lunes, 20 de enero de 2014

Capitulo 3



Paula se frotó los ojos mientras despertaba. Ese sonido… ¿De dónde provenía?

I got a pocket, got a pocket full of sunshine, I got a love and I know it’s all mine Oh, Oh, Oh. Do what you want but you never gonna break me…

¡Su celular! ¡Era su celular! ¿Dónde estaba?

Entonces lo localizó a unos metros sobre el escritorio lleno de papeles, vibrando y sonando con el aturdidor coro de Pocket full of Sunshine, corrió logrando poder contestarlo antes de que fuera quien fuera quien la estuviera llamando colgara.

-¿Hola? –pronunció aún soñolienta.

-¿Paula? ¿Eres tú? ¿Enserio estabas dormida?

Entonces fue cuando todo el peso de la pregunta la aturdió. Había dormido. Toda la noche. Ahora que se ponía a pensar mejor… sentía los músculos relajados y la cara mucho más fresca (tan fresca como se puede estar cuando uno acababa de levantarse asustada a causa de una canción tronadora)

Hizo una nota mental: Debía cambiar el tono de llamada.

-¿Paula, sigues ahí?

Entonces reconoció la voz: Emma Stone.

-Sí, sí, lo siento. Yo… supongo que los medicamentos por fin están haciendo efecto –mentía. Había tirado los medicamentos a la basura hace una semana.

-Me alegro. Ya estoy en Nueva York, ¿Podríamos vernos para comer?

¿Comer?

Fue cuando revisó la hora.

2:00 p.m. ¿Cuántas horas había dormido?

Recordaba la noche anterior, llegando agotada desde la agencia de diseño de interiores, preparada mentalmente para otra noche de películas. Sentía los parpados pesados. Llegó a su mente su reflejo en el espejo: ojos hundidos, escondidos detrás de unas inmensas y oscuras ojeras, la piel morena careciendo de su color latino y bronceado, Chaves jamás se había considerado bonita, lo que vio en el espejo la hizo desesperarse aún más. Dos de sus amigas estaban casadas, varias comprometidas… o al menos tenían una pareja sentimental ¿Cuándo alguien se iba a fijar en ella?

Recorrió su habitación con la mente lejana, se recostó sobre el colchón después de ponerse el pijama y prendió el televisor… eso era lo último que recordaba.

Suponía que se había dormido antes que la película empezara.

-Eh… yo… -por dios, estaba hablando como tarada.- Sí, ¿en dónde nos vemos?

-Olive Garden, en una hora ¿te parece?

-Perfecto. Te veo ahí.

Paula volteó comprobando de nuevo la hora. Debía olvidar todo y pensar en lo feliz que se sentía ahora: Había descansado. Se iba a ver con su mejor amiga. Y su trabajo iba de lo mejor, tanto que hoy le habían dado el día libre.

Se preparó para darse una buena ducha y elegir su ropa para así poder llegar puntual. Ayer se había muerto de la pena cuando medio edificio la vio llegar tarde. No quería que pensaran que por ser dueña ella tenía derecho a llegar a la hora que le diera la gana, siempre había tratado de comportarse como cualquier trabajador y la conducta de ayer junto que no recibió ningún castigo probaban que ella sí tenía privilegios, tal y como había dicho John.

Entro a la regadera y dejó que el agua se llevara todo lo malo de la semana: el insomnio, la impuntualidad, su reflejo en el espejo, aquel taxista que le cobró más de lo que debería, y al sueño que ella clasificaba mejor como pesadilla.

¿Por qué no podía dejar de pensar en aquella voz y en aquel sueño?

En las sensaciones que provocaba él en su piel, aunque bien sabía que “él” no existía.
Y eso, eso era lo que más le entristecía.
~°~

-¡Emma! –gritó mientras abrazaba efusivamente a su amiga.

Paula había conocido a Emma en la preparatoria y al instante se dieron cuenta que eran idénticas, poseían gustos iguales en música, artistas, ropa y hasta el deseo de estudiar la misma carrera. Emma se convirtió en la hermana que nunca tuvo Paula. Ella siempre había adorado a sus hermanos, pero ninguno era mujer y por lo mismo… ninguno la entendía al 100%

-¡Paula! Te extrañaba tanto.

-¡Yo no fui la que se fue de viaje sin celular! –le reprochó.

-Ya te expliqué lo que pasó, no me hagas pagar por ello. Cambiando de tema… ¿Sabes? estaba pensando que después de aquí podríamos ir a un establecimiento que queda cerca de mi casa. Vas a morir cuando pruebes el café que sirven ahí, es el mejor de todo el planeta.

Paula asintió, el café nunca fue una de sus bebidas favoritas, en especial después de darse cuenta que podría ser un provocante de su insomnio, pero había dormido bien toda la noche y parte del día… una taza no haría daño.

-Me encantaría.

-¡Genial!

-Cuéntame ¿cómo estuvo tu viaje?

-Ni te imaginas… México tiene unas playas preciosas, debemos ir juntas alguna vez. Sé que no te gusta el mar, pero puedes quedarte por ahí conquistando hombres mientras yo nado en el océano.
-¿Yo conquistando hombres? Buen chiste Em.

-¡Que boba eres! Te acabo de invitar a México y lo único que sacas de la conversación es eso – la rubia negó con la cabeza, siempre le había molestado la inseguridad de Paula.

Después de terminar sus platillos, y pagar la cuenta se dirigieron al café del cuál Emma había hablado.

-Luce acogedor para ser un restaurant.

-No es un restaurant, solo sirven café y bizcochos. Pero sí, es muy acogedor.

Paula se quedó analizando la estructura, si no fuera por el gran letrero que decía “Coffee Shop” podría pasar bien como una casa común pero bonita. Las paredes cubiertas de ladrillos y los ventanales grandes con plantas en ellos le recordaron a paula el lugar donde pasaba su infancia: la casa de su abuela. Sí, de verdad lucía muy hermoso el lugar.

Cuando entraron algo en el interior de la morena se estrujó… más bien fue como un jaloneo. Como si algo o alguien dentro de aquel lugar esperara por ella…




-Voy a pedir los cafés –dijo la ojiverde, pero Paula la detuvo.

-Tu pagaste la comida, deja que yo page esto ¿sí?

-Está bien, a mi tráeme un muffin de chocolate con chispas de chocolate.

-Te va a dar un ataque con tanto chocolate en el organismo.

-Al menos moriré feliz. –contestó rápidamente.

Paula sonrió y se dirigió al mostrador.

-Dos cafés, un muffin de chocolate con chispas de chocolate y una dona de maple, por favor.

La menuda anciana detrás del mostrador sonrió amablemente –Claro que sí, ahora mismo los preparo -.
Paula le devolvió la sonrisa. –Gracias-.

-¡Andres deja ya de hacerte el payaso!, vas a hacer que tire mi…

Fue entonces cuando Paula oyó una risa seguida por una protesta y poco después sintió un líquido frío llenando su espalda.

-¡Andres, por dios, te dije que no me empujaras! ¡Eres un idiota!–gruñó- Señorita discúlpeme yo…
Chaves volteó con los ojos echando chispas, el chico frente a ella con los ojos avellanados caídos por la pena, era rubio, altísimo ya ella apenas le llegaba a la barbilla y paula era una mujer alta de por sí, tenia los labios tensos y las mejillas ruborizadas; como un niño pequeño que sabe que va a ser regañado por su madre.

Federico la vio a ella, alta y delgada, ojos grandes y castaños culpándolo desde su corazón y él maldiciendo en su mente a Andres por ser tan imbécil. La chica frente a él estaba empapada completamente y al parecer no estaba muy feliz.

-Una disculpa no arreglará mi camisa.

-Sí, lo sé, lo siento. Permítame comprarle otra.

-¡Federico tenemos que irnos! Dile al café andante que hablan luego.

Paula se puso roja de rabia. ¿Quién se creía ese estúpido para llamarla café andante?

El rubio volteó fulminando con la mirada a su amigo -¡Cállate Andres!

-¿Pau estás bien? –era Emma, que se había posado a su lado mientras le despegaba la blusa de la piel.

-Yo… Yo soy Federico Alfonso –se presentó el rubio. De verdad no había sido su intención vaciar su frappé sobre la chica. El estúpido de Andres lo había empujado haciendo que él perdiera el equilibrio y vaciara su bebida. Daba gracias al cielo que no había pedido un café porque si no además de blusa tendría que arreglar unas serias quemaduras.

-¿Sí? Qué bueno. Yo soy la chica a la cual le arruinaste la camisa.

Pero que humor que tenía, pensó federico.

-Tengo que marcharme, pero no me siento cómodo yéndome sin reparar lo que he provocado. Puedo dejarte mi número para que me llames y…

-No quiero tu número.

-Entonces dame el tuyo - Paula lo miró con incredulidad ¿enserio estaba coqueteando con ella? Sea como sea necesitaba reponer esa camisa y que mejor si ella no era la que pagaba.

Anotó su número en un papel y se lo entregó.

-¿Segura que no es un número falso? –preguntó sonriendo.

Paula tampoco pudo evitar sonreír por un momento también.

-No lo es.

-Te creo –murmuro mientras le guiñaba el ojo y luego siguió a sus amigos a la salida, desapareciendo detrás de la puerta.

paula se quedó ahí sintiendo la camisa cada vez más helada.

-Paula ¿fuiste tú la que me dijiste que no conquistabas hombres?

-¿De qué hablas Emma? Lo único que hizo ese tipo fue tirarme una bebida encima y yo lo único que hice fue darle mi celular para que me comprara una nueva.

-Paula tú puedes comprarte otra camisa, puedes comprarte una tienda entera de camisas si lo deseas. Admítelo, le diste tu número a ese bombón porque deseas que te llame.

-Hay que pedir los cafés para llevar, necesito cambiarme.- intentó cambiar el tema rápidamente, le daba miedo admitir que Emma tenía toda la razón. Ella quería ver de nuevo a Federico Alfonso. Deseaba volver a hacerlo.


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1 comentario:

  1. Voy entendiendo la historia, te confieso que me quedé un poco confusa con el principio, Ahora sí la voy entendiendo.

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