jueves, 6 de febrero de 2014
Capitulo 39
-¡julieta! –gritaron ambos al unísono y corrieron al bulto de personas que ya se encontraban alrededor del accidente.
-¡Muévanse! –gruñó Pedro empujando personas fuera del camino y llevando a Paula junto con él de la mano. –Julieta –murmuró mientras empezaba a moverle la cabeza, tenía una herida grande. –Alguno de ustedes imbéciles llame a una ambulancia en lugar de estar aquí mirando como tarados.
Otro chirrido de llantas se escucha y ven como el auto gris se empieza a alejar, más bien huye, fue el que atropelló a Julieta.
-¡Apunta las placas del auto, Paula, Rápido!
Paula empezó a tocar sus bolsillos, no tenía nada de papel ni bolígrafos, echó una mirada dentro del bolso de Julieta y un nudo se le formó en la garganta.
Una pistola, Julieta traía una pistola. Cierra con un poco de brusquedad la cartera y la mantiene un poco alejada, pero de una manera bien agarrada para que nadie se la lleve. Mira a Pedro quien la ve desesperado. El auto gris ya ah desaparecido.
-¡Nadie está haciendo nada, bien! –Vuelve a gruñir.- ¿Alguien ya llamó a una maldita ambulancia?
-¡Viene en camino! –grita una voz en el fondo, pero Pedro sigue teniendo el ceño fruncido, debe ser su primer accidente.
Bueno, también era el de Paula, y no por eso estaba echándole bronca a medio mundo.
-Mira si no pudiste apuntar las placas Paula, por favor hazme el grandísimo favor de llamar a Federico.
-¡No me grites! –chilla, con lagrimas rozándole los ojos. Ugh, el embarazo la ponía muy sentimental.- Sé que esto fue mi culpa ¿ok? No tienes por qué estar gruñéndome y dándome ordenes tontas. Perdón por haber dejado escapar al auto, perdón por haber querido salir de casa, perdona a mi cuerpo por no atreverse a correr cuando Julieta me amenazaba. ¡Perdón! Pero deja de una vez esa actitud hostil, me recuerdas…
-¿Te recuerdo…? –quiso que continuara.
-Me recuerdas todas las peleas que tuvimos antes, me recuerdas a un Pedro que no me caía bien.
-Solo guarda silencio, Paula. Hablaremos de esto en casa. Si no recuerdas esta mujer está embarazada y puede perder al bebé.
-¡Pedro, yo también estoy embarazada! Y esta mujer –dirigió su dedo al mallugado cuerpo de Julieta- quiso secuestrarme, no le debo nada.
-Ayúdala –pidió- por Fede, por mi sobrina.
Paula hizo un puchero, cuantas ganas tenía de echarse a llorar ahora. Como odiaba esta actitud en Pedro, una actitud que la hacía dudar demasiado.
Tomó su celular y llamó a Fede.
-¿Hola?
-Fede, soy Paula.
-Paula, sí. Estaba por llamarte, tengo… 3 llamadas perdidas tuyas y un mensaje. ¿Pasa algo?
La sirena de una ambulancia y ese sonidito tan conocido empezaron a escucharse, se estaban acercando.
-Ah ocurrido un accidente, atropellaron a Julieta.
-¿De qué estás hablando?
-Ella nos siguió e hizo un intento de… de secuestrarme o algo así, no creo que sea el momento de explicarlo todo. Ven por favor, Pedro necesita ayuda.
-¿Ya llamaron a una ambulancia?
-Sí, justo está llegando –un escudo médico adornaba el lado izquierdo de la ambulancia “San Gabriel”.- Vamos a estar en el hospital San Gabriel.
-Voy para allá.
-¡Fede! –dio un gritito para evitar que el colgara.- Por favor no manejes, en tu estado de nerviosismo puede ocurrir… otro accidente.
-No te preocupes. No tardo, tomaré un taxi.
Paula dio un vistazo a su alrededor, las personas se estaban esparciendo poco a poco, aún quedaban algunas viendo el espectáculo que era subir a Julieta a la camilla y después a la ambulancia. La boca de ella formó una perfecta ‘o’ al ver el verdadero estado de Julieta, tenía sangre por todo el vientre…
-Súbete a la ambulancia, Paula. Ahora –mandó Pedro.
Obedeció, no estaba como para hacer caprichos ahora. Pedro subió después y solo la miró a ella, Paula esperaba que empezara a analizar todas las cosas que los paramédicos le estaban haciendo a Julieta pero él no despegaba sus ojos de la cara de ella.
-¿Qué? –soltó.
-Me alegro que estés sana.
-¿Qué? –repitió.
-Solo –se rascó la nuca.- tengo que admitir que me siento aliviado… de que no seas tú la que está ahí –señaló la camilla.
-No entiendo.
-Qué ella iba a hacerte daño, Paula. Y eso me puso mal, ver el accidente hizo que mis nervios explotaran, perdón por gritarte.
-Está bien.- se encogió un poco en su lugar y no pudo evitar imaginarse: una Paula pálida, con golpes en la cara, y un balazo atravesándole el pecho. Y un Pedro a su lado, llorando.
***
-¡¿Cómo está?! –Fede había atravesado las puertas como un loco.
-Aún no sabemos nada.
-Agh, estuve en el tráfico por más de media hora, ¡deben de tener alguna noticia! –jaló su cabello con desesperación.
-Hermano, por favor ten paciencia. –Pedro se levantó junto a él.
-¡No puedes pedirme paciencia, ahora! Imagina solo que Paula estuviera en el lugar de Julieta, ¡puedo perder a mi hija!
-Fede, se exactamente cómo es el sentimiento, lo sentí hoy mismo. Olive iba a dañar a Paula y a mis hijos.
-Voy a traer algo de té ¿sí? Tal vez los calme.- dijo Paula. Ella también necesitaba algo de té, ¿por qué de repente todo el mundo quería que imaginara que ella estaba mal, enferma, herida? La estaban poniendo incomoda y muy nerviosa.
Volvió con tres vasos desechables llenos de té, estaba casi segura que ni Fede ni Pedro los probarían, pero estar ahí sentada sin hacer nada no era de su agrado.
-¿Noticias? –preguntó al acercarse y los gemelos dieron un rotundo ‘no’ con la cabeza. -¿Van a querer su té? –volvieron a negar.
Ella soltó un suspiro. Al menos lo había intentado. Dio un sorbito al té que había traído para ella, y se arrepintió, estaba asqueroso. Dejó los vasos de lado y se dedicó a esperar…
Minutos después un doctor salió a verlos, Fede se paró como rayo a llenarlo de preguntas, pero él médico solo lo veía con una cara apenada, no tenía buenas noticias.
-Lo siento…
-¿Julieta murió?
-La paciente está delicada, pero pudo salvarse. El problema lo tuvo su bebé, hubo un desprendimiento de placenta provocado por el golpe. Si el embarazo hubiera estado más avanzado podríamos haber hecho una cesárea de emergencia, pero desafortunadamente el feto todavía no estaba bien formado. No pudimos hacer demasiado –bajo los hombros con tristeza.- y el bebé murió.
Fede suelta un sollozo fuerte y empieza a llorar descontroladamente.
-Mi hija –susurra cuando Paula se acerca a abrazarlo y lo mece contra ella, él llora en su hombro y la abraza fuerte–la bebé no tenía la culpa, no tenía la culpa de nada.
-No,Fede. Ella no tenía la culpa.
-¿Cómo está Julieta? –pregunta Pedro saliendo un poco del shock.
Su sobrina había fallecido.
-Está descansando, aún no le decimos la noticia. Suponíamos que alguno de ustedes querría hacerlo, para que ella lo tomara con calma. Es una noticia fuerte y ella se encuentra débil. Hemos necesitado hacerle un legrado para evitar una hemorragia y necesita reposar.
-¿Puedo –sorbió su nariz- puedo pasar a verla? –dudó Fede.
-¿Usted es su esposo?
-Soy el padre de la niña –pero después abrió sus ojos húmedos con una nostalgia evidente y corrigió:- Era el padre de la niña.
-Entonces pase, pero solo por unos minutos.
Fede asiente y camina acompañando hasta que desaparecen en el pasillo del hospital.
-¿Estás bien? –pregunta el rubio.
-Tengo nauseas.
-Ven –abrió sus brazos y ella se acurrucó entre ellos.- Te amo –le susurró en el oído al momento en que acariciaba su cabello. Tembló un poco al pensar... que él pudo haber perdido también a sus hijos hoy, a ellos y a Paula.
-------------------------------------------------------
LEAN EL SIGUIENTE.......
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario