sábado, 15 de febrero de 2014

Capitulo 47



Paula abraza a Pedro con alegría pura, no había canción más hermosa para describir su amor. Él rodea su cintura y la besa apasionadamente, pegando sus cuerpos, observa a Fede que se ha movido de su lugar pero que no ha salido de la casa –ya que no ha escuchado ningún portazo que lo compruebe- Julieta tampoco ha abandonado el establecimiento, lo cual impide  por ahora sacar el estuche de su bolsillo e hincarse frente a su novia a pedirle que sea suya para siempre.


~°~

Ella echa su abundante cabello hacia un lado y bufa. Su arma no estaba en la estúpida y asquerosamente romántica habitación de Pedro y Paula con paso sigiloso llega al cuarto de al lado y automáticamente siente como si alguien le hubiera dado un cachetazo en la cara.

Era un cuarto de bebé y a juzgar por el color en las paredes, era de un niño.

El bastardo sería un niño.

Aquí no habrían escondido una pistola. Está a punto de dar media vuelta y marcharse lejos de todas esas porquerías pequeñas y delicadas que solo le hacen recordar que ella no tendrá la dicha de ser madre cuando su mirada se cruza con dos cunas.

Dos.

Su mente repite el número como si fuera desconocido, como si no existiera hasta ese momento.

Dos cunas.
Dos.

Y es cuando su mente por fin logra comprender.

Dos hijos.
¡Paula iba a tener dos!

Gemelos.

Cierra sus puños controlando las ganas de machacar y destruir todo lo que dentro de ahí se encuentra y sale hasta lo que le parece ser la oficina de Pedro.

Empieza a abrir cajones, sin cuidado, desordenando papeles y documentos aquí y allá hasta que finalmente ve su arma entre muchas otras cajas.

Tontos.

Ni siquiera se preocuparon en guardarla bajo llave. Debió haberse deshecho de ella desde un principio; Pedro seguía siendo el iluso de siempre.

Toma rápidamente la pistola y la echa dentro de su bolso, con esfuerzo trata de ordenar todo el revoltijo en el escritorio y vuelve de nuevo al salón donde la aburrida fiesta continúa. Quiere marcharse pero una mano toma su brazo.

-Quiero que te vayas ahora –pide Pedro entre dientes.

-Eso estaba a punto de hacer –responde con una sonrisita que provoca una mueca en el rubio.

-No sé realmente por qué viniste hoy.

-Necesitaba algo.

-Sí, necesitas cordura.

-Pedro no deberías meterte conmigo –amenaza.

-Espero que hayas conseguido lo que sea que estuvieras buscando, pero te quiero fuera de aquí.

-Lo encontré, créeme que esta fiesta me ayudó mucho. Por cierto, que canción tan más inspiradora –alaga- un poco fantasiosa solamente. Nadie vive por mil años, ¿verdad? La vida es tan impredecible, Paula puede desaparecer en cualquier instante.

Pedro aprieta la boca y tensa la espalda.

-No sé cuántas veces te lo tengo que repetir, pero como tú me acabas de advertir que no me meta contigo yo también te digo esto: Te acercas a mi novia y yo mismo me aseguraré de poner una denuncia en tu contra.

-Está bien, Pedro. Veamos quién es el más fuerte.

Después contonea el cuerpo fuera del lugar, tomando con fuerza el bolso. Alfonso rueda los ojos pero respira el aire con más tranquilidad buscando a Fede.

-¡Hermano! –grita divisándolo entre la multitud.

-No encuentro a Julieta –murmura con nerviosismo.

-Se fue, creo que deberías ir con ella. Estaba... rara.

-Ahora parece estarlo cada día, cada hora, toda la semana. –Hace un mohín- Me iré. Suerte con la propuesta.

-Gracias.

Fede sigue el mismo camino que Julieta hizo hace minutos, Pedro mira a su alrededor encontrándose con los verdes ojos de Emma que los ven esperando, alentándolo a actuar pero no sabe cómo empezar.

-¿Paula? –le habla.

Prefería hacerlo a solas, esto era algo personal. No necesitaba que todos los invitados lo escucharan.
Ella legó hasta su lado y apoyo su cabeza sobre su hombro mientras lo abrazaba. Sonrió contra su cuello y le susurró al oído:

-Te amo.

Pedro se retorció de placer, le encantaba escucharla decir eso.

-¿Podemos hablar a solas?

-¿Pasa algo malo? –su tono se torna preocupado.

-No, nada malo. Otra sorpresa.

Caminan de la mano hacía el balcón, el viento sopla muy fuerte desordenando los cabellos de Paula, el cielo está despejado y muy azul y a Paula le recuerda al que vio el día en que llegaron a Hawái, Pedro hace ejercicios de respiraciones y siente como las palmas de sus manos empiezan a transpirar, las restriega contra sus jeans y se enfoca en los niños que juegan en un parque nada lejos de ahí, mira los árboles y las hojas llenando las calles, demostrando que están en Otoño, a solo dos meses de ser padres.

-Paula.... –comienza, pero se detiene. Esto no parecía ser tan difícil ayer frente al espejo.

-Pedro –Paula aprieta la mano de él aún más fuerte.- Puedes decirme lo que quieras, lo sabes ¿verdad?

-Sí –exhala.- Paula, fui muy malo al hacerte esperar por escuchar esa canción hasta este día, siendo honesto, pude cantarla mucho antes. Pero tuve un motivo especial....

-¿Especial? –pregunta.

-Sé que no es la mejor canción del mundo, la letra tal vez parezca simple pero quiero que sepas que para mí es mucho más –se hinca y es cuando saca la caja de terciopelo y la abre, mostrando un perfecto anillo de oro blanco- quiero que te des cuenta que ya no tengo miedo, que creo en ti, en mí y en el amor que nos tenemos y que le tenemos a nuestros bebés. Qué me cambiaste y volteaste mi vida de una manera increíble, que te adoro y estaría dispuesto a hacer lo imposible por ti.

Una lágrima se escapa de los ojos de Paula.

-Paula eres tan hermosa y linda, y no estoy hablando solo físicamente, eres dulce, amable y generosa y estoy completamente seguro que nuestros gemelos estarán orgullosos de su madre, y yo... yo seré el hombre más afortunado si aceptas ser mi esposa.

Toma la joya con su mano derecha, haciendo que el diamante brille contra la luz del sol y lo acomoda justo frente al brazo izquierdo de ella.

-Paula Chaves. Mi compañera, mi novia, mi amante, mi amiga. La única mujer que amo y amaré por y para siempre. ¿Te casarías conmigo?


Ella cubre su boca en un gesto involuntario y sorprendido, con lágrimas cubriéndole ahora todo su rostro por debajo de la nariz y empieza a hacer soniditos raros mientras asiente con frenesí.

Pero Pedro necesita más. Más que solo un movimiento con la cabeza.

-Dilo –pide acariciando el dedo en el cual pronto pondrá el anillo- con tu hermosa voz.

Paula abre los ojos desesperada, no puede ni respirar ¿cómo pretende que diga el “sí”?
-Sí –suelta y al ver la tímida sonrisa de Pedro grita más fuerte.- ¡Sí, sí, sí!

Desliza el aro que encaja con perfección en el delgado dedo de ella, su Paula.

Su prometida.
Su futura esposa.

Vuelve a la posición original y le da un abrazo fuerte, besándola y acariciándole la cara, los hombros, los brazos, su vientre, sus caderas, todo lo que esté a su alcance, queriendo demostrarle cuanta felicidad le ha dado.

-Santo Dios, es hermoso –suspira una vez que se separan, el anillo podía parecer uno normal a distancia pero cuando se miraba detenidamente notabas las perfectas letras PyP, cada una colocada al lado del diamante.

-Tardó un tiempo en hacerse –comenta él siguiendo su mirada,- pero quería que fuera especial, igual que lo eres tú para mí.

-Oh, Pedro –gime- admito que pensé que esto nunca pasaría.

-Pero pasó y aceptaste y serás mi esposa–desliza su pulgar debajo de sus ojos limpiando las lágrimas.- Solo mía.

-¿Por mil años? –pregunta y sin quererlo Pedro forma una línea recta con sus labios.

<<Nadie vive por mil años>> El recuerdo de la fría voz de Julieta le heló las manos. Pero trata de recomponerse para no preocupar a Paula.

-Y por mil más –respondió, besándola de nuevo.


~°~

-¡Ahhhhhhhh! –Chilló Emma en cuanto los observó salir del balcón y con su mirada de águila notó el anillo en el dedo correcto de la mano de su mejor amiga.- ¡Paula!

Corrieron a abrazarse con miradas confundidas y desconcertadas de por medio. Pedro intentó aclararlo todo:

-Quiero informarles orgullosamente que esta hermosa mujer que hoy cumple años ha aceptado cambiarse el apellido –las frentes seguían fruncidas, Pedro trató de explicarlo mejor:- Formar una nueva vida junto a mí. Paula ha aceptado ser mi esposa.

Los gritos no tardaron en ser escuchados y en un nanosegundo Pedro y Paula estaban rodeados de gente que quería saberlo todo.

Pero una presencia hizo que al rubio se le secara la garganta. John.

-¿Y se puede saber a quién le pediste la mano de mi hermana?

John tenía la misma edad que él, pero no por eso dejaba de ser imponente y aterrador.

-Yo... –no se le había pasado por la mente que tenía que pedir permiso.

-La engañaste.

-Lo sé.

-La ibas a estafar.

-Lo sé –murmuró un poco resignado.

-¿Sabes cuánto te odie cuando supe que eras un mentiroso y que la habías dejado embarazada?

-Yo no sabía que estaba embarazada...

-Eras un farsante que la usó por dinero.

-Eh cambiado.

-¿Sabes? Yo no creo que las personas cambien. Al menos no lo creía.... antes.

-Pero...

-Querías robarle.

-John...

-Solo responde sí o no. ¿La amas?

-Más que a nada.

-¿Amas a tus hijos?

-Daría mi vida por ellos.

-¿Los harás felices?

-Siempre trataré.

-No –corta- No tratarás. Lo harás.

-Lo haré, siempre –corrigió.

-Entonces, Bienvenido a la familia... hermano.- Su sonrisa pareció sincera y se dieron un abrazo corto.- Por favor, cuídala.

-Eso haré.

-Y deja de ser tan imbécil –bromeo y volteo a ver a Paula quien cuchicheaba con sus amigas.- La has hecho muy feliz, Pedro. Yo... te tenía mucho rencor, pero no lo mereces. Eres un buen hombre.

-Gracias, John. Y sobre lo de tratar de dejar de ser imbécil... bien, será difícil. Pero lo intentaré, por ella.

Rieron a carcajadas provocando que Paula volteara a verlos un poco desubicada pero John simplemente levantó el pulgar hacía arriba en signo de que todo estaba bien.

-Solo algo más, Pedro.

-¿Sí?

-Esa chica. Julieta. Aléjala de Paula.


-Voy a hacer todo lo posible.

-Y a pesar de todo ¿cómo se atrevió a aparecer aquí hoy?

-Dijo que...

<<Necesito algo>><<Lo encontré>> <<Paula puede desaparecer en cualquier instante>><<Esta fiesta me ayudó>><<Nadie vive por mil años>>

Sin poder evitarlo Pedro corrió dejando a John hablando solo, empujó a los invitados con brusquedad y solo iba soltando “lo siento” por ahí.

Paula lo siguió al verlo tan desesperado. -¡Pedro!

Pero él no se detuvo.
¿Cómo había podido ser tan estúpido?

Abrió el escritorio con fuerza y su cara se congeló, Paula se acercó a su lado, observando nerviosamente como el ojo de su prometido empezaba a temblar un poco, un tic. Paula no sabía que Pedro padeciera de un tic.

-¿Pedro? Amor ¿estás bien? –preguntó.

-Julieta–murmuró- Julieta se ha llevado la pistola.

Y es como si escuchara un reloj.

Un tick. Tock. Tick. Tock.

Que marcaba las horas, los días, tal vez semanas si tenían suerte, antes de que Julieta atacara.


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viernes, 14 de febrero de 2014

Capitulo 46



-¡Rápido, rápido, rápido! –los visitantes corren a hurtadillas entre todo el gentío dentro del departamento, agradecían que era grande porque si no, parecerían sardinas en latas, juntos y apretados.

-Paula y Pedro no tardan en llegar –avisa Kevin después de recibir un mensaje de Pedro informándole que estaban a pocas calles.

-¡A sus lugares!

Todos doblan sus rodillas y se esconden por detrás de lo que encuentre y que sea suficientemente grande como para cubrir todo su cuerpo. Emma corre y se escabulle por las cortinas.

La cerradura empieza a moverse, el tintineo de las llaves sobresale entre todo el silencio del salón y las risas y voces de Pedro y Paula hacen que a todos se les arrugue el corazón de entusiasmo.
La puerta se abre y la mayoría de los invitados saltan con alegría de sus escondites gritando al unísono: ¡SORPRESA!

Un golpe se escucha en la mesa y las cabezas giran poniendo atención, tratando de averiguar que causó el ruido. El mantel es levantado y Kathy sale sobando su cabeza, todos empiezan a soltar carcajadas. Lo más seguro es que Kath debió querer salir demasiado deprisa y había terminado por darse un golpazo en la frente.

-¡Felicidades señorita Chaves! –corre a abrazarla.

Ella da un brinco y luego empieza a reír.

-Paula-dice- Solo llámame Paula.

Kathy había trabajado como su ayudante desde hace tiempo y nunca había logrado llamar a Paula por su  nombre, ella era la asistente más torpe y al mismo tiempo más inteligente con la que Paula había trabajado.

Kath se aleja con precaución y acaricia un poco el vientre de su jefa antes de marcharse.

-¿Ahora quién es la vieja?

-Sigues siendo tú Pedro. Recuerda que tú tienes como 60 años y yo apenas veintiséis.

Ahora fue el turno para que él riese.

-¿Te gusta? Fue idea de Em, se le da eso de las fiestas.

Se esperaba una fiesta sorpresa pero ahí dentro había muchísimas personas, algunas que no veía desde hace años.

-Es… mucha gente –se limitó a decir.

-Ahora que lo veo, sí, son demasiadas.- No sabía si era lo más indicado proponerse en frente de tanto público.

-Saludaré a algunas personas, y tú –empujó con su dedo el pecho de Pedro.- Quiero que prepares mi canción.

El rubio la besa cortamente y después juega sus dedos en su barriga, la deja ir y con rapidez se dirige hacia la habitación de los bebés, moviendo algunas cosas de aquí y de allá por fin encuentra la cajita de terciopelo oscuro que había escondido entre toda la ropa de sus hijos, y la guarda en su bolsillo. Devuelve todo a su lugar, tratando que se vea en orden y acomodado como si nadie hubiera estado buscando nada ahí.

Respira, Pedro, Respira.

La última vez que había estado casado había fingido ser otra persona.

La última vez que el verdadero Pedro estuvo casado, su esposa le había sido infiel.

Gira su cabeza hacia atrás, había sido difícil, muy difícil.

Su último matrimonio había provocado que el no creyera en el amor ni en los sentimientos.

No podía pensar así ahora.

Debía recordar todos esos hermosos momentos junto con Paula.

Paula no era Julieta. Pedro ya no estaba fingiendo ser Fede. Se amaban, no debía dudar, no podía perder esta oportunidad.

Se posiciona frente al gran piano y está a punto de pedir atención al público cuando unos golpes en la entrada lo interrumpen, abre la puerta mordiendo su labio y se encuentra a su hermano frente a él.
Hacen ese típico saludo: levantando brazos, chocando las manos y después los hombros, un saludo amigable, de hombres, de hermanos, de amigos.

Pero ese momento se pierde después de ver quien está tras él.

-¿La trajiste? –gruñe Pedro.

-No quería perderme el cumpleaños de Paula.

-¿Y no se te pasó por la cabeza que tal vez le arruines toda la fiesta?

-No puedo salir a ningún lugar sin ella, la tengo bajo observación.

-¡Bajo observación! –Repitió él con tono sarcástico.- No debiste traerla, esto... esto no va a salir bien con ella aquí.

-¿Qué no saldrá bien?

-Voy a pedirle a Paula que sea mi esposa –musitó entre susurros.

-No entiendo qué tiene de malo.

-Julieta ha estado pidiéndote ser tu esposa desde que empezaron a salir, no crees que se pondrá algo... mal al escuchar como yo le propongo eso a Paula.

-Me la llevaré cuando tengas planeado hacerlo aunque realmente me gustaría estar presente para escucharte.

-Gracias, hermano –se alejó un poco para dejar que ambos entraran, después le murmuró a Fede en el oído:- Quiero que se valla después de la canción.

Paula busca a su novio con la mirada y lo encuentra leyendo unas partituras que están sobre el piano, su corazón da un brinco, no falta mucho para escuchar la canción.

Pedro conecta sus ojos con los de ella y su sonrisa se vuelve tímida.

Es hora.

Empieza a hacer ruidos con su garganta, entre calentando y entre pidiendo que le presten atención, cuando la mayoría de los individuos están mirándolos él truena sus dedos.

-Les agradezco a todos por venir esta noche. Hoy, una persona muy importante para mí cumple años. La relación entre ella y yo ha sido muy confusa desde el principio, con obstáculos y con momentos hermosos, con peleas y promesas de amor, con miedo de parte de ambos, pero ¿qué es el amor si no se experimenta todo eso? El amor es miedo a caer, es.... un corazón latiendo salvajemente –empieza a citar partes de su canción.- es adorar a esa persona con cada respiro, Paula esta canción fue escrita solo para ti, te amo y quiero que sepas que te amaré siempre, por mil años más.

Suelta aire y siente todos los vistazos en su nuca, oye esas risitas de fondo pero sobre todo percibe la alegría de su novia.

Sus dedos comienzan a bailar, acariciando cada tecla, repasando la melodía en su mente para después escucharla después en vivo. Llega el momento de cantar y el estómago le da un vuelvo.

Heart beats fast
Colors and promises
How to be brave
How can I love when I'm afraid to fall

Busca de nuevo tener los ojos de su novia sobre los suyos.

But watching you stand alone
All of my doubt
Suddenly goes away somehow
One step closer
I have died everyday waiting for you
Darling don't be afraid, I have loved you
For a thousand years
I'll love you for a thousand more

Su voz vuelve a ser un poco más suave y no despega la mirada de Paula, quien ya tiene sus ojos brillosos.

Time stands still
Beauty in all she is
I will be brave
I will not let anything Take away
But standing in front of me
Every breath, every hour has come to this

One step closer
I have died everyday waiting for you
Darling don't be afraid, I have loved you
For a thousand years
I'll love you for a thousand more
All along I believed I would find you
Time has brought your heart to me
I have loved you a thousand years
I'll love you for a thousand more.

Se viene el instrumental y su atención vuelve a las teclas del piano y a las notas, solo queda el último coro.

One step closer
One step closer
I have died everyday waiting for you
Darling don't be afraid, I have loved you
For a thousand years
I'll love you for a thousand more
All along I believed I would find you
Time has brought your heart to me
I have loved you for a thousand years
I'll love you for a thousand more

Termina y recorre la habitación todos ahí lo miran con ojos grandes, Paula corre para abrazarlo o más bien para colgarse de su cuello,  Paula le acaricia el cabello y la besa escuchando como los invitados empiezan a aplaudir.

Cuando se separan, Pedro busca a su hermano y le da la señal para que saque a Julieta de ahí. Fede rastrea el perímetro a su alrededor.... Julieta no está por ninguna parte.


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GRACIAS POR LEER!

FELIZ DÍA A TODOS LOS ENAMORADOS Y A LOS QUE NO COMO YO, OJALÁ APAREZCA UN  PEDRO ALFONSO PARA TODAS JAJA!!


Capitulo 45

-Aquí está –la rubia le entrega el anillo.- Estoy muy feliz de que vayas a hacer esto Pedro, Paula enserio cree que no lo haras

-Gracias por el anillo.

-Es el de su graduación, le sigue quedando bien, así que creo que esa es la medida correcta.

-Lo compraré solo un poco más grande que esto, por si acaso.

-Me parece perfecto, o si no puedes pedirle a Fede el que le dio él.

-No creo que sea una buena idea decírselo a Fede por ahora, corro el riesgo de que Julieta se entere.

-Bien –sonríe- mucha suerte.

-De verdad, gracias.- se aleja admirando el circulo que forma el tamaño del dedo de su amada, con ese anillo se guiará para comprar el de compromiso. Deseaba encontrar uno perfecto y único, porque así era Paula y se merecía una joya tan bella y especial como lo era ella.


***

Julio y Agosto pasan demasiado rápido. Aunque con muchas cosas que recalcar, Emma se ah conseguido un novio, su nombre es Carlos, es latino y es muy guapo, se nota que la quiere. Pedro habló con su abuelo después de recuperarse de una corta gripe, y él prometió venir a visitarlos desde Canadá en Diciembre, así que habrá re-encuentro en navidad. Fede habla con ellos cada semana aunque entre todos evitan mencionar a Julieta así que siendo honestos solo ella y Fede saben de su estado… tanto físico como mental. Fede está bien, un poco agotado, triste y cansado, el golpe de la muerte de su bebé lo sigue afectando, pero ah visitado a Paula en ocasiones, sus sobrinos patean cuando escuchan su voz y él se emociona, aunque no es mucho comparado a su padre, que casi quiere usar un megáfono para decirle a toda la población que sus hijos se mueven al escucharlo. Ana ah llamado a Pedro para pedir un poco de dinero, él se ah negado, su relación sigue siendo fría, y aunque Paula intenta, Pedro parece no querer recuperarla.

<<Nunca ha habido una relación, Paula -había dicho.- Ana nunca me ah querido.>>


Paula está contenta, a veces va al trabajo pero prefiere quedarse en casa, su panza a crecido bastante y su cumpleaños número veintiséis será mañana. Nadie ha hablado sobre nada, por lo cual sospecha que le harán una fiesta sorpresa, y si no lo hacen está bien. Al fin que lo único que espera de ese día es la canción de Pedro.

Pedro no la ha dejado escuchar ni un poco, ni siquiera la música, ni siquiera un verso, nada. Y eso la estresa demasiado.

Las vacaciones de Pedro empiezan en una semana y sinceramente Paula no tiene idea de lo que su novio tiene planeado, le gusta mucho eso de guardar secretos y sorpresas con ella, sus vacaciones eran en Agosto, pero la empresa de diseño era suya, y John la estaba manejando muy bien, no iba a ser un gran cambio si ella volvía a tomar vacaciones ese mes.

Aún podía recordar cuando no le gustaba que los otros trabajadores se dieran cuenta que ella tenía ventajas por ser hija de los fundadores y hermana del actual dueño ¿pero de qué sirven los privilegios si no los usas? De nada.

-¿Qué pasa Paula? –cuestiona Pedro viéndola demasiado concentrada.

-La vida pasa demasiado rápido –responde.

-¿ah?

-No sé, no me hagas caso. Estaba pensando en todo lo que pasó estos meses.

-¿Y? ¿Los calificas buenos o malos?

-Buenos –le regaló un beso.- Absolutamente espectaculares.

-Falta lo mejor –la abrazó por las caderas, y se inclino para volver a besarla; ya no podían estar totalmente pegados, una enorme barriga se los impedía.

-Tu canción, mi cumpleaños. Sí, creo que falta lo mejor.

-Eso y algo más. –guardar el anillo por casi dos meses había sido lo más difícil, en ocasiones cuando reía junto a ella, o veían una película, o la besa, le hacía el amor… le daban unas ganas tremendas de hincarse y proponérselo así, pero debía ser paciente.

-¿Algo más? Oh sí, nuestras vacaciones.

-Sí, y además de eso, otra cosa más.

-¿Qué? –indagó.

-Secreto. –se limitó a decir Pedro.

-Odio los secretos. –Pedro hizo su característica sonrisa de lado.- De verdad, me estás ocultando muchas cosas últimamente.

-Porque si te las digo perderían la magia.

-Serán mágicas, no importa la ocasión o cómo sean dichas, al menos que planees huir y dejarme, eso no sería mágico nunca.

Él depositó un tierno beso en su frente.- Te prometí que no me iría jamás. Hagamos un trato –propuso.- Si dejas de preguntar y disfrutas todo lo que pase mañana te diré a dónde iremos de vacaciones.

-Tiene que ser a un lugar cerca, ya no se me permite viajar en avión.

-Lo sé. Todo está calculado. –se agachó a besar su estómago y lo acarició mientras sentía los movimientos y los golpecitos.

-Parece que serán futbolistas –musitó Paula como opción al sentir todo el pataleo.-

-¡Oh, casi lo olvido! –corrió hasta su oficina y empezó a abrir los cajones. ¿Dónde había dejado el regalo?

Entonces otra cosa captó su atención, se había olvidado de ella.

La pistola de Julieta ocupaba un buen lugar dentro del espacio de madera, Pedro había decidido guardarla mientras encontraba la forma de deshacerse de ella, pero simplemente esa tarea se había borrado de su mente.

Cerró el compartimiento con más cuidado, suponía que nada de malo tenía en conservarla, podía usarla si alguna vez era necesaria, un robo… o algo más.

Su búsqueda continuó hasta que por fin vio la caja azul con un grande moño blanco que había llegado al correo hace 2 semanas, apenas la había recogido ayer.

Camino de vuelta a la sala, un poco aturdido y le indicó a Paula que tomara asiento, puso la caja en su regazo.

-Mi abuela lo envió, quería que lo abriéramos juntos.

-¿Tu abuela?

-Sí, ese regalo ha llegado desde Canadá. -Paula dio unas palmaditas a su lado incitando a Pedro a sentarse junto a ella, él lo hizo.

Deshizo con delicadeza el perfecto moño y quitó la tapa azul, dejando al descubierto dos hermosos gorros tejidos, de color azul también.

-Oh mi Dios –susurró, eran tan bonitos.

-Viene una tarjeta –musitó Pedro y empezó a leer.

“Pedro, estamos tan felices de poder escuchar tu voz de nuevo, y que esta nos traiga la maravillosa noticia de que serás papá. Convirtiéndonos a nosotros automáticamente en bisabuelos. ¿Están tratando de que nos demos cuenta cuán viejos estamos? Les deseo a ti y a tu esposa Paula mucha alegría y que esos dos angelitos sean una bendición. No pudimos esperar hasta navidad para los regalos y cuando vi esos gorros, solo se me vinieron a la mente tus hijos. ¡Se verán fabulosos con ellos! Nos vemos pronto en Diciembre, besos y abrazos.
-Los abuelos
PD: Bienvenida a la familia,  Paula. “

Aunque Paula solo dio una sonrisa pequeña y empezó a adular el regalo, Pedro pudo notar como todo su cuerpo se había puesto tenso cuando había escuchado el: a ti y a tu esposa. Pero eso cambiaría si ella le daba el sí mañana.

Mañana no solo sería su cumpleaños, mañana podría ser el día en que Paula Chaves se convirtiera en Paula Alfonso, prometida y futura esposa de Pedro Alfonso. Cuando por fin podrían sellar un pacto que los uniría para siempre.



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martes, 11 de febrero de 2014

Capitulo 44


Las cuerdas tiemblan levemente cuando saca la guitarra del estuche, es un hermoso instrumento.

<< -Tengo algo para ti -Paula lo miró con felicidad, habían pasado varios días desde su reconciliación y creía que ese era el momento exacto para darle lo que llevaba su nombre desde hace meses.

-¿Sí? –abrió los ojos con sorpresa, no se esperaba ningún regalo.

Paula corrió hasta un cuarto pequeño y salió de ahí con un estuche algo pesado y negro, Pedro reconoció lo que era con solo verlo.

-Paula… -comenzó, esto era demasiado.

-No voy a aceptar un no como respuesta, es tu regalo de cumpleaños.

Él arrugó los ojos con duda.- Ya me diste un sombrero, un muy lindo sombrero.

Ella puso los ojos en blanco.- Sí, pero yo te iba a invitar a… ¿Sabes? es una historia algo larga. Solo tómala. De verdad, es tuya. Es un regalo por ser un viejo de 30 años, creo que te mereces esto, ya que pronto te empezaran a salir arrugas y tu cabello se tornará blanco –bromeó.

-Ugh, eso me dolió –fingió de más haciendo un gesto gracioso tocándose el lado izquierdo de su pecho.- Si me crees tan viejo ¿entonces por qué sales conmigo?

-No sé, no sé –jugó un poco.- Tal vez te deje y me vaya a buscar chicos de mi edad que sí acepten mis regalos.

Pedro no pudo evitar una mueca de celos y Paula soltó una risa.

-Es una broma, cariño. Solo acéptalo ¿sí?

Desató los seguros del gran compartimiento y lo abrió con calma, Paula lucía más entusiasmada que él. Sus ojos brillaron cuando pudo divisar el instrumento, era una guitarra de madera brillante y de buena calidad, el nombre Pedro se leía en el diapasón con letras cursivas y plateadas, era elegante.

-Perdón por romper tu guitarra, Pedro –musitó Paula con pena.- Espero que esto lo compense.

-Debe de ser muy cara, en especial con un nombre grabado.

-Se dice: Sí, te perdono y gracias por mi regalo.

-Paula....

-Dilo –pidió.

-No tengo nada que perdonarte, linda. Gracias por mi regalo. >>


Empieza a rasgar las cuerdas con ritmo y a poner las posiciones adecuadas con sus dedos y entonces la melodía empieza a cobrar un poco de sentido.

Practica la canción completa y empieza a pensar con qué instrumento se la mostrará a Paula, en el piano suena muy bien, tal vez podría grabarse con la guitarra y ponerlo solo de fondo mientras que tocaba el piano, esa era una buena idea.

Era malo por hacerla esperar, la canción no necesitaba ni más ni menos, estaba completa desde hace tiempo pero desde que la escribió había soñado con tocarla para pedirle matrimonio.

Sí, le pediría que fuera su esposa ese mismo año. La amaba. No tenía ni una duda en eso, la adoraba a ella y a sus dos hijos más que a nada ni a nadie.

Caminó hasta su habitación y la divisó durmiendo pacíficamente, miró el reloj con cautela.
9:00 a.m.

Agradeció que ella no hubiera despertado y escuchado la canción, usualmente ella estaría despierta a estas horas, pero la pesadilla de él anoche tampoco la había dejado dormir a ella.

-¿Pedro? –murmura entre sueños y después despierta.- Pedro –repite.

-¿Te eh despertado?

-No, es que tengo hambre.

Él suelta una risita.- No te levantes, ahora mismo te traigo tu desayuno aquí a la cama.

-¿Y helado de postre?-ruega.

-Claro que sí –se inclina a darle un beso y sale a la cocina donde hace un desayuno exprés: Omelet, jugo de naranja y fruta. Abre la nevera que está llena de botes de Häagen Dazs, a veces creía que Paula en vez de darle dos hijos, haría que nacerían dos botes gigantes de helado. Era lo único que no dejaba de comer. Pone una galleta de chocolate encima para adornarlo y en una pequeña mesa portable lo lleva hasta la alcoba.

-Eres rápido -Paula sonríe.

-Espero te guste.

-Todo lo que cocinas siempre me encanta –le da un besito corto en la nariz y empieza a comer con entusiasmo, Pedro la ve embobado, jamás pensó que disfrutaría y se sentiría tan feliz de solo ver a alguien comer.

Esto le podría haber aburrido al Pedro que era el año pasado, pero ahora esta era su actividad favorita, ver y hacer a Paula feliz.

-¿Qué soñaste anoche? –pregunta Paula un poco cohibida, tal vez no sea el momento.

-Ni yo mismo lo sé –confiesa con un poco de tensión en los hombros.- Era un lugar muy oscuro y yo estaba muy frío, no había nada ni nadie a mi alrededor, así que empecé a caminar guiándome por el sonido de unos tambores…

-Puedes seguir –animó Paula quien siguió dándole mordisquitos a su fruta, o a su galleta.

-Escuché la voz de Julieta -Paula dio un bufido.- Y fue cuando supe que estaba en un sueño, pero por alguna razón me costaba despertarme, te juro que lo intente pero no podía.

Empezó a morderse el labio con nerviosismo y Paula lo detuvo poniendo su mano sobre la mejilla de él.

-No tienes que contarme si no quieres.

-No, está bien. –Inhaló profundamente, recordando lo que Paula le había dicho la noche anterior.- Y entonces la escena cambió, el lugar ya no estaba oscuro, estábamos en una especie de montaña o acantilado.

-¿Estábamos?

-Sí, tú estabas ahí como… como si te sintieras enferma y débil, te veías muy pálida y no dejabas de temblar y Julieta solo tenía una sonrisa escalofriante y sus ojos… eran rojos. Trate de correr cuando de repente te caíste, o te tumbaron, no sé qué paso pero tú estabas en el suelo y yo no podía salvarte porque una estúpida cortina de fuego me tapa el paso… y desperté.

-Wow –fue lo único que pudo salir de sus labios.

-Fue horrible, cómo estar viviendo en una mala película.

-Anoche te veías muy afectado.

-Gracias por cantarme –murmuró y le robó un poco de helado con el dedo.

-¡Hey! –Protestó.- Solo quería que te tranquilizaras –dijo, refiriéndose hacía su agradecimiento.

-Funcionó. Aunque creo que te quite el sueño a ti.

-A veces necesito yo sacrificarme por ti también ¿no lo crees?

-No cuando estás embarazada. –volvió a robar de su helado.

Paula le mostró su lengua en una rabieta.- ¡Deja ya de hacer eso! Sírvete en otro plato si quieres.

-Que egoísta que es, señorita Chaves. A mí me sabe más rico el helado robándotelo, así que seguiré haciéndolo.

-Tonto –soltó en un chiste, pero Pedro la miró con ojos enojados, pero su boca sonriendo, él también estaba jugando.

Entonces tomó el plato con nieve de chocolate y hecho un poco en la nariz de Paula y la beso, limpiando los restos, así con toda su cara.

-Me has dejado pegajosa –se quejó.

-Ahora descubrí que sabe más rico sobre ti. –Soltó una carcajada que luego fue sustituida por mucha tos.

-Te escuchas ronco –con un leve tono de preocupación se acercó y palpó la frente de él, buscando algún signo de fiebre. -¿Te bañaste al despertar?

-Sí.

-Creo que vas a enfermarte. Y más comiendo helado.

-El helado es rico –hizo un puchero.

-Sí pero es frío y no le hace bien a tu garganta, más si por la noche dormiste sudado.

-Tal vez es porque canté, practiqué con mi guitarra por la mañana. –se encogió de hombros restándole importancia.

-¿De verdad? –el asintió- ¿Mi canción? –asintió de nuevo-.

-Y no trates de que la cante antes, hasta tu cumpleaños.

Paula solo le aventó helado al rostro como respuesta. Odiaba que la hicieran esperar.


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Capitulo 43



Una música, más bien solo unos tambores se escuchaban a lo lejos. Y Pedro no pudo más que compararlos con esos sonidos que se escuchan cuando una nación está haciendo un ritual.

Todo estaba muy oscuro, demasiado.

Oscuridad a su derecha, a su izquierda, arriba y abajo.

¿Estaba flotando? No parecía tener un suelo abajo, no sentía estar pisando nada.

-¿Hola? –eso provocó un eco que fue extendiéndose, pero aunque sintió que él había gritado, la palabra había salido solo como un susurro.

Nadie contestó, pero los tambores se escuchaban más fuertes.

¿Podía moverse? Intentó y sus piernas dieron un paso hacia atrás, luego hacía delante.

Maldijo en voz baja, de verdad que no veía nada.

Trató intentando tocar algo alrededor, pero no había más que aire. Ni siquiera estaba seguro que hubiera eso. ¿Estaba respirando?

Debía estar respirando.

Toco su brazo, que estaba muy frío, luego sus manos hicieron un camino desde sus pies hasta su cara, todo él estaba helado. Cómo si tuviera hielo en lugar de piel.

-¡Paula! –gritó.

El silencio fue su única respuesta.
Y los tambores, esos que en cada segundo subían su volumen más y más.

Empezó a caminar dando media vuelta y rogando por ir lo más derecho posible, temía tropezarse o golpearse con algo pero temía más no encontrar una salida.

El sonido de percusión fue insoportable en un punto, sus oídos punzaban de dolor y rogaban irse de ahí, pero Pedro no podía rendirse ahora. Por fin estaba viendo un poco de luz. Algo naranja, rojo y amarillo… como fuego, se expandía no muy lejos de él.

-¿Alguien está ahí? –rugió entre todo el ruido.

<<Acércate>> le contestó una voz que no reconocía.

Comenzó a correr hasta que estuvo seguro que lo que se extendía era fuego, no había duda.

-¿Quién eres? –preguntó. Se sentía tan estúpido hablándole a… nada.

En esta ocasión no hubo respuesta. Tal vez se había equivocado de dirección.

<<Acércate un poco más, al fuego>> la voz sorpresa hizo que diera un saltito, esta voz si la reconocía: Julieta.

Esto era un sueño.

-¡Sé que esto no es real! –gruñó.

Despierta.
Despierta.

Cerró sus ojos con fuerza y se pellizco. Cuando los abrió de nuevo seguía en su sueño, sí, pero el paisaje había cambiado, estaba en una clase de acantilado donde hacía demasiado viento, tanto como para dificultarle el caminar bien. Los tambores seguían escuchándose.

Bueno, no era un gran cambio de escena, lo hacía lucir mucho más peligroso realmente.

Se jaló el cabello con desesperación, no había tenido una pesadilla en años.

<<Hola>> la voz de Julieta sonó por detrás de él, y con el mayor esfuerzo que pudo hacer se volteó a encararla. Pero se congeló al instante y sintió como si sus pies hubieran sido estancados a la tierra.

Paula estaba ahí temblando cual chihuahua asustado, Julieta tenía los ojos rojos y llenos de rabia.
¿Qué clase de pesadilla era esta? ¿Por qué su mente estaba jugando así con él?

Los cabellos de Paula se movían rebeldes por la brisa, pero extrañamente los negros rulos de Julieta estaban tiesos y en su lugar.

Paula cae al suelo de rodillas y Pedro suelta un grito ahogado.

Corre, pero mágicamente una pared de fuego aparece frente a él, bufa. Esto es un sueño.

DESPIERTA. Se exige. DESPIERTA.

-¡DESPIERTA, PEDRO! –grita Paula con desesperación y por fin su novio abre los ojos.

Está todo cubierto de sudor y tiembla de pies a cabeza, Paula lo abraza y acaricia con fuerza sus brazos tratando de calmarlo.

-Fue un sueño, mi amor. Solo un sueño –murmura y aparta el cabello que se pega a su frente, Pedro la mira detenidamente como luchando entre creer si es real o no.

-Soy yo –le dice con voz baja.- Pedro estás aquí, estás a salvo. Todo está bien.

La mirada de él viaja hasta su vientre, en su sueño Paula no estaba embarazada. Acaricia esa parte con ternura, y empieza a tratar de calmarse pero su pecho no deja de subir y bajar y le está costando mucho respirar, vuelve a inquietarse.

-A ver Pedro –toma su manos que también están temblando- Inhalamos, Exhalamos –indica mientras hace los ejercicios junto con él.- Otra vez, inhala y exhala. Estamos bien, fue solo un mal sueño.

Pedro la abraza con demasiada fuerza y esconde su cabeza en su cuello, puede escuchar el palpitar del corazón ahí, Paula está bien, Paula está viva.

-¿Todo bien? ¿Te traigo agua? –ofrece y Pedro la apega más hacía él, impidiéndole que haga un movimiento, en estos instantes no puede soportar estar lejos de ella, sabe que su camisa está empapada de sudor pero espera que a su novia no le importe, necesita abrazarla, necesita estar con ella.

-No voy a ninguna parte, Pedro.- lo reconforta y trata de secarlo un poco con las sabanas, se enfermaría si seguía así de sudado.

Mira con preocupación a su hombre que se esconde entre su hombro y su cuello ¿con qué habría soñado que estaba tan mal?

-Ven –murmura y se acuesta con cuidado sin alejarse a Pedro que juega con su nariz haciéndole cosquillas en la oreja, se está calmando, bien.

Ambos saben que si Pedro no toma un baño pescará un buen resfriado pero ninguno dice nada, él disfruta de su posición, puede apreciar el maravilloso olor de su amada y también es capaz de acariciarla, mientras que Paula simplemente le canta un poco y lo arrulla con amor, a veces Pedro debe de comportarse demasiado fuerte y valiente, ha lidiado con tantas cosas últimamente. La estafa, el coma de Fede, un trabajo, dos hijos, una novia, una ex demasiado loca. Todo eso debió presionarlo de más.

Pedro no habla para nada y vuelve a quedarse dormido escuchando a Paula cantar, ella permanece despierta unos minutos más, dándole mimos a Pedro, susurrándole cosas lindas al oído, velando su sueño.


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domingo, 9 de febrero de 2014

Capitulo 42



-Me encanta esta fotografía –murmuro Pedro con entusiasmo, pasando sus dedos sobre la imagen del último ultrasonido. Paula había decidido pegarla como portada en el libro para bebés.

-Te dije que serían niños –Kevin hizo una mueca burlona hacía Emma quien solo respondió con esa señal obscena del dedo corazón.

-Em –regañó la morena hacía su mejor amiga.

-Aún así se que los niños me amarán más a mí que a ti Kevin.

-No después de que les cuente que querías que fueran niñas.

Paula rodó los ojos contenta.- ¿Qué les parece el libro?

-¿Por qué aún no le dan un nombre a los nenes?

Pedro se rascó la nariz –Aún no se nos ocurre nada.

-¿Pedro? –musitó Emma como propuesta.

-No –respondió rápido él.- No quiero que ninguno lleve mi nombre.

-Creo que es mejor si no le ponemos nombres de conocidos-Paula se acercó más a él, Pedro solo jugaba entretenido con el cabello de ella mientras pasaba las páginas del manual.

-¿Qué te parece el nombre de tu papá? –preguntó Pedro.

-Miguel Alfonso -Paula sacudió la cabeza.- No me gusta.

-Podemos ponerle un primer nombre y luego Miguel, como… -suspiró.- no se me ocurre nada, solo quiero que te sientas feliz con el nombre.

-Puedo sentirme feliz con el nombre sin necesidad de ponerle el de mi papá.

-Algunas personas dicen –interrumpió Kevin.- que planean un nombre para su bebé desde un principio, pero que cuando nacen lo cambian, porque el niño o la niña tiene la pinta de otro nombre.

-¿Estás diciendo que deben esperar? –dudó la rubia.

-Yo solo estaba dando una opción, ustedes dos son un asco con los nombres siendo sincero.

Todos soltaron risas.

-Tal vez yo debería regalarles un libro con nombres para niños.

-Eso sería una gran idea.

-Espérenlo para su baby shower.

La comisura de los labios de Paula dio un tirón y fue consciente de cómo Pedro la atrajo hacía sí con fuerza.

<<Voy a esperar con mucho entusiasmo mi invitación para tu baby shower o su boda, lo que venga primero. >>

-No voy a tener baby shower –sentenció.

-¿Por qué? –chilló Emma. – ¡Los regalos que te traigan te pueden ayudar mucho y además va a ser muy divertido!

-No necesito los regalos, puedo comprar todo lo que necesite.

-Paula… -comenzó Pedro.

-¿Quieres que haga uno? –contuvo un grito.

-Sería en unos meses, se supone que debe hacerse en el séptimo u octavo.

-Em, si Paula  no quiere hacer uno no puedes obligarla –musitó Kevin.

-Gracias. Emma no es por ti, ni por la fiesta, ni por los regalos. No necesito uno, no quiero hacer uno porque siento que solo traería problemas.

-¿Problemas?

-Julieta hizo una amenaza indirecta, Emma. –soltó Alfonso por fin. –Nos quiso decir de alguna manera que arruinaría o nuestra boda, o el baby shower de Paula.

Ella gruñó -¿Y por qué demonios la dejan hacer eso? ¿Planean vivir toda la vida con miedo? ¿Con el temor que llegue a interrumpir sus fiestas, o que secuestre a Paula, o que dañe a sus hijos? Deberían meterla a un manicomio, explíquenme por qué no está ahí. Está loca. Y necesita tratamiento.

-En especial ahora por la pérdida de su hija –completó Kevin.

-Fede quiere esperar.

-¿A qué? ¿A que mate a alguien? Bien dicen por ahí que no hay que esperar a que pase la tragedia si puede ser evitada.

-Es que él se siente culpable.

-Pero no fue culpable y no debe permitir que esa chiflada los este amenazando, Su brazo está mejor ¿no? Así que no le veo el problema, si no la quieren meter a una clínica, al menos llévenla con un doctor mental.

-Emma, ya por favor. Me estás poniendo nerviosa.

-Paula -soltó aire.- Eres como mi hermana y no quiero que nada malo te pase, ni tampoco a mis sobrinos.

-Sé defenderme.

-Estábamos hablando sobre un nombre para tus gemelos, no entiendo cómo llegamos a esto. –El castaño quiso hacerlas cambiar de tema.

-Voy a hacerte tu baby shower, Paula Chaves. Y ni Julieta ni nadie me lo impedirá. Es mi última palabra.


***

Julieta se encontraba en su habitación caminando de aquí para allá, apretando con entusiasmo la pequeña y roja pelota de hule que le habían dado para la rehabilitación de su mano. También tenía el efecto de ayudarle a liberar un poco de estrés, solo un poco.

El cuarto era demasiado chico, era limpio pero incomodo, ella merecía más que solo estar viviendo en un hotel cualquiera, merecía una mansión, un castillo.

Rechina sus dientes y se sienta con enojo en la cama, avienta todos los cojines al piso, le molestan. Todo le molesta, todo está mal. Nada es como debería ser, nada es como ella quiere.

Si las cosas fueran como ella quisiese estarían en California, ella y Fede, ella con un anillo de compromiso en su mano, una joya grande y brillante que habría elegido Fede solo para ella. Si las cosas se hubieran hecho desde un principio como ella quería, aún estaría embarazada y no sentiría ese maldito vacío interior, era como si un hoyo negro estuviera arrasando con todo lo que estaba dentro de ella, incluida su hija.

La hija que no tendría por culpa de esa idiota de Paula Chaves, la muy tonta se creía que ya no tendría problemas con ella. Pues estaba muy equivocada, como que se llamaba Julieta Weston y como que nunca jamás podría volver a ser Julieta Alfonso juraba que no pararía hasta que esa sintiera todo lo que ella estaba viviendo en esos momentos.

Haría que Paula perdiera a Pedro. Provocaría que Paula perdiera a su bebé. Sería capaz de todo, pero no quería verla feliz, no merecía ser feliz. ¿Por qué ella sí?

Julieta quería ser feliz.

Pero no podía.

No podía mientras Paula siguiera con vida.

Pero tenía que recuperar su pistola. Ella se la había arrancado un poco antes de que la empujara para que la atropellaran y perdiera a su nena.

Y ya no tenía dinero para comprar otra arma. Fede no la compraría otra, porque según él es malo. Fede ya no le hace caso. Fede la ignora. Fede ya no la ama. Porque lo único que amaba en ella –su hija- ya está muerto.

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Aclaro que en la última parte, todas sabemos que Julieta está absolutamente fuera de sus casillas jaja eso esa obvio  y en su mente... ella cree que Paula fue la que provocó su accidente y por consiguiente la perdida de su hija.



Capitulo 41



“Zurdo” escribe llenando el último espacio correspondido a la información de Pedro en el libro que Kevin le había regalado ayer, era un libro para bebés. Se lo llenaba con toda la información posible de los padres, desde la estatura, la talla de zapatos, peso, hasta la primera palabra que habían pronunciado cuando eran niños.

Había terminado la parte de ella por la noche y ahora la de Pedro, pero quedaban algunas páginas todavía, dedicadas para los bebés. Donde deberían poner cómo los llamarían y cuando nacieran poner una foto y sus características, era un hermoso regalo. Había quedado fascinada con Kevin.

-¡Está casi listo! –Grita Pedro.- ¿Preparada?

-¿Puedo ir ya?

-No, yo voy por ti. ¿Tú ya terminaste?

-Necesito escribir en el espacio para los bebés. Pero quiero que tú me ayudes.

-Lo haremos mañana ¿sí? Ya no nos queda mucho tiempo.

-¿Para qué? –pregunta, provocando que Pedro asome su cabeza en la puerta de su habitación.

-¿Lo olvidaste? Mi jefe nos invitó a su fiesta por la independencia.

-Ah, claro. ¿Puedo ver cómo quedó, ahora? –hace un puchero provocador y Pedro sonríe.

-Ven -Paula se levanta con un poco de dificultad, su panza es demasiado gigante como para tener solo 5 meses, pero ¿qué se esperaba teniendo a dos bebés dentro de ella?

Pedro tapa sus ojos y se acerca a ella rozándole los labios brevemente, muerde levemente su labio inferior y juguetea con él antes de besarla profundamente y con mucho amor, toma su cintura y la acerca, sintiendo su muy abultado vientre contra su abdomen, acaricia su barriga con ternura y explora la boca de su novia con la lengua.

-¿Lista? –cuestiona cuando termina.

-¿Por qué tienes que taparme los ojos?

-Para que sea sorpresa –mantiene sus manos sobre los parpados de ella, no lo encuentra demasiado peligroso porque la habitación en la que ah estado trabajando por varias semanas no está más que a unos pequeños pasitos.

Cuando entran huele a nuevo, a madera y a un poco de pintura, Paula da una sonrisa de lado y Pedro besa su mejilla, empieza a contar: Uno, dos, tres… Aleja sus palmas de la cara de Pau y la deja ver.

La sonrisa de ella se ensancha y acaricia su estomago mientras mira cada detalle en todo, el azul pastel en las paredes, las diminutas prendas de muchos colores formando filas en los cajones, juguetes con lucecitas y soniditos graciosos en el suelo, una mecedora grande en la esquina, dos bellas cunas con sabanas azules y osos de peluche justo al lado de la luminosa ventana, biberones, pañales y baberos en un armario chico y el detalle más especial aunque incompleto todavía… un portafotos blanco con letras azules en la parte inferior “Familia”.

-¿Qué va a ir ahí? –pregunta embobada.

-Una foto, de nosotros con los bebés –abraza a Paula por detrás.- ¿Te gusta?

-Sí –suspira.- Es perfecto, justo lo que imaginé.

Alfonso se pone frente a ella y se inclina un poco murmurando por encima de su vientre. -¿Qué les parece a ustedes?

Y entonces Paula siente lo más bonito que había sentido jamás, eso que había estado pasando desde hace mucho tiempo pero que en cada ocasión la hacía sentir muy feliz.

-Vuelve a hacerlo –pide.

-¿Qué?

-Háblales.

-Bebés –empieza y Paula toma sus manos llevándolas junto las de ella hacía su curvatura- espero que les guste su habitación, porque aquí es donde van a poder hacer todas esas travesuras que sé que se les ocurrirán. Serán unos locos de lo peor. Pero los amaré mucho. Su madre y yo los amamos desde que nos enteramos que iban a venir a este mundo, y… -entonces Pedro también puede sentirlo y sus ojos se nublan con lágrimas.- Están pateando.

-Patean cada vez que escuchan tu voz –sonríe.

-Me encanta sentirlos –confiesa y apoya su cabeza hacía delante, brindándoles un beso cuando el flashback toma su mente:


<< -Son unos niños. Dos gemelos varones. –murmuro el doctor, haciendo que automáticamente Pedro se doblara de felicidad a besar a Paula.

-¿Y están bien, están saludables?

-Por el latido de su corazón puedo decir que están en perfectas condiciones, van a tener a dos bebés muy fuertes, sanos y salvos.

-¡Vamos a ser papás de dos niños, mi amor! –Pedro tomó su mano y la apretó, Paula nunca lo había visto tan feliz.

-Muchas felicidades –musita el doctor y sale para darles un espacio. –Vuelvo en un minuto –indica.

-Te amo –dice el rubio.

-Te amo –contesta Paula de vuelta.

-Prometo criarlos lo mejor que pueda.

-Vas a ser el mejor padre, Pedro. >>


-Y a ellos les encanta escucharte –completa Paula, luego voltea al colorido reloj en forma de un auto rojo y suspira, es hora de que empiecen a arreglarse para la fiesta.


~°~

-Ella es Paula Chaves –Pedro la presentó.-Paula, él es mi jefe. Matt Stewart.

-Un placer conocerla, señora Chaves –extendió su mano hacía ella y le dio un apretón ligero.- Espero que disfruten de la fiesta, los fuegos artificiales empiezan a las once.

-Gracias –murmuró Paula y caminaron lejos después de que Matt se alejara.

-¿Qué te parece?

-No es un hombre de muchas palabras.

-¿Matt? No, no lo es. Pero no me refería a él. Hablaba de la fiesta.

-Hace mucho que no me invitaban a una y la comida luce riquísima.

-Siempre pensando en comer –rió.- ¿Quieres ir al bufet ya?

-No, esta casa es preciosa y el jardín es enorme. ¿Por qué no caminamos por los alrededores y esperamos a que el show pirotécnico empiece?

-Faltan pocos minutos para eso, ¿no te cansas con los tacones? Realmente ni siquiera deberías usarlos, puedes caerte.

-Si quiero puedo quitármelos –se encogió de hombros.- Voy a estar bien.

Vagaron un poco más allá del jardín que estaba lleno de flores, lo que provocaba un olor exquisito que hacía que el humor de ambos se mantuviera alegre y positivo. Fue cuando el primer destello en el cielo se vio.

-Oh dios, ya empezaron Pedro ¡Vamos! –chilló entusiasmada, los juegos pirotécnicos le recordaban a sus padres, cada cuatro de Julio antes de su muerte los llevaban en un yate a mirarlos desde el mar.

-Paula, no corras. Podemos admirarlos desde aquí. Por allá hay demasiada gente y no quiero que te lastimes.

-Bien –apoyó su cabeza sobre el fuerte hombro de su novio y sus ojos viajaron hacia arriba, donde las estrellas en un momento fueron opacadas por los fuegos artificiales, era mágico. Banderas estadounidenses empezaron a ser levantadas por todos los invitados a unos metros de donde ellos se encontraban y Paula deseo por un segundo conseguir una, pero no se quería mover, estaba cómoda, feliz, sola con su Pedro. Por fin en demasiado tiempo se sentía segura. Sabía que Pedro nunca permitiría que nadie les hiciera daño. Y ella tampoco permitiría que dañaran a su Pedro.



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