lunes, 27 de enero de 2014
Capitulo 19
Todo su cuerpo se sentía pesado, como si tuviera agua en lugar de órganos en su interior, su cabeza era un infierno, dolía con cualquier movimiento que hacía, esto era peor que una resaca, ¿Qué diablos le habían puesto en su trago anoche?
Estúpido él por haberlo bebido. Aun recordaba sus propios pensamientos antes de la fiesta “Se cauteloso, Pedro” Y lo primero que hace es tomar una bebida de la chica que lo quiere conquistar, por así decirlo.
Bien hecho, Pedro eres un genio, se reprochó.
Su cuerpo estaba débil y sentía los tímpanos palpitar al compás del ardor dentro de su cerebro, esto era como tener fiebre pero multiplicada por cien. Estaba sudando. ¿Qué hora era?
¿En dónde estaba?... ¿Y con quién?
Se obligo a sí mismo a abrir los ojos, arrepintiéndose al instante por el brillo encandilador de la ventana y cerró los ojos lo más rápido posible, era de día… al menos eso estaba comprobado.
¿Seguía Julieta con él?
Oh no… Oh Cristo por favor que no haya pasado lo que él estaba pensando…
-¡Julieta! –gritó furioso, ganándose una buena tortura en las sienes. ¿La noche anterior le habían taladrado la cabeza? Eso podría tener mucho sentido tomando en cuenta todo el dolor.
Escuchó pasos pequeños acercándose y luego unos labios sobre los suyos, besándolo, con la pequeña fuerza que tuvo la apartó de encima de él.
-Has despertado –murmuró ella cariñosamente.
Total y absolutamente confirmado, Julieta era una psicópata. Tal vez el accidente lo había provocado… O tal vez era una loca de nacimiento.
-¿Qué me hiciste ayer?
-Nada que no quisieras, cariño. –Pedro bufó.
-No recuerdo haberte dicho “Hey Julieta, invítame a una fiesta de disfraces, cuando estemos ahí no olvides drogarme”
-¿Quién ha dicho que te eh drogado?
-Bien entonces ¿Qué me has hecho? No encuentro otra puta razón por la cual ese liquido me hizo daño tan rápido, es incoherente, había tomado un traguito y ya estaba mareado.
-Bueno, ese era el plan –Alfonso pudo sentir el peso de ella viajar al lado de él, sobre la cama.- Siendo sincera, no sé qué fue lo que puse en la bebida, yo pedí algo que te noqueara y bueno hicieron bien su trabajo…
-¿Fueron los del bar? ¿Ellos te dieron esa porquería? –los demandaría.
-No, Pedro. Yo tengo contactos por mi parte, me dieron lo que quería y yo después te lo puse en el alcohol.
-¿Ósea que ni idea tienes que me ha entrado al organismo? ¡Pudiste haberme matado! ¿Captas? Imagínate que es una droga a la que mi organismo no reacciona bien, o solo piensa si me hubieras dado más de lo debías… ¡podía estar en este mismo instante convulsionándome por una sobredosis!
-Pero no fue así…
-Pero no fue así –repitió él, refunfuñando- Tuviste suerte. Y yo también la tuve –gimió al sentir una punzada en la cabeza.
-Te he traído una pastilla, para el dolor de cabeza.
-No planeo poner en mi boca ninguna cosa que tú me des.
-Es aceptarla, o seguir muriendo de dolor, tú decides. –sentenció.
Pedro estiró la mano sintiendo como ella le entregaba la pequeña pastilla y lo ayudaba a reclinarse un poco para poder tragarla.
-Tendrá efecto en unos minutos, aguanta.
El rubio espero mientras el dolor disminuía pausadamente, cuando despareció por completo abrió los ojos.
Estaba en su casa.
En su cama.
Desnudo.
Julieta solo tenía un albornoz.
-Te exijo que me digas que ha pasado. –musitó.
-¿No recuerdas absolutamente nada? –pregunto ella.
El negó firmemente- Nada, estoy en blanco- una sonrisa maliciosa cursó los labios de Julieta.
Pedro se puso derecho y se sentó mirando a su alrededor, comprobando que nada faltara. La foto de Paula ¿dónde estaba? La había dejado en el mueble a lado de él y ya no estaba ahí…
-¡Contéstame! –pidió desesperado mientras recorría una y otra vez su cuarto con mirada de halcón, no había rastro de la foto.
-Estuvimos juntos –dijo- Me hiciste el amor como nunca lo habías hecho.
-¿Drogado? Sí, es que nunca había probado la droga antes –murmuró él, sarcástico.-
-No hagas bromas ahora,Pedro. Me refiero a que estuviste muy potente, me hiciste sentir… –él levantó la mano silenciándola, no quería escuchar las tonterías que ayer cometió.
-Abusaste de mí.
-No te oí quejarte en ningún momento.
-¡No podía! –Gruñó- No estaba en mis cincos sentidos, no recuerdo siquiera como llegamos aquí.
-En mi auto.
-¿Y cómo abriste?
-Me diste las llaves –respondió mientras encogía los hombros.
-Quiero que entiendas que yo no quise que nada de eso pasara Julieta, te aprovechaste, lo tenías todo calculado.
Tomó su ropa interior y salió de la habitación. Mientras se vestía sintió como Julieta estaba detrás de él.
-Tú también disfrutaste, Pedro. No solo fui yo…
-Yo nunca quise dormir contigo, Julieta. Deja ese tema por la paz, y mejor has como si nunca hubiera ocurrido ¿de acuerdo? Toma tu ropa y sal de mi casa.
Ella puso los ojos en blanco y poco después salió con el mismo disfraz que vestía en el bar, se dirigió a la puerta.
-La foto de Paula -murmuró mientras se iba, Pedro la miró atento.- La quemé.
Después cerró la puerta escuchando como él la maldecía a gritos.
Pedro se dirigió rápidamente a buscar el pantalón blanco que usó ayer, cuando lo encontró palpo el bolsillo y suspiró aliviado. Su anillo de casado aun estaba ahí.
Temía que Julieta también lo hubiera incendiado. Puso la argolla en su dedo y la vio brillar.
Ayer no había llamado a Paula. ¿Ella le había llamado a él? Camino hacía el teléfono revisando si tenía algún mensaje, pero no había ninguno. Miró el calendario por encima de él.
27de febrero.
Dos días para su cumpleaños.
Se hundió en el sillón mientras el dolor de cabeza volvía a comenzar, trató de parecer tranquilo y maduro mientras Julieta le contaba todo lo que había ocurrido, hasta en un momento intento ser gracioso… pero ahora todo el peso de la culpa cayó sobre él.
Había hecho el amor con Julieta. No… no era hacer el amor. Porque él no la amaba. Había tenido sexo.
Había engañado a Paula.
Infiel. Además de ser un farsante era infiel.
-Soy una porquería de persona –murmuró para sí mismo.
Necesitaba hablar con su madre, ya no podía seguir mintiendo, mucho menos con lo que acababa de pasar…
~°~
-El adjetivo estúpido te queda pequeño, Pedro –chilló Ana mientras sus ojos verdes echaban chispas.- No debí haber confiado en ti, no te controlas.
-Oye, oye para –dijo- no estaríamos metidos en esto si dejaras de ser tan interesada. Horacio está arreglando las cosas muy bien… no necesitamos la fortuna de Paula.
-¡Yo la necesito! –Gritó ella- Sabes que nuestra situación económica no volverá a ser la misma. Horacio no puede hacer tanto.
-Pues entonces trabaja, no tienes porque dejar todo en manos de papá.
-Si no estuvieras de caliente, no tendríamos este problema.
-¡Yo no estaba de “caliente”, ella me engaño, me emborracho o me drogó! Ni siquiera estoy seguro de que me hizo.
-Pero es que debiste tener cuidado, me dijiste que esa mujer haría lo que fuera por obtener tu apellido, así que porque fuiste tan tonto como para aceptar hacer todo eso.
-Era aceptar… o ir a la cárcel. Estás buscando culparme porque sabes que todo esto que está pasando se debe a ti, tú fuiste la que le dijiste toda la verdad a Julieta.
-Yo no pensaba que ella haría esto.
-No, Ana, no pensaste. ¿Te lo advertí, no es así? Te dije que yo sabía que en cualquier momento ella se iría contra nosotros.
-¿Pedro que vamos a hacer? El estrés me está matando viva. Tu hermano sigue sin despertar, ella nos está saboteando y tú, tú ahora te sientes culpable y quieres delatarnos, me hace daño al corazón, yo ya no soy tan joven hijo.
-No trates de chantajearme, mamá. Estás perfecta de salud y yo ya no quiero ser parte de tu juego. Si tengo que ir a prisión quiero que sea porque YO le dije la verdad a Paula, no porque alguien más se lo contó.
-¡Ya basta, Pedro! No puedes fallarme. ¿Mandarías a tu propia madre a la cárcel?
-Lo haría –afirmó a él.- Paula es mi prioridad, tu nunca lo has sido. Te estoy agradecido por traerme a la vida. Supongo que sin ti nunca hubiera existido, te agradezco también ser superficial y loca por el dinero, porque eso me envió a conocer a la mujer de la que ahora estoy enamorado…
-No puedes enamorarte de alguien en 3 semanas. –contestó ella fríamente.
-Repito las mismas palabras que me dijiste hace unos días ¿recuerdas que paso con Julieta? Le pedí que fuera mi esposa después de dos semanas.
-Tenías 27 años, Pedro, no estabas listo para el matrimonio, y además ya sabes cómo terminó todo eso… ¿Quieres que pase lo mismo con Paula?
Pedro tensó la mandíbula.
-No creo que su relación progrese –continuó Ana- una relación que empieza con mentiras nunca acaba bien.
-Sé muy bien cuan inmaduro era cuando me casé con Julieta, pero ya eh crecido y eh entendido que ni el matrimonio ni el amor son un juego.
-Si hubieras madurado no hubieras aceptado engañar a Chaves.
-Cuando acepté aún no había entendido el concepto, estaba enojado, frustrado, el amor para mí era basura y el dinero era todo lo que conocía como vida.
-Y ella te hizo cambiar de opinión.
-Sí
-Se sincero ¿Qué sientes por ella?
-La AMO.
Ana abrió su boca para protestar pero el sonido del timbre de la puerta la interrumpió.
-Es día libre de la señora de servicio, ¿puedes abrir tú?
Pedro salió mientras se desacomodaba la rubia cabellera, su madre lo ponía inquieto.
Abrió la puerta y fue como si le echaran una cubeta de agua fría, sobre todo su cuerpo.
En la puerta de la mansión de los Alfonso.
julieta y Paula, ambas frente a él.
-Hola, Fede –pudo notar la sombra de una sonrisa en los labios de Julieta mientras Paula lo saludaba, la maldita se estaba riendo de la situación.
-Cariño –dijo mientras tomaba la mano de Paula y besaba sus nudillos.- ¿Qué estás haciendo aquí, preciosa?
-Tenemos que hablar –murmuró en tono bajo.
Ok, eso no respondía la pregunta totalmente.
¿Julieta le había dicho la verdad?
-Claro, ven pasa, podemos hablar en donde antes era mi habitación –con sus manos aún entrelazadas Pedro la acerca a un lado suyo, conteniendo las ganas de besarla, mira a Julieta que los ve con ojos grandes.- Ustedes dos… ¿ya se conocieron?
-Paula estaba en la puerta –murmura Julieta- no la querían dejar pasar porque no tenía cita, les mentí a los de la puerta y les dije que venía conmigo.
-Claro, había olvidado que vivías aquí. –dice él.
-¿Cómo encontraste la mansión?, solo te había dado la dirección de mi casa.
-Es impresionante cuantas personas conocen a la familia Alfonso en California –sonrió dulcemente.- Pronto encontré a alguien que me dio las indicaciones para llegar.
-Sí –Pedro carraspeó- Nuestros hoteles fueron muy importantes en algún tiempo.
-Lo siguen siendo –corrigió Julieta.
-¿Vienes a ver a mi madre? –le preguntó.
-No, como ya has dicho… yo vivo aquí –ella caminó hasta donde era su habitación y cerró de un portazo.
-Ella es muy amable –dijo Paula.
-Aún no la conoces bien.
-Me dijo que era la esposa de Pedro…
-Ex esposa –corrigió- se separaron ya hace más de 2 años y él ya no la ama.
Paula inclinó los hombros mientras levantaba su bolso, Pedro la ayudo y se dirigieron a la vieja habitación de él.
-Bonita –aduló ella al ver las rayas blancas y azules y los palos de hockey.
-¿Juegas? –él asintió.
-Con mi abuelo, cuando viajaba a Canadá.
-¿Qué pasó con él? Me dijiste que se habían distanciado.-Pedro miró su cuarto, la verdadera razón del distanciamiento era Julieta, cuando su abuelo se había enterado que se casaría con ella, se había enojado con él y al final se habían peleado. Pedro se había arrepentido tanto cuando se enteró después de la clase de persona que era su esposa, pero aun no era lo suficientemente valiente como para ir y pedirle perdón a su abuelo. No podía contarle eso a Paula.
-Primero dime cómo llegaste aquí, dijiste que querías hablar conmigo…
La morena se inclinó para besarlo y se dio cuenta que Fede era el hermano que tenía los lunares junto al ojo, también podía divisar uno en su cuello ¿los tenía ahí antes? Los únicos que recordaba eran los de la oreja… y esos seguían sin aparecer.
Juntaron sus labios y Pedro introdujo su lengua a la boca de Paula, probando su dulce sabor, esa adictiva sensación que era rozar sus delicados labios y oler su sensual aroma, cayeron sobre la cama y empezó a acariciar las caderas de ella.
-Te eh extrañado muchísimo–murmuró entre besos.
Ella empezó a desabotonar su camisa y a acariciar su duro abdomen, gimió cuando él la cargo y frotó su pelvis contra la de ella. Pedro se alejó de sus labios y empezó a formar un camino de húmedos besos sobre su cuello, mordió el lóbulo de su oreja y después se encargó de hacer un buen chupete debajo de su barbilla, mañana tendría una marca, eso era seguro.
Paula se encargó de quitar su camisa, pero entonces un recuerdo se apoderó de la mente de Pedro, hace pocas horas había despertado desnudo con su ex mujer, ahora novia de su hermano, que estaba en coma. Se separó.
-No sabes lo feliz que estoy de verte, Paula.
Ella frunció el ceño, un poco confundida del frío corte de pasión -¿No quieres estar conmigo? –preguntó evidentemente herida.
Pedro cerró los ojos, se moría por volverla a sentir en él pero sería un asco de persona si le hiciera el amor después de haberse acostado con otra mujer.
-¿Tienes la más remota idea de cuánto te deseo, amor? Pero no creo que este sea el lugar adecuado.
-De acuerdo –sonrió ella mientras ambos se volvían a acomodar sus respectivas camisas.
-¿Ah que has venido, Paula? Te has arriesgado a estar sobre un avión, sola. Debe ser algo importante.
-Me tomé varías pastillas somníferas antes, todo el vuelo estuve dormida. Yo solo quería estar junto a ti en tu cumpleaños.
Pedro inclinó su cabeza poniendo sus frentes juntas y besó levemente su nariz haciendo a Paula sonrojar.
-Eres hermosa.-Le dijo.
-¿Por qué Julieta está viviendo aquí?
Inventa una excusa, se exigió Pedro. No podía decirle que federico… o más bien Pedro estaba en coma.
-Están fumigando su casa –respondió él naturalmente.- No tiene otro lugar en donde quedarse.
-Pero no entiendo… ya no forma parte de esta familia ¿por qué la aceptarían?
-Sigue llevándose bien con mi madre-mintió.
-Ella es muy bella, entiendo porque Pedro quedó flechado por ella –Y era cierto. Paula había quedado impactada al encontrarse con una diablita sensual, con piel de porcelana y cabello negro como la noche, ahora que lo analizaba bien, parecía una Blanca Nieves. Su piel no tenía ninguna imperfección, o al menos los pequeños espacios que Paula pudo ver eran perfectos y sus ojos, era como mirar a una serpiente, era una mirada enigmática, venenosa pero hipnotizante, nunca había visto ojos tan verdes en su vida.
-Paula ¿enserio quieres hablar de Julieta? –preguntó Pedro, incómodo.
-No, perdón. ¿Ella no te cae bien, verdad? Pareciera que la odiaras…
-No confío en ella, mi amor. Tú tampoco deberías hacerlo.
Ella asintió y Pedro volvió a besarla.
-¿Te gustaría conocer a mi madre?
-Me encantaría.
-Bien –dice mientras la abraza y la guía hacía el salón donde siempre habla con Ana.
-No estoy segura de agradarle –murmura ella, tímida.
-La cautivaras–Pedro acarició su mejilla y le da un corto beso- Justo como me has cautivado a mí.
Paula sonrió.
–Te amo.
-Te amo. –musitó, siendo totalmente honesto, por primera vez.
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LEAN EL SIGUIENTE........
domingo, 26 de enero de 2014
Capitulo 18
Hawái.
Cuatro días. Cuatro días sin Fede, cuatro días sola. Realmente no había imaginado pasar así su luna de miel.
En su primera llamada el dijo que intentaría llegar en su cumpleaños.
Hoy le dijo que lamentablemente no lo haría.
El primer cumpleaños de su esposo… y estaban separados.
Suspiró hondamente y se hundió en el sillón, después de haber encontrado las fotos un ataque de culpabilidad le había llenado el pecho. No había tocado esa caja desde hace 3 días. ¿Desconfiar de su propio esposo? ¿De Fede? ¿Del hombre con los ojos más preciosos y con la mirada más brillante?
No podía… no debía. En especial con tan pocas semanas de casados.
Hoy se había decidido por fin. Él cumplía treinta años y ella no podía aceptar que pasara su cumpleaños solo.
Mañana tomaría un avión y más tarde estaría en casa de su esposo, frente a frente con él en California.
Tal vez hasta podía conocer a su madre o a su hermano…
***
Los Ángeles, California.
¿En qué de lío se había metido? Nueve de la noche y aún no tenía algún estúpido disfraz para ponerse. El podría haber estado encantado de dejar a julieta plantada y esperando por él en la fiesta, pero sabía que podría perder demasiado si lo hacía.
Volvió a echar un vistazo a sus ropas, sabiendo ya que no encontraría nada apropiado para ir.
No quería ir, no estaba de humor para fiestas.
Temprano su madre le había llamado diciendo que se tendría que quedar unas semanas más, hasta que el estado de fede mejorara. Quería pasar su cumpleaños con Paula, junto a ella, abrazándola, oliendo su cabello, rozando su piel y besándola, besándola hasta que alguno de los dos se quedara sin labios.
Añoraba tenerla entre sus brazos nuevamente.
Recordaba su pequeña voz quebrada y baja mientras él le daba la noticia, ella había dicho que no le afectaba… pero realmente se oía devastada.
Y ahora seguían distanciados, ella… de seguro aburriéndose y él… preparándose para ir de fiesta con el mismísimo Lucifer.
Lo más seguro es que la maldita iría disfrazada de bruja o de ogro.
Rebuscó ahora en lo más profundo de su armario, encontrándose con un smoking blanco, no recordaba de donde había salido… solo debía conseguir una máscara, si tenía suerte algunas alas y estaría listo.
Sacó el traje cuidadosamente, sorprendiéndose del buen estado en que se encontraba, se vistió cuidadosamente, descifrando la mirada de julieta mientras le hacía la invitación, era una mirada maligna… llena de perversión, y eso no indicaba cosas buenas, tenía que medirse esta noche, un pequeño error y todo se iría a la mierda.
Cierra su equipaje con sus pertenencias desacomodadas adentro, saca la foto que tiene de Paula , esa que su madre le dio hace más de 2 meses. Aunque no quisiera admitirlo, estaba experimentado mucho más sentimientos de los que se había permitido… y de los que le había permitido Ana.
Dio un pequeño beso a la foto y la posó sobre el pequeño mueble al lado de su cama, después se dirigió a una tienda para buscar los arreglos del disfraz, la fiesta era en media hora.
~°~
Las lucen parpadeaban duramente, la música taladraba sus tímpanos y varios colores iluminaban los diferentes rostros dentro del bar ‘Paraíso’, aún no había visto a Julieta ¿Cómo la reconocería en un lugar lleno de gente disfrazada?
Las alas le rozaban la nuca, realmente era muy molesto. Le daba picazón.
-¿Irónico, no lo crees? –Pedro dio la vuelta encontrándose con una diabla vestida completamente de rojo, no se sorprendió… ella y Satanás no se diferenciaban demasiado.
-¿A qué te refieres? –levantó la voz para hacerse escuchar sobre la ensordecedora canción.
-Ay Pedro –jaló de su saco- Eres un ángel, yo soy una diabla, es irónico… ya que venimos en pareja.
-¿Pareja? Yo no vengo en plan romántico contigo, Julieta.
-Esto es una cita, Pedro –gruño ella.
Está loca, pensó él.
-Estoy casado –levanto su mano izquierda, sacudiendo su largo dedo anular mientras el circulo dorado sobresaltaba de la piel bronceada de él.
-Sácate eso –arrancó rápidamente el anillo de su mano y lo puso en el bolsillo del pantalón de Pedro.
-¡¿Cuál es tu problema?!
-Mi problema es que ahora estás conmigo, en una fiesta, en una cita. Tu esposa está lejos de ti, y lo mejor de todo… es que ni siquiera es tu esposa, legalmente Paula Chaves está casada con Fede, no con Pedro.
-Bueno Pedro legalmente al parecer está en coma…
-Sí –Julieta hizo una mueca.- Los planes no están saliendo como ustedes planeaban ¿eh? Amo cuando esa clase de cosas suceden.
-Estás enferma, ¿nunca te has hecho algún examen mental? –murmuró mirándola detenidamente.
-¡Ja, ja, ja! Vamos, quiero que pruebes algo.
Empezaron a caminar hacía la barra entre el tumulto de personas, Pedro iba despacio sus alas se enredaban entre todos. Demasiado frustrante.
-Siéntate, en un momento regreso.
-julieta, no quiero tomar… -ella lo silenció.
-Vas a hacerlo, te juro que no te arrepentirás. –una sonrisa pecaminosa surco sus labios y a Pedro le dieron escalofríos.
Al poco rato volvió con 2 vasos con un líquido dorado ¿Qué era eso?
-¿Qué es? –preguntó.
-Solo bebe.
Pedro dio un trago, uno pequeño. Apenas tocó su lengua un gruñido en su estomagó pudo ser escuchado, y todo el bar empezó a dar vueltas alrededor de él, estaba mareado ¡con un solo traguito! Dejó el vaso sobre la barra mientras sus ojos se cerraban, esto no era normal… era casi imposible sentirse así con tan poco.
-¿Qué les has puesto a la bebida?
-Nada, Pedro –musitó ella.- Solo debes estar sensible ¿hace tiempo que no bebes?
-Yo soy bueno con el alcohol –su voz sonaba extraña… lejana-. Soy bueno para tomar, debo hacerlo en exceso para emborracharme.
-¿Te sientes borracho ya? –julieta acercó el vaso a la mano de Pedro- toma una vez más, tal vez solo fue el impacto, acostúmbrate.
-No –empujó levemente el cristal, pero se sentía demasiado débil, dio otro trago en contra de su voluntad –Sabe horrible –gimió.
-Acábate todo Pedro –pidió ella.
-¡No! –su cabeza estaba empezando a doler ¿droga? ¿Lo estaba drogando?
-Solo unos cuantos mililitros más, Alfonso. Tú puedes.
-No julieta, ¡aléjate! ¡Estás chiflada! –se levantó de su asiento dispuesto a marcharse pero al instante volvió a sentarse, si caminaba, se caería… estaba demasiado aturdido.
Julieta empezó a acariciar su brazo mientras lo ayudaba a alejarse del lugar, él no sentía sus pies ¿estaban flotando?
-¿A dónde me llevas? –pudo decir, esperando ser escuchado entre todo el ruido del lugar.
-Vas a estar bien –murmuró ella con voz ronca.
Pedro sintió arcadas y muchas nauseas, estaba drogado, era obvio… y al parecer no era una droga que te provocara éxtasis o alegría. ¿Las drogas hacían efecto tan rápido? Tal vez puso algo más en la bebida.
<<Vas a estar bien>> sonrió de lado. Estaba con Julieta… era obvio que esto no iba a acabar bien…
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DOS CAPÍTULOS DE REGALO!
GRACIAS POR LEER!♥
Capitulo 17
2 días después.
-Has estado todo el día evadiéndome, Pedro –dijo ella mientras jalaba su brazo bruscamente. Pedro volteó molesto, se estaba cansando de la actitud de Julieta.
-Eh venido a ver a Ana, no a ti. -Musitó- No entiendo por qué te importa tanto, te he dicho que no me interesa tener ningún tipo de contacto contigo.
-Pero a mí sí, me encantaría que pudiéramos ser como éramos antes.
-Eso es incoherente Julieta, antes nos amábamos, o al menos yo te amaba…, antes era inmaduro y mucho más infantil, las cosas han cambiado, las situaciones han cambiado, yo, tu, todos hemos cambiado. ¿Cuál es tu plan? ¿Enamorarme por si mi hermano no sobrevive?
-Nunca creí que fueras tan frío, parece que no tienes corazón.
-¿Entonces dime que es lo que quieres? Te me has estado insinuando desde que llegue... me abrazas, me acaricias y no creas que no me eh dado cuenta de tus intenciones de besarme.
-Te lo estás imaginando todo Pedro.
-No me trates como un maldito iluso, ahora que está la posibilidad de que Federico muera quieres volver a estar conmigo, es tan obvio que es repugnante, se supone que tu lo amas, han estado juntos más de 3 años.
-Sí, pero ahora puedo perderlo…
-¿Y? si lo pierdes no significa que debes coquetear con su hermano.
-Quiero formar parte de los Alfonso, Pedro. Ese ha sido mi objetivo desde siempre, pude llegar a tener el apellido cuando me casé contigo, pero lo perdí después. Fede nunca ha querido casarse.
Pedro abrió los ojos sorprendido ¿cómo podía ella ser tan insolente?
-Eres una descarada ¿Por qué te importa eso tanto?
-Tu apellido es sinónimo de respeto, cualquier persona en California daría lo que fuera por tenerlo, son los reyes de este estado.
-Estamos en quiebra, Julieta. En cualquier momento nuestro apellido solo significara vergüenza y deudas.
-No me importa, yo sé que Horacio logrará volver a la cima de alguna u otra manera.
El rubio se frotó la frente desesperado.
-No te quiero cerca de mí, Julieta. Me das asco. Eres una persona interesada, vanidosa y superficial –pausó un poco- tal como mi madre.
-¿Y tú? Tu tampoco eres un ángel caído del cielo Pedro, cuando Paula se entere de todo tu engaño te odiará. -sonrió malévolamente.- ¿Qué pasaría si se enterara por parte de la ex esposa del farsante y ahora novia del verdadero fede? De seguro le daría un ataque cardíaco o algo por el estilo.
-Si le haces daño a Paula, Julieta. Y escúchame bien porque no planeo repetírtelo más, te juro por dios que yo mismo me encargare de hacértelo pagar –amenazó- y no tendré piedad alguna. Me has arrebatado demasiadas cosas buenas en mi vida, no dejaré que también alejes a Paula.
-Tus amenazas no me provocan efecto alguno, Alfonso –murmuró- yo tengo muchas cosas más contra ti, ¿te parecería que le dijera a la policía sobre tu pequeño juego de personalidades?, tú y tu madre estarían en la cárcel por mucho tiempo…
-Sabía que mi madre no debía de habértelo dicho.
-Pero lo hizo y ahora yo los puedo usar como mis títeres, soy intocable Pedro, así que deja tus amenazas para otra persona. Cuando yo quiera y en el momento en que yo lo desee haré que Paula se entere de toda la verdad –se alejó contoneando las caderas, pero luego dio media vuelta y gritó a Pedro-: Mañana, hay una fiesta de disfraces en el bar Paraíso, te quiero ahí a las diez, o si no ya sabes que pasará.
A pesar de la situación Pedro soltó una risa pequeña, sonaba como de esas advertencias que te hacen los brabucones en la escuela cuando eres un niño. Soltó un suspiro y más tarde entró a la oficina de su madre, las cosas se estaban volviendo mucho más complicadas, tenían al mal viviendo en su casa, un mal que en cualquier momento podía dañar a Paula... o enviarlos a ellos a prisión.
No podía permitir que ninguna de esas cosas ocurriera.
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Capitulo 16
¿Por qué Fede guardaba una cadena que le pertenecía a su hermano? Inevitablemente su cerebro empezó a recabar en cosas pasadas en situaciones realmente extrañas…
Él quitándose algo del cuello y guardándolo en el bolsillo mientras ella caminaba por el altar.
Su repentino cambio de look, la aparición de sus tatuajes y... la desaparición de sus lunares.
Ella tratando de recoger un pequeño colgante de oro en el taxi.
<<No toques mis cosas ¿entiendes? –Gritó - jamás>>
Paula empezó a mirar a su alrededor. Seguía sin comprender cómo podía ser la misma cabaña de su sueño.
<<No confío en ti.
No te estoy pidiendo que lo hagas>>
¿No debería de confiar en Fede?
El timbre del teléfono interrumpió sus pensamientos, corrió a contestarlo y se encontró con la cálida voz de su esposo al otro lado de la línea.
-Hola, cariño ¿cómo te va?
-Me siento muy sola, Fede. ¿Vas a volver pronto? –Pedro tosió del otro lado de la línea.
-Todavía no estoy seguro, hermosa.
-¿Y qué tal si tomo un vuelo y voy contigo?
-¡No! –Se apresuró a decir él- No quiero que te de algún ataque de pánico en el avión.
-Estoy teniendo muchísimos ataques aquí… de limpieza. ¿Recuerdas que te conté que hacía eso cuando me aburría? Deberías ver la cabaña ahora, está reluciente.
-¿Por qué no nadas un poco? La alberca está a tu disposición. También puedes salir a pasear Paula no necesariamente tienes que estar todo el día ahí.
-Quiero estar contigo –gimió ella.
-Y yo también, amor. No sabes cuantas ganas tengo de besarte en estos momentos. –Pedro sonrió pensando en cómo repondría todos los besos cuando la volviera a ver…
-Necesito decirte algo-continuó ella.- Hoy eh encontrado tu caja mientras limpiaba y bueno, créeme que no fue a propósito, pero está se volcó y se abrió y vi una foto con tu hermano, son exactamente idénticos ¿eh? Nunca había visto a dos personas así de iguales… ni siquiera siendo gemelos.
-¿Viste algo más? –preguntó rápidamente.
Paula pensó en decirle lo de la cadena, pero lo dejó para después.- No, solo he visto la foto ¿Estás enojado?
-No, nena. Para nada. –Suspiró claramente aliviado.- Te extraño…
-Yo más, Fede.
- ¿Te incomoda algo? Te oyes tensa…
-Yo estoy bien –mintió, seguía rondándole por la cabeza demasiadas cosas.- Tú te oyes cansado ¿no has dormido aún?
-No, lamentablemente eh tenido que ver a varias personas indeseables, me han puesto de mal humor y estresado.
-Lamento escuchar eso. –de repente una idea llegó a su mente.
El silencio entre ellos se empezó a hacer un poco incomodo. Nadie decía nada.
-Supongo que mañana te llamaré, te amo.
-¡No! Paula espera, yo quería hablarte de algo muy importante pero no creo que sea adecuado decirlo por teléfono.
-¿Y entonces? ¿Me tendrás con la intriga durante toda la semana?
-No; de verdad quiero decírtelo lo más pronto posible, me está carcomiendo vivo.
-¿Algo va mal?
-No es nada por lo que tengas que preocuparte, linda. Te amo muchísimo ¿sí? Intentaré volver para antes de mi cumpleaños. Lo prometo.
Terminaron la llamada y Paula subió rápidamente a la habitación y saco la foto, eran iguales no había ninguna diferencia, tenían hasta el maldito mismo peinado, y su caras estaban demasiado lejos como para que ella diferenciara alguna marca.
Abrió de nuevo la caja y rebuscó más, otra foto de ellos dos, igual de jóvenes, pero con sus rostros más de cerca haciendo gestos extraños, fue cuando ella buscó una lupa y así admiró la foto más de cerca, era un poco difícil porque estaba un poco borrosa y con efecto sepia o algo así, pero no podía darse por vencida.
Si era lo que estaba pensando… varias cosas cambiarian.
Entonces pudo verlo, ahí, tan claro como el agua… un rostro tenía lunares cerca del ojo y el otro no, ahora solo tenía que encontrar la forma de volver a ver la cara de su esposo y descubrir con quién estaba casada en realidad…
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GRACIAS POR LEER!♥
Capitulo 15
-Hola Pedro –la sedosa voz invadió toda la habitación, provocando un temblor interno en el cuerpo de Pedro, hace años que no la veía.
-¿Qué haces aquí? –pregunto con la voz tensa. Alerta a cualquier movimiento que hiciera ella.
-He oído que tu madre te ha contado todo –dijo ella- no te hagas el que no sabes… supongo que es un poco obvio que no te ha mentido.
Entonces Pedro bajó la mirada recorriendo el cuerpo de la mujer que tanto daño le hizo, estaba llena de moretones, tenía un venda recorriéndole el hombro y una muñequera, sus piernas con rasguños y heridas sin cerrar… todo por querer escaparse… con su hermano.
Y ahora él estaba en coma y ella… ella solo tenía la muñeca dislocada. Buena jugada del destino ¿eh?
¿Acaso se estaba cobrando el engaño hacia Paula? ¿El destino se estaba desquitando con su hermano?
-¿Qué ha pasado? Quiero que me lo digas.
-La semana pasada Fede recibió una llamada, no sabría decirte quien llamó, él no me lo dijo. Quién sea que allá sido le informó que Ana iría esa misma tarde a buscarlo, él se puso paranoico y al instante se puso a empacar de todo, salimos una hora después y a los minutos sentimos como el coche estaba teniendo problemas, no había avanzado ni 5 metros cuando algo explotó. No sé que fue… tal vez el motor ¿eso explota? –Pedro puso los ojos en blanco- La cuestión es que el auto volcó y terminamos contra una barda… Yo solo me hice daño en el hombro y mi mano… pero Fede… él…
-Ya sé.- la cortó el rubio, no era necesario que nadie se lo repitiera.
-¿Es muy fea?-preguntó ella después de un pequeño silencio.
-¿De qué hablas?
-Ella, Paula. ¿Es fea? ¿O gruñona? Tal vez un asco en la cama…
Pedro frunció el ceño.
-¿Federico te dijo algo malo de ella?
-Él nunca habló de ese “plan”, tu madre me lo ha dicho el mismo día del accidente. Pero debe de ser una adefesio si es que mi Fede pudo correr el riesgo de manejar un carro en mal estado solo para no regresar con ella.
Alfonso gruño al escuchar como llamaban a su Paula adefesio, ella era la diosa más hermosa de todas. Abrió la boca un poco al notar como seguía refiriéndose a Paula como suya, tal como Julieta se refería a Federico como de ella.
-Es preciosa –musitó- linda, carismática, inteligente y con sentido del humor. Es la mujer más tierna dulce y sensual que eh conocido. Federico fue un tonto al…
-¿Al preferirme sobre ella, ibas a decir eso?
-No –negó él.- Iba a decir que fue un tonto al no querer estar con ella, fue realmente estúpido al perderse una oportunidad como es… ser su esposo.
Los ojos de Julieta se posaron en el anillo que Pedro tenía en su mano izquierda.
-Tú solo te has casado por dinero.
-No hables si no sabes –gruñó.
-Yo digo lo que tu madre me ha contado.
-¿Sabes? Me importa un reverendo comino lo que creas ¿A qué has venido y por qué tanta urgencia en hablarme? La última vez que nos vimos te dije que no quería verte más.
Julieta sonrió –Eso fue hace dos años.
-Que buena memoria tienes –él levanto las cejas- ¿Aún recuerdas cómo te descubrí ese día? Yo sí. Desnuda, engañándome con mi hermano… en mi propia casa.
-Pedro si me dejaras…
-No te he pedido explicaciones en ningún momento, lo único que me interesa saber es que querías hablar.
-Quiero hablar de ese día.
-Pero yo no. Así que me retiro – empezó a caminar hasta la puerta pero su voz lo detuvo.-
-Me veras más seguido de lo que querrás, estoy viviendo aquí.
-¿Por qué? –volteó él mirándola de nuevo.
-Porque no quiero estar sola.
-Bueno entonces, ¡Bienvenida a la mansión del terror Alfonso! Esperamos que su estadía no sea tan terrorífica como fue la mía.
-Sigues guardando rencor hacia mí ¿verdad? Oí por ahí que te has vuelto un mujeriego de lo peor… que ya no crees en el amor.
-No tienes porque meterte en mi vida Julieta, pero estoy orgulloso de decirte que amo a Paula.
-Atracción y amor no son lo mismo.- murmuró ella.
-Es amor –confirmó él. Si quieres creer que es mentira, créelo. Yo sé que es verdad.
-La debes amar demasiado, ya sabes… “Federico” como para engañarla para tener su dinero –dijo ella sarcástica.-
Pedro rodó los ojos y volvió a dirigirse a la puerta. –Me voy Julieta, si necesitas algo no cuentes conmigo… voy a regresar a Hawái lo más pronto posible.
-¿Necesitas a tu esposa para ser feliz? –rió ella.
Pedro asimiló la pregunta y recordó la hermosa sonrisa de Paula.
-Así es –murmuró mientras salía. Había perdido 15 minutos hablando con Julieta en vano, ahora iría a su casa, llamaría a Paula y arreglaría lo más pronto posible su viaje… debía decirle la verdad.
***
.Hawái.
Paula estaba teniendo un ataque de limpieza en esos momentos, siempre los tenía cuando se encontraba aburrida, y todo el día lo había estado, los libros que había ahí no le interesaban, no podía llamar a John porque de seguro estaba trabajando al igual que Emma y Kevin.
Ahora mismo estaba sacudiendo el polvo de su habitación, recordando la primera noche sin Fede a su lado… se había sentido tan sola.
Movió algunos adornos bruscamente provocando que una caja cayera al piso y se abriera.
Era la caja de Fede, la que guardaba con llave. El cerrojo se había abierto con el golpe.
Se agachó velozmente y empezó a recoger todo el papeleo que tenía ahí, tratando de no enfocar su mirada en nada. Por respeto; era sus cosas personales y sería violar su privacidad el verlas sin su permiso.
Cuando la mayoría de los objetos estaban dentro no pudo evitar mirar una foto, demasiado peculiar, eran dos Federico… más bien su hermano gemelo, Pedro y él. Ambos con traje, seguramente en algún baile de graduación, pues lucían juveniles, se veían contentos, amigables… tal como los hermanos deberían comportarse ¿Por qué se abrían distanciado tanto? –volvió a dejar la foto dentro y cerro la caja volviéndola a poner en su lugar.
Siguió limpiando más, y entonces notó como algo brillaba en la alfombra, era un collar, tenía un nombre grabado en oro: “Pedro”
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sábado, 25 de enero de 2014
Capitulo 14
Regresaba demasiado temprano esta vez. Casi 45 minutos antes. Hoy había decidido recortar su rutina de ejercicios porque cumplía un mes de casado con Julieta, hace unos momentos había comprado el ramo más grande que la florería tenía, en su casa tenia guardados ya dos botellas de vino y un hermoso collar que ella había admirado en un vitral hace pocas semanas.
<< ¿Bebé? –cariñosamente la llamó -¿Qué pasa, amor? –había preguntado al verla paralizarse frente a una vitrina de la joyería.
-Es precioso –dijo ella con voz pérdida mientras miraba la brillante pieza.
-Lo compraremos después ¿te parece? Eh dejado las tarjetas de crédito en el departamento y todo el dinero me lo eh gastado en el supermercado.
-Está bien –había elevado los hombros levemente y habían seguido con su camino.
2 días más tarde…Pedro había vuelto a la tienda para comprar el collar. >>
Era difícil para él asimilar todo lo que había pasado últimamente. Pedro siempre se había garantizado por ser alguien rebelde, no le gustaban las responsabilidades y mucho menos los lazos definitivos. Cuando la conoció a ella rompió toda logística en su vida. Nunca había creído en el amor a primera vista, Julieta lo hizo cambiar de opinión. Se conocieron durante una fiesta y él había quedado loco por ella, era una mujer espectacular; 2 semanas después le había pedido matrimonio, su madre, como siempre… se había opuesto, pero no le había importado, Julieta era la mujer de su vida. Cada vez que estaba junto a ella parecía hechizado.
Movió las llaves con cuidado, tratando de identificar la correcta y abrir. Cuando pudo encontrarla entró a la casa con el ramo por detrás de su espalda, Julieta no estaba en la librería, tampoco en la sala… ni en la cocina.
-¿Juli? –murmuró.
Tampoco estaba en la sala de juegos.
Solo quedaba un lugar… tal vez tomaba una siesta.
Pegó las flores aún más atrás de él, no quería que ella las viera antes de tiempo, cuando se acercó un leve gemido rompió el silencio, seguido de un gruñido… masculino.
Abrió la puerta extrañado y quedo quieto al instante que sentía como su estomago se contraía de puro dolor y su corazón experimentaba una sensación algo parecida al ser atravesado por una lanza.
Su esposa y su hermano en su cama… haciendo el amor.
-Pedro, amor- Pedro siseó al escuchar las palabras.- No es lo que parece. –chilló mientras se cubría con las sabanas.
-Eres una sínica, maldita –gritó él mientras dejaba caer el ramo al suelo y se acercaba furioso.
-Hermano… -dijo Federico.
-¡Cállate! -Lo silenció- No te atrevas a llamarme nunca así ¿entendido? ¡JAMÁS!
-¿Cómo pudiste hacerme esto?-gimió dirigiéndose a Julieta, ella tenía los ojos llorosos, por un instante Pedro quiso abrazarla, no podía, ella estaba entre los brazos de su hermano- ¡Contéstame!
-Es que…
-Hoy era nuestro aniversario ¡Un mes! ¡Un mes juntos y ya me has engañado! ¿Cuánto tiempo llevan ustedes?
-Amor…
-No me llames así zorra barata –escupió las palabras con frustración, ella era la mujer de su vida…
-No le faltes al respeto, Pedro –Federico se interpuso entre ambos. Entonces también se dio cuenta de algo más…
-Eras mi hermano, sangre de mi sangre, mi confidente… mi amigo ¿por qué? ¿Por qué con ella, Federico?
-Pedro uno no puede elegir a quien amar.
-Pero puede elegir entre acostarse con la mujer de su hermano o no.
-Bebé... –dijo ella en un tono bajo.
-Quédate con el departamento, no me interesa tenerlo. En unos días te llegará el acta de divorcio, no quiero verte más ¿entendido? –luego vio a su hermano- Tú, más vale que tampoco te vuelva a ver la cara, porque yo mismo me encargare en hacértela pedazos.
Retrocedió un poco chocando con las flores ya maltratadas en el piso, daban pena, tal como él.
-Ustedes dos –pronunció mientras la primera lagrima mojaba su mejilla, no podía permitirse llorar.- Eran lo único bueno que tenía en mi vida. Creía que ninguno de los dos me haría daño jamás.
Seguido salió por la puerta y después de caminar por algunas calles se echó a llorar.
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3 CAPITULOS!! GRACIAS POR LEER!!
Les agradezco por todos los comentarios que estoy recibiendo! GRACIAS!♥
Capitulo 13
Los Ángeles, California.
Se escuchó un pequeño chirrido mientras Pedro entraba a su casa. Se había ido hace pocas semanas y aun así estaba llena de polvo. Su viaje había sido mucho más corto de lo que se esperaba, pero aún así agotador; lo único que deseaba en ese momento era llamar a Paula, ducharse y después dormir.
Empezó a desempacar la poca ropa que había traído de Hawái, no era necesario tener mucha pues su estadía solo duraría 5 días, aunque si lo pensaba mejor… y Federico tenía que tomar su lugar, todas sus pertenencias se quedarían en la cabaña…
¿Por qué no había pensado en eso antes?
Un poco frustrado entro a bañarse, los planes de la llamada y dormir serían para más tarde, ahorita su objetivo era claro: Debía visitar a su madre y saber cuál era la razón de su capricho para que él volviera.
Cruzaba los dedos para que no tuviera nada que ver con su hermano.
Ya cambiado y preparado, salió de su casa y caminó hasta la mansión Alfonso, no tenía otra opción, sin coche, sin motocicleta, y el dinero que guardaba no iba a gastarlo en un taxi, la casa no se encontraba tan lejos de todas maneras.
La prominente reja apareció frente a él y junto a ella, los vigilantes. Pedro seguía sin entender como su madre podía conservar todos sus lujos aun sabiendo que los hoteles estaban en quiebra.
-Vengo a ver a mi madre, ella me espera –dijo a uno de los policías que inmediatamente lo dejó entrar. Al llegar a la puerta un escalofrío bajó por su espalda, y sintió su mano temblar al tocar el frío metal de la perilla que giró lentamente.
Ana lo esperaba del otro lado. Con sus ojos verdes habitualmente vacíos que ahora eran adornados con una pequeña chispa de ¿preocupación?
-Hola –pronunció él en voz baja.
-Siéntate, por favor –Ella lo guío hasta la pequeña sala de estar y como siempre Pedro guardó las distancias, sentándose apartado de su madre. Tratando de descifrar su mirada.
-¿Puedes decirme ahora que es tan importante como para interrumpir mi luna de miel?
-Sí te lo hubiera comunicado por teléfono hijo, tal vez hubieras cometido una tontería.
-Entonces ya habla –dijo impaciente.- quiero irme de esta casa y de este estado lo más rápido que pueda.
-Creo que no será tan rápido como lo imaginas, verás Pedro –comenzó ella- Desde que te pedí que hicieras todo esto de la farsa, yo estuve investigando por mi cuenta, no me iba a dar por vencida… yo tenía que encontrar a tu hermano.
-¿Lo hiciste? –preguntó, luego inspeccionó su alrededor- ¿Él está aquí?
-¿Escúchame primero sí? Nuca has sido bueno para callarte y escuchar… Cómo sea, la cuestión aquí es que sí, si lo encontré, justo el día en que la boda se llevó a cabo, en el mismo momento en que de seguro tú estabas pronunciando un “acepto” él estaba reconciliándose con su novia…
La cara de Pedro palideció.
-Ya sabes, festejando el día de San Valentín por adelantado, en un restaurante de la ciudad. Que descarado fue de parte de Federico salir con Julieta el mismo día en que debería estar casándose con Paula ¿no lo crees?
Pedro asintió, se estaba sintiendo mareado.
-Lo dejé que disfrutara esa noche, ya sabes –Ana sonrió al ver la expresión vacía de su hijo.- Pero al día siguiente mande a varias personas a seguirlo, y a otras las puse a que sacaran información. Al parecer Julieta se ha contactado con él y se han visto durante todo el mes pasado, le ha dicho que la perdonase, que fue un error terminar su relación, él aceptó rápidamente, sabes que ella siempre ha sido la debilidad de Fede… y la tuya.
-Eso no es cierto –gruñó el rubio.
-Claro que es así, es impresionante como una mujer puede hacer que dos hombres que comparten la misma sangre se odien solo por culpa de ella, yo siempre eh pensado que es demasiado poca cosa para ustedes dos, pero ya ves… tú te has casado con ella… y Fede se ha escapado con ella. Debe ser una mujer muy astuta.
-O una muy zorra –soltó Pedro entre dientes.
-Sí, eso también. Pero el problema no es ese Pedro, el problema empezó la semana pasada… Fede se ha enterado que lo eh estado siguiendo y a huido junto con Julieta, el auto donde iban tuvo un fallo mecánico, un accidente ocurrió y –Ana movió las manos nerviosa- Fede está en coma desde hace una semana.
-¡¿Qué?!
-Pero esa no es la peor parte –continuó Ana.
-¡¿No es la peor parte?! ¡¿No es la peor parte, madre?! ¡Dime que puede ser peor que esto! ¡Mi hermano está al borde de la muerte! ¡Y yo, yo estoy haciéndome pasar por él! ¡Engañando a una mujer que no sabe que su verdadero esposo está en coma! –gritó Pedro desesperado.
-Pedro cálmate, te va a hacer daño si sigues así –Ana miró a su hijo con la cara roja y descompuesta, la noticia le había caído mucho peor de lo que se esperaba.
-¿Qué te han dicho los doctores?
-Tiene varios huesos rotos y un muy fuerte golpe en la cabeza, que fue lo que obviamente provocó el coma, si sus heridas no sanan… puede morir.
Alfonso gimió conteniendo el llanto, sentía toda la cara caliente.
-Y si sus heridas sanan… ¿Despertará?
-No lo sabemos Pedro –Ana acercó su pequeña mano al cabello de su hijo, pero él la apartó de un manotazo.
-Entonces, dime, Si esta no es la peor parte ¿cuál es?
-Eh estado dándole vueltas al tema, pensando y repasando varias cosas… Si Fede llegara a fallecer, nos tendrían que entregar un acta de defunción, Fede no puede estar muerto… porque él cobrara un dinero después de divorciarse en un año –miró a Pedro dejando en claro que por “Fede” hablaba de él-
-No entiendo –musitó él. ¿Su madre aún estaba pensando en la fortuna de los Chaves? ¿Aún por encima del accidente de su propio hijo?
-No podemos dejar que Federico Alfonso muera, así que legalmente el que está en este momento en coma es Pedro Alfonso. –Pedro abrió los ojos como platos.- hijo entiéndeme, tuve que hacerlo.
-¿Registraste a Federico con mi nombre? ¿Sabes qué significa eso? Que si por alguna razón Federico fallece, para el estado de California el muerto voy a ser yo ¡yo! ¿Te das cuenta la tontería que acabas de cometer? ¿Qué acaso los estúpidos médicos no encontraron la credencial en su cartera, o qué? Pedro Alfonso no está en coma, Pedro Alfonso está hablando aquí contigo. ¡Maldita sea!
-No fue culpa de nadie Pedro, solo mía. Yo registre a Fede como Pedro Alfonso. Tenía que hacerlo o todo nuestro plan se iría para la basura, Julieta me apoyó…
-Espera, espera ¿qué? ¿Julieta te apoyo? ¿Julieta sabe?
-Tenía que decírselo ¿Qué pasaría si le preguntaban a ella y respondía otra cosa? Nos echaría todo a perder.
-¿Sabe de Paula? –Ana se quedó callada.- ¡Por dios contéstame! ¿Le contaste sobre Paula? –Ella asintió- Mierda. Eso no está bien.
-¿Por qué?
-No sé. No confió en Julieta, al final va a usar esto contra nosotros, yo lo sé. Va a hacerle daño a mi Paula.
-¿Tú Paula? ¿Acaso ya es tu propiedad?
-No quise decir eso…
-¿No te has enamorado de ella, o sí?
Pedro negó con la cabeza, pero no se veía convencido, Ana notó eso.
-Hablaremos de eso más tarde, alguien te está esperando en el salón, quiere hablar contigo.
-¿Quién?
-Ve y descúbrelo por ti mismo –señaló una habitación que no estaba muy apartada, fácilmente aquella persona pudo escucharlos discutir desde ahí.
Pedro se acercó y abrió la puerta suavemente, tenía los nervios de punta, el baño de hace unas horas no había servido de nada, sentía todo los músculos tensos. Su cuerpo estaba aún más cansado que como se sentía en el avión.
Extrañaba a Paula, debió haberle hablado antes de venir aquí, ahora cuando la llamara ella podría sospechar de su tono incómodo, ¿Qué pasaría con ella cuando se enterara que el verdadero Federico puede morir en cualquier instante?
No hubo tiempo para crear más preguntas en su cabeza. Toda su atención se enfocó de repente en una sola cosa.
Su ex esposa estaba frente a él.
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