jueves, 30 de enero de 2014
Capitulo 27
New York, City.
.Un día después.
Ellos entran silenciosamente, esforzándose en no hacer ruido para que Paula no despierte.
-Quiero que me digas que sucede –susurra Pedro, había llegado hace menos de una hora a Nueva York, y lo único que deseaba era saber qué estaba ocurriendo.
-No sé si es correcto que yo lo haga, más bien no, no es correcto –dijo- solo quiero pedirte, Pedro, que no la decepciones, si no te gusta la noticia, solo… apóyala ¿sí? No te conozco, y tengo una mala imagen de ti en mi cabeza, pero sé que tal vez en el fondo eres bueno, no la lastimes.
El rubio arrugó los ojos.
-No entiendo, quiero saber que pasa.
-Sí, pero es mejor que Paula sea la que te lo diga.
-¿Ella está dormida? –John asintió.- Puedo… ¿Puedo pasar a verla?
-Sí, pero no la despiertes, necesita descansar. Su habitación es esa –apuntó una pequeña puerta al fondo.
-¿Siempre ah vivido contigo?
-No, ella tiene un departamento por el centro de la ciudad, ayer me dijo que no quería estar sola.
-En un momento regreso –dijo y caminó hacia la puerta señalada, giró la perilla lentamente y se encontró frente a él, a una bella princesa durmiendo, se veía diferente. Tal vez era porque estaba dormida…
Se hincó a su lado y empezó a admirar cada parte de ella, sus gruesos labios rosados que moría por besar, las largas pestañas que adornaban sus ojos y que temblaban levemente por su sueño, su pequeña nariz refinada y ese hermoso cabello castaño.
-Perdóname, Paula. Perdóname por favor. –susurró mientras tomaba un mechón de su cabello y lo ponía detrás de su oreja, lentamente. No quería interrumpir su sueño.
Había sido tan tonto.
<<Cuando amas a alguien, perdonas todos sus errores. >>
¿Sería capaz de perdonarlo alguna vez? ¿Lo amaba?
Ella había dicho que amaba a Federico… pero eso era demasiado doloroso como para ser cierto.
Sinceramente él tampoco creía que alguien como Paula se enamorara tan rápido como él lo hacía.
-Te amo –murmuró y sintió como ella empezaba a retorcerse en la cama, salió rápidamente de la habitación.
John lo miró, esperando algo.
-Creo que empezó a sentir mi presencia, por eso salí. No la eh despertado –le explicó.
-Perfecto –musitó- ¿Quieres desayunar?
Pedro sacudió la cabeza –Ya eh comido en el avión, pero te aceptaría un café. Necesito despertar.
-La comida del avión es horrible, ¿seguro que no quieres ni siquiera un cereal?
-No, de verdad, solo café.
Unos pasos se pudieron escuchar detrás de ellos y fue cuando la atmosfera quedó tensa.
-John puedes por favor dejar de hacer tanto ruido, es muy molesto, necesito… -dejó de hablar al instante en que vio quien estaba frente a ella.
Pedro. ¿Qué hacía aquí?
-Pe-Pedro –tartamudeó.- Tú… -un fuerte mareo tomó su cuerpo y tuvo que sostenerse de la pared.
-Pau... –Pedro se levantó y se dirigió hacia ella.
-¡No! –Dijo- No te me acerques.
Las nauseas fueron insoportables y Paula tuvo que correr al baño y encerrarse, Pedro y John la siguieron.
Su hermano trató de abrir la puerta, pero ella había puesto seguro.- Paula abre.
-¿Por qué lo llamaste? –chilló. -¡¿Por qué?!
-¿Está enferma? –preguntó el rubio después de oírla vomitar.
-Paula, se razonable, él merece saber que está sucediendo.
-¡No! Tú debiste haber respetado mi decisión de mantenerlo en secreto, ¿cómo conseguiste contactarlo?
-Me diste tu teléfono y él estaba en tus contactos.
Paula gimió- Soy tan estúpida.
-No, amor, no lo eres. Nena, sal de ahí, por favor, quiero hablar contigo –suplicó Pedro- ¿Qué tienes, Paula? Dime…
-No –escucharon como empezó a llorar.
-Amor, estoy aquí. No me voy a ir a ningún lado. Te amo, Pau. Haré todo lo que esté en mi poder para protegerte. No puedo imaginar mi vida sin ti. –Le dijo- No importa que tan grave sea ese problema, siempre estaré a tu lado, siempre.
-Mentiroso –sollozó.
-Voy a buscar la llave –susurró John y Pedro asintió.
-Ven conmigo, bonita. Quiero abrazarte.
-¿Y quién quiere mis caricias ahora, Pedro o Federico?
Alfonso se inclinó sobre la puerta –Pedro. Pedro es el que quiere besarte y abrazarte y hacerte la mujer más feliz del mundo.
-Lo único que ah hecho Pedro Alfonso es arruinar mi vida.
Un quejido salió ahora de los labios de Pedro.- Paula, te adoro, por favor solo dime que está pasando.
- ¿Fue divertido jugar con mis sentimientos?
Él suspiró- Dios, Paula ¡no! Estoy arrepentido y te amo.
-Tengo la llave –murmuró John, mientras empezaba a forcejear con la cerradura, por fin la pudo abrir, Paula estaba sobre sus rodillas y con la cabeza gacha. –Hermanita…
-Yo confiaba en ti, Johnny. ¿Por qué hiciste esto?
-Paula díselo –exigió él.
-Paula -Pedro se hincó a la altura de ella- dímelo, nena.
-Te irás, huirás lejos. No me amas.
-Mírate- le dijo acariciando su mejilla- eres hermosa incluso cuando lloras ¿Cómo no voy a amarte?
Ella sollozo más –Me dejarás sola.
Él negó con su cabeza.- Jamás. Siempre estaré a tu lado.
Ella volteó a verlo con las pupilas húmedas, él tenía la cara afligida y preocupada, lucía tan apuesto como siempre.
-Estoy esperando un hijo tuyo, Pedro –y se echó a llorar.
La mandíbula de Pedro cayó formando una perfecta “O”.
Dos días, dos chicas diferentes, diciéndole que estaban embarazadas, era un shock demasiado grande.
Pero esta situación era distinta, este hijo, este hijo si era suyo y la mujer que lo esperaba era la mujer que amaba con toda su alma.
Iba a ser papá.
-Sabía que esto ocurriría, ahora me dirás que no puedes con esto y me dejarás sola.
Él no contestó, John le dio un golpe en el hombro.
-Contesta –exigió.
-Paula voy a quedarme contigo, eres… eres el amor de mi vida y ese niño va a tener un padre y tu… tu vas a tener un esposo.
-No, no quiero que te cases conmigo a la fuerza.
-¡Por el amor de Dios, Paula! Entiende de una buena vez que nada de esto es a la fuerza.
-Tu habías dicho que no serías un buen padre… que no querías tener hijos aún.
-Pero en ese instante yo te estaba mintiendo, me estaba haciendo pasar por alguien que no era, un hijo… en ese momento hubiera sido una complicación.
-¿Y ahora?
-Ahora es una bendición, va a ser un angelito que iluminará nuestras vidas, verás Paula que vamos a tener el bebé más hermoso del universo.
Ella sonrió y se limpió las lágrimas. Pedro la abrazó, temiendo que en cualquier momento ella lo apartara pero no sucedió.
-Te amo, Paula. Y amo a ese bebé más que a nada ni a nadie, ustedes dos están compitiendo arduamente en quien gana mi corazón –una pequeña risa saltó de los labios de la morena.
-Pedro, sigo enojada contigo –hizo un puchero.
-Me aseguraré de que pronto no lo estés –besó su nariz.- Ven, necesitas alimentarte, estás delgada. -Paula rodó los ojos. -¿Qué?
-Todos me dicen lo mismo.
-Bueno debe ser por algo ¿no? Estás embarazada y yo quiero que mi hijo esté sano, al igual que mi novia.
-¿Novia? –dijo confusa.
-¿No quieres ser mi novia?
-Eso no es una proposición –bufó.
Pedro la cargó en sus brazos hasta la cocina, la sentó en un banquillo y se arrodilló frente a ella - ¿Me haría usted el enorme placer de ser mi novia, señorita Chaves?
Ella asintió alegre, pero después recordó algo- Sigo casada con Federico Alfonso. ¿Cómo se supone que mi divorciaré si él está en coma?
Pedro hizo una mueca- Veremos eso después, pequeña. Visité a Federico hace unos días y está mucho mejor, tal vez pronto despierte.
-Quiero besarte –le dijo ella.
-Sus deseos, son ordenes –murmuró y se acercó a ella dándole un tierno beso que poco a poco se tornó más pasional, agarró sus caderas y la acercó hacía él.
-Realmente esto es incomodo para mí –escucharon de fondo la voz de John y contra su voluntad se separaron, Pedro mordió levemente el labio inferior de ella.
-Lo siento –susurró Paula hacía su hermano mientras se ruborizaba.
-No hay problema, ¿Tienen hambre?
Los dos asintieron al mismo tiempo y John sonrió.
-No eres tan mal tipo, Alfonso. Me estás empezando a caer bien.
Pedro sonrió de vuelta y tomó la mano de Paula al momento en que empezaban a comer, era la escena más hermosa que había tenido desde hace tiempo, no se había dado cuenta cuanto extrañaba a Paula de verdad.
Desde ahora no se alejaría de ella nunca más. La protegería hasta el final.
Ser padre nunca había estado en sus planes de vida, pero tenía 30 años, se estaba volviendo cada vez más viejo y la vida se pasaba demasiado rápido, estaba contento de poder tener este lapso en su vida, este hermoso lapso en donde vería la pancita de su Paula crecer y después ver nacer a su hijo, sería extraño y difícil, pero sabía que junto a Paula podía vencer todo, aquí el problema era Julieta, solo esperaba que ella no reaccionara mal, podía cometer alguna tontería y él no permitiría que le hiciera algún mal a su hijo.
Sabía bien como le afectaban los celos a ella, además tenía esa pequeña teoría de que Julieta estaba un poco chiflada…
-¿Estás bien? –le preguntó Paula.
-Perfecto, todo está perfecto –murmuró y la besó de nuevo.
-¿Me prometes que jamás te irás? –los ojos de ella estaban temerosos.
-Te lo prometo, amor.
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GRACIAS POR LEER!♥
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buenísimo,me encanto.
ResponderEliminarAiii me encantaron los caps!!! Ya quiero leer los q siguen... :)
ResponderEliminar@nadiaa2012