martes, 4 de febrero de 2014
Capitulo 36
-¿Segura que no quieres acompañarnos, Paula?
-No, voy a ir con Emma a pasear.
-No quiero separarme de ti –murmuró acariciando su mano y depositando un beso sobre esta.
-Tendremos mucho tiempo después, Pedro. Ahora necesitan ir a la comisaría para que les ayuden a encontrar a Julieta.
-Vamos, se está haciendo tarde –Lo llamó Fede.
-Llámame en cuanto tengan noticias ¿sí? –pidió.
-No creo que las tengamos hoy.
-Les recomiendo que vayan a los hospitales y aeropuertos, no sé –jugó con su cabello.- Ella pudo salir de California e ir a otro estado o… país.
-¿Crees que esté en un hospital? –su cara palideció ante la posibilidad.
-Fede no pienses en eso,-vacila- yo solo creo que hay que tomar todas las posibilidades… pero si somos sencillos, puede que ella siga en California, escondida y con el celular apagado.
-Gracias, Paula. Tomaré eso en cuenta, ya vámonos –le pide a Pedro quien después de darle un corto beso a Paula sale junto a él.
***
-Es importante –rogó.
-Todos los casos son importantes, señor. Encontrar a una persona que desaparece puede ser un proceso agotador, largo y prolongado.
-No podemos dejar que pase más tiempo.
-Señor Alfonso, ¿está seguro que la persona está desaparecida? Puede estar solo jugando, tal vez no quiere que la encuentren.
-¿Está hablando enserio? Esa mujer está embarazada de mi hija, no puedo permitir que huya de mí.
-¿Entonces cabe la posibilidad de que esté escondiéndose? ¿De usted? ¿La ha maltratado?
-¡Joder, no! –Explotó Pedro- Solo estamos pidiendo que nos ayuden ¿qué clase de servicio es este?
-Por favor, le pido que se calme y que nos respete. Desafortunadamente, no existen garantías de que la persona, en este caso Julieta Weston, aparezca por más que se haga todo lo posible.
-Pero al menos deben de intentar.
-Sí, pero comprendan que tenemos casos de secuestros, o bandas traficantes.
-¿Y una mujer que está embarazada no es importante? Es una ciudadana estadounidense y tiene derechos. Puede hacerse daño.
-Empezaremos la investigación, puede estar seguro de eso. –el hombre por detrás del escritorio los miró cansado.
-Yo no veo a nadie aquí haciendo algo importante, ni siquiera hacen un esfuerzo por mover el trasero y publicar la foto que les hemos traído
-Deberían llenar el reporte que les eh entregado, no omitan ningún detalle, mientras lo hacen yo colgaré la nota. –Pedro y Fede se alejaron con las hojas en mano y empezaron el formulario.
Nombre, fecha de nacimiento, su color de ojos, el del cabello, la altura, lunares, su ropa… ¿todo esto valía la pena? Julieta no estaba en sí, “desparecida”… solo que no quería que la encontraran. ¿Por qué siempre hacía las cosas más difíciles?
…
-No puedo creer que no encontráramos nada.
-Creí que te alegraría –musitó.- Es un gran alivio saber que no está en un hospital.
-Sí –habían pasado media tarde identificando personas en hospitales, ninguna de ellas era Julieta.-
-Debes ser paciente –pidió- es solo el primer día, realmente no creo que esté fuera de California, lo difícil es que no estamos ahí. No entiendo por qué buscamos en hospitales de Nueva York ¿por qué vendría ella aquí? No tiene mucho sentido.
-Paula dijo que podía hacerlo porque sabría que estábamos aquí. Es escalofriante pero ella sabe todo.
-Lo escalofriante no es que lo sepa… si no que siempre tiene un plan.
-Siempre tiene que salirse con la suya.
-¿Por qué nos enamoramos de ella? –la pregunta salió de sus labios sin poder evitarlo.
-Porque es linda, es una mujer guapa y tiene ese don para conquistar, para cegarte… -sacudió la cabeza.- Es lista y de carácter fuerte.
-¿La amas?
Soltó una larga respiración –Realmente no lo sé. Es muy confuso y ella… me presiona mucho, además el hecho de que te haya querido conquistar me molesta, me hace saber que ella no siente nada por mí. Solo buscaba el apellido. Pero… va a ser la madre de mi hija.
-¿Cómo la llamarán?
-No hemos tenido el tiempo para pensarlo, me gustaría que ella lo eligiera. ¿Y tú?
-Yo necesito saber si serán niños o niñas.
-Pero pueden empezar a buscar nombres, ¿planeas llamar a uno como tú si resultan ser niños?
-No, no lo creo. Pero si son niñas me gustaría que una se llamara Paula.
-¿Y has hablado de ella respecto a eso?
-No –dieron la vuelta hacía un café- tampoco hemos tenido tiempo de eso.
-Oh –los ojos de Fede se abrieron con diversión al contemplar el edificio de frente a ellos.
-¿Qué pasa?
-Aquí conocí a Paula. –soltó una risita recordando como Andres había provocado que el derramase todo su frappé sobre la morena.
-¿De verdad?
-Sí –asintió- ¿Quieres entrar? Ha sido un día largo y recordar esa historia me relajará.
-¿Me contarás cómo se conocieron?
-Solo si quieres.
El rubio asintió, conocer la historia de su hermano y su novia… iba a ser extraño.
***
-¿Te gusta? –pidió su opinión mientras salía con un hermoso vestido largo, rosa pastel, con escote de corazón y sin mangas, lucía como princesa.
-¡Te ves preciosa, Em!
-Me gusta, pero no sé en qué ocasión puedo usarlo. No me gusta comprar cosas que no usaré.
-Mi cumpleaños es en Septiembre, podrías usarlo en esa ocasión.
-Harás una fiesta lujosa, ¿cómo para usar vestido largo?
-Ni siquiera sé cómo festejaré, tendré una panza gigante para esas fechas.
-¿Y cuándo te casarás?
-Eso no está en mis manos, Emma. Pedro sabrá si me pide matrimonio o no…
-Oh, Paula no te deprimas, él se ve tan contento, te aseguro que lo hará; tal vez ese anillo sea tu regalo de cumpleaños.
-Cómpralo –la animó- Si no me caso, podrás usarlo en alguna fiesta de los bebés.
La rubia dio una voltereta -¡Perfecto! Entonces lo llevaré –murmuró entusiasmada.
Paula sonrió y al momento sintió su celular vibrar, lo sacó velozmente fuera de su bolso, era un numero privado. Dudo un poco pero al final contestó.
-¿Quién es? –preguntó cortante. Esta ciudad era insegura y un número privado no era muy usual.
Silencio del otro lado de la línea, nadie respondía. Pero Paula pudo notar ese sonido de respiración, alguien estaba ahí, escuchándola.
-¿Hola, quién es? –repitió.
Otra vez solo el silencio… y el compás de esa persona quien inhalaba y exhalaba.
-Sé que están ahí – tal vez debería terminar la llamada.
-Estás con Fede –acusó.- Con él y con Pedro.
Mierda, era Julieta.
-Julieta ¿Dónde estás? –No contestó- ¿Julieta? Julieta, Fede está muy preocu...-pero ella cortó la llamada, dejándola con las palabras en el aire, y el corazón galopando.
-¿Pasa algo, Paula? –gritó Emma desde el vestidor.
-Julieta… creo que ella está en Nueva York.
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Capitulo 35
-No me lo tomes a mal, Paula. Nunca quise casarme, solo es eso, mi madre me obligó y me asusté.
-Y huiste –completó Emma.
-Sí huí, Julieta estaba ahí conmigo, habíamos vuelto a ser novios y bueno creíamos que si Ana me encontraba, me obligaría a casarme, no vi lo obvio que era el hecho de que el día de la boda había pasado ya, y por ende… tu ya deberías estar odiándome…
-Pero Pedro tomó tu lugar –interrumpió Paula.
-Sí, realmente pienso que tu entiendes eso mejor que yo, Paula -se rascó la nuca.
-¿Quieres dormir, ya?
-No. Tienes dudas, quiero aclararlas.
-Puedes descansar un poco, llevamos mucho tiempo aquí.
-No, de verdad. Estoy bien.
-No sé que más preguntar –se hundió en el pecho de Pedro.
-Creo que tienes varias dudas aún…
-Sí, pero no estoy muy segura de que alguno tenga una respuesta.
-No pierdes nada preguntando.
-Hace tiempo, muchísimo en realidad… Un poco antes que conociera a Fede y muchos meses antes que conociera a Pedro tuve un sueño… era una cabaña muy singular, extraña, el ambiente era frío y terrorífico y bueno… ah, yo entraba y me encontraba con alguien, quien… por alguna extraña razón tenía control sobre mi cuerpo y mis acciones –un escalofrío recorrió su espalda- no podía moverme, tampoco podía hablar… yo estaba muda y estática y solo sentía esa irradiación de calor por parte de aquel extraño…
-¿No lo viste? ¿Cómo sabes que era un extraño y no una extraña?
-Era hombre –susurró- su voz era grave.
-¿Habló?
-Sí –tembló un poco- y yo… yo me comuniqué por medio de mi mente ¡Suena loco! Pero así fue… y él…él solo me preguntaba si estaba cansada. No… no lo recuerdo bien y decía que no debía confiar en él… bueno dijo que no me estaba pidiendo que lo hiciera y dijo que necesitaba que lo salvaran y se rió.
-¿Y ya? –preguntó su rubia amiga.
-Suena tan estúpido en voz alta, pero… la cabaña –volteó hacia Pedro- te puedo jurar que era la cabaña de nuestra luna de miel, Pedro.
-¿Estás insinuando que yo era ese que te… controló?
-No, Pedro… no vi a la persona, no puedo afirmar quien era. Lo único que me gustaría saber es por qué y cómo pude soñar con un lugar que jamás había visto y con el que me encontraría medio año después… es terrorífico.
-¿La cabaña es terrorífica?
-¡No! Es preciosa… pero quisiera saber a quién rayos tenía que salvar o qué se supone que pasaba…
-No te lo tomes tan a pecho, Paula. Fue un sueño –la tranquilizó Fede al momento en que acariciaba su rodilla ganándose una mirada analizadora de parte de su hermano.
-Es que si ustedes lo hubieran soñado… -giró su mirada a Pedro quien estaba un poco perdido, siguiendo los movimientos de la palma de su hermano sobre la pierna de ella.- ¿Estás bien, Pedro?
-Tal vez era yo –murmuró- no debías confiar en mí porque bueno básicamente estuve engañándote… debías salvarme porque era un idiota mujeriego que se emborrachaba todas las noches y vivía del dinero de sus padres, era avaricioso y egoísta y estaba resentido y bueno a lo demás no le encuentro mucho sentido…
La morena empezó a jugar con su cabello, Pedro… su Pedro había aparecido en sus sueños mucho antes de saber que él existía. Era irreal, eso pasaba solo en las películas…
-¿Podrías quitar la mano de su rodilla? –Le ladró él a Fede.- No te traje para que la toquetearas.
-¡Pedro! –le reprendió.
-Lo siento –apartó su mano y se levantó- creo que ya es hora de acostarme, estoy cansado.
-Te llevaré a tu habitación –ofreció Paula, pero Emma negó con la cabeza.
-Yo lo haré –le dijo en el oído- tu trata de controlar a Pedro –después volvió a subir su tono- además creo que yo también debería irme, mi casa queda un poco lejos.
Ambos se alejaron y pocos minutos después Emma se despidió y salió por la puerta.
-No era necesario hablarle así a Fede. –arrugó sus ojos hacía su novio.
-Perdón.
-Debes controlarte, además el luce agotado ¿tiene algo?
-Julieta.
-Como siempre –suspiró.
-Se ah escapado, no sabe en donde se metió, ella le dijo que si no se casaba con él, no la vería más y tampoco a su hija.
-¿De verdad?
Asintió- Está angustiado por la niña, eso es todo.
-Dices como si habláramos de barbies y muñecos, ¡es su hija! ¡Claro que está preocupado! Y luego tú vienes y le gruñes como perro rabioso. Dijiste que querías cambiar.
-Trato de hacerlo. Te juro que estoy tratando…
Ninguno habló por un tiempo, Pedro volvió a tomar a Paula entre sus brazos y acarició su estomago, el silencio no era incomodo pero decidió romperlo y hablar.
-Nacen en Noviembre.
-¿Qué?
-Los bebés, nacen en Noviembre.
-Oh sí –sonrió.- Va ser una navidad bonita…
-Soñé con ellos –confesó el rubio mientras besaba el cabello de ella.- En el avión, eran dos pequeños con ojos mieles y tu color de pelo.
-¿Enserio? –sus ojos brillaron mientras se apartaba de los fuertes brazos de él para poder mirarlo a la cara- Debo admitir que cuando te di la noticia pensé que no te había gustado.
-Bueno, sería mucho más sencillo tener solo uno, pero… creo que los genes querían que Fede o yo tuviéramos gemelos, aunque sinceramente nunca me imaginé como padre… hasta que apareciste tú.
-Eres un mentiroso.
-No es así –beso su nariz velozmente- ese día en el parque, cuando casi me ahogo pensando en tener un hijo, bueno luego no me pareció tan mala idea, sonaba que tendríamos a alguien muy hermoso.
-El día en que me dijiste que eras Pedro Alfonso… -inclinó su cabeza un poco.- ¿Sabes? Haciendo cuentas… en esa época ya estaba embarazada.
-Eso quiere decir que eres una bruja que predice el futuro. –se burló.
-¿Disculpa? ¿Acaso acabas de llamarme bruja?
-No sé… ¿Qué vas a hacer al respecto?
Paula se inclinó hacía él con intención de tocar sus labios pero se detuvo a medio camino –Voy a hacerte cosquillas –gritó y empezó el ataque, ganándose varias carcajadas y risas de parte del hombre frente a ella, quien después de un momento se unió a la lucha y también movió sus dedos por el estomago de ella.
-¡Ya,Paula, paz, paz, bandera blanca! ¡No puedo respirar! ¡Para! –tomó su cintura y la alejó, ella todavía sonreía juguetonamente.
Él la besó. La había extrañado muchísimo. Y ahora estaba aquí con ella y no la dejaría sola, nunca más.
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LEAN EL SIGUIENTE......
lunes, 3 de febrero de 2014
Capitulo 34
-¿Te enojaste con él? No hablaste nada ayer en la cena y bueno luego te fuiste a “dormir”.
-Sí visitó a Julieta.
-Ese maldito –gruñó Kevin mientras rascaba su castaño caballo- ¿Cómo puede estar ahí con esa y no aquí acompañándote con el doctor?
-Dice que la llamó para decirle que Fede quería verla y que ella le dijo que se acababa de enterar que tendría una niña, Pedro pensó que sería educado llevarle un regalo.
-¡No, no y no! ¿Qué no entiende que eso te hiere?
-Dice que no le vio nada malo en ir.
-Los hombres no piensan –soltó Emma ganándose una mueca de parte de Kevin.
-Yo sinceramente tampoco le veo nada mal, recuerda hermana que esa niña es sobrina de Pedro, le dio un regalo por ser su sobrina no porque ame a Julieta o algo así, los hombres no piensan tal vez, pero ustedes no razonan las cosas.
-¡John, no puedo creer que estés del lado de Pedro!
-No estoy del lado de nadie ¡ni siquiera del de mi hermana! Solo quiero que este revoltijo acabe de una vez, Julieta tendrá una hija que NO es de Pedro, pero que aun así es su sobrina y debe de quererla, A LA BEBÉ, no a Julieta. Tú estás esperando gemelos de él, dos bebés que puedo asegurar que ama y te ama a ti también, deja el drama, solo te haces daño, preocuparte no es bueno… acuérdate que lo que tú sientes –señaló su vientre- lo siente ellos también, así que solo los estas inquietando. Háblales, sé que te están escuchando, están escuchando cada palabra que decimos, diles que su papi no está aquí pero que lo ama más que a nada.
Paula sonrió.
-¿Cortaste la llamada ayer sin perdonarlo?
-Estaba enojada.
-¿por qué no lo llamas?
-Dijo que visitaría a Fede, hoy, después de que Julieta también lo visitara. Al parecer lo van a dar de alta en unos dos días. Dice que quiere traerlo a Nueva York.
-¿Por qué?
-Mantenerlo a la vista, él cree que ni su madre ni Julieta lo cuidaran bien.
-¿Y él sí?
Paula le lanzó una mirada ceñuda.- Está haciendo un esfuerzo, quiere recuperar los años perdidos.
-No se pueden recuperar las cosas que ya se han perdido –murmuro el castaño.
-Sabes a que me refiero, Kevin. –Suspiró- Estuvo a punto de perder a su hermano, y eso lo asustó, se dio cuenta que nada es para siempre y no quiere seguir enojado con él, quiere tener ¿cómo lo llaman?... momentos de calidad.
-¿Y no le hace daño volar? ¿A… a Fede? Acaba de salir de un coma y bueno Nueva York y California no están a pocos kilómetros, básicamente tienen que cruzar de un lado al otro del país.
-No lo sé, pero Pedro prometió estar aquí en al menos 4 días.
-Eso está bien, no entiendo cómo puede ir de ahí para acá, tiene que entender que ahora tiene una familia, una novia y dos hijos por venir y los cuales lo necesitan, no debe estar alejándose tan seguido o te perderá. –musitó Emma.
-¿Me perderá?
-¿Estarías dispuesta a estarlo esperando siempre, el estar sola en los momentos importantes mientras él están en quien sabe donde haciéndose el héroe? Te cansarías y buscarías a alguien que te proporcionara estabilidad.
-No lo creo. Lo amo.
-Sí, pero no puedes amar a alguien que no está a tu lado.
-Amo a mis padres Emma, y ellos ya no están vivos; tu teoría no tiene sentido.
Se encogió de hombros hacía ella- Solo es mi opinión, siempre has sido una persona muy… en control. Te imaginé casada con un marido que trabajara y viviera contigo, no con un novio que viaja todo el tiempo mientras estás embarazada.
-Pero, como dices, es mi novio, solo eso. No tengo ningún derecho a pedirle que se quede a mi lado, mucho menos si el viaje es para ir y ver a su hermano.
-Perdón –se sentó junto a ella y le acarició el brazo- entiéndeme Paula, eres mi mejor amiga, mi hermana y Pedro llegó para poner tu vida de cabeza, solo… yo esperaba mucho más de él. Quiero que tengas a alguien que en realidad te merezca.
-Estoy bien, Em. Él me hace feliz.
-Bien –sonrió- cambiando de tema… ¿podemos ir de compras? Desde que volviste casi nunca sales del apartamento, y bueno pronto te crecerá la panza, necesitaras nueva ropa y también podemos comprar algo para los bebés, algo blanco, o amarillo o verde, ya sabes colores neutros en lo que nos enteramos si son niñas o niños… ¿sí? Vamos, Paula ¿te das cuenta que solo estoy poniendo pretextos para salir de compras contigo? Es que enserio, de verdad necesito comprar. Me volveré loca si vuelvo a usar esta misma blusa de nuevo, ¡me la eh puesto más de 5 veces! Necesito un nuevo guardarropa ¡ya! Además de paso podemos comprar un pastel, ¿tienes antojo de pastel? ¡Hace como tres mil años que no pruebo un pastel!
Paula soltó una carcajada, extrañaba mucho a la vieja Emma compulsiva por la moda, las compras y el chocolate.
***
New York, City.
-¡Toc, toc, toc! –murmuro Pedro sonriendo al entrar a la habitación. –Hola, te tengo buenas noticias.
-¡Qué bien! Son lo que necesito ahora.
-¿Por qué, qué pasa? –Fede inhaló con fuerza- Es Julieta –no era una pregunta.
-Sí, es ella. Ah venido y todo ah estado bien, me enterado que tendré una hija –sonrió de lado- pero después ella ah empezado a hablar de matrimonio y yo… le eh dicho que no me casaré con ella, se ha salido corriendo por la puerta, temo que escape.
-¿Escaparse? ¿Por qué haría una cosa así?
-Dijo que si no me casaba con ella, no la volvería a ver nunca, ni a ella ni a mi hija. Creo que tenías razón.
Pedro frunció el ceño.- ¿En qué?
-Creo que Julieta está un poco, ¿cómo habías dicho?
-Inestable –le repitió.
-Inestable –susurró él- Sí… Está loca por obtener el apellido Alfonso. No se conforma con que la niña lo tenga.
-Claro, ella ya me lo había dicho –gruñó- hace unos meses intentó coquetearme, me dijo que quería pertenecer a los Alfonso, porque nuestro apellido significaba respeto o algo así, no lo recuerdo bien… ni siquiera le importó el hecho de que en esa época estábamos en quiebra.
-Oh, cierto. ¡Estamos en quiebra! ¿Cómo es que están pagando el hospital?
Pedro se sonrojó –Cuando mi madre me dio la noticia ella había dado un adelanto vendiendo alguna de sus joyas, después yo aporté un poco del dinero de la venta de mi auto y bueno… ahora estoy trabajando.
-¿Estás pagando? ¿Tú? –preguntó atónito.
El rubio asintió con la mirada baja.
-Y estás trabajando… ¿En qué?
-Compongo canciones, para una disquera en Nueva York.
-Toda una estrella –bromeó él- ¿Eres famoso o algo así?
-Solo las compongo, no las canto ¿te estás burlando?
-Para nada, lo juro. Me siento sorprendido. Nunca de los nunca te imagine a ti ¡A Pedro Alfonso! Trabajando. Es impresionante.
-Sí… cambiando de tema, yo… estuve pensando y la buena noticia es que mañana sales del hospital, solo… quería decirte si querías hablar con Paula.
Fede abrió los ojos -¿Qué?
-Me habías dicho que querías hablarle, tú… ¿te gustaría irte a Nueva York, conmigo?
***************
2 días después.
-Sigue sin contestar –gruñó el rubio hacía su celular.- Se ah escapado. Ya no podemos dudar. Llamemos a la policía.
-Fede, estamos en un avión camino a Nueva York, será un viaje largo; deberías calmarte.
-¡Han pasado más de 48 horas!
-Sí, pero siguiendo el protocolo legal, una persona solo se identifica como desaparecida después de 72 horas.
-Es demasiado tiempo no puedo esperar un día más. ¡Esa mujer tiene a mi hija! Y no sé que le vaya a hacer.
-Mira hermano, Julieta puede estar enojada pero no le haría nada a su propia hija, tranquilízate.
-No puedo –volvió a tomar el teléfono pero unas delgadas manos le impidieron llamar.
-Disculpe señor, pero debo pedirle que apague su celular, es por su seguridad y por la de todos los pasajeros. –la aeromoza les brindó una cálida sonrisa a ambos mientras que el rubor recorría sus mejillas, impresionada de tener a dos hombres tan guapos frente a ella.
-Claro, él apagará su teléfono –musitó Pedro mirando a Federico, quien refunfuñando guardó el aparato en su bolsillo.
-Aterrizando llamaré al hotel donde se hospedaba, no estoy a gusto, ella me amenazó de alguna manera, dijo que jamás la volvería a ver, ni a ella ni… -trago- al bebé. Tal vez cumpla su promesa.
-La encontraremos, no puede esconderse para siempre.
-Es Julieta, Pedro. No sé cómo, ni por qué pero siempre se sale con la suya –gruñó.
-Hey –apretó su hombro- es tu hija, mi sobrina, no voy a permitir que la alejen de tu lado.
-Gracias, Pedro –sonrió.- Eres un buen hermano.
-Tu también –se encogió de hombros.
-No –se tensó- no lo soy, soy egoísta y te eh hecho daño, cuando no merecías nada de eso, acaparé la atención de nuestros padres, te quité a Julieta, y luego te metí en problemas legales, has estado al pendiente de mi salud todo ese tiempo; y yo… yo ni siquiera te eh preguntado sobre tu bebé.
-Bebés –corrigió él.
-¿Bebés? –Repitió con los ojos abiertos.- ¿tres?
-¡No! –gritó, sería tan extraño tener trillizos- Dos, voy a ser padre de gemelos.
-¡Gemelos! –Murmuró su hermano con júbilo- ¡eso es asombroso! ¡Felicidades!
-Gracias –sonrió de lado- va a ser difícil.
-Sí, pero vas a tener a muchas personas para ayudarte, además… ¡la madre es Paula! Eso te garantiza que tendrás las cosas un 55% más sencillas, ella hace que todo luzca más fácil.
Pedro hizo una mueca al escuchar a su hermano.
-¿Sigues sintiendo algo por ella?
-Sí.
-¡¿Qué?!
-Por favor, señor, le pido que guarde silencio –otra aeromoza lo amonestó al momento en que pasaba a su lado.
-Cariño, Pedro. Cariño de hermanos, es… básicamente mi cuñada, debo de quererla.
Él bufó- Fue tu esposa, te ibas a casar con ella y ella… te amaba tanto.
-Fue mi esposa porque un documento lo dice, pero nunca conviví como marido con ella, además ¿por qué te preocupas? Está enamorada y embarazada de ti.
-Lo dijiste, en el hospital. La primera vez que te vi ¿recuerdas? Te dije que quería casarme con Paula y dijiste que eso no ocurriría si lo impedías…
-Fui un tonto, perdón. Yo… estaba confundido, me dolía la cabeza y lo único que recordaba era a… ella, ella en el café y en la feria, en aquel parque, festejando algunas fiestas y el accidente, era lo único que mi mente procesaba y luego llegas tu y me haces recordar y me dices que la amas y… que te ama, me enojé. Yo siempre desee lo que tú querías y bueno, ahora tenías algo que yo ya no podía recuperar.
-No hay que hablar de eso, ¿te parece? Me pone mal…
-Eres muy celoso.
-Sí, no sé, no tanto…
-Sí que lo eres –canturreó él.
-Ya mejor me voy a dormir –murmuró mientras se volteaba y cerraba sus ojos, imaginando dos pequeñas caritas con ojos mieles y cabello negro, sus hijos.
***
New York, City.
-¡Qué hermoso! De verdad no me canso de ver todas estas ropitas, son tan pequeñas ¿de verdad cabrán aquí? Parecen para muñequitos… -susurró Emma.
-Entrarán ahí –afirmó Paula- aunque no por mucho tiempo, los bebés crecen cada día, al mes necesitarán más y más ropa.
-¡Genial! –Chilló.- Eso significa más compras para la tía Em.
-Sí –sonrió al ver dos pequeños gorritos –serán unos bebés muy a la moda.
-Ruego al cielo que sean niñas, así podríamos comprar moñitos y vestiditos y muñequitas y zapatitos y ¡cosas rosas!
-Julieta tendrá una niña…
-¿Y qué? Las tuyas serían un millón de veces más hermosas.
-Dices eso porque eres mi amiga.
-Digo eso porque es verdad, ¿tú quieres niños?
La morena hizo una mueca- Saludables, solo quiero que nazcan completos, los embarazos de gemelos son más difíciles. Y bueno… es mi primer embarazo.
-Todo saldrá bien.
-Eso espero.
-Podrían ser mellizos… -soltó la rubia- Una niña y un niño, eso haría que Kevin y yo estuviéramos satisfechos.
-Van a ser mis hijos, voy a amarlos siempre. Sin importar nada.
-Eso es lindo –inclinó su cabeza al escuchar golpes en la puerta- Yo voy, no te preocupes.
Paula asintió y siguió viendo las pequeñas prendas frente a ella, dios… realmente eran hermosas y tan chiquitas.
-¡Paula! -escuchó un grito y después sintió unos brazos abrazándola y separando sus pies del piso, era Pedro. ¡Estaba aquí!
-Pedro –sollozó mientras tomaba sus mejillas.- ¡Mi dios, estas aquí!
-Te extrañé tanto, nena. Jamás me separaré de ti –dijo mientras volvía a ponerla sobre el piso- déjame besarte –juntó sus labios e invadió la boca de ella con su lengua, saboreando cada centímetro.- Te amo –le susurró.
-Te amo también, Pedro.
-Mírate, estás diferente…
-Mi cuerpo está cambiando, por el embarazo.
-Luces preciosa –se hincó frente a ella y depositó un dulce beso sobre su ombligo.- ¡Oh lo extrañé tanto a ustedes también! Mis pequeñitos –empezó a hacer figuritas por todo el vientre de ella- los amo –dio otro beso y se levantó, juntando su nariz con la de su amada. – ¿Qué es eso sobre la cama que impide que te haga mía?
Paula se ruborizó –Es la ropa para los bebés.
Pedro abrió los ojos sorprendido -¿Sabes si son niñas o niños, ya?
-No, compramos de colores que funcionarían para ambos sexos.
-Bien –le dio un corto beso- Fede viene conmigo.
-¿Está… está aquí?
-Sip.
-Oh dios, ¿lo dejaste con Emma?
-Sí, ¿por qué?
-¡Lo hará pedazos! –corrió hacía el salón principal y se encontró con otro Pedro… no, no, era Fede… ¡maldición! Seguían siendo tan iguales… -¿No te ah asesinado? –preguntó bailando la mirada entre él y su mejor amiga.
-¡Oye! –Se quejó la rubia –estoy enojada con él, pero no lo mataría. Le estaba ofreciendo agua, está agotado.
-Oh, claro. ¿Quieres dormir Fede? Tengo listo un cuarto para ti.
El rubio sonrió hacía ella, esperaba una actitud más hostil, pero seguía comportándose como siempre, como aquella Paula que conoció en Septiembre.
-Estoy bien, me gustaría un vaso de agua y necesito llamar a alguien –Era necesario encontrar a Julieta.
-Puedes usar el teléfono de aquí si lo deseas, y… ahorita mismo te traigo algo de agua.
-Gracias –le regaló otra sonrisa.
Paula y Pedro se dirigieron hacía la cocina.
-Son tan idénticos –susurró mientras veía a su novio que tenía el ceño fruncido frente a ella.- Aunque tú eres más alto. Y bueno tus tatuajes…
-Sí. –la cortó.
-Pedro no te pongas así.
-Por favor no te enamores de él –le rogó.
-¡No! Pedro, me pediste hace unos días que no fuera insegura, yo te pido lo mismo, ya no siento nada por él. Y no creo que el sienta algo por mí.
-Me dejarás…
-Nunca.
-Ya me han dejado por él antes.
-Pedro, ¡no me compares con Julieta! ¡No te voy a permitir eso!
-Sé que no eres como ella, pero –frotó su cabello desesperado y le robó un beso corto- te quiero y no sabría qué hacer si te vas. Me derrumbaría.
-Hey, mírame –le pidió mientras tomaba sus grandes manos y las ponía sobre su estomago- te amo, ellos… estos humanos que crecen dentro de mí, te aman y ninguno de nosotros está dispuesto a dejarte, tampoco podríamos vivir sin ti.
Pedro juntó sus frentes y suspiró.
-Ahora vamos, quiero que tu hermano me aclare varias dudas.
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GRACIAS POR LEER!♥
por esto grupo paso las novelas hasta nuevo aviso! =)
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Capitulo 33
New York, City.
Él se tensó al escuchar una plática fuera de la habitación, era una mujer. Lo más seguro era que Pedro había llamado a Julieta y hoy venía a visitarlo, esto iba a ser tan extraño, hasta ahora no había pensado que en las pocas ocasiones en las que había hablado con su hermano la única vez que habían mencionado a Julieta, era para decir que estaba embarazada y posiblemente loca.
Se habían enfocado en Paula y en su divorcio, solo en eso. Ahora era un hombre divorciado, cuando lo extraño es que él… nunca se había casado realmente, que revoltijo que habían provocado su madre, Pedro y él, solo para engañar a Paula, que no merecía ser estafada, pero ahora ella estaba embarazada de su hermano, y lo amaba ¿no? De verdad deseaba poder hablar con ella…
La puerta del consultorio se abrió mostrando a una chica pálida, con solo las mejillas rosadas y los ojos verdes brillando, Julieta… no había cambiado mucho, exceptuando la enorme barriga formándose. Ahí, ahí estaba creciendo su hijo.
-Hola –susurró ella.
-Hola –respondió- Siéntate por favor –hizo un espacio en su cama para que ella se acomodara.
-¿Cómo te sientes? –preguntó en otro susurro. ¿Por qué susurraba?
-Bien, el doctor dijo que tal vez este fin de semana me den de alta, los anti-inflamatorios por fin están dando resultados y los dolores de cabeza ya no me atacan tan seguido.
-¿Sabes si tendrás dolores o… problemas permanentes?
-Tal vez deba usar lentes, no sé, mi edad, mis ojos y el golpe que me di… me dijeron que no debo forzar mi vista, pero eso es todo.
-No tienes la posibilidad de quedarte ciego ¿verdad? –cuestionó asustada.
-No, Julieta. –negó levemente con la cabeza. -¿Cómo estás tú? ¿Cómo está el uhm… bebé?
-Es una niña –sonrió- lo supe ayer. Pedro le ah dado una muñeca.
-¿En serio?
-Sí, me ah llamado diciendo que querías verme y le di la noticia, por la noche se apareció con una hermosa muñequita.
-Una niña –murmuro mientras veía detenidamente la panza de ella.
-¿Estás feliz?
-Nunca me planteé el ser padre, pero sí –se encogió de hombros- es una buena noticia.
-¿Cómo quieres que se llame?
-Es pronto ¿no? Todavía falta mucho para que nazca.
-Sí, pero podemos ir eligiendo el nombre.
-No sé, tú elige.
Ella frunció el ceño –Decidiremos después. ¿Has visto a tu madre?
-No, no me ah visitado.
-Me ah corrido de su casa –el rubio abrió demasiado los ojos.
-¿Estabas viviendo en su casa?
-Sí.
-¿Por qué?
Ella empezó a jugar con su cabello, si le decía que era porque la tenía amenazada sabía que Fede se enojaría.
-¿Entonces crees que estarás sano en unos meses? Quiero casarme antes de tener a la bebé, será raro eso de estar en un vestido de novia con esta enorme barriga –sonrió, tratando de cambiar de tema.
Funcionó, aunque no como ella lo esperaba. Fede la miró como si ella le estuviera diciendo que tenía un perro de tres cabezas o algo…
-¿Cómo?
-Sí, quiero casarme antes de que nuestro bebé nazca.
-Julieta –sacudió su melena rubia, volviendo a tocarse la herida; fue como un recordatorio de que huir, hacer las cosas deprisa… ocasiona problemas, había escapado para no casarse y ahora estaba aquí, y la chica con la que huyó le estaba pidiendo que se casara con ella. Bueno no era una petición… se lo estaba exigiendo.- Yo no me voy a casar contigo.
-¿Qué?
-No quiero casarme, nunca, nunca eh soñado con hacerlo y no lo haré.
-¡No! ¿Por qué?
-Julieta, estamos en el siglo XXI, nadie nos va a ver menos por tener una hija fuera del matrimonio.
-Pero es que no solo es una niña más que viene a la tierra, es una Alfonso ¡Yo quiero que sea una Alfonso!
-Le daré mi apellido Julieta, no dudes de eso.
-Pero ¿Qué hay de mí?
-No entiendo…
-Yo, yo también quiero tu apellido. ¡Lo merezco!
-Puedes usarlo, si así lo deseas.
-No –gruñó- quiero ser Julieta Alfonso, legalmente –recalcó la última palabra.- Quiero ser tu esposa –gimió.
-No encuentro necesario casarnos, Julieta, no quiero hacerlo.
-¿Por qué la estúpida de Paula Chaves se gana una proposición de matrimonio tuya y de Pedro y yo no? –gritó.
-Ya has sido la esposa de Pedro –recalcó.- Y lo dejaste ir.
-Tú me sedujiste –culpó.- Por eso perdí a Pedro.
Fede abrió los ojos como platos -¡¿Qué?! Dios, Julieta tú fuiste la que me buscaste.
-¡Y eso qué! –miró desesperada hacía todos lados, como buscando una salvación… una estrategia.- Si no te casas conmigo, me iré; jamás veras a tu hija.
-Puedo llevarte ante un tribunal, y quitártela.
-Las probabilidades estarán de mi parte, estás enfermo, débil y nunca has cuidado a un niño, no eres capacitado.
-Aprenderé.
-¡Solo cásate!
-No puedes obligarme. No es no, te eh dicho que la niña tendrá mi apellido, tu puedes usarlo si quieres hacerlo, pero no me casaré.
-Bien, entonces suerte en encontrarme –se paró rápidamente y corrió saliendo por la puerta.
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domingo, 2 de febrero de 2014
Capitulo 32
-¡Gemelos! ¡Oh Paula! –La abrazó con fuerza- voy a ser tío de dos preciosos bebés.
-Serán niñas, dos hermosas niñas y van amar a su tía–le gruñó Emma.
-Paren ya, los dos. El único tío legítimo aquí soy yo –John besó la frente de su hermana- estoy feliz por ti, linda.
-Gracias –murmuró.
-¡Tienes que llamar a Pedro! –Chilló Emma- ¡Se desmayará al escuchar la noticia, puedo estar segura! ¡Mi dios! Que loco ¿no lo creen? Padre gemelo, tendrá gemelos. ¡Oh! ¿Y qué tal si se parecen a Paula? Serían tan hermosos, Y si se parecen a Pedro sería tan raro… en el buen sentido, claro. Me refiero a que tendríamos gemelos que se parecen a su padre y tío gemelos. ¡Sería como tener 4 Pedro! ¡O cuatro Federico! Solo que unos chiquitos y otros grandes. ¿Cómo los llamaras si son niñas? por favor considera el nombre que te eh dicho…
-¡Ya, Emma! No te para la boca –gruñó Kevin a su lado- me estas provocando dolor de cabeza.
Paula soltó una risita mientras se alejaba de John para acercarse al teléfono que empezaba a timbrar, la llamada provenía de California.
Pedro.
-Hola –dijo cuando levantó el auricular, nadie respondía. -¿Pedro, eres tú?
Pudo notar las breves miradas confusas de sus amigos y su hermano. Tapó la bocina y susurró:
-La llamada viene de California, pero nadie contesta.
-Vuelve a intentar –propuso Kevin.
-¿Hola, quién habla?
-Paula -la voz estaba un poco perdida y no le resultaba conocida para nada.
-¿Quién habla? –repitió.
-Paula Chaves ¿Cómo va tu embarazo, querida? –el tono de la voz fue recuperado, era superficial y vacío, lleno de un sentimiento que Paula no pudo identificar.
-¿Quién eres? -¿y cómo sabía de su embarazo?
-¿No reconoces mi voz? -Paula frotó su cabello, no, no la reconocía.
Un silencio tomó la línea telefónica y ella pensó brevemente en cortar la llamada, era incómoda.
-Soy Julieta, Julieta Alfonso -Paula gruñó junto al teléfono.
-Ese ya no es tu apellido.
-No, pero me gusta cómo suena con mi nombre ¿a ti no? Es como si ese apellido estuviera hecho para mí.
La morena rodó los ojos -¿Has llamado solo para decir eso?
-Oh, no. Quería saber cómo estaba tu bebé.
¿Qué estaba planeando?
-Sé que te importa muy poco. ¿Qué es lo que quieres?
-Voy a visitar a Fede mañana, ¿gustas que le diga algo de tu parte?
-No, Julieta. Gracias. –Velozmente Emma estaba a su lado, mirándola con ojos abiertos. Había reconocido el nombre.
-Pedro vino a verme hoy, trajo un regalo para mí bebé. Va a ser una niña ¿sabes? Le ah regalado una hermosa muñeca.
-Que buen detalle de su parte, me alegro que ya sepas el sexo de tu bebé.
-Sí –suspiró. Paula sonrió al notar que estaba frustrada, su plan para darle celos no había dado resultados.
-Julieta me tengo que ir, aún no logro ver el sentido de tu llamada, pero de todos modos gracias por tomarte el tiempo de hacerla, buenas tardes. –colgó dejando el teléfono en su lugar y se recostó junto a la rubia.
-¿Qué quería esa?
-Molestar. Pero no logró hacerlo.
-¿Vas a llamar a Pedro ya?
-Más tarde.
-¿Más tarde? ¿Estás segura que la llamada no te afectó? Te recuerdo Paula que acabas de enterarte que vas a tener dos bebés, creo que es necesario que su padre esté enterado.
-Muero de hambre. –gimió.
-Bien, entonces mientras yo te preparo algo de comer, tú llamalo.
Paula puso sus ojos en blanco, Emma parecía su madre en algunas ocasiones.
-Haz algo rico –le pidió.
-Me esforzaré –sonrió- además, tengo a Kevin para que me ayude.
-¡¿Qué?! NO, estoy viendo el televisor.
-¿Y a mí qué? Mira si quieres ganarte el título de “tío” para esos gemelos más vale que al menos les cocines, vamos –jaló su brazo hacía la cocina, dejando a Paula y a John solos.
-¿Segura que no quieres hablar de algo?
-Julieta… dijo que Pedro la había visitado.
-Eso no es malo, Paula. Es una visita, solo eso.
-Le llevó un regalo al bebé.
-¿Julieta está embarazada? –preguntó con los ojos abiertos.
-Nunca escuchas, John. –Palmeó al lado del sillón para que él se sentara junto a ella.- Pedro nos contó todo eso unos días después de llegar a Nueva York.
-Fue hace demasiado tiempo.
-Un mes.
-Bueno, un mes para mí es mucho, Paula. Estuviste engañada por un mes, te embarazaste en ese mismo mes, te enamoraste en un mes, perdonaste a Pedro el mes siguiente y llevan un mes juntos. Entiende que estos meses han sido los más difíciles de mi vida. No soy capaz de asimilar todo de una vez.
-La cuestión es que me da rabia, él está ahí pendiente de llevarle regalos al bebé de Julieta pero no está aquí para acompañarme al doctor.
-Paula ¿viste el regalo?
-Obvio no, John.
-¿Pedro te contó que iría con Julieta a darle un regalo?
-no –murmuró.
-¿Estuviste presente mientras él le entregaba el regalo?
-No, pero Julieta dijo…
-Paula, Pedro te ama. Aunque al principio no me cayera bien tengo que admitir que te adora con todo su corazón y no entiendo por qué te estás mortificando pensando en una cosa que te dijo alguien que evidentemente quiere separarlos. Julieta miente en persona, ¿por qué no mentiría por vía telefónica?
-Pero…
-Pero nada, Paula -sentenció- Vas a tomar tu celular o el teléfono, lo que desees. Y vas a llamar a ese rubio al que amas y por el cual estoy seguro que darías tu vida, lo cual es escalofriante. Paula sé que es difícil confiar, en especial después de todo lo que él te ocultó pero, lo amas, te ama. Julieta solo los quiere tristes y enojados, no le des el gusto de verlos así. Dale la noticia y te aseguro que llegará con treinta mil juguetes dobles para cada hermoso bebé.
-Gracias, John.
-Te quiero, Paula y si no tomas ese teléfono me enojaré.
La morena asintió y sacó su celular del bolsillo.
-Pau -escuchó del otro lado de la línea.
-Pedro –respondió.
-¿Cómo estuvo el examen, nena? ¿Todo bien con el bebé?
-Sí.
-Estoy desesperado por volver a verte, muero por besarte.
Suspiró –Yo también, Pedro. ¿Cómo está Fede?
-Soy muy feliz en informarle señorita Chaves, que está oficialmente divorciada.
-Genial.
-¿Estás bien? Te oyes extraña.
-El doctor me dio una noticia muy importante hoy.
-¿Importante? ¿Qué no es aún muy pronto para saber si es niño o niña?
-Sí, todavía necesito más meses, pero esa no es la noticia.
-Entonces dila, cariño.
-mmmm. Yo… bueno tú… más bien tu y yo –tartamudeó- Bueno, es que enserio deseo que estés aquí y hubiera dado lo que fuera para que lo escucharas y lo vieras conmigo pero…
-Paula suéltalo ya, me estás matando de curiosidad.
-Vamos a tener gemelos.
-¿Gemelos? –susurró él.
-Sí –murmuró -¿estás enojado?
-Paula¡No! ¿Cómo voy a estar enojado? No seas tan insegura. Nena, estoy en shock. Dos ¡dos bebés! Eso significa una responsabilidad más…
-Y no te gusta…
-Estoy feliz, Paula. De verdad.
-¿Me lo juras?
-Voy a ser el hombre más afortunado del mundo, te tengo a ti, a mis dos hijos ¿qué más se puede pedir?
-Yo sé que quiero pedir… que regreses.
-Lo haré, pronto. Te lo prometo y llevaré miles de regalos para mis hijos y para ti.
-¿Una muñeca como la que le diste a Julieta?
-¿Cómo sabes lo de Julieta?
Así que si la había ido a visitar
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GRACIAS POR LEER!!....
TODAVÍA NO PUEDO CREER QUE ME HAYA SEGUIDO PAU, ESTOY FELIZ!!!♥♥♥
GRACIAS POR SUS MENSAJITOS!! ♥
Capitulo 31
Los Ángeles, California.
-¿Lo has pensado? –preguntó.
-Un día no es suficiente –suspiró Fede.
-Yo creo que sí.
-No puedes obligarme a firmar mi divorcio.
-Yo no estoy obligándote –Pedro levantó las manos- ¿O acaso me ves apuntándote con un arma? Es tu decisión, pero como te dije ayer… no puedes hacer nada para cambiarlo.
-No quiero cambiar nada del papel, pero me gustaría hablar con ella.
Pedro soltó un suspiro-Realmente, no creo que sea buena idea.
-Creo que tú piensas que si hablo con ella se arrepentirá de estar contigo.
-No dudo de ella, Federico. Sé que hagas lo que hagas se quedará conmigo.
-No trataré de hacer mucho, después de que te fuiste eh pensado mucho…
-¿Pensar? ¿Tú? –bromeó Pedro y su hermano rodó los ojos.
-Voy a ser papá y ni siquiera eh visto a la madre de mi hijo.
-Fede, yo no quiero preocuparte pero siento que julieta está… inestable –murmuró.
-¿Inestable?
-Es mi manera de aligerar la palabra “loca”
-¿Crees que ella está loca? No se bromea con eso, Pedro…
-Bien, tal vez no loca, pero si inestable, está enferma de celos y temo que le haga daño a Paula.
-¿Por qué le haría daño a ella?
-Paula también está embarazada. –y al murmurar esto pudo notar como Fede se encogía en su cama y perdía el poco color que había ganado desde ayer, volvió a estar tan pálido como la nieve.- Dios, no debí haberte soltado eso así de rápido, soy tan estúpido, hermano. Perdón.
-¿Cómo?
-Creo que eres lo suficiente mayor para saber cómo nacen los bebés, Fede.
- ¡Deja de estar haciendo bromas y burlándote de mí! –Bufó y se frotó la frente- Pareciera como si estuviera en coma desde hace años…
-Las cosas pasaron deprisa –se encogió de hombros.
-Me doy cuenta, y ahora entiendo por qué quieres casarte con ella.
-No es solo por el bebé, es porque la quiero. –Sonrió- ¿Vas a firmar el divorcio?
Fede abrió el cajón a su lado y sacó los papeles que su hermano le había entregado ayer, estaba perdiendo a Paula sin ni siquiera haberla tenido, pero no podía protestar. Había sido un mal hombre por querer estafarla y por haberla dejado sola, tenía que admitir que no la amaba de verdad, era un capricho, siempre había tenido ese horrible defecto de quitarle a Pedro todo lo que tenía, era un mal hermano y firmar ese papel era lo único que podía hacer por él en estos momentos.
-No tengo una pluma –murmuró con volumen bajo y pudo notar como la sonrisa de Pedro se ensanchaba al momento en que sacaba un bolígrafo de su bolsillo.
Y con una velocidad que a Pedro le pareció lentísima firmó los espacios que debía sobre el papel.
-Listo –dijo y devolvió el papeleo, Pedro lo miró con ojos brillantes.
-Gracias.
-Espero y me perdones. Por… por todo.
-Eres mi hermano, Fede. –dijo, ganándose una sonrisa de parte del rubio. –Te perdono y… te quiero.
-Gracias –inclinó su cabeza -¿Puedo pedirte un favor? ¿Sabes dónde está Julieta?
-Estaba hospedándose en mi casa, le pedí que se fuera ayer.
-¿Podrías contactarla? Quiero hablar con ella.
Él asintió –Le diré que te visite.
-¿Es extraño, verdad?
-¿Qué?
-Tú, yo… nos convertiremos en padres y en tíos, este mismo año. Horacio y Ana serán abuelos… Todo es demasiado abrumador, en un buen sentido.
-Estoy feliz –musitó Pedro, en ese momento se sentía el hombre más contento en la tierra.
-Mereces estarlo.
***
New York, City.
-John, por favor pasa conmigo, no puedo hacer esto sola –rogó hacía él mientras jalaba su brazo.
-No sé, creo que es demasiado privado. Es algo tuyo y de pedro, no debería entrar contigo.
-Pedro no está aquí para acompañarme.
-Lo sé, pequeña. Pero él debía ir a ver a su hermano.
-Ya sé eso, solo… desearía que estuviera aquí, este momento es importante. ¿Entraras?
-Se supone que Emma lo haría…
-Pero no ha llegado… – y como si fuera magia, la rubia paso las puertas corriendo, ganándose varias miradas enojadas de las enfermeras.
-¡Llegue! –Soltó- Lo siento, el tráfico en esta ciudad es un asco. –se quejó mientras tomaba una bocanada de aire- ¿Lista?
-Estoy nerviosa.
-Paula es una revisión, no darás a luz todavía, estarás bien ¿verdad John? –el moreno asintió dirigiéndole una mirada rápida a ambas y Emma sonrió hacía su mejor amiga y la abrazó mientras caminaban al consultorio.
El Doctor ya las esperaba en la puerta y empezó a darles indicaciones.
-Bien, Paula recuéstate ahí, me dijiste que querías escuchar el corazón de tu bebé ¿no es así?
Ella asintió frenéticamente ganándose una carcajada de parte de su amiga. Paula sabía que ella también estaba nerviosa, podía notarlo en la tensión que ejercía en su mano y en sus risas forzadas, se preguntaba qué pasaría cuando Em fuera mamá.
-Empecemos -musitó el Doctor poniendo el aparato sobre el todavía plano pero un poco hinchado vientre de Paula.
Los latidos se empezaron a escuchar rápidamente y con un compás poco definido ¿era normal? Ella había escuchado algunos que eran rápidos, pero este parecía extraño. Empezó a preocuparse cuando vio la mirada ceñuda del doctor.
-¿A-a-algo va mal? –tartamudeó.
-¿Paula te has hecho algún ultrasonido antes? –preguntó.
-No, hoy será el primero –respondió con la voz quebrada ¿su bebé tenía algo? Deseo internamente que Pedro pudiera estar aquí con ella, dándole valor.
El médico empezó a hablar solo, con un lenguaje profesional, algo sobre otro corazón… Paula no lo pudo interpretar muy bien, solo sentía punzadas en los oídos y veía la cara confundida de Emma a su lado, ella tampoco entendía nada.
-Bien, señorita…
-Alfonso –dijo.
-Señora Alfonso, voy a empezar el ultrasonido ahora ¿ok? –sintió el gel sobre su panza y el aparato comenzó a moverse sobre ella, se sentía frío…pero al mismo tiempo caliente. Dios santo, ¡¿qué pasaba con su hijo?! Le entraron muchas ganas de llorar ¿era un problema con su corazoncito?
-Tal como lo pensé –sonrió el doctor hacía ella al momento en que señalaba la pantalla, Paula no pudo ver nada. Frunció el ceño.
Entonces sintió como Emma chilló a su lado y empezó a dar brinquitos.
-¿Qué pasa? –arrugó los ojos, por más que se esforzaba no veía nada.
-Paula me alegra informarle que va a ser madre de dos preciosos bebés.
Entonces Paula no supo si fue porque el doctor lo dijo o si de verdad lo estaba viendo, dos cuerpecitos, pequeños se veían en la imagen, ella estaba embobada siguiendo cada movimiento, ¡eran dos! ¡DOS!
-Gemelos –gritó a su lado la rubia.
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Capitulo 30
Sentía el corazón en la garganta y podía escuchar sus pasos tan nítidamente que daba la sensación que estaba caminando sobre cristales, cristales que en cualquier momento podrían quebrarse y mandarlo a un vacío sin fondo.
No entendía el porqué de su nerviosismo, había dejado a Paula, a la mujer que adoraba y con la que iba a tener un hijo solo por ir a verlo y ahora que estaba frente a la habitación un miedo había carcomido todo su organismo.
Federico era su hermano, sí. Pero Pedro no podía recordar algún momento especial con él, todas las escenas que tomaban su cerebro era Ana y Horacio prefiriéndolo siempre a él y aislando a Pedro de sus caricias y cariño, y lo peor de todo es que aunque quisiera volver a confiar en su hermano, no podía. Siempre tendría la idea de que le robó a Julieta, y aunque tal vez eso hubiera sido lo mejor, ahora le aterraba que le arrebatara a Paula.
Siendo concretos, estaba casado con ella, y si no quería firmar el divorcio…
El doctor a su lado lo veía con la mirada ceñuda y la boca en una línea tiesa, de seguro estaba esperando a que el entrara primero, pero no podía dar ni un solo paso, así que el doctor lo hizo primero. Abrió la puerta dejándola abierta para que Pedro pudiera pasar y él a regañadientes lo hizo. Sintió como sus pupilas se dilataban al ver a su hermano en cama, estaba pálido pero sus ojos estaban abiertos, lo miraba confundido.
Pedro le regaló una mirada al doctor, pidiéndole con los ojos que los dejara a solas.
-Solo no lo altere ¿de acuerdo? –musitó y cerró la puerta tras él.
-Debes de tener tantas preguntas –susurro hacía Fede, quien seguía mirándolo con ojos gigantes y cautelosos.
-¿Qué haces aquí? –gruñó entre dientes.
-Oh, cálmate. Solo vengo a ver cómo estas. ¿Te estás sintiendo bien?
Fede frunció el ceño y casi al instante lo hizo Pedro, no fue por mímica, cada uno lo hizo por separado provocando que el otro se estremeciera, hace tiempo que no se veían… no recordaban cuan extraño podía ser.
Tenía ese extraño efecto de parecer estar frente a un espejo.
-No entiendo que pasa, aún. Los doctores me llaman Pedro, y estoy empezando a creerme que lo soy…
Pedro sonrió de lado- Ana les ha mentido, tu eres Federico, no tienes porqué confundirte con eso, solo síguele el juego a los doctores, si no meterás en problemas a Ana.
Fede devolvió la sonrisa, a Pedro nunca le había gustado decirle mamá a Ana- Claro, ¿cómo está ella?
-Bien, normal. Igual que siempre. Quiero saber cómo estás tú.
-¿Por qué?
-Porque eres mi hermano y me preocupo por ti.
-Dijiste que no te volviera a llamar hermano, nunca más.
Pedro sacudió la cabeza, esa tarde les había gritado tantas cosas a ambos, cuando había descubierto que lo engañaban...
<<-Hermano… -le había susurrado Fede.
-¡Cállate! -Lo había silenciado- No te atrevas a llamarme nunca así ¿entendido? ¡JAMÁS! >>
-Fue hace tiempo.
-Bueno, estuviste más de dos años enojado, no sabía si seguías estándolo.
-No estuvo bien lo que me hicieron.
Fede tomó aire- No, no lo estuvo.
-Tampoco estuvo bien que te dejara de hablar, ella… ella no debía merecer el derecho de separarnos, no es la gran cosa.
Fede carraspeó y empezó a jugar con su cabello, gimió al tocarse una herida –Fue duro el accidente, supongo que como dices, ella no merece que todo esto pasara.
-¿Estás arrepentido?
-Me arrepiento de muchísimas cosas en mi vida, Pedro. Así que especifica mejor.
-¿Estás arrepentido por dejar a Paula?
-¿Cómo sabes de ella?
El rubio caminó hasta sentarse al borde de la cama de su hermano, esto iba a ser difícil.
-Bueno puedo decir que sé mucho de ella.
-¿Cómo? –preguntó.
-Eh convivido con ella.
-Estás evadiendo la pregunta Pedro, quiero que me digas que ah pasado.
-Verás cuando escapaste, mi madre no podía perder la oportunidad del dinero –empezó- Aún no entiendo cómo pudiste aceptar casarte a la fuerza cuando aún amabas a alguien más, nunca lo espere de ti. –negó con la cabeza- Pero ese no es el tema, la cuestión es que me pidió que tomara tu lugar… y lo hice.
-Tú… ¿Tú te casaste con Paula?
-No, Federico Alfonso lo hizo. Robé tu nombre, tu identidad y falsifiqué tu firma en el documento legal.
-Pero… -y entonces pudo comprenderlo- Claro, entonces por eso yo soy tú, porque… porque tú eras yo… -Pedro asintió.
-Wow, Ana… Ana tiene mente de escritora.
-Yo creo que solo muere de ganas por tener dinero, nunca estuvo en sus planes que tu escaparías y que luego estarías en coma y jamás pensó que yo… que yo terminaría por enamorarme de Paula, de verdad.
-¿Qué?
-Quiero a Paula.
-Es imposible.
-No lo es.
-¡Pero ella es mi esposa!
-Sí, Fede. Tal vez legalmente lo es, pero ella me quiere a mí, no a ti.
-¿Ella sabe quién eres de verdad? –Pedro asintió- ¿Y te perdonó cuando lo supo? –volvió a asentir.
fede frunció el ceño, a Paula nunca le habían gustado las mentiras.
-Es extraño, ella… no era de las que perdonaban las mentiras.
-Cuando amas, a alguien perdonas todos sus errores –citó lo que Paula había dicho después de escaparse en la cabaña.- Y ella me ama.
-No puedes estar seguro.
-Se quiere divorciar de ti.
-Eso no quiere decir que se casará contigo.
-Lo hará.
-No si yo lo impido.
Pedro lo fulminó con la mirada- No te metas en esta relación, Federico. En esta no.
-Tú fuiste el que metió sus narices en esto, no tenías porque hacerlo.
-¿Disculpa? Si no recuerdo mal, tú fuiste el que huiste con Julieta.
-¡Sí, porque tenía miedo de casarme!
-Claro y cuando tienes miedo de casarte te escapas con tu ex novia –rodó los ojos, en alguna parte de su corazón pensó que podía reconciliarse con su hermano. –Fede, no quiero pelear, estás débil.
-Me robaste a mi novia.
-Dejó de ser tuya desde el momento en que la dejaste sola y te fuiste. –estaba enojado y si seguía así, terminaría por darle un golpe a su hermano, y lo más seguro es que eso no estaba permitido, le aventó los papeles de divorcio que cayeron en el regazo de él. –Léelos y fírmalos, no puedes hacer nada por cambiar algo, ella no te dará su dinero, y es mejor que no luches… solo harás las cosas más difíciles.
Se levantó y caminó hasta la puerta, pero entonces recordó algo – Ah, y si tienes dudas, solo te digo que tu “gran amor por Paula” y tu miedo por casarte con ella, provocaron un problemita mayor con Julieta.
-¿Qué con ella? –gruño.
- Está esperando un hijo tuyo. ¡Muchas Felicidades, hermano! -sonrió hacía él- vas a ser papá.
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