lunes, 3 de febrero de 2014

Capitulo 34




Los Ángeles, California.

-¿Te enojaste con él? No hablaste nada ayer en la cena y bueno luego te fuiste a “dormir”.

-Sí visitó a Julieta.

-Ese maldito –gruñó Kevin mientras rascaba su castaño caballo- ¿Cómo puede estar ahí con esa y no aquí acompañándote con el doctor?

-Dice que la llamó para decirle que Fede quería verla y que ella le dijo que se acababa de enterar que tendría una niña, Pedro pensó que sería educado llevarle un regalo.

-¡No, no y no! ¿Qué no entiende que eso te hiere?

-Dice que no le vio nada malo en ir.

-Los hombres no piensan –soltó Emma ganándose una mueca de parte de Kevin.

-Yo sinceramente tampoco le veo nada mal, recuerda hermana que esa niña es sobrina de Pedro, le dio un regalo por ser su sobrina no porque ame a Julieta o algo así, los hombres no piensan tal vez, pero ustedes no razonan las cosas.

-¡John, no puedo creer que estés del lado de Pedro!

-No estoy del lado de nadie ¡ni siquiera del de mi hermana! Solo quiero que este revoltijo acabe de una vez, Julieta tendrá una hija que NO es de Pedro, pero que aun así es su sobrina y debe de quererla, A LA BEBÉ, no a Julieta. Tú estás esperando gemelos de él, dos bebés que puedo asegurar que ama y te ama a ti también, deja el drama, solo te haces daño, preocuparte no es bueno… acuérdate que lo que tú sientes –señaló su vientre- lo siente ellos también, así que solo los estas inquietando. Háblales, sé que te están escuchando, están escuchando cada palabra que decimos, diles que su papi no está aquí pero que lo ama más que a nada.
Paula sonrió.

-¿Cortaste la llamada ayer sin perdonarlo?

-Estaba enojada.

-¿por qué no lo llamas?

-Dijo que visitaría a Fede, hoy, después de que Julieta también lo visitara. Al parecer lo van a dar de alta en unos dos días. Dice que quiere traerlo a Nueva York.

-¿Por qué?

-Mantenerlo a la vista, él cree que ni su madre ni Julieta lo cuidaran bien.

-¿Y él sí?

Paula le lanzó una mirada ceñuda.- Está haciendo un esfuerzo, quiere recuperar los años perdidos.

-No se pueden recuperar las cosas que ya se han perdido –murmuro el castaño.

-Sabes a que me refiero, Kevin. –Suspiró- Estuvo a punto de perder a su hermano, y eso lo asustó, se dio cuenta que nada es para siempre y no quiere seguir enojado con él, quiere tener ¿cómo lo llaman?... momentos de calidad.

-¿Y no le hace daño volar? ¿A… a Fede? Acaba de salir de un coma y bueno Nueva York y California no están a pocos kilómetros, básicamente tienen que cruzar de un lado al otro del país.

-No lo sé, pero Pedro prometió estar aquí en al menos 4 días.

-Eso está bien, no entiendo cómo puede ir de ahí para acá, tiene que entender que ahora tiene una familia, una novia y dos hijos por venir y los cuales lo necesitan, no debe estar alejándose tan seguido o te perderá. –musitó Emma.

-¿Me perderá?

-¿Estarías dispuesta a estarlo esperando siempre, el estar sola en los momentos importantes mientras él están en quien sabe donde haciéndose el héroe? Te cansarías y buscarías a alguien que te proporcionara estabilidad.

-No lo creo. Lo amo.

-Sí, pero no puedes amar a alguien que no está a tu lado.

-Amo a mis padres Emma, y ellos ya no están vivos; tu teoría no tiene sentido.

Se encogió de hombros hacía ella- Solo es mi opinión, siempre has sido una persona muy… en control. Te imaginé casada con un marido que trabajara y viviera contigo, no con un novio que viaja todo el tiempo mientras estás embarazada.

-Pero, como dices, es mi novio, solo eso. No tengo ningún derecho a pedirle que se quede a mi lado, mucho menos si el viaje es para ir y ver a su hermano.

-Perdón –se sentó junto a ella y le acarició el brazo- entiéndeme Paula, eres mi mejor amiga, mi hermana y Pedro llegó para poner tu vida de cabeza, solo… yo esperaba mucho más de él. Quiero que tengas a alguien que en realidad te merezca.

-Estoy bien, Em. Él me hace feliz.

-Bien –sonrió- cambiando de tema… ¿podemos ir de compras? Desde que volviste casi nunca sales del apartamento, y bueno pronto te crecerá la panza, necesitaras nueva ropa y también podemos comprar algo para los bebés, algo blanco, o amarillo o verde, ya sabes colores neutros en lo que nos enteramos si son niñas o niños… ¿sí? Vamos, Paula ¿te das cuenta que solo estoy poniendo pretextos para salir de compras contigo? Es que enserio, de verdad necesito comprar. Me volveré loca si vuelvo a usar esta misma blusa de nuevo, ¡me la eh puesto más de 5 veces! Necesito un nuevo guardarropa ¡ya! Además de paso podemos comprar un pastel, ¿tienes antojo de pastel? ¡Hace como tres mil años que no pruebo un pastel!

Paula soltó una carcajada, extrañaba mucho a la vieja Emma compulsiva por la moda, las compras y el chocolate.


***

New York, City.

-¡Toc, toc, toc! –murmuro Pedro sonriendo al entrar a la habitación. –Hola, te tengo buenas noticias.

-¡Qué bien! Son lo que necesito ahora.

-¿Por qué, qué pasa? –Fede inhaló con fuerza- Es Julieta –no era una pregunta.

-Sí, es ella. Ah venido y todo ah estado bien, me enterado que tendré una hija –sonrió de lado- pero después ella ah empezado a hablar de matrimonio y yo… le eh dicho que no me casaré con ella, se ha salido corriendo por la puerta, temo que escape.

-¿Escaparse? ¿Por qué haría una cosa así?

-Dijo que si no me casaba con ella, no la volvería a ver nunca, ni a ella ni a mi hija. Creo que tenías razón.

Pedro frunció el ceño.- ¿En qué?

-Creo que Julieta está un poco, ¿cómo habías dicho?

-Inestable –le repitió.

-Inestable –susurró él- Sí… Está loca por obtener el apellido Alfonso. No se conforma con que la niña lo tenga.

-Claro, ella ya me lo había dicho –gruñó- hace unos meses intentó coquetearme, me dijo que quería pertenecer a los Alfonso, porque nuestro apellido significaba respeto o algo así, no lo recuerdo bien… ni siquiera le importó el hecho de que en esa época estábamos en quiebra.

-Oh, cierto. ¡Estamos en quiebra! ¿Cómo es que están pagando el hospital?

Pedro se sonrojó –Cuando mi madre me dio la noticia ella había dado un adelanto vendiendo alguna de sus joyas, después yo aporté un poco del dinero de la venta de mi auto y bueno… ahora estoy trabajando.

-¿Estás pagando? ¿Tú? –preguntó atónito.

El rubio asintió con la mirada baja.

-Y estás trabajando… ¿En qué?

-Compongo canciones, para una disquera en Nueva York.

-Toda una estrella –bromeó él- ¿Eres famoso o algo así?

-Solo las compongo, no las canto ¿te estás burlando?

-Para nada, lo juro. Me siento sorprendido. Nunca de los nunca te imagine a ti ¡A Pedro Alfonso! Trabajando. Es impresionante.

-Sí… cambiando de tema, yo… estuve pensando y la buena noticia es que mañana sales del hospital, solo… quería decirte si querías hablar con Paula.

Fede abrió los ojos -¿Qué?

-Me habías dicho que querías hablarle, tú… ¿te gustaría irte a Nueva York, conmigo?

***************

2 días después.

-Sigue sin contestar –gruñó el rubio hacía su celular.- Se ah escapado. Ya no podemos dudar. Llamemos a la policía.

-Fede, estamos en un avión camino a Nueva York, será un viaje largo; deberías calmarte.

-¡Han pasado más de 48 horas!

-Sí, pero siguiendo el protocolo legal, una persona solo se identifica como desaparecida después de 72 horas.

-Es demasiado tiempo no puedo esperar un día más. ¡Esa mujer tiene a mi hija! Y no sé que le vaya a hacer.

-Mira hermano, Julieta puede estar enojada pero no le haría nada a su propia hija, tranquilízate.

-No puedo –volvió a tomar el teléfono pero unas delgadas manos le impidieron llamar.

-Disculpe señor, pero debo pedirle que apague su celular, es por su seguridad y por la de todos los pasajeros. –la aeromoza les brindó una cálida sonrisa a ambos mientras que el rubor recorría sus mejillas, impresionada de tener a dos hombres tan guapos frente a ella.

-Claro, él apagará su teléfono –musitó Pedro mirando a Federico, quien refunfuñando guardó el aparato en su bolsillo.

-Aterrizando llamaré al hotel donde se hospedaba, no estoy a gusto, ella me amenazó de alguna manera, dijo que jamás la volvería a ver, ni a ella ni… -trago- al bebé. Tal vez cumpla su promesa.
-La encontraremos, no puede esconderse para siempre.

-Es Julieta, Pedro. No sé cómo, ni por qué pero siempre se sale con la suya –gruñó.

-Hey –apretó su hombro- es tu hija, mi sobrina, no voy a permitir que la alejen de tu lado.

-Gracias, Pedro –sonrió.- Eres un buen hermano.

-Tu también –se encogió de hombros.

-No –se tensó- no lo soy, soy egoísta y te eh hecho daño, cuando no merecías nada de eso, acaparé la atención de nuestros padres, te quité a Julieta, y luego te metí en problemas legales, has estado al pendiente de mi salud todo ese tiempo; y yo… yo ni siquiera te eh preguntado sobre tu bebé.

-Bebés –corrigió él.

-¿Bebés? –Repitió con los ojos abiertos.- ¿tres?

-¡No! –gritó, sería tan extraño tener trillizos- Dos, voy a ser padre de gemelos.

-¡Gemelos! –Murmuró su hermano con júbilo- ¡eso es asombroso! ¡Felicidades!

-Gracias –sonrió de lado- va a ser difícil.

-Sí, pero vas a tener a muchas personas para ayudarte, además… ¡la madre es Paula! Eso te garantiza que tendrás las cosas un 55% más sencillas, ella hace que todo luzca más fácil.


Pedro hizo una mueca al escuchar a su hermano.

-¿Sigues sintiendo algo por ella?

-Sí.

-¡¿Qué?!

-Por favor, señor, le pido que guarde silencio –otra aeromoza lo amonestó al momento en que pasaba a su lado.

-Cariño, Pedro. Cariño de hermanos, es… básicamente mi cuñada, debo de quererla.

Él bufó- Fue tu esposa, te ibas a casar con ella y ella… te amaba tanto.

-Fue mi esposa porque un documento lo dice, pero nunca conviví como marido con ella, además ¿por qué te preocupas? Está enamorada y embarazada de ti.

-Lo dijiste, en el hospital. La primera vez que te vi ¿recuerdas? Te dije que quería casarme con Paula y dijiste que eso no ocurriría si lo impedías…

-Fui un tonto, perdón. Yo… estaba confundido, me dolía la cabeza y lo único que recordaba era a… ella, ella en el café y en la feria, en aquel parque, festejando algunas fiestas y el accidente, era lo único que mi mente procesaba y luego llegas tu y me haces recordar y me dices que la amas y… que te ama, me enojé. Yo siempre desee lo que tú querías y bueno, ahora tenías algo que yo ya no podía recuperar.

-No hay que hablar de eso, ¿te parece? Me pone mal…

-Eres muy celoso.

-Sí, no sé, no tanto…

-Sí que lo eres –canturreó él.

-Ya mejor me voy a dormir –murmuró mientras se volteaba y cerraba sus ojos, imaginando dos pequeñas caritas con ojos mieles y cabello negro, sus hijos.


***
New York, City.

-¡Qué hermoso! De verdad no me canso de ver todas estas ropitas, son tan pequeñas ¿de verdad cabrán aquí? Parecen para muñequitos… -susurró Emma.

-Entrarán ahí –afirmó Paula- aunque no por mucho tiempo, los bebés crecen cada día, al mes necesitarán más y más ropa.

-¡Genial! –Chilló.- Eso significa más compras para la tía Em.

-Sí –sonrió al ver dos pequeños gorritos –serán unos bebés muy a la moda.

-Ruego al cielo que sean niñas, así podríamos comprar moñitos y vestiditos y muñequitas y zapatitos y ¡cosas rosas!

-Julieta tendrá una niña…

-¿Y qué? Las tuyas serían un millón de veces más hermosas.

-Dices eso porque eres mi amiga.

-Digo eso porque es verdad, ¿tú quieres niños?

La morena hizo una mueca- Saludables, solo quiero que nazcan completos, los embarazos de gemelos son más difíciles. Y bueno… es mi primer embarazo.

-Todo saldrá bien.

-Eso espero.

-Podrían ser mellizos… -soltó la rubia- Una niña y un niño, eso haría que Kevin y yo estuviéramos satisfechos.

-Van a ser mis hijos, voy a amarlos siempre. Sin importar nada.

-Eso es lindo –inclinó su cabeza al escuchar golpes en la puerta- Yo voy, no te preocupes.

Paula asintió y siguió viendo las pequeñas prendas frente a ella, dios… realmente eran hermosas y tan chiquitas.

-¡Paula! -escuchó un grito y después sintió unos brazos abrazándola y separando sus pies del piso, era Pedro. ¡Estaba aquí!

-Pedro –sollozó mientras tomaba sus mejillas.- ¡Mi dios, estas aquí!

-Te extrañé tanto, nena. Jamás me separaré de ti –dijo mientras volvía a ponerla sobre el piso- déjame besarte –juntó sus labios e invadió la boca de ella con su lengua, saboreando cada centímetro.- Te amo –le susurró.

-Te amo también, Pedro.

-Mírate, estás diferente…

-Mi cuerpo está cambiando, por el embarazo.

-Luces preciosa –se hincó frente a ella y depositó un dulce beso sobre su ombligo.- ¡Oh lo extrañé tanto a ustedes también! Mis pequeñitos –empezó a hacer figuritas por todo el vientre de ella- los amo –dio otro beso y se levantó, juntando su nariz con la de su amada. – ¿Qué es eso sobre la cama que impide que te haga mía?

Paula se ruborizó –Es la ropa para los bebés.

Pedro abrió los ojos sorprendido -¿Sabes si son niñas o niños, ya?

-No, compramos de colores que funcionarían para ambos sexos.

-Bien –le dio un corto beso- Fede viene conmigo.

-¿Está… está aquí?

-Sip.

-Oh dios, ¿lo dejaste con Emma?

-Sí, ¿por qué?

-¡Lo hará pedazos! –corrió hacía el salón principal y se encontró con otro Pedro… no, no, era Fede… ¡maldición! Seguían siendo tan iguales… -¿No te ah asesinado? –preguntó bailando la mirada entre él y su mejor amiga.

-¡Oye! –Se quejó la rubia –estoy enojada con él, pero no lo mataría. Le estaba ofreciendo agua, está agotado.

-Oh, claro. ¿Quieres dormir Fede? Tengo listo un cuarto para ti.

El rubio sonrió hacía ella, esperaba una actitud más hostil, pero seguía comportándose como siempre, como aquella Paula que conoció en Septiembre.

-Estoy bien, me gustaría un vaso de agua y necesito llamar a alguien –Era necesario encontrar a Julieta.

-Puedes usar el teléfono de aquí si lo deseas, y… ahorita mismo te traigo algo de agua.

-Gracias –le regaló otra sonrisa.

Paula y Pedro se dirigieron hacía la cocina.

-Son tan idénticos –susurró mientras veía a su novio que tenía el ceño fruncido frente a ella.- Aunque tú eres más alto. Y bueno tus tatuajes…

-Sí. –la cortó.

-Pedro no te pongas así.

-Por favor no te enamores de él –le rogó.

-¡No! Pedro, me pediste hace unos días que no fuera insegura, yo te pido lo mismo, ya no siento nada por él. Y no creo que el sienta algo por mí.

-Me dejarás…

-Nunca.

-Ya me han dejado por él antes.

-Pedro, ¡no me compares con Julieta! ¡No te voy a permitir eso!

-Sé que no eres como ella, pero –frotó su cabello desesperado y le robó un beso corto- te quiero y no sabría qué hacer si te vas. Me derrumbaría.

-Hey, mírame –le pidió mientras tomaba sus grandes manos y las ponía sobre su estomago- te amo, ellos… estos humanos que crecen dentro de mí, te aman y ninguno de nosotros está dispuesto a dejarte, tampoco podríamos vivir sin ti.

Pedro juntó sus frentes y suspiró.

-Ahora vamos, quiero que tu hermano me aclare varias dudas.


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GRACIAS POR LEER!♥

por esto grupo paso las novelas hasta nuevo aviso! =)

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