez eso hubiera sido lo mejor, ahora le aterraba que le arrebatara a Paula.
Siendo concretos, estaba casado con ella, y si no quería firmar el divorcio…
El doctor a su lado lo veía con la mirada ceñuda y la boca en una línea tiesa, de seguro estaba esperando a que el entrara primero, pero no podía dar ni un solo paso, así que el doctor lo hizo primero. Abrió la puerta dejándola abierta para que Pedro pudiera pasar y él a regañadientes lo hizo. Sintió como sus pupilas se dilataban al ver a su hermano en cama, estaba pálido pero sus ojos estaban abiertos, lo miraba confundido.
Pedro le regaló una mirada al doctor, pidiéndole con los ojos que los dejara a solas.
-Solo no lo altere ¿de acuerdo? –musitó y cerró la puerta tras él.
-Debes de tener tantas preguntas –susurro hacía Fede, quien seguía mirándolo con ojos gigantes y cautelosos.
-¿Qué haces aquí? –gruñó entre dientes.
-Oh, cálmate. Solo vengo a ver cómo estas. ¿Te estás sintiendo bien?
Fede frunció el ceño y casi al instante lo hizo Pedro, no fue por mímica, cada uno lo hizo por separado provocando que el otro se estremeciera, hace tiempo que no se veían… no recordaban cuan extraño podía ser.
Tenía ese extraño efecto de parecer estar frente a un espejo.
-No entiendo que pasa, aún. Los doctores me llaman Pedro, y estoy empezando a creerme que lo soy…
Pedro sonrió de lado- Ana les ha mentido, tu eres Federico, no tienes porqué confundirte con eso, solo síguele el juego a los doctores, si no meterás en problemas a Ana.
Fede devolvió la sonrisa, a Pedro nunca le había gustado decirle mamá a Ana- Claro, ¿cómo está ella?
-Bien, normal. Igual que siempre. Quiero saber cómo estás tú.
-¿Por qué?
-Porque eres mi hermano y me preocupo por ti.
-Dijiste que no te volviera a llamar hermano, nunca más.
Pedro sacudió la cabeza, esa tarde les había gritado tantas cosas a ambos, cuando había descubierto que lo engañaban...
<<-Hermano… -le había susurrado Fede.
-¡Cállate! -Lo había silenciado- No te atrevas a llamarme nunca así ¿entendido? ¡JAMÁS! >>
-Fue hace tiempo.
-Bueno, estuviste más de dos años enojado, no sabía si seguías estándolo.
-No estuvo bien lo que me hicieron.
Fede tomó aire- No, no lo estuvo.
-Tampoco estuvo bien que te dejara de hablar, ella… ella no debía merecer el derecho de separarnos, no es la gran cosa.
Fede carraspeó y empezó a jugar con su cabello, gimió al tocarse una herida –Fue duro el accidente, supongo que como dices, ella no merece que todo esto pasara.
-¿Estás arrepentido?
-Me arrepiento de muchísimas cosas en mi vida, Pedro. Así que especifica mejor.
-¿Estás arrepentido por dejar a Paula?
-¿Cómo sabes de ella?
El rubio caminó hasta sentarse al borde de la cama de su hermano, esto iba a ser difícil.
-Bueno puedo decir que sé mucho de ella.
-¿Cómo? –preguntó.
-Eh convivido con ella.
-Estás evadiendo la pregunta Pedro, quiero que me digas que ah pasado.
-Verás cuando escapaste, mi madre no podía perder la oportunidad del dinero –empezó- Aún no entiendo cómo pudiste aceptar casarte a la fuerza cuando aún amabas a alguien más, nunca lo espere de ti. –negó con la cabeza- Pero ese no es el tema, la cuestión es que me pidió que tomara tu lugar… y lo hice.
-Tú… ¿Tú te casaste con Paula?
-No, Federico Alfonso lo hizo. Robé tu nombre, tu identidad y falsifiqué tu firma en el documento legal.
-Pero… -y entonces pudo comprenderlo- Claro, entonces por eso yo soy tú, porque… porque tú eras yo… -Pedro asintió.
-Wow, Ana… Ana tiene mente de escritora.
-Yo creo que solo muere de ganas por tener dinero, nunca estuvo en sus planes que tu escaparías y que luego estarías en coma y jamás pensó que yo… que yo terminaría por enamorarme de Paula, de verdad.
-¿Qué?
-Quiero a Paula.
-Es imposible.
-No lo es.
-¡Pero ella es mi esposa!
-Sí, Fede. Tal vez legalmente lo es, pero ella me quiere a mí, no a ti.
-¿Ella sabe quién eres de verdad? –Pedro asintió- ¿Y te perdonó cuando lo supo? –volvió a asentir.
fede frunció el ceño, a Paula nunca le habían gustado las mentiras.
-Es extraño, ella… no era de las que perdonaban las mentiras.
-Cuando amas, a alguien perdonas todos sus errores –citó lo que Paula había dicho después de escaparse en la cabaña.- Y ella me ama.
-No puedes estar seguro.
-Se quiere divorciar de ti.
-Eso no quiere decir que se casará contigo.
-Lo hará.
-No si yo lo impido.
Pedro lo fulminó con la mirada- No te metas en esta relación, Federico. En esta no.
-Tú fuiste el que metió sus narices en esto, no tenías porque hacerlo.
-¿Disculpa? Si no recuerdo mal, tú fuiste el que huiste con Julieta.
-¡Sí, porque tenía miedo de casarme!
-Claro y cuando tienes miedo de casarte te escapas con tu ex novia –rodó los ojos, en alguna parte de su corazón pensó que podía reconciliarse con su hermano. –Fede, no quiero pelear, estás débil.
-Me robaste a mi novia.
-Dejó de ser tuya desde el momento en que la dejaste sola y te fuiste. –estaba enojado y si seguía así, terminaría por darle un golpe a su hermano, y lo más seguro es que eso no estaba permitido, le aventó los papeles de divorcio que cayeron en el regazo de él. –Léelos y fírmalos, no puedes hacer nada por cambiar algo, ella no te dará su dinero, y es mejor que no luches… solo harás las cosas más difíciles.
Se levantó y caminó hasta la puerta, pero entonces recordó algo – Ah, y si tienes dudas, solo te digo que tu “gran amor por Paula” y tu miedo por casarte con ella, provocaron un problemita mayor con Julieta.
-¿Qué con ella? –gruño.
- Está esperando un hijo tuyo. ¡Muchas Felicidades, hermano! -sonrió hacía él- vas a ser papá.
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LEAN EL SIGUIENTE.......
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