miércoles, 22 de enero de 2014

Capitulo 7



Pedro la miro esperando algo, se había quedado mirándolo fijamente a mitad del camino.

-¿Te pasa algo? –ella no contestaba.- Paula, Paula  amor ¿estás bien? ¿Qué pasa?
Ella recordaba ese día demasiado bien; aún podía percibir el temor en su vientre mientras estaban en el juego mecánico, Fede tomando su mano y su perfil derecho… lleno de lunares junto a su oreja.

No era posible que se lo hubiera imaginado.

-Ese día… ¿recuerdas? –Pedro la miro confundido, ¿de qué rayos hablaba?- Nuestra primera cita, en la feria… yo tenía terror de subirme a la montaña rusa y… y tú tenías muchos lunares aquí –tocó su mejilla, mientras Pedro se apartaba rápidamente, provocando un gesto de parte de ella pero no le importo, no le gustaba que lo tocaran.- Ya no los tienes.

-Dijiste que no querías subirte  al juego ¿por qué?

-No te hagas el desentendido ahora, Fede. Sabes que odio las alturas, les tengo pánico. –pronunció mientras volvían a caminar.

-¡Eso es! –gritó mientras la solución tomaba su mente. Su madre había pensado que Chaves sería una niñita tonta y distraída, pero tenía la memoria más asombrosa que había conocido jamás, acordarse de unos lunares era algo impresionante… pero también aterrador.-

-¿Qué es qué? –preguntó.

-Estabas tan asustada que de seguro no recuerdas bien, yo no eh tenido lunares nunca en esa parte de mi cara.

-Pero…

-Paula, ¿Qué te está pasando? –la interrumpió, tratando de usar psicología inversa, haciéndola sentir culpable- nena, desde que llegue no has hecho más que cuestionarme. Si te molesta mi peinado, me lo cambiaré, si te incomoda mi altura, caminare de rodillas -Paula sonrió- Y si quieres que tenga lunares me los pintare, pero me estás haciendo sentir incómodo y culpable.

-Perdóname, es cierto. Tal vez esté un poco loca con todo esto, estuve muy estresada estos meses y lo siento, no quise hacerte sentir mal. Cambiar es algo natural y no te sienta nada mal, cariño.

-Gracias- Pedro también sonrió de lado. Por dentro solo pensaba en que tenía muchos motivos por los cuales sentir culpabilidad; estaba engañando a una mujer que no se merecía ser engañada. Estaba actuando como alguien que no era y presentía que no iba a salir bien.

~°~

-¡Quiero hacer un brindis! –gritó Emma mientras los invitados a la fiesta le prestaban atención. -Paula, Federico; ustedes se conocieron hace muy poco -Paula suspiró, esperando que su mejor amiga no dijera alguna tontería- pero cualquier persona que se acerque a ustedes puede percibir su amor en el aire, me alegro mucho que alguien como tu pueda hacer a mi amiga, más bien a mi hermana tan feliz. Paula, eres la hermana que jamás tuve, Fede tu ahora te conviertes en mi hermano también, brindo por su felicidad, y por su amor eterno.

-¡Salud! –gritando todos al unísono.

Pedro bebía cada trago tranquilamente, con las palabras de Stone atrancadas en la cabeza “amor eterno” ”se conocieron hace poco” ¿Cómo esas dos frases podían encajar en una misma oración? ¿Qué acaso ahí todos era unos completos ingenuos inútiles? Era obvio que fede no amaba a Paula, era aún más evidente que Pedro no lo hacía, ni siquiera la había mirado durante la fiesta, en cambio había estado siguiendo con la mirada a una delgada rubia de ojo azul que estaba a unas cuantas mesas portando un ardiente vestido rojo; Paula era muy hermosa, era verdad que tenía una carita encantadora, pero era muy simple… las pocas palabras que habían cruzado lo habían aburrido hasta la muerte, era una niña buena y a él no le gustaban las niñas buenas.

-¿Federico, puedo hablar contigo?

-Claro –se aclaró la garganta un poco, no sabía con quién estaba hablando.

-¿Me recuerdas, no? Nos conocimos un poco antes de que te fueras, aunque claro, yo te conocí como su novio… no como su prometido, mi hermana me lo dijo unas semanas después.

-Claro que te recuerdo –mintió, por ahora lo único que sabía era que su hermana era Paula.

-Bien. Solo vengo a decirte que la cuides mucho ¿sí? Y que cuando puedan me llamen, bienvenido a la familia Chaves.

-Muchas Gracias, hermano ¿Te puedo llamar así? –maldita sea, a él mismo le incomodaba decir eso, pero no sabía su nombre.

-No me molesta, para nada.

Pedro asintió y se alejó del lugar volviendo a su mesa.

-¿Qué te dijo John?

-¿Quién?

-John, mi hermano.

-Oh –bien, ahora sabía su nombre.- Solo me deseaba suerte. Parece alguien agradable –admitió.

-Lo es -Paula sonrió. Fede había estado un poco distante durante el evento, pero no lo podía culpar, hace unos momentos lo había estado acosando con preguntas estúpidas, se sentía muy culpable por haberlo hecho sentir incomodo.

-Paula, todos se están yendo ¿No crees que deberíamos hacer lo mismo? Estoy cansado de tanta foto y tanto baile.

-Claro, deja despedirme de algunas personas y nos vamos ¿A qué hora partimos?

-Hasta mañana, esta noche la pasaremos en el departamento ¿te parece?

-Por mí esta bien, cariño. –Le dio un rápido beso y salió de ahí dirigiéndose a otras mesas, Pedro la perdió de vista pronto.

¿Qué se supone que haría esa noche? ¿Acostarse con la chica? La acababa de conocer hace unas 5 horas ¡Por Dios! Además tampoco quería meterse en una serie de preguntas de cuándo, cómo y por qué se había tatuado, estaba tan cansado que de seguro respondería alguna pendejada.

Ser un farsante no era tan fácil como parecía.


-Ya nos podemos ir, amor –las palabras lo sacaron de sus pensamientos y se encontró con Paula frente a él.

-Claro, vamos –salieron del lujoso salón y se dirigieron a la camioneta que habían rentado y arreglado con flores para ese día. Pedro debía comprar un nuevo carro cuando volvieran de la luna de miel y encontrar alguna excusa para hacer a Paula  pagarlo, pero eso ya se arreglaría después.

Se dirigió a su puesto en el coche y miró como su esposa se quedaba fuera del auto ¿Qué estaba esperando?, notó la gran mirada de Paula en la suya, buscando alguna reacción de parte de él y finalmente subió.

Todo el camino estuvo callada y tensa a su lado.

Extrañamente a Pedro no le costó nada llegar al departamento, aunque apenas había llegado ayer ahí tenía una buena memoria y pudo identificar fácilmente las calles y avenidas.

Bajó rápidamente y esperó a que Chaves lo hiciera también para así poder entrar, pero ella no se movió. Cuándo noto que él se estaba cansando de esperarla pero que tampoco hacía ningún movimiento, salió de la camioneta.

-Fede, no te tomes esto a mal, y tampoco te estoy cuestionando ni nada por el estilo. –tuvo que inclinar la cabeza para mirarlo a los ojos.- Desde nuestra primera cita me has abierto la puerta del carro, tanto como para entrar como para salir. Es algo que me dejó muy sorprendida desde la primera vez que lo hiciste, y siempre pensé que lo hacías por ser un caballero. Si ya no lo harás no es un problema para mí, puedo y sé como abrir una puerta, solo pensé que siendo el día de nuestra boda y por lo tanto el comienzo de nuestro matrimonio, sería un poco… ya sabes… tú abriéndome la puerta, cargándome en tus brazos mientras entramos a la habitación. Dime ¿nuestra vida va a ser como aquellas de las que se habla? ¿De cómo el noviazgo es tan romántico y al ponernos un anillo todo eso se rompe y se vuelve un amor a la fuerza, solo porque un papel lo dice?

Para Pedro si era un matrimonio a la fuerza y un amor por contrato, pero no podía decírselo a ella… al menos no por ahora.

-Entonces ¿debo de llevarte en mis brazos? Está bien, lo haré –se agachó un poco, posando su mano en la cadera de ella, pero esta se alejó.

-¡NO! Ese no es el punto. Ahora lo estás haciendo porque yo dije que lo hicieras, yo quería que saliera de tu mente y de tu alma.

-Pues deberías entender de una vez que los hombres no vemos películas románticas que incluyan bodas y lunas de miel, que no sabemos si debemos cargarlas, o darles champán, o besarlas, o abrirles las puertas ¡No lo sabemos!

-¡No estoy esperando que lo sepas! Yo lo que quería era…

-¿Podemos entrar?, está haciendo un frío espantoso y estamos gritando a media calle –la interrumpió Pedro.

Paula soltó un suspiro, mientras entraban al edificio sin ni siquiera tomarse las manos ¿Dónde había quedado su Fede? Aquel rubio que le repuso una camisa sin que ella se lo pidiese, ese que llegaba con rosas y chocolates a su casa, el que la abrazaba y cargaba sin tener que hacerle peticiones.

Su novio había cruzado el aeropuerto siendo un príncipe azul cariñoso y había regresado a casarse siendo un sapo gruñón que miraba a mujeres en su fiesta nupcial.

Porque Paula lo había visto, y había aguantado las ganas de llorar y de darle una bofetada. Pedro no había dejado de ver a la prima de Paula durante toda la noche, le había regalado miradas que nunca le había dado a ella.

-Las damas primero –ella rodó los ojos y entró al departamento.

¿Y ahora cómo se supone que tendrían su “noche de bodas”’? no llevaban más de 4 horas casados y ya habían tenido su primera pelea.

Tal vez era su deber alivianar un poco las cosas.

-Perdóname por haberte hablado así Paula-tragó dificultosamente mientras se preparaba para decir una palabra que no pronunciaba desde hace tiempo –Te quiero.

-Yo te am…-la calló con un beso mientras le quitaba el estúpido velo del cabello que solo hacía que le picara la nariz.
Después bajo al cierre del vestido y desabrochó los botones que estaban por los lados. Niña buena o mala, linda o hermosa, con pelea o sin pelea… hoy era su noche de bodas y él tenía que cumplirle como marido.

Ella tenía los ojos cerrados, apretados fuertemente, tal cual una niña asustada por los monstros en su armario.

-¿Me tienes miedo? –preguntó Pedro parando la ruta de sus manos.

Ella negó con la cabeza, pero no abrió los ojos.

Pedro sonrió.

-¿Estás segura de que quieres hacer esto? –volvió a preguntar. Tal vez le habían entrado dudas y miedos.

No necesitó más respuesta que los labios de ella sobre los de él, dejó caer el vestido delicadamente mientras ella se quitaba las horquillas del cabello, haciéndolo caer en ondas hasta sus caderas.

Pedro la posó en la cama y se dedicó a prácticamente arrancar su smoking, Paula por fin abrió los ojos ante la ausencia de las manos de su marido en su piel y quedó paralizada por un momento al verlo frente a ella.

Parecía una escultura. Caderas estrechas, largas y musculosas piernas, al igual que sus brazos, Su abdomen marcado, y con un vello que recorría su pecho y su cintura hasta llegar al símbolo de su masculinidad. Tenía tatuajes por doquier, ella no sabía cuándo ni cómo habían aparecido, pero lucían perfectos en él.

Se acercó a ella rápidamente, inclinando su peso en su brazo derecho y empezó a besarla mientras desabrochaba su sostén y acariciaba gentilmente sus senos al momento en que ella empezaba a gemir quedamente. Subió rápidamente el nivel de sus besos, llevándolos a ser pasionales y desesperados.

Necesitaba estar ya dentro de ella.

Bajó sus bragas y se acomodó encima apenas dándole la oportunidad a Paula para respirar y empujó hacía dentro, quedándose quieto al instante.

Paula pasó del placer al dolor en un segundo y gritó mientras se hundía instintivamente en la cama en un intento de suavizar el impacto.

pedro no se movió y maldijo en silencio.

El pequeño flashback que le cruzó por la mente fue rápido pero perturbador, Él, Julieta, hace 2 años atrás… todo parecía tan idéntico.

Pero Paula no era Julieta y él no era el Pedro de hace cinco años.

Pasaron varios segundos antes de que él pudiera hablar.

-¿Por qué no me lo has dicho? - le preguntó mientras se apoyaba en los codos.

-Sí lo hice –otra maldición escapó de los labios del rubio, se lo había dicho a Federico no a él, pero no podía poner esa excusa, ahora él era fede.

-Lo siento mucho –ella parecía dolorida e increíblemente frágil, debió haber ido con más cuidado.- Creo que deberíamos parar…

-No –protestó ella- Estoy bien, solo ve un poco más despacio.

El empezó a besarla de nuevo pero ahora delicadamente, saboreando su boca, acariciando su cuerpo, ella hizo lo mismo, se abrazaban y besaban, sentían que sus cuerpos eran uno solo, pasaban de estar uno encima de otro por toda la cama, no había prisa, solo quería sentir a Paula entre sus brazos y besarla. Después de un tiempo él la empezó a preparar con sus dedos para que el dolor desapareciera, una vez que ella estaba lo suficientemente mojada Pedro la acomodo de tal forma que ella estuviera cómoda y lentamente la penetró.

Pedro notó que ella apretaba los músculos a su alrededor y se salió un poco; luego, la oyó tragar saliva cuando empujó otro poco, lentamente, y ella empezó a seguir su ritmo.

Poco después, la hizo que le rodeara la cintura con las piernas y siguió moviéndose hasta que lo hicieron al unísono. Cuando vio que ella lo veía sin ninguna muestra de dolor empezó a intensificar sus embestidas, Paula  grito su nombre junto con un orgasmo y él segundos después se le unió, gruñendo escandalosamente y abrazándola mientras trataba de salir de ella.

-Quédate conmigo –le pidió mientras caía poco a poco en los tentáculos del sueño.

-¿Te lastime mucho? - Paula negó ligeramente con la cabeza; entre tanto Alfonso la posaba sobre él, aún entrelazados y más juntos de lo que habían estado durante todo ese día. Lentamente fueron quedándose dormidos, escuchando sólo el latido de sus corazones…


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