domingo, 19 de enero de 2014

Capitulo 1



20 de Septiembre, New York City.

La pequeña Chaves retorció su cuerpo por debajo de las sabanas, otra noche sin poder dormir. Ya llevaba así más de tres semanas, los medicamentos recetados solo habían servido para hacerla gastar dinero; aunque en su caso, el dinero no era un problema.

Pero el insomnio sí. El insomnio era un gran problema.

Sabía bien que los medicamentos no servirían de nada, pues su dolor iba mucho más allá de lo físico o lo mental. Pero John se había preocupado demasiado y la única manera de calmarlo era ir a un doctor.

John Chaves era tan terco como lo fue alguna vez el padre de Paula, Miguel Chaves; Después de la muerte de Miguel, John tuvo que hacerse cargo de la empresa, y de sus 3 hermanos menores. Pero siempre estuvo más al pendiente de Paula, él sabía bien que a ella le afectaría más que a todos.

Y tenía razón.

Paula se levantó perezosamente de la cama. Se sentía tan cansada, era frustrante tener tanto sueño y aun así no poder dormir. Se dirigió al refrigerador y cogió un bote de Häagen Dazs, después prendió el DVD y se dejó llevar por la trama de Guerra de Novias, Si tuviera 30 y Diario de una pasión. Cuando terminó la tercera película, ya había consumido dos botes de helado, había reído y había llorado.

Se levantó para apagar el reproductor de videos y se dirigió a darse una ducha.

5:00 a.m.

Y aún no había dormido.


* * *
20 de Septiembre; Los Ángeles, California.

El rubio movió sus músculos lentamente, extrañamente estaba tenso; pareciera mentira que hace apenas unas horas hubiera follado con una caliente morena. Usualmente después de tener sexo se relajaba, ¿Qué había de diferente esta vez?

Volteó hacia el reloj de la pared.

3:00 a.m.

Aun faltaban algunas horas para el amanecer, se levantó de la cama y se posó enfrente del espejo. No podía negar que era apuesto, todas las mujeres lo deseaban, todos los hombres lo envidiaban; era un Alfonso, así que también recibía respeto, fama y fortuna.

Usaba su apellido por conveniencia, no porque le producía orgullo, su familia jamás podría producir esa clase de sentimientos en él. En realidad nadie producía sentimientos en él, así era él, así creció, así fue educado, Pedro Alfonso no cree en los sentimientos.

Porque los sentimientos solo te lastiman.

Después de tomar un buen vaso de café volvió a la cama. La morena estaba recostada con la sabana cubriendo debajo de sus caderas pero con sus pechos al aire, se acerco bruscamente y la despertó.

-Es hora del segundo round, gatita –susurró roncamente. Mientras quitaba la sabana del cuerpo de la chica.

Tal vez así se relajaría. Tal vez así olvidaría a aquella chica hermosa a la cuál amó, aquella persona que le hizo odiar los sentimientos y que le hizo odiar el amor.


............


20 de Septiembre, New York City.

La respiración difícilmente salía de sus pulmones, estaba jadeando. Se había exigido demasiado y su cuerpo estaba exhausto. No había dormido nada aquella noche, y ahora estaba pagando las consecuencias. Esta vez había salido una hora más temprano que lo habitual. Usualmente el ejercicio la dejaba tan agotada que lograba conciliar unas pequeñas pero necesarias horas de sueño antes de ir a trabajar. Kevin decía que ella corría para mantener la cabeza ocupada y no pensar en otras cosas desagradables.

Y bueno… él estaba en lo cierto.

Kevin era el mejor amigo de Paula desde que eran unos niños, él la vio crecer, llorar, enamorarse y perder… perder tantas cosas que nunca jamás serian remplazadas.
Chaves decidió parar y caminar hacía su coche para regresar a su apartamento, Nueva York tenía tráfico a toda hora así que era mejor regresar temprano para hacer su rutina diurna tranquilamente.

~°~

-¡Mierda!-gritó Paula mientras salía de la suite-.

Era ridículo que el tiempo se hubiera pasado tan rápido, por fin había podido dormir, dormir de verdad, pero cuando había despertado a causa de un sueño peculiar se había dado cuenta que era extremadamente tarde.

-¡Las llaves! ¡¿Dónde están las malditas llaves, carajo?! –Gruñó, ya no podía detenerse y regresar, tendría que tomar un carro de sitio.- ¡Taxi! ¡Taxi!

El auto paró y Chaves le indicó la dirección de la torre; debía calmarse un poco, por fin había podido descansar y tenía peor humor que en toda la semana, eso no estaba bien. Pero es que ese sueño que había tenido… la había puesto nerviosa, es como si hubiera sentido todo tan… real.

El viento soplaba fuertemente moviendo las hojas de los árboles bruscamente, hacía un frío que te helaba hasta los huesos y te quebraba los labios, ella se sentía pequeña y desprotegida como si estuviera en un peligro muy grande, solo llevaba un vestido blanco y un suéter liguero… se estaba muriendo de frío. En frente de ella: Un lago inmenso y limpio y junto a él una cabaña con chimenea de la cual salía humo; ahí podría refugiarse del clima y de lo que fuera que la estaba vigilando… ella sabía que alguien lo hacía, podía sentir la mirada expectante en su nuca...

Caminó siguiendo la orilla del lago, mojando sus pies con el agua fresca; se sentía como Caperucita Roja, con la excepción de que ella sabía ya que por ahí había un lobo dispuesto a cazarla.

Cuando llegó a la cabaña ya no sentía las piernas y estaba casi segura que su piel morena se estaba palideciendo y agrietando ¿Acaso esas eran grietas de verdad? ¿Cómo su piel podría agrietarse? Sentía que tenía papel delgado en lugar de piel, esperaba con todo su corazón encontrar un refugio caliente adentro. La puerta hizo un chirrido al abrirla y Paula lo sintió en su espalda, apareció de la nada tal y como el calor que la embargó de repente, ese calor provenía de él.

Quiso correr… no pudo.
Quiso gritar… estaba muda.
Intentó voltear y enfrentarlo… pero estaba estática.

Una manó tomo su cadera y la acarició enviando rayos de electricidad por toda su columna, el frió que alguna vez sintió ya estaba olvidado, ahora necesitaba quitarse ese suéter, hacía demasiado calor… parecía que estaban en un horno.

No podía hablar, pero aún podía pensar… era una idea tonta, lo sabía, pero era lo único que quedaba, entonces pensó fuerte deseando que aquel extraño que irradiaba tanto calor como el sol la escuchara: << ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?>>

Silencio.

Entonces se dio por vencida, no había funcionado. Ahora de seguro él la mataría y no podría pedir ayuda porque no podía hablar.

Pero entonces él contestó.

-No quiero nada de ti Paula -¿Cómo sabía su nombre? ¿Por qué el sí podía hablar? ¿Quién era él? 


–Tú eres la que me necesitas. Tú.

¿Yo?

<<No te necesito>> pensó con fuerza <<No te conozco, ¿Por qué sabes mi nombre?>>

-¿Estas cansada Paula? ¿Estás cansada de todo lo que ha pasado en tu vida últimamente? –Ella sentía el aliento de él en su cuello, era cálido – Yo sé que lo estas, hermosa. Yo te voy a ayudar. Yo también necesito que alguien me salve.

La había llamado hermosa.

<< ¿Salvarte de qué? ¿Por qué no contestas mis preguntas?>>

-El amor existe Paula, recuérdalo siempre y cuando me veas… recuérdamelo a mí.

<< ¿Cómo te reconoceré, si no he visto tu rostro?>>

-Tu corazón te dirá que soy yo.

<<No puedo confiar en ti>>

Entonces él rió. Tenía una risa preciosa.

-No te estoy pidiendo que lo hagas.

Fue cuando despertó con la risa de él resonando en la mente.

-Señorita ya llegamos –Chaves despertó de nuevo, estaban frente al edificio donde trabajaba. Había estado muy concentrada re-creando su sueño, su piel se había puesto como de gallina al recordar la mano en su cintura y el aliento en su nuca.

¿Qué habrá significado ese sueño?
¿Y por qué aún no podía sacarse esa risa melodiosa de la cabeza? 



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Lean el siguiente..


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