viernes, 24 de enero de 2014
Caoitulo 10
Día de San Valentín.
Paula despertó cuando escuchó como algo caía rompiéndose en la planta baja, estiro su brazo aún con los ojos cerrados queriendo sentir la piel de su marido, pero se encontró con un lado de la cama desacomodado y frío, como si Fede hubiera salido de ahí hace tiempo.
-¿Fede?- abrió los ojos sorprendiéndose gratamente al encontrar la cama llena de pétalos de rosa, al igual que el piso… la habitación no estaba decorada la noche anterior.
Se puso una bata de seda muy cómoda y bajó rápidamente hacía la sala, pero él no estaba ahí. De repente sintió como dos cálidas y fuertes manos tapaban sus ojos y alguien la besaba debajo de la oreja y le susurraba:
-Feliz Día de los enamorados, señora Alfonso-un escalofrío recorrió la espalda de Paula y sonrió mientras volteaba y le regalaba un pequeño beso a su marido.
-No puedo creer que lo hiciste, pensé que…
Pedro la calló con un beso.
-Me equivoqué Paula, es nuestro primer 14 de Febrero y quiero que lo recuerdes como un día especial –empezaron a rosar sus narices-. Me desperté muy temprano y me di cuenta que este día merece ser celebrado, más si tengo a una mujer como tú a mi lado.
-Hiciste rima –ella soltó una pequeña risa- Estoy empezando a creer que enserio tienes problemas de cambios de humor.
Pedro acarició dulcemente sus mejillas- ¿Tienes hambre?
-Muchísima.
-Te he preparado el desayuno.
-Escuché un ruido estruendoso hace un momento ¿Qué ha pasado?
-¿Te desperté? Lo siento mucho, estaba preparando la comida cuando un plato se me resbaló de las manos.
-No te preocupes, cariño –Se dirigieron al comedor tomados de la mano, ahí los esperaban platos llenos de hot cakes, chocolates y varias frutas.
El rubio retiró la silla de paula ayudándola a sentarse, ella tomó un bocado fugazmente, y el sabor invadió su boca.
-Está delicioso, ¿Por qué nunca mencionaste que eras tan buen cocinero?
Él encogió los hombros –No me habías dado la oportunidad.
Después de terminar el desayuno, Pedro le pidió a Paula que fuera a ponerse algo más cómodo pero bonito y que la dejara caminar, irían a dar un paseo. Revisando varios documentos por la mañana se había dado cuenta que Federico si había planeado un día romántico de San Valentín, pero esos planes eran para más tarde, por ahora solo le mostraría el hermoso Hawaí a ella.
-Estoy lista. –Venía bajando las escaleras, con unos jeans y camisa roja, y con una cámara fotográfica en las manos.
-Te ves hermosa -Paula se sonrojó y saltó desde el último escalón abrazando a su esposo y así salieron de la cabaña hasta llegar a la calle donde la ciudad empezaba. -¿Te parece si caminamos, o prefieres tomar un taxi?
-Caminar me parece perfecto.
Empezaron a andar por Hawái, Paula había dejado su cámara en manos de Pedro, así que él se encargaba de las fotos, ya fuera de algún paisaje o de la propia Paula, que lucía realmente preciosa ese día.
-Quiero una foto aquí –dijo ella al ver el puente por donde estaban pasando, arriba el cielo parecía una verdadera obra de arte… era necesario un recuerdo de ese momento, vio como Fede enfocaba la cámara mientras apuntaba hacía ella, pero se le ocurrió algo mejor- No, espera. La quiero junto a ti.
Alfonso se puso derecho y pidió a Paula que aguardara un momento mientras se dirigía con una chica que se encontraba cerca de ahí.
-Disculpa, ¿te molestaría tomar una foto a mi esposa y a mí?
La chica sonrió amablemente- para nada-murmuro.
-Ok, gracias –le devolvió la sonrisa.- Yo te daré un señal de cuando tomarla ¿está bien?
Él corrió junto a Paula y la tomó de la cintura, la primera foto capturaba a ambos abrazados sonriéndose mutuamente.
-Listo…-musitó Paula, pero Pedro la jaló hacía él y dio la señal rápidamente, haciendo que la muchacha tomara la segunda foto que mostraba a ambos besándose apasionadamente.
-Ya está –les devolvió la cámara fotográfica.- Perdón por la pregunta… pero ¿Cuántos años llevan de casados?
Paula sonrió tímida y respondió:- Tenemos pocos días.
-No puedo creerlo, parece que llevan enamorados mucho tiempo, les deseo lo mejor en su matrimonio, de verdad, son una de las parejas más hermosas que eh visto –después habló con Paula- Espero algún día ser tan suertuda y encontrar a alguien que me mire como él te mira a ti.
-Gracias –respondieron ambos mientras la chica se alejaba.
-Dime la verdad –pidió Pedro- ¿Te miro de alguna manera especial?
Paula sonrió- Claro que lo haces, tonto. Tus ojos brillan cuando me ves.
-Eso no es cierto, yo… yo no siento que haga algo diferente con la mirada.
-Bueno es que lo haces naturalmente, pocas veces se puede forzar algo así–acarició su brazo- Ya sabes lo que dicen… “Los ojos son la ventana del alma”
El celular de Pedro empezó a vibrar dentro de su bolsillo, lo sacó mientras retomaba el paseo junto a Paula y tomaba su mano fuertemente.
El número le parecía conocido, pero no lo identificaba bien.
-¿Hola?-respondió.
-Tenemos un problema, uno grave.- la voz de Ana sonaba ronca y tenebrosa del otro lado de la línea, Pedro se puso tenso, esperando lo peor…
-Espera un momento –pronunció mientras miraba a Paula intensamente- nena, ¿podrías dejarme solo un momento?
Ella asintió, le dio un beso en la mejilla y se alejó a comprar helado.
-Habla –animó a seguir a su madre.
-No puedo decirte esto por celular Pedro, necesito que regreses a California.
-¿Estás mal de la cabeza? ¿Te fumaste algo o…?
-No me faltes al respeto, Pedro. Sigo siendo tu madre. –lo reprendió.
-Tu nunca has sido una madre Ana, me has tratado más como una mascota que como un hijo.
-No te pongas a reprocharme eso ahora, jovencito. Necesito que vuelvas lo más pronto posible.
-Estás loca si piensas que voy a volver, estoy en mi luna de miel, no voy a dejar a Paula sola.-gruñó.
-No tienes porque dejarla sola, puedes traerla.
-Tampoco le voy a quitar su viaje, mucho menos el día de San Valentín.
-Oh Pedro, dime por favor que no te has encariñado con ella –rogó.
-¿Y a ti qué si me eh encariñado con ella? –respondió a la defensiva. – es mi vida.
-¡Pero no seas estúpido, Pedro! Recuerda que no es tu vida, que es la vida de tu hermano.
-Mi hermano fue muy poco hombre para saber valorar lo que tenía en ella.
-¿Y tú eres más hombre que él? Te recuerdo que estás engañando a una mujer solo para quedarte con su dinero. No te puedes enamorar.
-Yo no estoy…-dudó un poco- no debo estar enamorado, no puedo… la conozco hace 3 días.
-Eso no te impide nada ¿te recuerdo que pasó con Julieta?
-Cállate-gritó-, no necesito que nadie me recuerde los errores que eh cometido. Pero ese es mi pasado, madre. Y uno aprende a no cometer las mismas tonterías. No quiero enamorarme de Paula. Mi corazón ya no sabe que se siente estar enamorado.
-Y por lo mismo puede confundirse… creer que es cariño cuando en realidad es algo más. –indagó Ana.
-El corazón sirve para bombear sangre, no para sentir.
-Te quiero aquí, en California. Tienes una semana. –dijo y después cortó la llamada.
-¿Ana? ¿Ana? ¡Maldita sea! ¡¿Cuál era el problema del que querías hablarme?!
Pero no recibió respuesta, volvió a guardar el celular en el bolsillo y bufó. Sus planes abarcaban un mes completo en Hawái ¿cómo le diría a Paula que se irían en una semana?
¿Y si viajaba él solo? No quería tener que volver a lidiar con la fobia de Paula. Pero si lo pensaba bien… no podía imaginarse viajando sin Paula a su lado.
-¿Pasa algo malo?- ella había aparecido frente a él con dos conos de chocolate en las manos.
Sí, pasaba algo muy malo, pero él no sabía qué.
-Nada, princesa –puso su brazo alrededor de ella, acercándola.- Indicaciones del trabajo… Me están enviando a California.
-Oh –murmuró Paula, evidentemente decepcionada- ¿Te irás?
-Será por unos días solamente, tenemos una semana juntos aún, y cuando vuelva te compensaré todos los días perdidos, te llenaré de besos, abrazos y caricias. Podemos empezar por adelantado si lo deseas…
Paula soltó una carcajada mientras se acurrucaba más hacía él.
-¿Volverás con un nuevo perfume y corte de cabello? ¿Y mágicamente re-aparecerán tus lunares? –preguntó juguetonamente.
-No, al menos que así lo quieras tú…
-En realidad, me gusta mucho como te ves así. –Pedro dio un mordisco a su helado y después besó a su esposa calentando el chocolate en sus bocas.
-Te amo –susurró ella cuando se separaron.
Pedro tomó la cámara y apuntó hacía ella mientras tomaba una foto, por alguna razón quería recordar ese momento: sus labios rosados y húmedos… cubiertos con gotitas de chocolate pronunciando que lo amaba, sus mejillas rojas, su sonrisa grande y sus ojos brillantes ¿así era como él la miraba a ella? ¿Cómo un cachorrito mojado que busca hogar? Debía hacer muy bien su trabajo si podía fingir una mirada como esa… ¿Por qué la fingía o no?
¿Algún día lograría responderle cuando Paula decía que lo amaba? Quisiera poder hacerlo, deseaba decirle que él sentía lo mismo… pero si lo hacía se sentiría como una bolsa de basura fétida y podrida, empezaba a pensar que en realidad lo era ¿Cómo podía estar engañando a una persona tan tierna y dulce como lo era ella? No quería mentirle más de lo que ya lo hacía… si algún día le decía que la amaba sería porque era verdad y porque ella ya sabría que él era Pedro y no federico, y aún no era el momento para eso.
Se acercó a Paula de nuevo y la volvió a besar, debía aprovechar cada día de esta semana con ella, tenía ese presentimiento en la boca del estómago… el problema del que hablaba su madre tenía que ver con el regreso de Federico a la ciudad.
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LEAN EL SIGUIENTE!! ♥
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