miércoles, 29 de enero de 2014
Capitulo 24
.2 semanas y media después.
-Paula, nuestro vuelo sale en menos de dos horas, necesito que te levantes ¡ya!
Ella pudo escuchar levemente la voz de su hermano, pero aun así decidió ignorarlo, tenía mucho sueño y nada de ánimos de subir a un avión.
-Paula ¿Estás bien? ¿Te has sentido enferma?
Negó con la cabeza.- Solo tengo sueño, déjame dormir –se quejó.
-Esto no es normal, Paula. Estás durmiendo más de 11 horas por día y aún así te ves exhausta.
-No, no es normal –murmuró ella mientras empezaba a despertar.
-Deja darme un baño rápido y nos vamos.
-Te prepararé un té para tu fobia –ella asintió y se dirigió hacía el cuarto de baño.
Empezó a ver su reflejo en el espejo: estaba demasiado delgada, Quizá era porque la semana pasada había vomitado mucho, casi cada mañana. Tal vez por eso se debía su cansancio, porque estaba recuperándose de la enfermedad…
Abrió el chorro caliente y empezó a frotar la esponja contra su cuerpo, mientras un hermoso rostro empezaba a tomar posesión de sus pensamientos.
Pedro.
La última vez que lo había visto él… él estaba besando a Julieta, y ella había salido de ahí, huyendo como la cobarde que era; tragándose toda las palabras que quería decirle, guardándose para ella misma el verdadero regalo de cumpleaños que le había comprado y que planeaba entregarle al día siguiente: una guitarra, pero entonces había quitado la verdadera tarjeta en donde le pedía verse en una cita la siguiente tarde, y solo había dejado el frío papel donde le deseaba feliz cumpleaños.
¿Qué estaría haciendo él ahora? ¿Estaría con ella? ¿Con Julieta? Probablemente sí.
Tal vez debería denunciarlo, ¿preferiría verlo tras las rejas que con Julieta? No, preferiría verlo junto a ella, a su lado, abrazándola, poder despertar y ver sus ojos mieles brillosos, y poder acariciar sus tatuajes, y besarlo… como añoraba un beso de Pedro.
Lo amaba y lo extrañaba. Lamentablemente él no sentía lo mismo. Todo había sido por dinero. Por el estúpido dinero.
Contuvo un pequeño sollozo y esparció el shampoo por su cabello con un leve masaje, ya se estaba haciendo tarde y ella solo malgastaba su tiempo pensando en gente que no pensaba en ella, salió poco después de la ducha, encontrándose con una taza de té y una pastilla en su mesita de noche.
Empezó a dar pequeños sorbos, recordando el fino dedo de Pedro, rojizo y levemente hinchado después de que se lo hubiera quemado con él té que traía para ella, en su viaje de luna de miel y cómo ella le había reprochado haber comprado boletos de avión.
<<-No creo que ni mil pastillas puedan dormirme, Fede. Estoy queriendo vomitar. No sé cómo pudiste hacer esto.
-No fui yo-susurró >>
Claro que no había sido él… ahora eran tan claras las cosas. Bueno… no todas, aún había sombras oscuras que aclarar, necesitaba saber que había hecho los días en que había regresado a California, aunque sería raro que ella se lo preguntase, de todas maneras no lo volvería a ver hasta unas semanas más… cuando firmaran el divorcio en Nueva York.
Ya le había enviado el documento, más bien John lo había hecho.
Todavía no estaba segura si se estaba divorciando de Pedro o de Federico, pero creía hasta ahora que era de Federico Alfonso, habían falsificado hasta su firma en los papeles. Además medicamente Pedro Alfonso estaba en coma.
Hace unos días había llamado al hospital y alegremente una enfermera le había dicho que Pedro (refiriéndose a Federico claro está) empezaba a dar señales de mejoría, había sido una de las noticias más felices de la semana, quería poder soñar por un momento que la leve platica que había compartido con él mientras lo visitó le había ayudado de alguna manera a tener ganas de vivir.
Dejó la taza de té y salió por la puerta encontrándose con una cara afligida.
-¿Te pasa algo, John? –le preguntó.
-No me gusta verte así, pequeña. Prométeme que en cuanto bajemos del avión iras con el médico familiar, estás desnutrida, y el sueño y los mareos que tienes no son nada comunes.
-Te lo prometo, Johny –le dio un beso en la mejilla mientras le pasaba su equipaje.
~°~
-Ok, me sentía calmada, pero ya no.
-Odio que no haya otra manera para volver a Nueva York, perdón.
-No es tu culpa John, creo que enserio debería ir a terapia o algo por el estilo, si no supero este miedo tendré muchas complicaciones en mi vida.
-¿Cómo hiciste para soportar el vuelo a Hawái, o el de regreso?
Paula se ruborizó, Pedro había sido su único soporte para no tener un ataque paranoico sobre el avión.
-Me intoxique de pastillas –mintió.
-¿Tomaste la que dejé en el hotel?
Ella negó tímidamente- sentí que no la necesitaría.
-Pues te equivocaste –dijo él-¿Emma sabe que regresas hoy?
-No sé, ¿hablaste con ella? Yo no le eh hecho desde la boda…
-Es tu mejor amiga, Paula ¿por qué no le has platicado?
-Me juzgará, ella presintió esto desde un principio…
-¿Qué hubiera pasado si le hubieses hecho caso?
-El hubiera no existe –murmura tensa. Si le hubiera hecho caso jamás hubiese conocido a Pedro… ¿valió la pena todo solo por él?
Sí. Se respondió sola, aunque él no la amase, aunque Federico tampoco… había valido la pena.
-Están anunciado el vuelo, Paula. Tenemos que abordar.
Sus palmas empezaron a sudar y el pequeño temblor invadió su cuerpo.
No se estrellará, no explotará, nada malo va a pasar con el avión. Odiaba esta fobia.
Después de un poco de chequeo necesario se encontraban en el avión, Paula estaba respirando pausadamente mientras apretaba la mano de John una y otra vez.
-Creo que sí estoy enferma –dijo en un soplido, empezaba a sentir muchas nauseas.
Después algo la plasmó. Nauseas… vomito… sueño…
Oh dios mío. No.
¿Qué día era?
Sacó su teléfono móvil, haciendo caso omiso al letrero que prohibía usarlos, y confirmó horrorizada la fecha.
Llevaba una semana y media de retraso.
Quiso negar lo rotundamente obvio, pero no debía hacerlo, ella siempre había sido regular en su período menstrual.
La indicación de los cinturones llenó la cabina de primera clase del avión, y mientras Paula abrochaba el suyo, se olvidó de todo lo demás.
Un tirón en su estomago confirmó que estaban despejando, pero otro tirón ocurrió en su cabeza, extrayendo el recuerdo de la noche en que había vuelto a California y había hecho el amor con Pedro, o las tantas noches que lo hicieron en Hawái.
Se mordió el labio inferior, y también pudo rememorar la conversación en el parque poco antes de la confesión de Pedro…
-¿Te encuentras bien? Estás pálida…
-Yo…, John por favor quiero que guardes compostura…
-Paula.... -la mirada de él se volvió cautelosa.
-Creo que estoy embarazada.
John abrió los ojos y se puso rígido de repente, tomo la mano de su hermana y empezó a masajearle los nudillos.
-¿A qué te refieres con que crees? –preguntó después de un tiempo.
-A que no estoy segura –él puso los ojos en blanco.
-Eso ya lo sé, Paula. Me refiero a qué te hace dudar.
-Tengo un retraso en mi periodo.
-Eso pasa a veces, ¿no? –pasó las manos por su cabello desordenándolo, ¡no sabía nada acerca de esas cosas! Su pequeña hermanita ¿embarazada? Alfonso solo había llegado a dejar desgracias.
Paula asintió- Sí, pero yo siempre eh sido regular, además ya casi son dos semanas…
-¿No será la menopausia? –ella le dio un golpe en la cabeza.
-Tengo 25 años, John. ¡No seas ridículo!
-Tal vez es porque no te has alimentado bien, Paula. Has bajado más de 3 kilos, no comes, ni bebes nada. Te estás volviendo el fantasma de Paula Chaves, todo por culpa de él –escupió resentido y Paula se encogió en su asiento.
-No creo que sea eso… -musitó. Aunque había una leve posibilidad, ella estaba casi segura de su embarazo.
-Veremos cuando aterricemos en Nueva York, inmediatamente iremos a un hospital.
…
-¿La señora Alfonso? –se escuchó por encima de la sala y Paula se levantó de su asiento mientras levantaba su mano y tomaba la atención de la enfermera.
-Puede pasar ya, el doctor la está esperando. –le dedico una bonita sonrisa y fue cuando John también se paró de su asiento.
-¿Por qué te registraste con ese nombre? –murmuró con la voz fría. Su hermano de verdad estaba enojado con los Alfonso, ella también debería estarlo… debería.
-Porque aún no me eh divorciado.
-Podrías usar tu nombre de soltera si así lo desearas. -Paula hizo una mueca y se dirigió hacia el consultorio.
-Preferiría entrar sola –dijo cuando estaban frente a la puerta.
-Está bien, te espero aquí. –le dio una sonrisa cariñosa y Pau se adentró en la habitación.
Después de un tiempo y varios análisis minuciosos, Paula pudo escuchar como el doctor le pedía que esperara unos minutos mientras los resultados salían. Ella empezó a ponerse realmente nerviosa, además del examen de embarazo le habían sacado un poco de sangre para examinarla y no sabía que le daba más miedo, tener anemia o tener un bebé…
Estaba sola. Sola sin nadie que pudiera ayudarle con un hijo.
Un hijo.
¡Por el amor de Dios! Un hijo de Pedro.
Del estafador, traicionero y farsante Pedro Alfonso.
Del hombre que le quitó su virginidad haciéndose pasar por su hermano gemelo, que se ganó su corazón mintiéndole, que estuvo con ella solo para estafarla.
Si el resultado daba positivo ¿le diría a Pedro? ¿Y cómo rayos reaccionaría él? Lo mejor era no decirle nada, era mucho mejor criar a un hijo sola, que estar sola sabiendo que Pedro sabe que tiene un hijo y no se quiere hacer cargo de él…
Casi podía apostar que él le daría la espalda. Podía ver aún la cara de horror de él mientras le planteaba la posibilidad de embarazarse…
Él se había puesto pálido, como muerto. Casi se había ahogado del horror.
<<Simplemente no creo ser un buen padre>>
¿Quería a alguien como Pedro Alfonso para ser el padre de su hijo?
Pero luego vino la parte imaginativa, esa en que los dos construyeron al bebé perfecto, a esa pequeña criaturita hermosa que sería una parte de los dos… en la que Paula pensó solo por instante, uno demasiado corto que podía haber una posibilidad de ser padres…
Y después vino su confesión.
<<Yo soy Pedro Alfonso>>
No había procesado cuán difícil había sido ese día, hasta ahora.
-¿Está lista para ver los exámenes? ¿Viene con su pareja –leyó un papel- señora Alfonso? ¿Gusta llamarlo para que se enteren juntos del resultado?
-Vengo con mi hermano –murmuró- ¿Puede entrar él?
El doctor asintió y Paula busco a John entre la multitud y lo invitó a pasar con ella. Él abrazó a su hermanita y besó su sien. Estaba nervioso por obtener los resultados, pero estaba seguro que si daban positivos él mismo se encargaría de que Alfonso se hiciera cargo, ya había hecho demasiado daño a Paula como para dejarla sola en esta situación.
-Bien –el doctor se aclaró la garganta- ¿Prefieren escuchar sobre los resultados de embarazo o los del análisis de sangre?
John contestó por ella.
-Los de sangre.
-Bueno, señora Alfonso…
-Llámeme Paula -lo interrumpió ella, costaba mucho concentrarse escuchando a cada momento ese apellido.
-Paula-sonrió- tus niveles de glóbulos rojos están bajando bruscamente. ¿Has estado alimentándote mal?
Ella no contestó, John le tomó la mano y contestó en su lugar –No desayuna desde hace 2 semanas, solo come al medio día y casi no bebe agua.
El médico hizo una breve negación con la cabeza –Eso no está bien, señora… perdón, Paula, si sigues sin alimentarte puedes contraer anemia ¿y no queremos eso, verdad? Mucho menos en tu estado.
-¿Su estado? –pronunció el mayor de los Chaves con la voz perdida.
-Lo siento, esa fue la manera menos profesional de decirlo, perdón. Señorita Paula ¡felicidades, tiene cinco semanas de embarazo!
Los ojos de la morena se abrieron como platos, cinco semanas, básicamente habían contraído al angelito en su noche de bodas, tal vez un poco después…
-Te voy a dar una dieta muy estricta, y te pondré a ti –apuntó a John- a cargo para que ella la siga al pie de la letra. Recuerda que ese bebé que está creciendo se alimenta de lo que tú comes, así que si comes bien, él –tocó el abdomen de Paula- va a crecer sano y fuerte.
Las lágrimas amenazaron con escapar de los ojos de Paula.
-Veras que con los alimentos que te pondré en la lista te sentirás mucho mejor, el sueño seguirá ahí, ya que es un síntoma totalmente normal, pero te aseguro que estarás menos fatigada. Tal vez con más nauseas, nada más. Puedes investigar en internet si tienes alguna duda o claro… puedes venir aquí y yo te la responderé con todo gusto.
Ella asintió un poco perdida en el revoltijo que se estaba provocando en su cerebro, John la ayudó a pararse y a caminar fuera del consultorio hasta la sala de espera.
-¿Estás bien?
-Estoy embarazada. –susurró.
-Paula creo que deberías sentarte, nena. No vas a estar sola, me aseguraré de eso. –prometió. – Dame tu celular.
Paula estiró el aparato hasta la palma de su hermano, sin protestar.
-Voy a hacer una llamada, no te muevas de aquí ¿entendido? Y por favor si empiezas a sentirte mal, no dudes en avisarme. Estamos en un hospital y pueden revisarte…
Se alejó brevemente, teniendo a la vista todavía a Paula, se veía desequilibrada y le daba miedo que en cualquier momento pudiera hacer alguna tontería, poniéndose en riesgo a ella y al bebé.
Eligió el número de teléfono de la lista de contactos de su hermana y empezó a escuchar los timbres…
-Contesta, vamos, contesta –musitó entre dientes.
-¡Paula! –se escuchó un gritito de alivio del otro lado.- Paula, nena. Gracias a dios contestas mis llamadas, has ignorado cada una de ellas por todo este tiempo. Amor, te adoro, por favor déjame explicarte… -las palabras salieron brotando de la apresurada voz de Pedro Alfonso, podían haber sido inentendibles, pero John comprendió cada una de ellas.
Bastardo mentiroso, pensó.
-Cállate, Alfonso –le cortó el parloteo- Mi hermana no es estúpida, entiende eso de una buena vez, ella no hablaría contigo ni por todos los millones de América.
-¿Quién habla? –la voz del rubio se tornó decepcionada.
-Soy John, hermano de la chica que querías estafar –Pedro trago.
-¿Pasa algo malo con Paula? ¿Tiene… tiene algo?
-Pasan tantas cosas –el moreno pasó sus manos por la cabeza y despeino su cabello, le regaló una fugaz mirada a su hermana, que tenía la cara escondida entre sus rodillas- Mira güerito, no sé cómo le vas a hacer, no se a quien le vas a tener que robar, estafar o mentir, pero te quiero mañana en Nueva York, temprano. Más vale que llegues, porque si no conocerás quien es John Chaves y como se puede comportar cuando dañan a su hermana –colgó, dejando a Pedro con la palabra en la boca y el corazón estrujado en la garganta
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