lunes, 27 de enero de 2014
Capitulo 19
Todo su cuerpo se sentía pesado, como si tuviera agua en lugar de órganos en su interior, su cabeza era un infierno, dolía con cualquier movimiento que hacía, esto era peor que una resaca, ¿Qué diablos le habían puesto en su trago anoche?
Estúpido él por haberlo bebido. Aun recordaba sus propios pensamientos antes de la fiesta “Se cauteloso, Pedro” Y lo primero que hace es tomar una bebida de la chica que lo quiere conquistar, por así decirlo.
Bien hecho, Pedro eres un genio, se reprochó.
Su cuerpo estaba débil y sentía los tímpanos palpitar al compás del ardor dentro de su cerebro, esto era como tener fiebre pero multiplicada por cien. Estaba sudando. ¿Qué hora era?
¿En dónde estaba?... ¿Y con quién?
Se obligo a sí mismo a abrir los ojos, arrepintiéndose al instante por el brillo encandilador de la ventana y cerró los ojos lo más rápido posible, era de día… al menos eso estaba comprobado.
¿Seguía Julieta con él?
Oh no… Oh Cristo por favor que no haya pasado lo que él estaba pensando…
-¡Julieta! –gritó furioso, ganándose una buena tortura en las sienes. ¿La noche anterior le habían taladrado la cabeza? Eso podría tener mucho sentido tomando en cuenta todo el dolor.
Escuchó pasos pequeños acercándose y luego unos labios sobre los suyos, besándolo, con la pequeña fuerza que tuvo la apartó de encima de él.
-Has despertado –murmuró ella cariñosamente.
Total y absolutamente confirmado, Julieta era una psicópata. Tal vez el accidente lo había provocado… O tal vez era una loca de nacimiento.
-¿Qué me hiciste ayer?
-Nada que no quisieras, cariño. –Pedro bufó.
-No recuerdo haberte dicho “Hey Julieta, invítame a una fiesta de disfraces, cuando estemos ahí no olvides drogarme”
-¿Quién ha dicho que te eh drogado?
-Bien entonces ¿Qué me has hecho? No encuentro otra puta razón por la cual ese liquido me hizo daño tan rápido, es incoherente, había tomado un traguito y ya estaba mareado.
-Bueno, ese era el plan –Alfonso pudo sentir el peso de ella viajar al lado de él, sobre la cama.- Siendo sincera, no sé qué fue lo que puse en la bebida, yo pedí algo que te noqueara y bueno hicieron bien su trabajo…
-¿Fueron los del bar? ¿Ellos te dieron esa porquería? –los demandaría.
-No, Pedro. Yo tengo contactos por mi parte, me dieron lo que quería y yo después te lo puse en el alcohol.
-¿Ósea que ni idea tienes que me ha entrado al organismo? ¡Pudiste haberme matado! ¿Captas? Imagínate que es una droga a la que mi organismo no reacciona bien, o solo piensa si me hubieras dado más de lo debías… ¡podía estar en este mismo instante convulsionándome por una sobredosis!
-Pero no fue así…
-Pero no fue así –repitió él, refunfuñando- Tuviste suerte. Y yo también la tuve –gimió al sentir una punzada en la cabeza.
-Te he traído una pastilla, para el dolor de cabeza.
-No planeo poner en mi boca ninguna cosa que tú me des.
-Es aceptarla, o seguir muriendo de dolor, tú decides. –sentenció.
Pedro estiró la mano sintiendo como ella le entregaba la pequeña pastilla y lo ayudaba a reclinarse un poco para poder tragarla.
-Tendrá efecto en unos minutos, aguanta.
El rubio espero mientras el dolor disminuía pausadamente, cuando despareció por completo abrió los ojos.
Estaba en su casa.
En su cama.
Desnudo.
Julieta solo tenía un albornoz.
-Te exijo que me digas que ha pasado. –musitó.
-¿No recuerdas absolutamente nada? –pregunto ella.
El negó firmemente- Nada, estoy en blanco- una sonrisa maliciosa cursó los labios de Julieta.
Pedro se puso derecho y se sentó mirando a su alrededor, comprobando que nada faltara. La foto de Paula ¿dónde estaba? La había dejado en el mueble a lado de él y ya no estaba ahí…
-¡Contéstame! –pidió desesperado mientras recorría una y otra vez su cuarto con mirada de halcón, no había rastro de la foto.
-Estuvimos juntos –dijo- Me hiciste el amor como nunca lo habías hecho.
-¿Drogado? Sí, es que nunca había probado la droga antes –murmuró él, sarcástico.-
-No hagas bromas ahora,Pedro. Me refiero a que estuviste muy potente, me hiciste sentir… –él levantó la mano silenciándola, no quería escuchar las tonterías que ayer cometió.
-Abusaste de mí.
-No te oí quejarte en ningún momento.
-¡No podía! –Gruñó- No estaba en mis cincos sentidos, no recuerdo siquiera como llegamos aquí.
-En mi auto.
-¿Y cómo abriste?
-Me diste las llaves –respondió mientras encogía los hombros.
-Quiero que entiendas que yo no quise que nada de eso pasara Julieta, te aprovechaste, lo tenías todo calculado.
Tomó su ropa interior y salió de la habitación. Mientras se vestía sintió como Julieta estaba detrás de él.
-Tú también disfrutaste, Pedro. No solo fui yo…
-Yo nunca quise dormir contigo, Julieta. Deja ese tema por la paz, y mejor has como si nunca hubiera ocurrido ¿de acuerdo? Toma tu ropa y sal de mi casa.
Ella puso los ojos en blanco y poco después salió con el mismo disfraz que vestía en el bar, se dirigió a la puerta.
-La foto de Paula -murmuró mientras se iba, Pedro la miró atento.- La quemé.
Después cerró la puerta escuchando como él la maldecía a gritos.
Pedro se dirigió rápidamente a buscar el pantalón blanco que usó ayer, cuando lo encontró palpo el bolsillo y suspiró aliviado. Su anillo de casado aun estaba ahí.
Temía que Julieta también lo hubiera incendiado. Puso la argolla en su dedo y la vio brillar.
Ayer no había llamado a Paula. ¿Ella le había llamado a él? Camino hacía el teléfono revisando si tenía algún mensaje, pero no había ninguno. Miró el calendario por encima de él.
27de febrero.
Dos días para su cumpleaños.
Se hundió en el sillón mientras el dolor de cabeza volvía a comenzar, trató de parecer tranquilo y maduro mientras Julieta le contaba todo lo que había ocurrido, hasta en un momento intento ser gracioso… pero ahora todo el peso de la culpa cayó sobre él.
Había hecho el amor con Julieta. No… no era hacer el amor. Porque él no la amaba. Había tenido sexo.
Había engañado a Paula.
Infiel. Además de ser un farsante era infiel.
-Soy una porquería de persona –murmuró para sí mismo.
Necesitaba hablar con su madre, ya no podía seguir mintiendo, mucho menos con lo que acababa de pasar…
~°~
-El adjetivo estúpido te queda pequeño, Pedro –chilló Ana mientras sus ojos verdes echaban chispas.- No debí haber confiado en ti, no te controlas.
-Oye, oye para –dijo- no estaríamos metidos en esto si dejaras de ser tan interesada. Horacio está arreglando las cosas muy bien… no necesitamos la fortuna de Paula.
-¡Yo la necesito! –Gritó ella- Sabes que nuestra situación económica no volverá a ser la misma. Horacio no puede hacer tanto.
-Pues entonces trabaja, no tienes porque dejar todo en manos de papá.
-Si no estuvieras de caliente, no tendríamos este problema.
-¡Yo no estaba de “caliente”, ella me engaño, me emborracho o me drogó! Ni siquiera estoy seguro de que me hizo.
-Pero es que debiste tener cuidado, me dijiste que esa mujer haría lo que fuera por obtener tu apellido, así que porque fuiste tan tonto como para aceptar hacer todo eso.
-Era aceptar… o ir a la cárcel. Estás buscando culparme porque sabes que todo esto que está pasando se debe a ti, tú fuiste la que le dijiste toda la verdad a Julieta.
-Yo no pensaba que ella haría esto.
-No, Ana, no pensaste. ¿Te lo advertí, no es así? Te dije que yo sabía que en cualquier momento ella se iría contra nosotros.
-¿Pedro que vamos a hacer? El estrés me está matando viva. Tu hermano sigue sin despertar, ella nos está saboteando y tú, tú ahora te sientes culpable y quieres delatarnos, me hace daño al corazón, yo ya no soy tan joven hijo.
-No trates de chantajearme, mamá. Estás perfecta de salud y yo ya no quiero ser parte de tu juego. Si tengo que ir a prisión quiero que sea porque YO le dije la verdad a Paula, no porque alguien más se lo contó.
-¡Ya basta, Pedro! No puedes fallarme. ¿Mandarías a tu propia madre a la cárcel?
-Lo haría –afirmó a él.- Paula es mi prioridad, tu nunca lo has sido. Te estoy agradecido por traerme a la vida. Supongo que sin ti nunca hubiera existido, te agradezco también ser superficial y loca por el dinero, porque eso me envió a conocer a la mujer de la que ahora estoy enamorado…
-No puedes enamorarte de alguien en 3 semanas. –contestó ella fríamente.
-Repito las mismas palabras que me dijiste hace unos días ¿recuerdas que paso con Julieta? Le pedí que fuera mi esposa después de dos semanas.
-Tenías 27 años, Pedro, no estabas listo para el matrimonio, y además ya sabes cómo terminó todo eso… ¿Quieres que pase lo mismo con Paula?
Pedro tensó la mandíbula.
-No creo que su relación progrese –continuó Ana- una relación que empieza con mentiras nunca acaba bien.
-Sé muy bien cuan inmaduro era cuando me casé con Julieta, pero ya eh crecido y eh entendido que ni el matrimonio ni el amor son un juego.
-Si hubieras madurado no hubieras aceptado engañar a Chaves.
-Cuando acepté aún no había entendido el concepto, estaba enojado, frustrado, el amor para mí era basura y el dinero era todo lo que conocía como vida.
-Y ella te hizo cambiar de opinión.
-Sí
-Se sincero ¿Qué sientes por ella?
-La AMO.
Ana abrió su boca para protestar pero el sonido del timbre de la puerta la interrumpió.
-Es día libre de la señora de servicio, ¿puedes abrir tú?
Pedro salió mientras se desacomodaba la rubia cabellera, su madre lo ponía inquieto.
Abrió la puerta y fue como si le echaran una cubeta de agua fría, sobre todo su cuerpo.
En la puerta de la mansión de los Alfonso.
julieta y Paula, ambas frente a él.
-Hola, Fede –pudo notar la sombra de una sonrisa en los labios de Julieta mientras Paula lo saludaba, la maldita se estaba riendo de la situación.
-Cariño –dijo mientras tomaba la mano de Paula y besaba sus nudillos.- ¿Qué estás haciendo aquí, preciosa?
-Tenemos que hablar –murmuró en tono bajo.
Ok, eso no respondía la pregunta totalmente.
¿Julieta le había dicho la verdad?
-Claro, ven pasa, podemos hablar en donde antes era mi habitación –con sus manos aún entrelazadas Pedro la acerca a un lado suyo, conteniendo las ganas de besarla, mira a Julieta que los ve con ojos grandes.- Ustedes dos… ¿ya se conocieron?
-Paula estaba en la puerta –murmura Julieta- no la querían dejar pasar porque no tenía cita, les mentí a los de la puerta y les dije que venía conmigo.
-Claro, había olvidado que vivías aquí. –dice él.
-¿Cómo encontraste la mansión?, solo te había dado la dirección de mi casa.
-Es impresionante cuantas personas conocen a la familia Alfonso en California –sonrió dulcemente.- Pronto encontré a alguien que me dio las indicaciones para llegar.
-Sí –Pedro carraspeó- Nuestros hoteles fueron muy importantes en algún tiempo.
-Lo siguen siendo –corrigió Julieta.
-¿Vienes a ver a mi madre? –le preguntó.
-No, como ya has dicho… yo vivo aquí –ella caminó hasta donde era su habitación y cerró de un portazo.
-Ella es muy amable –dijo Paula.
-Aún no la conoces bien.
-Me dijo que era la esposa de Pedro…
-Ex esposa –corrigió- se separaron ya hace más de 2 años y él ya no la ama.
Paula inclinó los hombros mientras levantaba su bolso, Pedro la ayudo y se dirigieron a la vieja habitación de él.
-Bonita –aduló ella al ver las rayas blancas y azules y los palos de hockey.
-¿Juegas? –él asintió.
-Con mi abuelo, cuando viajaba a Canadá.
-¿Qué pasó con él? Me dijiste que se habían distanciado.-Pedro miró su cuarto, la verdadera razón del distanciamiento era Julieta, cuando su abuelo se había enterado que se casaría con ella, se había enojado con él y al final se habían peleado. Pedro se había arrepentido tanto cuando se enteró después de la clase de persona que era su esposa, pero aun no era lo suficientemente valiente como para ir y pedirle perdón a su abuelo. No podía contarle eso a Paula.
-Primero dime cómo llegaste aquí, dijiste que querías hablar conmigo…
La morena se inclinó para besarlo y se dio cuenta que Fede era el hermano que tenía los lunares junto al ojo, también podía divisar uno en su cuello ¿los tenía ahí antes? Los únicos que recordaba eran los de la oreja… y esos seguían sin aparecer.
Juntaron sus labios y Pedro introdujo su lengua a la boca de Paula, probando su dulce sabor, esa adictiva sensación que era rozar sus delicados labios y oler su sensual aroma, cayeron sobre la cama y empezó a acariciar las caderas de ella.
-Te eh extrañado muchísimo–murmuró entre besos.
Ella empezó a desabotonar su camisa y a acariciar su duro abdomen, gimió cuando él la cargo y frotó su pelvis contra la de ella. Pedro se alejó de sus labios y empezó a formar un camino de húmedos besos sobre su cuello, mordió el lóbulo de su oreja y después se encargó de hacer un buen chupete debajo de su barbilla, mañana tendría una marca, eso era seguro.
Paula se encargó de quitar su camisa, pero entonces un recuerdo se apoderó de la mente de Pedro, hace pocas horas había despertado desnudo con su ex mujer, ahora novia de su hermano, que estaba en coma. Se separó.
-No sabes lo feliz que estoy de verte, Paula.
Ella frunció el ceño, un poco confundida del frío corte de pasión -¿No quieres estar conmigo? –preguntó evidentemente herida.
Pedro cerró los ojos, se moría por volverla a sentir en él pero sería un asco de persona si le hiciera el amor después de haberse acostado con otra mujer.
-¿Tienes la más remota idea de cuánto te deseo, amor? Pero no creo que este sea el lugar adecuado.
-De acuerdo –sonrió ella mientras ambos se volvían a acomodar sus respectivas camisas.
-¿Ah que has venido, Paula? Te has arriesgado a estar sobre un avión, sola. Debe ser algo importante.
-Me tomé varías pastillas somníferas antes, todo el vuelo estuve dormida. Yo solo quería estar junto a ti en tu cumpleaños.
Pedro inclinó su cabeza poniendo sus frentes juntas y besó levemente su nariz haciendo a Paula sonrojar.
-Eres hermosa.-Le dijo.
-¿Por qué Julieta está viviendo aquí?
Inventa una excusa, se exigió Pedro. No podía decirle que federico… o más bien Pedro estaba en coma.
-Están fumigando su casa –respondió él naturalmente.- No tiene otro lugar en donde quedarse.
-Pero no entiendo… ya no forma parte de esta familia ¿por qué la aceptarían?
-Sigue llevándose bien con mi madre-mintió.
-Ella es muy bella, entiendo porque Pedro quedó flechado por ella –Y era cierto. Paula había quedado impactada al encontrarse con una diablita sensual, con piel de porcelana y cabello negro como la noche, ahora que lo analizaba bien, parecía una Blanca Nieves. Su piel no tenía ninguna imperfección, o al menos los pequeños espacios que Paula pudo ver eran perfectos y sus ojos, era como mirar a una serpiente, era una mirada enigmática, venenosa pero hipnotizante, nunca había visto ojos tan verdes en su vida.
-Paula ¿enserio quieres hablar de Julieta? –preguntó Pedro, incómodo.
-No, perdón. ¿Ella no te cae bien, verdad? Pareciera que la odiaras…
-No confío en ella, mi amor. Tú tampoco deberías hacerlo.
Ella asintió y Pedro volvió a besarla.
-¿Te gustaría conocer a mi madre?
-Me encantaría.
-Bien –dice mientras la abraza y la guía hacía el salón donde siempre habla con Ana.
-No estoy segura de agradarle –murmura ella, tímida.
-La cautivaras–Pedro acarició su mejilla y le da un corto beso- Justo como me has cautivado a mí.
Paula sonrió.
–Te amo.
-Te amo. –musitó, siendo totalmente honesto, por primera vez.
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LEAN EL SIGUIENTE........
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