miércoles, 5 de febrero de 2014
Capitulo 38
Pedro dobló en la esquina mientras se tallaba los ojos y la nariz, que desesperante. Casi le había dado un ataque al escuchar a Paula decirle que Julieta estaba por ahí en los alrededores, había pasado mitad del día mirando para todos lados intentando encontrarla y había aparecido justo cuando él estaba ocupado y cuando Paula estaba sola.
No cabía duda que a Julieta le podía falta un tornillo, pero no era tonta.
La que no cambiaba era Paula, podía ser lo que quisiera pero jamás dejaría esa terquedad que la caractizaba tanto. Suspiro hondamente, no quería que ella cambiara, se había enamorado de ella con todas sus locuras y su poco sentido de la noción y de lo correcto, lo había elegido a él en un momento en que no era correcto hacerlo, pero estaba feliz porque esa decisión es la que ahora los tenía ahí, esperando dos bebés en los cuales ella debería pensar porque alguien como Julieta no dudaría en quitarlos de su camino.
Era demasiado difícil mantener todo en orden, después de un problema aparecía otro y otro y otro, ya estaba agotado.
Llega a la heladería, Paula no está ahí.
Suelta un gruñido bajo, le había dicho que no se moviera.
-Oye –llamó al hombre detrás del mostrador.- ¿Has visto a una mujer como de esta estatura –llevó su mano un poco lejos de él a la altura de su pecho, ahí es donde Paula llegaba- ojos cafés, cabello largo? Tenía un vestido verde.
-Vino hace un buen rato, pidió unos helados y después se fue corriendo.
-Sí, eso ya lo sé. Me refería a hace unos momentos, se supone que debería estar aquí de nuevo.
-Oh –hizo una cara rara, como tratando de recordar algo.- no, señor. No recuerdo haberlo vuelto a ver.
Tiró de su cabeza para atrás, ¿qué tan difícil era seguir una indicación? Quédate ahí, no es como si fuera algo a la fuerza, hasta ella le pidió que no se tardara.
-Disculpe señor –un niño le jaló el pantalón a Pedro, tenía unos ojos azules grandes y no pasaba de los 8 años. A Pedro le pareció tierno- Yo vi a esa mujer.
-¿De verdad? –Se hincó hasta estar a la altura del pequeño.- ¿Viste hacía donde se fue?
Él jaló su paleta de helado bruscamente hacía la derecha, apuntando con sus cortos deditos.
-Por ahí –sonrió mostrando la falta de dos dientes frontales.- Iba con una mujer que comió mucho.
-¿Qué?
-Sí –asintió frenéticamente.- Tenía una panza así –con sus manos llenas de caramelo derretido hace la forma de un estomago gigante frente a él y Pedro logra comprenderlo.
Julieta se llevó a Paula.
-¿Seguro que se fueron en esa dirección? –velozmente está de vuelta en pie. Mierda, ni un minuto podía tardarse sin que Julieta hiciera algún movimiento.
-Seguro.
-Gracias, campeón –agita el castaño cabello del niñito y le regala una sonrisa.
Corre hacía donde los pegajosos dedos de aquel niño apuntaron, pero no logra ver nada. Carajo ¿dónde están?
…
-¿Cómo vas con Pedro? –su voz es tranquila, como si supiera que Pedro nunca vendría a intervenir. Paula todavía tenía esperanza. No habían caminado mucho, Julieta era muy lenta, o tal vez solo había decido tomarse el camino con calma.
-Todo bien –susurró.
-¿Ya te pidió matrimonio? –el tono curioso resaltó demasiado.
-No.
-Oh, bienvenida al club entonces. ¿No te gustaría casarte antes de tener a ese hijo tuyo?
Hijo. Julieta aún no sabía que ella tendría gemelos. Era mejor que no lo supiese.
-No, estoy bien.
-Claro, casi olvido que ya has estado casada este año, de verdad que ¡Que año este! Casada, divorciada y embaraza… mala racha ¿eh?
¿Mala racha? Paula se sentía la mujer más afortunada, excepto por el hecho de que una loca la estaba persiguiendo y ahora la había atrapado, lo peor es que Julieta le hablaba como si fueran amigas, como si no estuviera en peligro, ¿y si no lo estaba?
Giró su cabeza un poco, tenía la oportunidad de correr.
-Ni se te ocurra –murmuró como si pudiese leerle la mente.- Tengo un arma Chaves, en mi bolsa. Puedo usarla si quiero hacerlo. Puedo usarla si decides correr.
Abrió los ojos como platos ¿un arma? ¿De dónde demonios había conseguido ella un arma? En este país no solo ibas a una tienda y pedías un “arma” sea cual fuera la clase de arma que Julieta portara, lo más seguro es que la había conseguido ilegalmente.
-¡Julieta! –el conocido grito se oyó por detrás de ellas, provocando que ambas voltearan. -¡DETENTE YA! –hizo un gruñido ronco.
Paula soltó todo el aire contenido, Pedro había vuelto.
-Pedro –la palabra sonó muy cariñosa saliendo de los labios de Julieta.
-¿Paula estás bien? –llegó dándole un rápido abrazo a su novia, había sido un milagro encontrarla, daba gracias al cielo ser alto, así podía ver por encima de toda la gente alrededor.
-¡¿Julieta que jodidos te pasa?! –Ladró.- ¿Cómo te atreves a hacer algo así?
-¡No me hables de esa forma, Alfonso! –gritó de vuelta.
-¿Dónde está Fede? –se giró el rubio preguntando ahora a la morena, Julieta se puso atenta.
-No respondió mis llamadas.
-Julieta ven con nosotros –pidió.
-¡No! –Chilló ella.- No quiero ver a Fede, no quiero estar con él ni con ustedes.
-Julieta, por favor.
-¡NO! Yo se lo advertí, él sabía a lo que se atenía. Le juré que no me volvería a ver si no se casaba conmigo.
-Trata de razonar –intentó tomar su brazo, pero ella se había alejado.
-Me iré, pero yo sola. No con ustedes.
-Solo quiero que dejes en paz a Paula. ¿Por qué la sigues? ¿Por qué la molestas? Esto que hiciste fue un intento de secuestro, espero que estés consciente de eso.
-No la estaba secuestrando. –Miró a su enemiga con ojos de pistola.- Ella no merece ser feliz. ¿Por qué ese bastardo –escupió la palabra señalando el vientre de Paula- puede tenerlo todo y mi hija no? ¿Por qué ella puede tenerte y yo no?
-Julieta… -comenzó Paula pero fue interrumpida.
-Cállate, perra. Esto es entre pedro y yo ¿entendido? Él estaba enamorado de mi mucho antes de conocerte, él se casó CONMIGO –recalcó.- él me hacía el amor todas las noches…
-Hasta que lo engañaste –fue su turno de interrumpir.
-Creí haberte pedido que te callaras. Pedro –lo miró, él estaba estupefacto, viéndola con ojos grandes- tu y yo ¿lo recuerdas? Si tu hermano no me quiere, tú y yo podemos volver a intentarlo, podemos…
-Julieta, basta. –Ella bufó por otra interrupción.- Ven con nosotros, Fede quiere hablar contigo.
-No voy a volver con ustedes si no tengo una proposición o un anillo de compromiso –cruzó sus brazos.
-Entonces regresa, para que él pueda dártelo.
-No me lo dará. Dejo eso claro, me ah negado el matrimonio y un apellido.
-Tu hija, piensa en ella. Necesita un padre.
-Esta mocosa no me sirve de nada si no me convierto en una Alfonso –se golpeó un poco el estomago y Paula la miró con tristeza, Julieta no merecía ser madre teniendo esa actitud.
-Julieta, creo que necesitas ver a un Doctor –más bien un psiquiatra.
Pedro pudo por fin tomarle el brazo y la jaló hacía él.
-Estoy perfecta, suéltame. –empezó a buscar entre su bolsa,Paula palideció, quería usar el arma contra Pedro, corrió hasta su lado arrebatándosela.
-¿Qué te pasa, zorra? –Insultó.- ¡Devuélveme mi bolso ahora!
-No, Julieta, queremos ayudarte.
-No, ya basta. –empieza a forcejear en contra de Pedro y Paula no entiende como sale de su agarre y empieza a correr realmente deprisa, demasiado rápido para alguien que está embarazada.
-Julieta –grita el rubio y está preparado para correr detrás de ella, pero es demasiado tarde, nadie se había dado cuenta de lo próximos que estaban a la calle.
Julieta sigue corriendo sin fijar su vista en la luz del semáforo, no voltea ni revisa si algún auto viene, y cruza con prisa, con el objetivo de huir.
El chirrido de un auto frenando cala en los oídos de Pedro y Paula, y después un olor a llanta quemada inunda el ambiente, pero también es demasiado tarde para el conductor, aunque intente no puede parar. Golpea y lanza a Julieta por los aires, haciendo un efecto de vuelo por un momento y después ella cae en el cemento duro y sucio, empieza a dar vueltas, está inconsciente, sangrando y no se mueve…
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GRACIAS POR LEER!♥
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wow intenso pero buenísimo!!!
ResponderEliminarWow, qué buenos caps Jesy!!!!
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